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Con palabras en latín, según el rito de la Iglesia Católica, el papa Francisco ha proclamado santos a Juan Pablo II y a Juan XXIII. La ceremonia de canonización se ha celebrado en la Plaza de San Pedro ante cerca de 800.000 personas, según el Vaticano. 24 jefes de Estado, entre ellos el rey Juan Carlos, y unas cien delegaciones oficiales han asistido a este homenaje inédito a dos de los papas más carismáticos de los siglos XX y XXI.

La primera encíclica firmada por el papa Francisco no será suya, sino de Benedicto XVI. Así lo ha desvelado el obispo de Molfeta, Luigi Martella, tras entrevistarse con el pontífice argentino.

Se tratará de la encíclica sobre la fe que ya había iniciado el papa emérito antes de su renuncia. Lo confirmó aquellos días el propio portavoz de Vaticano, padre, Federico Lombardi: ¿Benedicto XVI llevaba tiempo trabajando en un documento sobre la fe y quería presentarlo en este año dedicado a la virtud de la creencia religiosa¿, dijo el portavoz de la santa sede.

Los acontecimientos apartaron este proyecto pero Jorge Mario Bergoglio lo ha asumido como propio y está dispuesto a poner su rúbrica al texto. Con esa encíclica se pondría colofón a la trilogía dedicada a las virtudes.

Antes que la de la fe, Benedicto XVI ha publicado una sobre la esperanza y otra sobre la caridad. Precisamente esta primera encíclica del papa emérito, ¿Deus caritas est¿, fue también una herencia de Juan Pablo II. El papa polaco la había iniciado y fue el alemán quien la terminó.

Tras entrevistarse con el papa, monseñor Martella ha confirmado también que el papa Francisco prepara también su primera encíclica. Será una reflexión sobre la pobreza entendida no desde un punto de vista ideológico o político sino evangélico.

El papa Francisco recibió personalmente al papa emérito Benedicto XVI a las puertas del monasterio Mater Ecclesiae en el Vaticano. El encuentro se produjo poco después de que el helicóptero en el que viajó el papa Ratzinger desde Castel Gandolfo aterrizara en el helipuerto del Vaticano y se trasladara en un vehículo hasta el monasterio. Esta es la segunda vez que los dos papas se ven personalmente, después de que el pasado 23 de marzo Francisco viajara a Castel Gandolfo.

A finales de la semana pasada, los cardenales congregados en Roma examinaron la situación económica de la Santa Sede, unas finanzas controvertidas casi siempre y ahora bajo investigación judicial por supuesto blanqueo de dinero. Bajo sospecha, otra vez, el Instituto para las Obras de la Religión. Es decir, el Banco del Vaticano, que no es un banco al uso. Por ejemplo, no tiene sucursales ni supervisores externos y no hace pública su cuenta de resultados. 

Se calcula que gestiona un capital de unos 5.000 millones de euros y que tiene más de 30.000 cuentas. Solo pueden abrirlas los institutos y congregaciones religiosas, los diplomáticos acreditados ante la Santa Sede y seglares que dediquen parte de su dienro a obras religiosas. Y su identidad se guarda celosamente, casi tanto como las cifras de las cuentas vaticanas. Pocas salen a la luz como el balance de la Santa Sede, que se presenta desde hace solo tres décadas. El último es de 2011 y arrojaba unas pérdidas de casi 15 millones de euros atribuidas a las "fluctuaciones de los mercados financieros". Mejor le fue a la Ciudad del Vaticano, que ganó 22 millones de euros gracias, sobre todo, a los ingresos de los Museos vaticanos y las donaciones de los fieles. 

Cuando estalló el llamado 'caso Vatileaks' que salpica al Banco Vaticano, Benedicto XVI se propuso mejorar su transparencia financiera. Aprobó una ley contra el lavado de dinero y creó un organismo para vigilar las actividades comerciales y monetarias. También intentó, sin éxito, entrar en la lista blanca de países del Consejo de Europa. Según su último informe, del pasado mes de julio, el Estado Vaticano solo cumplía 9 de las 16 recomendaciones contra el blanqueo.

El proceso del cónclave que ha de elegir al nuevo papa se ha iniciado en la mañana de este martes con la tradicional misa Pro Eligendo Romano Pontifice, la ceremonia que se celebra antes de que los cardenales se encierren en la Capilla Sixtina.

Centenares de fieles se han dado cita en la basílica de San Pedro del Vaticano para asistir a la ceremonia, oficiada por el cardenal decano, Angelo Sodano, pero concelebrada por todos los cardenales.

Sodano ha extraido de los textos sagrados del catolicismo algunas de las recomendaciones para este momento de la Iglesia. Y citando la Carta a los Efesios del apostol Pablo, ha hecho "un fuerte llamamiento a la unidad eclesial".

Al comienzo de su homilía, Sodano ha provocado un aplauso de la audiencia al mostrar su gratitud a Benedicto XVI.

Centenares de fieles se han dado cita en la basílica de San Pedro del Vaticano para asistir a la misa Pro Eligendo Pontifice, que da inicio al proceso para elegir al nuevo papa, y que es oficiada por el cardenal decano, Angelo Sodano, pero concelebrada por todos los cardenales. Sodano ha agradecido su papado a Benedicto XVI, lo que ha provocado un aplauso de todos los presentes.

El cónclave para elegir al sucesor del papa Benedicto XVI comenzará el próximo 12 de marzo. En total, 115 cardenales se reunirán en la capilla Sixtina para la elección del nuevo pontífice. Durante el tiempo que sea necesario los electores permanecerán allí aislados del mundo. Ni siquiera pueden tener aparatos de música ni dispositivos electrónicos.

En el Vaticano, a la espera de que los cardenales decidan cuándo empieza el cónclave, en la capilla Sixtina se prepara todo. Los operarios trabajan para acondicionarla antes de las votaciones desde una tarima para proteger el suelo a las mesas y asientos de los cardenales. También han colocado dos estufas, en lugar de una, para quemar los votos de los purpurados, y para generar, y sin fallo, el humo, blanco o negro de la fumata que saldrá por la chimenea.