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El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, visita las ciudades de Dayton y El Paso, donde el fin de semana murieron 31 personas en dos tiroteos. En la ciudad tejana, diversas organizaciones como Border Network for Human Rights rechazan la presencia de Trump al que acusan de incendiar odios con sus soflamas racistas. Hablamos en directo con la activista Gabriela Castañeda horas antes de que el Air Force One llegue a Texas.

Los vecinos de Dayton, en Ohio, y de El Paso, en Texas, todavía no han logrado sobreponerse a las matanzas que el pasado fin de semana dejaron una treintena de muertos y medio centenar de heridos y se resisten a dar la bienvenida este miércoles al presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Trump viajará primero a Dayton y por la tarde se trasladará a El Paso.

China ha dado un paso más en la guerra comercial que libra con Estados Unidos al permitir que su moneda se devalúe hasta niveles inéditos en los últimos once años. El movimiento -respuesta al anuncio la semana pasada del presidente de EE.UU., Donald Trump, de imponer nuevos aranceles a productos chinos- ha provocado caídas generalizadas en las Bolsas mundiales, que temen que cada vez esté más lejos un acuerdo que ponga fin al enfrentamiento entre las dos principales economías.

Rebajar el valor de una moneda hace que una economía sea más competitiva hacia el exterior y favorece las exportaciones, pero puede traer problemas al país, sobre todo en dos aspectos: el encarecimiento de las importaciones -especialmente importante es en el caso de la factura del petróleo- y en el de la fuga de capitales que se puede dar, lo que afectaría a la estabilidad financiera.

Además, el banco central chino "no permitirá que el yuan se debilite demasiado" porque tendría "efectos graves y desestabilizadores en la economía" en un contexto de desaceleración, advierte Stephen Innes, analista de Vanguard Markets, según recoge AFP. De hecho, Pekín ha estado buscando consolidar su moneda en los últimos años después de la inestabilidad financiera sufrida en 2015.

La guerra comercial entre ambos países se inició en febrero de 2018 y, desde entonces, ha tocado varios puntos. El más importante, la imposición de aranceles fijada por EE.UU. en diferentes fases, respondida por China de forma inmediata. Pero también ha afectado a otros sectores, como la tecnología -con Huawei como gran damnificada- y la suspensión de compra de productos agrícolas estadounidenses.

Toda esta situación ha provocado que los organismos internacionales, como el FMI, adviertan del impacto de la guerra comercial en la economía mundial, algo que parece lejos de resolverse. Los últimos acontecimientos han hecho temblar a los mercados financieros de todo el mundo, donde se han observado caídas en las Bolsas, más acusadas en las europeas incluso que en las estadounidenses.

Y eso es porque, en estos momentos, es la economía europea la que tiene menos fuerza, con el sector manufacturero en recesión y con el crecimiento económico -en clara desaceleración- sostenido por el consumo. Al mismo tiempo, y como siempre ocurre en momentos de inestabilidad, se están fortaleciendo los denominados activos refugio, en este caso sobre todo el yen japonés y el oro.

Los expertos consideran que, mientras se mantenga la incertidumbre sobre los próximos pasos en la escalada comercial, la situación no cambiará. Además, advierten de que las tensiones pueden afectar también a otros terrenos como son las tierras raras, fundamentales para el desarrollo de la industria tecnológica y de las que China produce más del 70% a nivel global.

El Departamento del Tesoro de EE.UU. ha designado este lunes a China como país "manipulador de divisas" y ha amenazado con tomar represalias para acabar con sus "injustas" ventajas competitivas en el marco del Fondo Monetario Internacional (FMI), en una nueva escalada en la guerra comercial, después de que, este lunes, el Banco Popular de China (BPC, central) dejara caer con fuerza su divisa, el yuan.

Esta institución se ha opuesto "firmemente" a la decisión estadounidense y ha asegurado que Pekín no ha usado y no usará el yuan para hacer frente a las fricciones comerciales. "Designar a China como un manipulador de divisas perjudica seriamente las reglas internacionales", ha asegurado el banco central chino en un comunicado en el que muestra su compromiso en mantener un tipo de cambio "razonable y estable".

El secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, ha anunciado que "actuará con el Fondo Monetario Internacional para eliminar la ventaja competitiva creada por las últimas acciones de China" al haber devaluado el yuan, de manera que para comprar un dólar ahora hacen falta siete yuanes, en lo que supone la ruptura de una barrera psicológica para los inversores y algo que no ocurría desde 2008.

A juicio del Tesoro, "el propósito de la devaluación de la moneda de China es obtener una ventaja competitiva injusta en el comercio internacional" y el "patrón" de acciones de Pekín para devaluar su moneda supone una violación de los compromisos alcanzados en el marco de las reuniones de líderes del G20.

Además, vuelve a instar al Gobierno del presidente chino, Xi Jinping, a "mejorar la transparencia del tipo de cambio y las operaciones y objetivos de gestión de reservas".

La decisión del Tesoro, una de las mayores formas de sanción que ese departamento puede imponer a un país, se produce solo horas después de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, acusara a Pekín de "manipulación de divisas" e instara a la Reserva Federal (Fed) a tomar medidas al respecto.

La guerra comercial entre ambos países se inició en febrero de 2018 y, desde entonces, ha tocado varios puntos. El más importante, la imposición de aranceles fijada por EE.UU. en diferentes fases, respondida por China de forma inmediata. Pero también ha afectado a otros sectores, como la tecnología -con Huawei como gran damnificada- y la suspensión de compra de productos agrícolas estadounidenses.

Toda esta situación ha provocado que los organismos internacionales, como el FMI, adviertan del impacto de la guerra comercial en la economía mundial, algo que parece lejos de resolverse. Los últimos acontecimientos han hecho temblar a los mercados financieros de todo el mundo, donde se han observado caídas en las Bolsas, más acusadas en las europeas incluso que en las estadounidenses.

Un juez federal de Nueva York ha condenado este lunes a 20 años de prisión a César Sayoc, un hombre "profundamente obsesionado" con el presidente de EE.UU., Donald Trump, que el pasado mes de octubre mandó 16 paquetes bomba de fabricación casera, que no llegaron a estallar, a reconocidos demócratas críticos con el magnatario estadounidense.

Entre los destinatorios estaban el expresidente de EE.UU. Barack Obama, el exvicepresidente Joe Biden, la exsecretaria de Estado Hillary Clinton, el magnate George Soros o el actor Robert de Niro o la cadena de noticias CNN.

Miguel Otero, investigador principal del Real Instituto Elcano y profesor del Instituto de Empresa ha explicado en 14 horas que las guerras de divisas "normalmente acaban en guerras comerciales, que nos llevan a una escala de conflicto perjudicial para todos".

Otero ha explicado que las guerras de divisas se producen cuando las grandes potencias intentan modificar el tipo de cambio de su moneda. "Se prefiere tener un valor de la moneda más bajo o más alto dependiendo del ajuste macroecononómico".

Existen, según Otero, distintas maneras de modificar el tipo de cambio. "Bajar el tipo de interés es una de ellas, el objetivo es aumentar la cantidad de dinero en circulación para que se devalúe su valor".

Miguel Otero considera que España, al estar dentro de la Unión Europea, no puede tomar una medida en solitario para frentar esta escala de tensión. "La respuesta debe ser europea. Un opción es apostar por una política monetaria más expansiva, también intentar conseguir una coodinación multilateral entre China y Estados Unidos, y si esta fracasa, la última de las opciones podría ser introducir aranceles mediomabientales a China para frenar la entrada de producto devaluado".

Estados Unidos acusa formalmente a China de manipular el yuan y dejarlo caer para paliar el daño que le están haciendo los aranceles impuestos por Trump y para dar oxígeno a sus exportaciones. Hacía 25 años que la Casa Blanca no daba ese paso que no tiene consecuencias legales, pero sí peso simbólico. Se trata de hacer oficial el enfado, una especie de amenaza de futuras sanciones que ayer llenó de preocupación a los inversores. Informa Aitor Sánchez