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Italia ha aceptado la supervisión del FMI y la Comisión Europea sobre las reformas estructurales a las que se comprometió en la última cumbre europea. Berlusconi se somete al control de estas instituciones para intentar recuperar la confianza de los mercados que desconfían de Italia y siguen castigando su deuda. La Unión Europea intenta atajar la crisis de deuda que afecta especialmente a la tercera economía de la eurozona. El primer ministro italiano deberá reformar las pensiones, el mercado laboral y meter en vereda la deuda pública que supera el 120% del PIB italiano.

Los miembros del G20 presionan a la eurozona para que solucione sus problemas de deuda antes de que contagie al resto. El ministro de finanzas francés asegura que la cumbre europea que se celebrará el día 23 será decisiva para que se recupere la economía mundial. La pelota del G-20 está en el tejado de los europeos. Se han comprometido a concretar, dentro de una semana, en cuánto aumentará la deuda a la que Grecia ya no puede hacer frente, y cuál será el precio que tengan que asumir los bancos de la zona euro. Entidades, a cambio, a las que se han comprometido a tener suficientemente financiadas: los bancos centrales les continuarán aportando liquidez.

El asesor del FMI, Rober Shapiro, ha avisado de que la crisis de deuda puede provocar un colapso bancario. Apunta que "si los líderes europeos no pueden resolver la crisis de deuda, en dos o tres semanas asistiremos al colapso del sistema bancario europeo". Shapiro añade que no será "un pequeño banco belga", en referencia a Dexia, sino que afectará a grandes bancos de Alemania, Francia yluego "se extenderá al Reino Unido y a todas partes".

Jean Claude Trichet deja la presidencia del Banco Central Europeo con los tipos de interés en el 1,5%, resistiéndose a las presiones para que los bajara y contribuir de esta manera a reactivar la economía.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha alertado sobre la posibilidad de una recesión a nivel mundial en 2012 si la actividad económica sigue paralizada. "Trabajamos siempre sobre un escenario de crecimiento en 2012 aunque sea muy modesto pero la actividad podría retroceder. Por lo tanto, no puede excluirse un riesgo de recesión" ha admitido Antonio Borges, director del área de Europa del FMI, en una rueda de prensa en Bruselas.