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Eurovisión 2018

El vestido de Massiel firmado por Courrèges llega al Museo del Traje

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El vestido de Massiel se expone en el Museo del Traje

Corría 1968 y en el aire flotaba un ambiente rupturista gracias al movimiento femenino que quiso romper con lo establecido, eliminar tabúes y luchar contra el puritanismo. La consigna era rebelarse o morir. Los cambios en la sociedad se trasladaron a los armarios y en la moda se abrió una enorme brecha entre la moda joven y la moda adulta. El icono de esa década es la minifalda, la bandera de libertad adoptada por toda, o casi toda, una generación que supo expresarse, y liberarse, a través de la ropa.

Los bajos de los vestidos subían de forma imparable. Barbara Hulanicki publicó en The Times: "Cada semana pensaba que no podríamos acortar más las prendas pero por arte de magia siempre desaparecían unos centímetros".

Massiel en la maison Courrèges en París. Foto: Joana Biarnés. noticias

Massiel, una joven de 29 años con la mente abierta a los movimientos socioculturales que se vivían más allá de los Pirineos, era la representante española en Eurovisión. Una semana antes del certamen viajó a París para comprarse un vestido. Iba acompañada de su amiga Joana Biarnés, pionera del fotoperiodismo, y su destino era la boutique de Dior. “Allí vivieron una gran decepción”, cuenta Juan Gutiérrez, conservador del Museo del Traje, “porque no les atendieron bien, quizá porque no entendieron el estilo y la idea de esa joven española”. De ahí se fueron a Courrèges y de la casa Courrèges salió el vestido que la cantante llevó en Londres.

Un diseño, que como dice Gutiérrez, es perfecto para la canción: “Yo canto a la mañana que ve mi juventud, y al sol que día a día nos trae nueva inquietud”. El ideal para una letra que hablaba de esos aires renovadores que pronto se toparon con las mentes más conservadoras y el discurso contrario de los detractores. El vestido de Massiel lleva además unas delicadas margaritas, otro símbolo que arrastraba desde la década anterior un mensaje de libertad.

Detalle del vestido de Courrèges que llevó Massiel en Londres. noticias

Pero Massiel ganó. Arrasó con su ‘La, la, la’ y con su vestido minifaldero. Un icono de la historia de Eurovisión que ahora expone el Museo del Traje. Juan Gutiérrez lleva semanas cuidando de él, limpiando las pequeñas manchas, planchándolo, arreglando la cremallera… haciendo todo lo necesario para que se vea resplandeciente. “Cuando lo trajimos estaba bastante bien, Massiel lo cuida mucho pero aun así necesitaba una puesta a punto”.

En 1968 España logró su primera victoria en el festival. noticias

Gutiérrez dice que Massiel podría haber llevado, por ejemplo, un Berhanyer pero recurrió al diseñador que era la estrella de las agujas en ese momento. Un revolucionario que apostó desde 1965 por reducir los metros de tela. Cuentan que cuando se le preguntaron si fue él o Mary Quant quién inventó la minifalda contestó con rotundidad: “Ninguno de los dos, la minifalda la inventó la calle”.

Massiel sale de la tienda de Courrèges en París. Foto: Joana Biarnés. noticias

España reaccionó tarde y no supo ver la importancia del vestuario en el festival, un escaparate internacional para la música y la moda nacionales, para la cultura. Pero la decisión de Massiel provocó un cambio y al año siguiente ya se apostó por creadores españoles como Pertegaz y Carmen Mir.

Ahora, por suerte, hemos retomado esa senda. Amaia y Alfred llevan diseños de modistos potentes, conocidos y reconocidos. Teresa Helbig, autora del vestido de Amaia, es una de las agujas más respetadas del sector y sus vestidos, enmarcados en ese estilo llamado prêt-à-couture, saltan de la Madrid Fashion Week a la alfombra roja de los Goya continuamente. Paco Varela, responsable del vestuario de Alfred, no hace desfiles pero de sus percheros salen los trajes que llevan los actores más elegantes cuando acuden a eventos como la gala de los Goya, entre ellos Hugo Silva.

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