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La noche temática

James Dean, eternamente joven

  • James Dean es una de las grandes leyendas del cine norteamericano.
  • El 30 de septiembre de 1955 un accidente de coche acabó con su vida y con una fugaz carrera como actor
  • Con sólo 24 años y tres películas se convirtió en el eterno rebelde
  • La noche temática lo recordará con dos documentales el sábado 8 de septiembre, a las 23.30 horas, en La 2

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La noche temática - James Dean, eternamente joven

James Dean es una de las grandes leyendas del cine norteamericano. El 30 de septiembre de 1955 un accidente de coche acabó con su vida y con una fugaz carrera como actor. Con sólo 24 años y tres películas se convirtió en el eterno rebelde. “Gigante”, el que fue su último largometraje, es reflejo de la división de clases y discriminación hacia las personas de origen mejicano en los territorios sureños de Estados Unidos.

La noche temática rinde homenaje a James Dean, un mito forjado a través de una cautivadora imagen, su intensa forma de interpretar y un trágico final.

James Dean: El principito y el pequeño bastardo

Comenzamos la emisión con un documental alemán del año 2005 de 52 minutos de duración. Está dirigido por Werner Köhne yAndré Schäfer y producido por Florianfilm Production.

No recomendado para menores de 12 años James Dean: El principito y el pequeño bastardo
Transcripción completa

(Música cabecera)

"El Principito se volvió hacia el Zorro:

Adiós, dijo. Adiós, dijo el Zorro.

He aquí mi secreto.

Es muy simple:

no se ve bien sino con el corazón.

Lo esencial es invisible a los ojos".

(Música)

(Motor acelerando)

(Música)

(Claxon)

El mito que se ha ido creando a su alrededor

no tiene tanto que ver con él;

sino con la imagen que se hizo de él la gente que lo conoció.

Que si me dijo tal cosa,

que si él significaba tal cosa para mí,

que si me hizo entender tal y cual cosa... No.

(Música)

Jimmie, en lo que a mí respecta,

no era simplemente un amigo.

Era un hermano. Era parte de mi vida.

Yo lo había perdido todo.

La gente se empeña en retratarlo como un ser perdido,

desesperado y rebelde.

Pero él no se rebelaba prácticamente contra nada.

Le encantaban los niños, la gente mayor, los animales...

No paraba de reír. Pasamos ratos maravillosos.

El 30 de septiembre de 1955,

su rostro se quedó congelado en ese instante.

Eternamente joven.

Podemos hacer elucubraciones sin fin

sobre las posibilidades de James Dean.

Nueva York: metrópoli de la modernidad.

Símbolo del progreso y centro de la cultura juvenil.

Una y otra vez, esta ciudad ha influido en todo el mundo.

Incluso unos años después de la II Guerra Mundial;

cuando los valores y las tradiciones habían comenzado a desmoronarse.

Los jóvenes se debatían entre la infancia y la madurez.

No sabían hacia dónde se dirigían.

Pero el impulso de romper con lo establecido era muy poderoso.

Buscaban nuevas maneras de expresarse,

a través de imágenes, voces, personalidades y rostros,

que representaban una nueva actitud ante la vida.

James Dean era uno de ellos.

Se convirtió en icono de esa mentalidad de cambio,

que al principio fue una rebelión sin carácter político.

(Música)

Vamos tras las huellas de un actor que era algo más que eso.

James Dean murió a los 24 años.

Aunque solo nos dejó tres largometrajes

y una carpeta de fotografías,

se ha convertido en leyenda.

Una leyenda profundamente arraigada en la imagen

que nos hemos hecho de él.

Pero ¿quién era realmente?

Su libro preferido era El Principito,

de Antoine de Saint-Exupéry.

Y no por casualidad.

El Principito cae del cielo,

y descubre el mundo paralizantemente reglado de los adultos.

Él ve la vida con los ojos de un niño.

Solo así es capaz de recrear en su mente

un mundo mágico como un cuento de hadas.

"Yo, James Byron Dean,

nací el 8 de febrero de 1931 en Marion (Indiana).

Mis padres, Winton y Mildred Dean, y yo

vivimos en el Estado de Indiana hasta que cumplí seis años.

El trabajo de papá para el Gobierno nos obligó a mudarnos.

Era protésico dental y fue trasladado a California.

Allí vivimos unos años.

Mamá enfermó y desapareció de mi vida cuando yo tenía nueve años.

Nunca supe la razón de su muerte. Aún sigue obsesionándome".

Una ruptura en su vida.

Su madre desempeñó desde el principio

un papel fundamental en la familia.

Mientras que su padre era autoritario y puritano.

Nada particularmente fuera de lo normal.

Durante sus primeros años de vida, tuvo una idílica vida familiar.

Cuando se trasladaron a Los Ángeles,

su madre estuvo muy pendiente de su educación.

Introdujo a su hijo en el mundo del arte y la literatura.

Ella estimuló sus sueños,

y fomentó sus ganas de hacer siempre cosas nuevas.

Desde un punto de vista psicoanalítico,

es evidente que tener detrás a una figura materna tan especial

influyó notablemente en su carácter.

La rebelión contra el padre es algo muy normal

en la mayoría de los adolescentes que viven en el seno de

una familia patriarcal.

Sin embargo, lo habitual es que los adolescentes

terminen cediendo y conformándose,

si no tienen la suerte de tener unos padres

que se retiren a un segundo plano.

Si un niño se queda solo con su madre,

normalmente lo agarrarán firmemente por los hombros y le dirán:

“Tienes que hacer algo con tu vida.

Y no cualquier cosa: algo importante”.

Más adelante,

todo eso daría como resultado una obra artística notable.

A James Dean le fascina la pintura; y sobre todo la escultura.

Le apasiona actuar,

y desde muy temprano desarrolla una relación

casi narcisista con la cámara.

La fotografía se convierte en un vehículo

para expresarse personal y profesionalmente.

Esta es muy conocida, sin duda.

Él imponía su criterio,

a cualquier fotógrafo que le retratara.

No permitía que se le hiciera una sola foto

que no reflejara exactamente lo que él quería ver.

Esta fue idea suya.

Para los fotógrafos era una delicia trabajar con él,

porque no teníamos que pensar nada: la creatividad la ponía él.

El fotógrafo, en este caso yo,

solo tenía que apretar el botón.

La parte creativa fue cosa suya.

Yo creo que hizo eso en todas las fotos que hicieron.

Esta provocativa dramatización de sí mismo

se debe a su trágica infancia.

Fue brutalmente arrancado de los brazos de su madre

cuando supieron que tenía un cáncer terminal.

Anonadado, aquel niño de nueve años ve cómo su madre sufre,

y finalmente muere.

(Música)

James Dean no consiguió superar nunca aquella separación.

De hecho, años más tarde la búsqueda de su madre se convertiría

en una constante en su vida.

(Música)

La muerte de la madre no fue su único trauma.

Su padre lo mandó a Indiana con unos parientes.

Él no pudo asimilar esta segunda separación,

y desafió la autoridad paterna.

Eso y sus desesperados intentos por ganarse el afecto de su padre

sentarían las bases de su futura rebeldía.

Durante un tiempo estuvo al cuidado de la familia Winslow, en Fairmount.

Su primo, Marcus Winslow, lo recuerda como a un chico normal.

No era un chico rebelde cuando vivió aquí.

Era muy normal.

Y no creo que haya nadie en Fairmount

que lo recuerde como un rebelde.

Jimmie llevaba tres años aquí cuando nací yo.

Así que para mí era igual que un hermano mayor.

Alguien que siempre estaba ahí cuando era pequeño.

Recuerdo que iba al instituto en su pequeña moto.

Y también, que me llevaba a dar paseos en ella.

Mildred Carter, cuyo difunto marido regaló a Dean su primera moto,

confirma la impresión de que era un chico normal.

Bueno: para mí era como un niño.

Si necesitaba algo siempre llamaba o venía a mi casa primero.

Siempre estaba hambriento.

Era muy buen chico.

Muchos pensaban que era un vago, pero no era verdad.

Conseguía trabajo para otras personas,

y luego repartían las ganancias. Así que no era un vago.

Jimmie era simplemente Jimmie.

Le gustaba la velocidad. Era su segundo nombre.

Hasta luego, cuídense.

Que tengan buen viaje.

A pesar de esta familiaridad,

James Dean seguía teniendo una sensación

de pérdida en su interior.

Un sentimiento que lo acompañaría el resto de su vida.

Las limitaciones de vivir en una localidad pequeña

le producían claustrofobia.

Añoraba Indiana.

Y pensaba regresar allí en un futuro.

De cuando en cuando volvía a sus orígenes.

En este poema expresaba su opinión sobre la idílica vida rural.

"A mí ciudad le gusta la esterilidad industrial.

Mi ciudad es pequeña y ama su retraimiento.

Mi ciudad prospera a base de fanatismo.

Mi ciudad es grande en términos de idolatría.

Mi ciudad cree en Dios y en los suyos.

Mi ciudad odia a católicos y judíos.

Mi ciudad es bullicio egoísta e inocente.

Mi ciudad lee el periódico concienzudamente.

Mi ciudad es amable. Nací desnudo.

Mi ciudad no es lo que soy. Yo estoy aquí".

Finalmente se apagan las luces,

y todos miran absortos la pantalla.

Empiezan a darse cuenta de que ahí hay algo diferente.

Aquel plano de James Dean al principio de la película

fue como una revelación.

Su actuación era convincente.

Y su lenguaje corporal, tan de la calle,

agarrando aquel peluche...

El propio actor parecía indefenso. Tan presente.

La emoción que transmitía era intensa y muy bien expresada ante la cámara.

Es el nacimiento de un novedoso estilo de interpretación,

que quiero pensar que ya es el estilo americano.

Y James Dean es uno de los grandes artífices

de ese nuevo realismo americano.

Está ahí.

Acurrucado en posición fetal abrazando a un mono de juguete.

La escena tiene que ver con la evolución.

En realidad, descendemos del mono adolescente,

y por tanto puede decirse que, en cierto modo,

ya hemos cumplido nuestro destino evolutivo.

Pero ahí está él. Acurrucado en el suelo.

Es el comienzo de una nueva cultura. Está naciendo.

(Música)

Básicamente, la cultura de los 50 surgió de la guerra y la depresión.

Yo lo llamo el sueño gordo.

En lo material teníamos todo lo que podíamos necesitar:

dos automóviles, el lavadoras... De todo.

La gente empezó a darle vueltas al sentido de la vida.

Comenzó a hacerse ese tipo de preguntas.

Por otro lado estaba la amenaza de la bomba atómica;

con la que supuestamente el mundo se iba a acabar.

Por tanto, los adolescentes debían pensar:

“Los adultos se han vuelto locos.

Van a destruir el planeta, así que vamos a celebrar

la fiesta del fin del mundo”.

De ahí el rock and roll, los beatmix, Kerouac, James Dean...

James Dean, por ser actor de cine,

podía mostrar esa nueva criatura

a las siguientes generaciones.

Él se convertiría en un punto de referencia

para los jóvenes de los 60, de los 70

y de las siguientes generaciones

a través del punk y de la cultura estadounidense.

El carácter de James Dean era muy complejo.

Tenía algo de delincuente juvenil.

Algo de Beatnik.

De peón de granja,

y también de chico sensible y atormentado que escribe poesía.

Y todos esos prototipos se fundían en él.

Dando vida a esa representación casi perfecta del adolescente.

Esa criatura que a todo el mundo le gustaría ser.

"¿Cuál es tu camino, tío? Camino de santo. Camino de loco.

Camino de arco iris. Camino de lo que sea.

Un camino a cualquier parte y de cualquier modo.

¿Adónde? ¿Cómo? Tienes que preocuparte por tu chico.

No se hará hombre a menos que sepa moverse.

Haz lo que este médico te dice.

Te lo aseguro: no importa dónde viva.

Siempre tengo mi maleta preparada debajo de la cama.

Estoy listo para largarme.

He decidido desentenderme de todo.

Sabemos cómo es el tiempo.

Podemos hacer que sea más lento o que avance.

Entendemos las cosas y nos sabemos todos los trucos.

Jack Kerouac. En el camino".

Ve al oeste.

James Dean también pone rumbo a esa dirección

y aterriza en Los Ángeles. Quiere ser actor.

Su amigo Will Bast recuerda sus primeros pasos

en el mundo del teatro.

Yo iba a la Universidad de California.

Estaba en el Departamento de Artes Escénicas de la universidad,

y preparábamos una producción de Macbeth, de Shakespeare.

Había un joven estudiante que representaba el papel del rey.

El rey tenía un largo discurso.

Cuando abrió la boca y empezó a declamar fue absolutamente terrible.

Jamás había escuchado nada tan malo.

Hablaba con un acento muy marcado de Indiana.

Y no sabía pronunciar algunas palabras del discurso,

según la norma inglesa.

A mí me entró la risa.

Le dije una grosería.

Algo como: “¿Quién es ese paleto de Indiana

que lleva la falda escocesa y se le ven las rodillas?

Es espantoso: no sabe ni hablar”.

Bien. Pues, al cabo de un mes de conocernos,

empezamos a hacer amistad.

Un día me dijo:

“¿Por qué no buscamos un sitio para los dos?”.

Aunque casi no le conocía,

pensé que sería mejor eso que donde estaba viviendo entonces,

y le dije que sí.

Entonces se puso a contarme, mientras íbamos en el autobús,

su visión de la vida.

"Nunca se lo he contado a nadie.

Supongo que siempre he temido que pensaran que estoy loco.

¿Alguna vez has tenido la sensación

de que las cosas no están en tus manos?

Me refiero a saber que tienes algo que hacer,

y que no tienes ningún control sobre ello.

Aún no sé muy bien el qué.

Pero cuando llegue el momento lo sabré".

(Música)

"Sé que quiero ser actor. Pero no solo es eso.

Eso no es todo.

Ser simplemente actor o director,

aunque sea muy bueno, no es suficiente.

Tiene que haber algo más.

Si aceptas el mundo y dejas que sucedan cosas a tu alrededor,

vivirás experiencias que nunca imaginaste que vivirías.

No quiero ser simplemente un buen actor.

Aunque sea el mejor.

Quiero crecer y crecer.

Llegar tan alto que nadie pueda alcanzarme.

Quizá te suene absurdo o egocéntrico.

Pero yo creo que solo existe una forma de grandeza.

Para mí, la verdadera grandeza del ser humano está en la inmortalidad".

(Música)

Tras la poesía de los sueños,

vino la prosa del actor joven y desconocido.

Una de las ironías más crueles de la breve vida de James Dean

quizá sea su primer trabajo:

un papelito en un anuncio de Pepsi.

Poco después interpretó al apóstol Juan

en una película para la televisión.

Nueva York.

Metrópoli por excelencia del este de Estados Unidos.

En la selva de Manhattan,

Dean descubre todo un surtido de tendencias

y estilos de vida que disfruta con avidez.

La creatividad,

la sensación de perderse en un lugar desconocido

y la necesidad de transformar la cruda realidad de alguna forma.

El cuentan que el joven e inseguro actor llegó a Manhattan en 1952.

Al principio se alojó en el hotel Iroquois.

Y apenas se atrevía a salir de su habitación,

de lo extraña que le resultaba la ciudad.

"Las primeras semanas que pasé allí estaba tan confuso

que solo paseaba por Time Square,

que estaba a dos manzanas de mi hotel.

Para huir de la soledad, veía tres películas al día".

Su apasionado interés por observar el mundo que le rodea

y su carácter extrovertido le hacen entender

que sus obsesiones le conducen a una misma cosa:

a transformar en arte la vida real.

Su ávida mente comenzó a buscar una puerta de acceso

al mundo intelectual.

Devoró un gran número de libros,

y cuando Will Bast llegó meses más tarde a Nueva York,

le sorprendió a comprobar que había vuelto a cambiar.

Cuando volvimos a vernos en Nueva York,

Jimmie había cambiado un montón.

Ahora estaba en condiciones de enseñarme algunas cosas.

Las tornas habían cambiado.

Lo cual estaba muy bien, y lo disfruté mucho.

Vivíamos juntos y hacíamos muchas juntos.

Él se había creado un círculo de amigos

con mucho talento: intelectuales.

Gente muy interesante, que solía reunirse en un local

junto a nuestro hotel.

Así que conocí a algunas de esas personas a través de Jimmie.

A partir de ahí cambió nuestra relación y nuestra amistad.

Ahora estábamos en pie de igualdad.

Ya no era el tímido pueblerino de Indiana.

Me había adelantado un poco y yo tenía que ponerme al día.

A pesar de todas esas transformaciones,

James Dean seguía siendo ese personaje errático e introvertido

en constante búsqueda de sí mismo.

Tal vez intentaba dar con una imagen en la que sentirse a gusto.

Will Bast y James Dean se mudaron a un apartamento

cercano a Central Park, junto con la bailarina Liz Sheridan.

Los tres disfrutaban de un relativo éxito profesional.

La desenfadada Dizzy, tuvo un fugaz idilio con James Dean.

Empezó de una manera bastante prosaica.

Parecía como...

abandonado.

Era muy guapo. Pero sobre todo muy divertido.

Se reía un montón.

No fue nada de...

“Ay, Dios mío. ¡Qué guapo es! ¡Me va a dar un ataque!”.

No.

Hice algo que las chicas no solían hacer en los 50.

Me fui a vivir con él.

Y sí: dormíamos en la misma cama.

Teníamos una relación, como cualquiera.

Yo era su novia y él fue mi primer amor de verdad.

Durante un tiempo fuimos inseparables.

Hace mucho fui una película que se llamaba “Los niños terribles”,

sobre un hermano y una hermana que vivían en un ático,

y aunque trataba de un incesto mantenían una relación preciosa,

en la que dejaban a todo el mundo fuera.

Y ese fue en parte nuestro problema:

que no pudimos mantener al margen nuestra relación

durante mucho tiempo.

Había que estar en el mundo.

Yo creo que ese fue uno de los motivos

por lo que lo nuestro terminó.

Porque el mundo empezó a adueñarse de la vida de Jimmie

y se hizo famoso.

(SUSPIRA)

A James Dean le encantaba provocar a sus amigos.

Solía citarlos en circunstancias muy diversas.

Y no les avisaba deliberadamente de la presencia de los demás.

A veces se acercaba a la gente solo para alejarse bruscamente después.

Se embarcaba en idilios breves e intensos,

o recurría a abstrusas insinuaciones para hacer que alguien sucumbiera

a su erótico magnetismo.

Me dijo: “Vístete. Tienes que ir al Astor Bar, en Broadway.

Tú entras al bar, te pides una copa y esperas a ver qué pasa”.

Yo sabía perfectamente lo que iba a pasar.

Ya había estado en el Astor, y era un lugar donde los hombres

buscan a otros hombres, y los chicos buscan a otros chicos.

Yo no sabía que hacer.

Era algo que nunca habíamos hablado entre nosotros.

Tuve que ir allí,

quedarme de pie en la barra y pedirme una copa.

Y en efecto: alguien se acercó,

y me propuso que nos fuéramos juntos a casa.

Yo le dije: “Disculpa. Tengo que llamar a un amigo”.

Llamé a Jimmie y le pregunté: “¿Qué hago ahora?

En realidad no quiero hacerlo”. Y él me contestó:

“Pues, si no quieres hacerlo, no lo hagas.

No hagas nada que no quieras hacer. Vuelve a casa”.

Cuando llegué, Jimmie no estaba.

Sobre mi almohada, había un ejemplar de El Principito,

de Antoine de Saint-Exupéry.

Y tenía pegada una nota que decía lo siguiente:

“Un regalo por el que siempre se está en deuda”.

Era todo un misterio.

Yo no sabía cuáles eran sus intenciones

ni lo que quería decir con aquello. Así que leí el libro.

Yo no lo había leído,

y me caló hasta lo más fondo.

Creo que fue de las cosas,

de los regalos más hermosos que nadie me ha hecho nunca.

Y es una lástima.

Porque Jimmie y yo nunca lo hablamos.

Esa felicidad no duró mucho.

Will Bast no tardó en volver decepcionado a Los Ángeles.

Dean no paraba.

Y se pasaba las horas muertas en Time Square,

donde se inspiraba en el bullicio de la calle para pintar poéticos

y estridentes cuadros.

"En el aire reflexivo de la noche,

el sonido de los tambores, monótono, estridente y simbólico,

sugerente y sensual,

tatúa imágenes orgiásticas en mi cerebro.

El penetrante olor a ginebra y a cerveza de 90 céntimos

se entrelaza con la ocasional calma en curso.

A veces inmóvil.

A veces, intensamente dolorosa hasta la contorsión.

Y saltos largamente esperados rellenan la densa niebla

de chicle con el perfume del sudor.

Los invitados apenas ocultan su regocijo.

Esta maldita bestia, virgen siete días a la semana,

hace reverencias con el equilibrio de una Paulova ebria.

Un aura de terror.

Son las siete y media de un lunes por la mañana.

Es mi “Divina comedia”: el Dante de la calle 52".

¿Cómo es posible transformar en arte tanto caos?

La respuesta de Dean a esa pregunta es sorprendente.

Él mismo se convirtió en sujeto de su arte con la fotografía.

Roland Barthes afirma que una fotografía transmite

una premonición de muerte y su conquista mítica.

(Música)

Los mitos de James Dean fueron inmortalizados

por el fotógrafo Roy Schatt.

Ambos se inspiraban mutuamente.

La viuda de Roy, Elein,

recuerda así su primer encuentro con Dean.

La primera vez que vino había un sofá allí.

Se sentó en un extremo,

y el pobre se quedó ahí todo encogido,

pero luego empezó a hablar de la obra en la que estaba trabajando,

que era “El inmoralista”, con Geraldine Page,

y entonces se levantó e interpretó una danza con las tijeras.

Tenía mucha gracia.

Cuando se levantó para actuar era otra persona.

Mi esposo no vio ninguna de sus películas

hasta después de su muerte.

Y entonces se dio cuenta del gran actor que era.

Recordar leyendas a partir de fotografías

no siempre es lo mismo que haberlas vivido.

En el apartamento de Roy Schatt, nos reunimos con Elein

y también con Bob Heller.

Sus recuerdos resultan más ambivalentes.

"Vive deprisa. Muere joven y deja un bonito cadáver".

En fin: Marilyn Monroe murió joven y hermosa.

No les dio tiempo a tener arrugas y a engordar, como el Sr. Brando.

Ni a desfigurarse en un accidente de coche, como Montgomery Cliff.

Dean murió cuando aún tenía muchos dientes en su sitio.

Ya me entiende.

A Jimmie le faltaban los dientes delanteros.

Se le rompieron cuando era pequeño, en un accidente.

Se cayó de un árbol, creo. -De una moto.

-Una moto.

Una vez salieron a tomar algo. Una copa, vamos: a beber alcohol.

Y en un momento dado, Jimmie se quitó los dientes

y los echó en la bebida.

Siempre estaba haciendo payasadas de ese tipo.

-Esa fotografía se hizo para probar una nueva película fotográfica.

Jimmie era accesorio.

Le dijo: “¿Te importa caminar por la calle?

Quiero comprobar la luz que consigo con esta nueva película”.

Roy estaba probando la película. No estaba fotografiando a James Dean.

Nadie sabe esto. Yo estaba allí.

-Las fotografías prolongarán eternamente la vida de Jimmie Dean.

Para mí,

las fotografías son incluso más importantes que las películas.

Sin embargo, para el cine

la fórmula mágica de los actores jóvenes del momento

era la interpretación según el método.

Esta clase nos muestra ese estilo.

(GRITA)

(TODOS GRITAN)

La interpretación según el método

es desde luego una técnica.

Por eso se llama método.

Es una metodología para abordar un personaje.

O un guion.

Pero el método tiene que ver con el yo.

Una confrontación prolongada del yo

y la capacidad de expresar lo que está sucediendo...

Contigo: con el actor.

Contigo en el momento.

Estamos convencidos de que,

cuanto más personal sea la experiencia,

mayor comprensión generará.

Yo les digo a todos mis alumnos jóvenes que se fijen en él.

Porque yo no puedo enseñarles ese paso.

Pero creo que James Dean, sí.

Esa confrontación prolongada con el yo,

a través de la expresión del carácter,

es muy exquisita.

Sublimemente exquisita en su interpretación.

James Dean hizo sus primeros pinitos como actor,

en el escenario del Core Theatre, de Broadway.

En su primera obra interpretaba a un joven dominado por su madre,

que lo mantenía en una jaula para protegerlo de un mundo inmoral.

Los críticos estaban desconcertados.

Y algunos manifestaron su inquietud ante la nueva

y expresiva forma de actuar de Dean.

Poco después intervino en una obra de Jean Genet,

en el Royal Theatre: “El inmoralista”.

El clímax de la trama brindó a James Dean la ocasión de pavonearse

como un lascivo y frívolo joven, en una breve escena.

Adelantándose al contoneo pélvico con el que, años más tarde,

Elvis escandalizaría a la clase dominante estadounidense.

James Dean había logrado sus objetivos en el teatro.

Después de actuar, solía dar una vuelta en su moto

por las calles de Broadway.

Su repentino éxito le llevó a refugiarse en la velocidad.

En el último año de su vida,

parecieron cumplirse todos sus sueños.

El joven actor llegó a Hollywood de la mano de uno

de sus directores más importantes: Elia Kazan.

James Dean volvía a volar hacia Los Ángeles.

Pero esta vez, no como un joven soñador;

sino como una prometedora estrella.

Al llegar allí, volvió a acordarse de su buen amigo Will Bast.

Llevaba un par de meses aquí cuando, de repente,

una mañana me despertaron unos golpes en mi puerta.

Era Jimmie, que venía de Nueva York.

Yo le pregunté: “¿Qué haces aquí?

¿No se supone que estabas en Nueva York?”.

Y me dijo:

“No, tenía que venir. Voy a hacer una película con Kazan.

Elia Kazan”.

“¡Es increíble!”, le dije. ¿De qué se trata?.

Lo contrataron para hacer “Al este del Edén”.

"La novela más atrevida de la década. Con personajes sorprendentes.

Y emociones desatadas.

La película más descarnada que se ha hecho nunca".

"James Dean es Cal: el chico más salvaje que hayan visto nunca.

Julie Harris es Abra:

la chica más sincera que hayan visto nunca.

Jo Van Fleet es Kate:

la mujer más perversa que hayan visto nunca.

(Música)

Me sentí tan abrumado por su actuación...,

tan impactado por la enormidad de lo que estaba viendo en pantalla,

por lo que había sido capaz de hacer de sí mismo

y por la extraordinaria fuerza de la película también

que, cuando acabó,

tuve que irme, y ni siquiera le vi.

Él me hizo una seña y dijo:

“Venga, nos vamos a una fiesta”.

Y yo le contesté: “No, tengo que irme”.

Corrí hasta mi coche y me fui a casa.

Era lo más absurdo que podía haber hecho.

Fue como si rebosara dentro de mí toda la ambición

y toda la lucha de esos cinco años que pasamos juntos.

Me di cuenta de lo que realmente había sucedido.

Y era algo tan grande y trascendente que me superó.

Así que me metí en el cuarto de baño,

me senté en el borde de la bañera y me puse a llorar,

con una mezcla de alivio y asombro.

No sé cómo definirlo.

Entonces empezaron a llamar y a aporrear mi puerta.

Era Jimmie, que me decía:

“¡Venga! Tienes que venir a la fiesta.

Vente a la fiesta.

Pensé que vendrías a la fiesta.

Abre la puerta y déjame entrar”.

Pero yo no podía.

Así que él trepó por una ventana.

Entró y me encontró sentado en el borde de la bañera llorando.

Y simplemente me preguntó:

“¿Es por mí o por ti?”.

Y yo dije: “Un poco por los dos”.

“Rebelde sin causa”: la nueva película de James Dean.

La eterna historia de la rebelión adolescente.

Tras el gran éxito de “Al este del Edén”,

recuperó su pasión por la velocidad.

A pesar de las quejas y de la preocupación

de directores y productores, se compró un Porsche.

Y lo ponía a tope en las colinas de Hollywood.

Empezó a sumergirse en un mundo artificial,

en el que la línea de separación entre ficción

y realidad no estaba muy definida.

La ciudad del cine, Los Ángeles, tenía la última palabra.

Allí, con más ahínco que nunca, busca emociones en bares, estudios,

y en breves viajes a Nueva York.

Él pretende vivir intensamente.

Pero lo que consigue es sumirse en un mar de dudas sobre sí mismo.

Ya es una estrella de cine,

o su sitio está detrás de los grandes de Hollywood.

Apura el tiempo que le queda participando en numerosas carreras

por el desierto de California.

Embriagado por los sueños de su infancia.

"Quiero dejar atrás este mundo pequeño y restringido

en el que vivimos.

Quiero intentar llegar a alguna parte donde todo sea,

simplemente, perfecto".

(Música)

En aquel momento,

para James Dean la realidad significa:

vive en muere en Hollywood.

Se le plantean algunas dudas:

¿Podría revolucionar el cine

representando a un principito rebelde,

como hizo en sus dos primeras películas?

En “Gigante”, su último trabajo,

se medirá con los pesos pesados de Hollywood.

"Liz y Rock.

Dos de las estrellas más seductoras del momento,

en una película lo bastante grande como para reunir a ambos: 'Gigante'.

Una de las mayores experiencias cinematográficas

de todos los tiempos.

Las estrellas eran Elizabeth Taylor y Rock Hudson.

A James Dean, que aún estaba vivo cuando se hizo este tráiler,

apenas lo mencionan.

Sin embargo,

en esta película ambientada en Texas en la época de bonanza del petróleo,

su interpretación deja sin respiración.

Es un intento de socavar los valores de Hollywood.

Sí, en cierto modo James Dean actuó en contra de la película.

Suele estar en un lugar apartado, o detrás de otras personas.

No en el centro.

Es como si representara su propia obra.

Pero luego da un paso adelante y consigue que todos participen

en su drama. Es subversivo.

Darle la réplica debía de ser complicado si eras un actor rígido

y siempre hacías todo igual.

Había que estar preparado para sus sorpresas.

Cuando, finalmente, se proyectó “Gigante” en 1956,

James Dean llevaba más de un año muerto.

Y por supuesto, ya era la estrella del cine.

Para mí, la evolución de James Dean en sus películas es extraordinaria.

Casi un misterio.

Empieza con “Al este del Edén”, como Adán y Eva.

Luego pasa a una especie de rebelión semejante

a la revolución estadounidense: nuestra liberación del Antiguo Mundo.

Y después llegas a gigante.

Que es lo que sucede cuando todos tus sueños se hacen realidad.

En cierto modo, es lo que le habría sucedido a James Dean

si hubiera sobrevivido y permanecido en Hollywood.

Se pierde de vista casi por completo el sentido de la película.

No trata de los personajes de Rock Hudson y Elizabeth Taylor,

sino de Jeff Ring.

Él es el hombre rural estadounidense que exclama:

“¡Al infierno con todas estas estupideces!”.

La última cena. El último viaje.

¿Cómo se crean los mitos?

¿A base de esos que de repente cobran sentido?

Una y media de la tarde. Parada en una gasolinera.

Un conocido hace una foto a James Dean.

Llena el depósito del Porsche.

Tres y media de la tarde. Justo antes de llegar a Baker City.

El policía Houty Hunter obliga al Porsche a parar en el arcén

y multa a James Dean por exceso de velocidad.

Cinco de la tarde.

Parada de 15 minutos en Black Wells Corner,

donde compra manzanas y un refresco.

Después vuelve a la interestatal 466.

James Dean olvida ponerse el cinturón de seguridad.

De las Memorias de Beverly Wills: amiga de James Dean.

"Le besé en la mejilla. Le deseé lo mejor,

y vi cómo se alejaba por la calle.

Dio unas patadas a algunas piedras, como un crío.

Y se paró debajo de una farola para encender un cigarrillo.

Luego enderezó los hombros, dobló la esquina y desapareció".

(Música)

En el cruce de la 466 con la 41,

apareció un gigantesco Ford blanco y negro.

"El Principito subió a una montaña.

¿Quién eres?, dijo el Principito. ¿Quién eres? ¿Quién eres?

respondió el eco.

Amigos míos, estoy solo, dijo el Principito. Estoy solo.

Estoy solo. Estoy solo, respondió el eco.

¿Cómo se crean los mitos?

Quizás a través de historias que se transforman en fotografías.

Fotografías que se transforman en iconos.

E iconos que se transforman en mitos.

Mitos que todo el mundo comparte.

El secreto de su éxito fue interpretar con aquella intimidad.

Que la gente pensara que le conocía.

Y a quienes gustaba James Dean

fantaseaban con tener una relación con él.

-Él era el sensible Principito que vivía en su propio asteroide.

Pero también era el pequeño bastardo.

Tenía un carácter complejo.

No era el típico chico encantador y sin dobleces.

-Era un solitario. Pero no estaba solo. ¿Me entiende?

De todo lo que vino después, nada ha hecho que desaparezca

mi admiración por Jimmie. O mi amor por Jimmie.

Era un amigo soberbio... Maravilloso.

-Yo no catalogaría a Dean como cool.

Ni inventó ese concepto ni lo personificaba.

Después de todos estos años,

y después de haberse convertido en el gran icono internacional

que es ahora,

y de toda esa comercializaciónde carteles,

relojes de pulsera o fundas de cojín con su imagen grabada,

yo creo, aunque no puedo demostrarlo, que si Dean aún estuviera vivo

y viera todo eso,

probablemente su reacción sería de disgusto.

¿Qué nos ha dejado entonces James Byron Dean?

¿Al final es realmente un mito, a pesar de todas las explicaciones?

La sociedad moderna se ha quedado sin mitos, dicen los filósofos.

Lo cual explica por qué los persigue sin descanso.

James Dean se ha mantenido como un arquetipo moderno.

Refleja nuestras incoherencias

y nos permite atisbar una vida diferente.

Una estrella rutilante.

A veces se abre el telón de la realidad,

y podemos ver a los actores en lo que parece una escena final.

La película ha llegado a su fin.

El cine está vacío.

Los focos se han apagado.

Somos libres de mirar lo que queramos.

Lo esencial es invisible.

(Música créditos)

James Dean: El principito y el pequeño bastardo

El 8 de febrero de 1931, en Marion (Indiana), nace James Byron Dean. Bajo la figura de un padre autoritario y una madre que le inculca el interés por el arte y por aprender cosas nuevas fue formándose su carácter, marcado para siempre por la muerte de su madre cuando tenía 9 años. Su padre no tardó en enviarle a vivir con sus tíos.

Foto de James Dean con sus padres

Foto de James Dean con sus padres. rtve

Antes de hacer su primera gran interpretación en el cine, Dean tuvo algunos papeles en el teatro y la televisión. Posiblemente su primer trabajo profesional fue un pequeño papel en un anuncio de Pepsi. Poco después, consiguió el papel del apóstol Juan en una película para la televisión. Después llegó a Nueva York: Dean descubre todo un surtido de tendencias y estilos de vida que disfrutaba enormemente y adoptaba con avidez.

James Dean en 'Al este del Edén'

James Dean en 'Al este del Edén'. rtve

En 1954 entró en Hollywood de la mano de uno de los directores más importantes, Elia Kazan. James Dean empezó a verse como una prometedora estrella en Al este del Edén. Tras un éxito arrollador, volvió a subírsele a la cabeza su pasión por la velocidad. A pesar de las quejas de directores y productores preocupados, se compró un Porsche y lo ponía a tope en las colinas de Hollywood en un intento de recuperarse a sí mismo. Después rodó Rebelde sin causa Gigante.

James Dean en 'Rebelde sin causa'

James Dean en 'Rebelde sin causa'. rtve

En su último día de vida, Dean se dirigía por carretera al norte de California para acudir a una carrera de coches con su nuevo Porsche. Ese día desapareció el actor para siempre dando paso a la leyenda. Cuando se proyectó Gigante en las salas de cine en 1956, ya llevaba muerto más de un año.

Estado del coche de James Dean tras el accidente mortal del actor

Estado del coche de James Dean tras el accidente mortal del actor. rtve

Los niños de Gigante

Finalizamos nuestra emisión con un documental norteamericano del año 2015 con una duración de 52 minutos. Está dirigido por Héctor Galán y producido por Galan Incorporated y Latino Public Broadcasting.

La noche temática - Los niños de Gigante

Gigante, dirigida por George Steven, es un clásico del cine americano basado en la polémica novela del mismo nombre de Edna Ferber. La película está protagonizada por un trío legendario: Rock Hudson, Elizabeth Taylor y James Dean. Es la historia de tres generaciones de una poderosa dinastía ganadera en Texas. Junto a esto tiene un importante trasfondo social al llevar a la pantalla una mirada firme sobre el racismo hacia los chicanos. Un tema atrevido para el público de aquel momento. Hector Galán también llama la atención sobre el papel que representa Elizabeth Taylor como Leslie Benedict y sus connotaciones prefeministas.

Los niños que actuaron en 'Gigante', casi 60 años después

Los niños que actuaron en 'Gigante', casi 60 años después. rtve

Varias décadas después de su estreno, los niños de origen mexicano que participaron en la película relatan cómo vivieron el rodaje durante el verano de 1955 en Marfa, al oeste de Texas. Una fascinante relación entre la ficción y la realidad de estas familias. George Stevens permitía que los lugareños se mezclaran con el elenco y que participaran como extras o como tramoyistas. No era raro ver a James Dean comprando a los niños lugareños refrescos y contándoles historias de aventuras.

Marcus, primo de James Dean

Marcus, primo de James Dean. rtve

Con los testimonios de los mexicano-americanos participantes y parte del equipo que realizó la película, el documental ofrece una oportunidad extraordinaria para explorar el panorama social predominante en aquel momento y que fue proyectado a través del gran prisma de Hollywood. Todo ello en un contexto histórico, reforzado por las entrevistas hechas a notables historiadores, periodistas y académicos, entre ellos Charles Ramírez Berg y Ramón Rentería.

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