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Loewe devuelve al hombre la fantasía a la que renunció

  • Jonathan Anderson, su director creativo, reconquista la opulencia para un nuevo hombre
  • La capa, de clara inspiración española, es la gran protagonista de la nueva colección

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Desfile de Loewe en París

Llegó el día. Llegó el cambio. La moda masculina no volverá a ser la misma porque ha vuelto a ser la que era. Me explico. Desde el siglo XIV, con la aparición del traje corto, al siglo XIX la moda masculina fue más relevante que la femenina. Era la que más cambios, y más rápidos, tenía, la que aceptaba la fantasía con naturalidad y la que más ha influido en la estética del siglo XX, también en las mujeres. En el XIX el hombre renunció al brillo y el artificio para adoptar un estilo que Lipovetsky describe como neutro, sombrío, austero que representa “la ética conquistadora del ahorro, el mérito, el trabajo de las clases burguesas”.

La artesanía se moderniza día a día en la casa Loewe, EFE

Pues bien. Ahora las pasarelas de Milán y París, las más influyentes, recogen un interesante movimiento que recorre las calles. Los jóvenes también están renunciando pero a las barreras, a los clichés, a los estereotipos y a las imposiciones sociales, culturales y políticas que no van con ellos. Se abre una nueva era y nos invade un nuevo universo estético en el que se viste como se siente.

Jóvenes como Palomo Spain recogen ahora el legado de genios como Jean Paul Gaultier y asaltan ese armario del que antes solo las mujeres tenían la llave para vestir los chicos, y los hombres, con una fantasía tranquila, aparcando los complejos y aceptando con elegancia un aire amanerado. Lo masculino ya no está condenado a desempeñar el papel de lo masculino, lo contrario de lo que decía Gilles Lipovetsky en su 'El imperio de lo efímero'. 

Vestido de fiesta hecho delantal de Loewe. EFE

Firmas tan influyentes como las italianas Salvatore Ferragamo y Gucci han destrozado al macho. Tal cual. Y Raf Simons y Rick Owens visten ya al hombre , al nuevo hombre, con todo lo que le fue arrebatado, con todo lo que antes le tenían vetado, prohibido. Loewe, la icónica etiqueta española, asombra ahora en París con una colección rupturista y absolutamente necesaria. Vemos, y aplaudimos, sofisticados vestidos de fiesta en colores brillantes que convertidos en un delantal se llevan sobre un traje, relegando lo convencional para dar protagonismo a lo extraordinario.  

Loewe propone prendas en satén de acabado líquido. EFE

Jonathan Anderson, genio de la aguja con mensaje, ‘masculiniza’ los vestidos camiseros, hace que las bermudas se vean como faldas y decora los abrigos sin cuello con escandalosas cadenas que caen rozando el bajo. No es tan raro. Al fin de cuentas se llama vestido pero es una camiseta larga, o una camisa alargada.

Los volúmenes se agrandan con alegría y se juega con las siluetas, agrandándolas, exagerándolas. Las formas ocultan el cuerpo, ya sea con patrones rectos o con otros más complejos."La colección conjuga las texturas y las formas para crear contundentes yuxtaposiciones de opacidad y brillo, perpendicularidad y curvas, satén y lana de doble faz, cristales y punto, vestidos de baile de graduación y otros cruzados, motivos cinéticos y pura simplicidad", dice el diseñador. 

La capa, elemento central de la colección de Loewe. EFE

Destacan los jerséis de punto con ochos que llevan lujosas y atrevidas aplicaciones de cristal. La capa se desarrolla en distintas piezas, rematando un abrigo o en su patrón original. Anderson la ensalza y la decora con generosidad, consiguiendo piezas-joya, obras de autor o de arte, según como se mire. Anderson trabaja con las nociones de movimiento y tensión, inspirado por "un sentido del optimismo que a veces rozan un lado oscuro". La funcionalidad se minimiza en toda la colección y se apuesta por prenda que tienen un "toque inesperado".

Los tejidos son impecables, nobles, y destacan las prendas en satén que tienen un acabado casi líquido. Los colores varían de intensidad, desde el blanco, amarillo, celeste y rosa a los verdes y cobres texturizados y, por supuesto, el negro. Un tono que irrumpe con fuerza porque no tiene género ni edad, es versátil y un aliado de todos los tipos de armarios. 

Loewe hace una bufanda con su famoso bolso Gate. EFE

Los complementos han llamado poderosamente la atención. Los gorros de lluvia y los sombreros de fieltro, un tanto infantiles, han rivalizado en las redes sociales con los bolsos, accesorio que definitivamente se queda en el guardarropa del hombre. Junto a los icónicos de la casa vemos los que tiene figura de elefante. Otro objeto de deseo que seguro da la vuelta al mundo. Diseño y artesanía que ponen en valor el buen hacer de la moda de España.

La nueva colección coincide con el lanzamiento de la nueva campaña que tiene el rostro de la deportista Megan Rapince, activista de los derechos del colectivo LGBTIQ, azote de Donald Trump, cuatro veces campeona olímpica con la selección de fútbol de Estados Unidos y ganadora del segundo balón de oro femenino de la historia del fútbol. Otra declaración de intenciones de la moda, que se suma a la hecha por Raf Simons. Acciones necesarias para que el mensaje de igualdad e inclusión cale en la sociedad.