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(Entrevista de Manuel Sollo). "Mujeres: se lo debéis todo", gritó Claude Lanzmann, uno de sus últimos amantes, ante el féretro de Simone de Beauvoir. Y como si atendiera esta máxima, una joven crecida en un pueblo de la Sevilla rural, Alcalá del Río, fue descubriendo la esencia de una de las intelectuales más decisivas en el desarrollo del pensamiento feminista del siglo XX. Tras el éxito de "Mamá, quiero ser feminista"Carmen G. de la Cueva nos propone "Un paseo por la vida de Simone de Beauvoir" (Lumen), con ilustraciones de Malota. La primera nació en 1986, el mismo año en que murió la autora de "El segundo sexo", ensayo que equiparó la condición social de la mujer a la del hombre. Aquel texto fascinó a la estudiante de Periodismo que se trasladaba a diario a la Facultad de Comunicación. Ahora, De la Cueva ha tenido que despojar al mito de sus añadidos, incluida su prolongada relación con Jean Paul Sartre, para llegar a los más hondos motivos de la pensadora, que produjo una obra de ficción que cuestionaba los postulados burgueses. Tampoco esconde sus debilidades y contradicciones, las críticas recibidas, el trato distante o condescendiente de sus coetáneos, hasta que su valía fue reconocida. Para la periodista, se trata de un destello fugaz que fue desvaneciéndose en meros eslóganes de redes sociales, mientras su obra apenas se lee y parte de ella permanece descatalogada. En este diálogo la reivindica.

(Entrevista de Manuel Sollo). "Este es un amor difícil de vivir y fácil de matar". "Me amó lo suficiente, me recuerdo feliz". Entre ambos versos afloran Polonia, causante de una ruptura sentimental labrada en el dolor y la derrota, el inesperado fallecimiento de un amigo de la infancia, la lenta agonía y la postrera muerte de la mujer que dio sentido a una vida. Estas tres experiencias íntimas desataron la necesidad de escribir de Esteban Beltrán, que trató de conjurar cada terremoto en los versos de "La jodida intensidad de vivir" (Vaso Roto), treinta años después de su primer poemario. Lo integran cuarenta poemas y cinco textos de un "cuaderno desvergonzado" que, en prosa, hilan los temas a modo de novela o diario. Con un cuidado lenguaje descarnado, el autor se despoja de retórica para expresar una pasión incendiaria que deriva en locura y amenaza de suicido, trata de asir los recuerdos de la niñez y aliviar la orfandad de la pérdida, cuando la propia vida te deja al filo de las últimas voluntades. De todo ello dialogamos con este veterano defensor de los derechos humanos, director de Amnistía Internacional en España, que se ve incapaz de escribir poesía social.