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Barcelona se ha convertido en el primer puerto de cruceros del Mediterráneo, pero este éxito comercial arrastra secuelas ambientales. Los humos de los barcos de vacaciones contaminan seriamente los barrios cercanos al puerto y el resto de la ciudad.

En el reportaje “Cruceros con muchos humos”, se aborda la arribada al puerto barcelonés del “Harmony of the seas”, el más grande del mundo. Los cruceros cuando están atracados siguen ofreciendo todos sus servicios a bordo y emiten sin parar gases contaminantes que la brisa envía a la ciudad. Cuando navegan, los cruceros se propulsan con fuel oil pesado que emite dióxido de azufre y micropartículas muy perjudiciales para la salud. A pesar de que en puerto deben quemar un gas oil menos contaminante, es aún más nocivo que el de los automóviles.

Los ecologistas piden que se limite el número de cruceros atracados en Barcelona y que se les obligue a utilizar un combustible no contaminante. La solución sería la conexión eléctrica de los barcos en puerto, pero el puerto barcelonés apuesta por el gas natural del que dispone abundantemente.