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Seis hermanas - Blanca y Cristobal se dan el sí quiero

¡Las hermanas Silva se visten de blanco! Recuerda cómo fueron las seis bodas de la serie

  • Francisca, Adela, Diana, Elisa y Blanca por partida doble han pasado por el altar

  • Recordamos las seis bodas de las hermanas Silva

  • ¿Con qué boda de las Silva te quedas? Compartelo en las redes sociales

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¡En Seis hermanas nos hemos ido de celebraciónBlanca Cristóbal por fin se han dado el sí quiero, pero esta no ha sido la única boda de la serie, que empezaba con la petición de mano de Rodolfo a Blanca. Una serie, protagonizada por seis hermanas, vaticinaba más de una.

En los más de 450 capítulos hemos visto pasar a todas las Silva por el altar, excepto a Celia, aunque también estuvo a punto de hacerlo. ¿Vosotros con cuál os quedáis?

Blanca y Rodolfo: la boda más triste

Que Blanca no quería casarse con Rodolfo se sabía solo con mirar la cara de la Silva, pero con el compromiso hecho, y Cristóbal supuestamente muerto en la guerra de Marruecos, Rodolfo la obligó a casarse con él. Menos mal que el tormentoso matrimonio acabó y Blanca quedó libre para quedarse con Cristóbal.

Seis Hermanas - Blanca se casa con Rodolfo

 

Francisca y Don Luis: casados por fuerza mayor

Tras quedarse embarazada de Gabriel, Francisca tiene que elegir entre dar en adopción al niño que espera o aceptar la propuesta de Don Luis, casarse con él para que el niño tuviera todo lo que necesitara. A pesar de que la pelirroja de las Silva sabía que no sería feliz con él aceptó y el matrimonio se celebró en la misma Casa Silva.

Seis Hermanas - Francisca se casa con Luis

Adela y Germán: enlace en el hospital

Germán y Adela no pudieron esperar a que el dueño de la Villa de París saliera del hospital para unirse en matrimonio. Nada más recibir la nulidad matrimonial, Germán le pide a Adela que se casen allí mismo, con Cristóbal y Antonia como testigos. Un enlace sencillo pero al menos el primero verdadero y feliz de las hermanas Silva.

Seis Hermanas - Adela y Germán se casan

Diana y Salvador: una boda con un solo invitado

Otra boda sencilla fue la de Diana y Salvador, que tan solo contó con un invitado, el siempre fiel Bernardo. Como Diana no se decidía, Salvador tomó cartas en el asunto y “secuestró” a su futura esposa hasta una iglesia. No hubo vestido de novia pero sí un banquete en Casa Silva.

Seis Hermanas - Diana da el si quiero a Salvador con un único invitado

Elisa y Ciro: el sueño de Elisa hecho realidad

A punto estuvo de casarse Elisa con Leonardo, pero la muerte del simpático y millonario tío de Carlos se interpuso. Elisa no podría cumplir su sueño de vestir de blanco y organizar una boda por todo lo alto. Pero finalmente sí lo consiguió. Ciro aceptó casarse con ella, y aunque no fue una gran boda, la pequeña de las Silva sí que pudo disfrutar de su gran día acompañada de todas las hermanas Silva, presentes o no.

No recomendado para menores de 7 años Seis Hermanas - Capítulo 399 - ver ahora
Transcripción completa

Te recuerdo que nuestro matrimonio era una farsa

para mantener las apariencias y para triunfar

en nuestras respectivas carreras.

Muy bien, si ya no soy primera dama de la reina

y tú renuncias a tu carrera política y además no quieres

que sea tu esposa no tiene ningún sentido

que sea una Loygorri.

¿Y qué vas a hacer al respecto?

Que se acabó, me marcho de aquí.

Nuestra casa sale en el periódico.

¿Cómo?

Mira.

Salen fotografías de nuestras cosas.

Incluso una fotografía del dormitorio.

Estamos acabadas.

No será fácil, pero puedo ayudarlas.

¿Cómo?

Si se vienen conmigo a Argentina

les presentaré a mi círculo de amistades.

No tardarán en sentirse como en casa.

¿Estás embarazada?

Sí. Enhorabuena, chicos.

Me alegro mucho por vosotros.

¿Y ahora qué?

Tienes que descansar y reposar más que nunca.

¿Casarnos ya?

Ya sé que no será la boda de tus sueños.

Pero piénsalo, allí viviremos tranquilos y estaremos seguros.

¿Nos casamos mañana?

Sí.

Los alemanes me han descubierto.

¡Dios mío!

¿Y qué es lo que piensa hacer?

Pues huir del país, no me queda otra.

¡No puede abandonarme precisamente ahora, señor!

¡No puede hacerme esto! -Apáñatelas como puedas.

¡Se lo suplico! ¡Yo lo he hecho todo por usted!

¡Busca tú una solución como hago yo!

¿Cuál?

No es asunto mío.

¿No vas a darme otra oportunidad?

Te he dado muchas.

Muchas.

Y todas las has desaprovechado.

Amalia, quiero que vivas aquí conmigo.

¿Pero y tu mujer?

Mi mujer ya no está.

Mi mujer se ha ido para siempre.

¿Qué ocurre?

Marina...

ha intentado suicidarse.

¿Qué?

No sé, no sé. No creen que sobreviva.

Soledad, mi paciencia tiene un límite.

¿O quizá debería llamarla Úrsula?

No sé quién le ha dicho eso, pero se equivoca.

He visitado el pueblo de Isabel de Guzmán.

Y por fin descubrí quién era la mujer que ha estado jugando

con Gabriel durante todo este tiempo.

¿Y quién cree que soy?

La antigua secretaria de doña Isabel, Úrsula Gorán.

"Seis hermanas."

"Las seis hermanas."

Así se refería a ellas Isabel Guzmán.

Las seis hermanas que su hija habría tenido

de no haber muerto tan pronto.

Apenas tenía un año cuando murió.

Lo sé.

A Isabel le gustaba preguntarse cómo la habrían aceptado.

Si se habría llevado bien con ellas,

si en lugar de seis habrían llegado a ser siete hermanas.

Y siempre que jugaba

con estas fabulaciones acababa llorando.

Sufría al recordar a su hija y al imaginar un futuro

que jamás llegaría a existir.

Qué extraña puede llegar a ser el alma humana. ¿No cree?

A mí no me interesa el alma de Isabel de Guzmán,

sino la suya.

¿Cómo entró a su servicio?

En sus últimos años Isabel estaba débil

y empezó a fallarle la memoria.

Fue cuando contrató a una ayudante.

Y esa fue usted, Úrsula Gorán.

Porque ese es su verdadero nombre.

Sí.

¿Y por qué decidió suplantar a la fallecida Soledad?

Y no me venga con el cuento de que era para realizar

las fantasías de una pobre madre sobre su hijita.

Ya veo que me considera usted

una cínica de primera categoría.

Me ha dado motivos para ello. -Pues se equivoca.

Si realmente ha investigado mi pasado verá que no mentía

cuando le hablaba de mi infancia en un orfanato,

o de mi hija perdida.

O de lo mal que me ha tratado la vida desde que nací.

Sí. Eso es cierto, sí.

Isabel era para mí como una madre.

Fue la primera persona que me trató bien.

Y cuando murió volví a sentirme sola y sin nada.

Busqué trabajo, pero no lo encontré.

Sin una familia que garantizara mi dote

ni para casarme servía.

Y el resto ya lo conoce o puede figurárselo.

Conseguí la partida de nacimiento de Soledad

y destruí la de defunción.

Me hice pasar por ella y conocía a esas hermanas

de las que tanto hablaba Isabel.

Y luego a Gabriel.

Al que también engañó.

De toda una vida llena de mentiras

el amor que siento por Gabriel es una de las pocas verdades.

A Gabriel no le va a gustar nada descubrir

quién es en realidad.

Pero tengo que decírselo. -No, por favor, no se lo diga.

No voy a dejar que siga engañándolo.

Y no lo haré, pero deje que sea quien se lo diga.

No.

Inspector, no soy el monstruo que imagina.

Amo a Gabriel y él me ama.

Si no lo hace por mí hágalo por él.

Se merece saber la verdad por boca de su esposa.

Tiene un día para contárselo.

Después presentaré cargos contra usted

por suplantación de identidad y fraude.

Gracias.

¿Estás bien? -Sí, tranquila. ¿Y tú?

Sí. Aléjate de la ventana.

Quizá es el momento de que llamemos a la policía.

¿Por qué? ¿Crees que pueden entrar en casa?

No, por lo que nos han hecho en la calle.

Estoy que no me llega la camisa al cuello.

¿Pero qué les pasa? ¡Nos han tirado piedras!

¡Podrían habernos herido!

Lo siento, tenías razón.

Tenías toda la razón. -No, ojalá no la tuviera.

¡Pero es que pueden volver en cualquier momento!

¡Pueden atacarnos por la calle!

Aurora, tranquila.

Tranquila.

No, hay que hacer las maletas.

Nos vamos a ir después de la boda de tu hermana,

A dónde sea, donde nadie nos conozca.

Aurora, deberíamos irnos a Buenos Aires.

Yo no te quiero forzar. Tú decides.

Pero sólo estoy buscando una solución a este acoso

y me parece que Argentina es la mejor opción.

Perdóname, me hice ilusiones

conque toda esta situación se iba a acabar,

que los rumores se iban a terminar.

Pero esto ya no es un rumor.

Gracias a esas fotografías esto es una certeza

y estamos marcadas.

Hoy hemos tenido que venir a la carrera.

Y seguramente tú mañana lo notes en el hospital.

Tengo que ir al hospital.

Sí, Celia, tengo que hablar con Cristóbal.

Tiene que encontrar una nueva jefa de enfermeras.

No lo sé, no quiero fallarle ahora.

Aunque tenga que aguantar miradas y comentarios.

Ahora no, que está Marina ingresada en el hospital.

¿Cómo? ¿Marina? -Ha intentado suicidarse.

¿Qué?

María, necesito que me ayude a recoger mi ropa, por favor.

María acaba de salir al mercado.

¿Qué hace aquí?

Desayunar. ¿Es que no lo ve?

Hay cosas que prefiero no ver.

¿Adónde va? A mi habitación.

Que yo sepa usted no duerme aquí.

Voy a buscar mis vestidos.

Los he mandado empaquetar

con el resto de sus cosas en baúles.

Están en el cuarto del servicio.

Puede llamar a un mozo para que venga a recogerlos.

No querrá ir cargándolos por la calle.

¿Quién se cree que es usted para tocar mis cosas?

La nueva señora se la casa.

Ella ahora vive aquí.

Ocupa tu lugar.

O más bien el lugar que nunca quisiste ocupar.

Sofía, ¿te lo puedes creer? La boda es en unas horas

y todavía quedan muchísimas cosas por hacer.

El convite, el velo, las flores, la mús...

¡Ay, la música!

¿Tú qué piensas que es mejor

para la marcha nupcial, Wagner o Mozart?

Creo que con un grupo pequeño es mejor Wagner.

Pero habla con los músicos

para ver con cuál se apañan mejor.

Ya, tienes razón.

Ay, Sofía, gracias por venir a ayudarme.

No, es que no he venido a ayudarte.

¿Cómo que no has venido a ayudarme?

Siéntate, por favor.

Tengo que decirte algo importante.

Sofía, me estás asustando.

¿Qué pasa? -Siéntate.

Carlos no va a ser tu padrino.

Pero si a mí me dijo que sí.

Y estaba encantado. ¿Cómo puede decir que no

cuando faltan unas horas para la boda?

Sofía, tienes que hacerle entrar en razón.

Tienes que hablar con él, a ti seguro que te hace caso.

Nunca hace nada sin tu perm...

Esto es cosa tuya y no de él, ¿verdad?

Sí. Y espero que lo entiendas.

¿Entender qué, Sofía?

Carlos es mi mejor amigo.

Elisa, fuisteis más que eso.

Así que espero que comprendas que no me haga gracia

que te acompañe al altar. -Ay, Sofía, por Dios...

que Carlos a mí ya no me interesa.

Que yo me voy a casar con Ciro.

Elisa, tienes que entenderlo.

Cómo me sentiría si os viera allí juntos en el altar

después de todo lo que me hicisteis.

Esos celos son absurdos.

No son celos, es dignidad.

¿Pero qué dignidad ni qué ocho cuartos, Sofía?

Es que a ti lo que te pasa es que tienes envidia.

Tienes envidia de que mi boda va a ser mejor que la tuya.

Pero si la tuya será muy pequeña comparada con la mía.

Sí, pero mi sencillez será más bonita.

Y mi sinceridad. Y tú eso no lo puedes soportar.

¿Sabes lo que no soporto? Que ni siquiera el día

de tu boda con otro quieras dejar en paz a Carlos.

Eso es lo que no soporto.

Y no, Carlos no va a ser tu padrino.

Ah, y da gracias si aparecemos en tu boda.

¿A esta qué le pasa?

¿Y a ti qué te pasa?

Un sólo día has tardado en meter a esa fulana en casa.

No voy a consentir que venga a mi casa a insultarme.

Su casa dice...

Blanca, por mucho que te duela es cierto.

No, es que no me duele, me avergüenzo de ti.

No sólo es que hayas decidido

tirar por la borda tu carrera política,

sino también dejar nuestro apellido

y nuestra reputación por los suelos.

Sinceramente no sé a qué viene tanto enfado

ni tanto hacerte la ofendida.

Fuiste tú quien se fue de esta casa.

¿Qué más te da quién viva aquí ahora?

Es tu casa familiar, el hogar de los Loygorri.

¿Qué crees que pensaría tu madre de todo esto?

Mi madre sinceramente me da igual.

He caído que soy mucho más feliz cuando no pienso

en lo que tú o ella querríais para mí.

Eres patético.

Y eso es lo que todo el mundo piensa de ti, Rodolfo.

¿Es que no te das cuenta

que no tienes ningún futuro con esa mujer?

Blanca, no puedes abandonar mi vida y pretender luego

que te preocupas por ella, porque eso sí que es patético.

Este ha sido nuestro principal problema, que yo nunca

he estado completamente en tu vida.

Eso tiene fácil solución. ¿Ah, sí? ¿Cuál?

Voy a volver a pedir la nulidad matrimonial.

Si haces eso perderás todo.

Créeme que no hay nada que desee más en este mundo

que perder de vista todo esto...

y perderte a ti.

Gracias por abrirme los ojos.

Que disfrutéis de vuestro nuevo hogar.

Hay otra solución.

¿Cuál?

Yo.

¿Lo dices en serio?

Sí. Soy tu cuñado y creo que somos amigos.

Se a ti te parece bien a mí...

Sí, ya veo que te parece bien.

¡Gracias!

Me has salvado la vida.

Bueno, tampoco será para tanto.

Nos vemos entonces antes de la ceremonia.

Ay, espera.

Si eres mi padrino lo propio

es que me ayudes con los preparativos.

¿Ah, sí?

Hay que llamar al de las flores.

Y a los músicos. Si es posible, Wagner.

Y también hay que engalanar

el coche que me va a llevar a la iglesia.

Con eso habla con Rosalía,

que seguro que tiene mucho más gusto que tú en esas cosas.

Sí. Sí, claro.

Gracias, Salvador.

Sí.

Quita, no me hables de Raimundo que es un sinvergüenza.

Primero engaña a su mujer, a Merceditas, que es una santa.

Y luego le rompe el corazón a la pobre de Elpidia,

que ha resultado ser una romántica de tomo y lomo.

Quién lo diría. -Pues sí.

No sabes lo mal que lo está pasando la pobre.

Con lo risueña y animosa que se la ve siempre.

Es una pena, pero ya se le pasará.

No sé yo...

Claro que sí, el tiempo lo cura todo.

Si no míreme a mí.

Hace unos meses pensaba que jamás olvidaría a Francisca.

Y ahora aquí estoy, enamorado y casado con Soledad.

Ya...

En cuanto Elpidia encuentre a otro hombre ya se le pasará.

Como si fuera tan fácil dar con otro.

La mujer no es una Venus, pero tampoco es un adefesio.

Que no lo digo por eso.

Mientras siga viendo a Raimundo es muy difícil

que se olvide de él y se fije en otro.

Ah, por eso. -Pero por muy atolondrada

que sea es mi prima, y es mi deber ayudarla.

Bueno, ¿y qué va a hacer?

Despedir a Raimundo.

¿Qué?

No puede despedir al pobre hombre

por haberse encamado con su prima.

¿Ah, no? Pues a mí me parece una muy buena razón.

Muerto el perro se acabó la rabia.

Así Elpidia si no le ve ya se le irá pasando.

Pues a mí no me parece justo.

La vida no es justa, hijo, no es justa.

Mira, hablando del rey de Roma.

Buenos días. -Hola, Raimundo.

Si me disculpáis un momento...

Raimundo, tengo que hablar contigo.

Sí, yo también le quería decir a usted una cosa, doña Antonia.

Que verá, usted, lo siento mucho

pero tengo que dejar el Ambigú.

¿Cómo que dejar el Ambigú?

Sí, he decidido volver para el pueblo

con Merceditas y con mi niña.

Porque no puedo y no quiero seguir más tiempo

lejos de ella. Así que mañana mismo me voy.

Pues no sabes la faena que me haces.

A ver cómo encuentro un camarero de hoy para mañana.

Bueno, no se preocupe usted, si lo necesita

yo me puedo quedar unos días más.

No, no, no. no...

No quiero ser yo la causante de problemas

con tu mujer y con tu hija.

No, si tú lo has decidido pues bien está.

Se lo agradezco.

Pero antes de irte ordéname un poco el almacén, anda.

Sí. -Y la barra también,

me la dejas así colocadita. -Sí.

Y el local bien limpio y adecentado a ser posible.

Sí, doña Antonia, no se preocupe,

hoy trabajaré como un mulo. Y le agradezco mucho

su comprensión, doña Antonia. -Bien, bien.

¿Ya lo ha hecho?

Sí.

¿Lo ha despedido?

Sí, sí, sí.

Pero el pobre me ha pedido que le deje trabajar

todo el día de hoy. ¿Qué iba a hacer?

Pues no se le veía nada abatido por la noticia.

Claro, tu madre tiene

mucha mano izquierda para estas cosas.

A ver...

Así que Celia y yo hemos decidido salir del país.

Nos vamos a Argentina.

¿A Argentina?

Sí.

Así que debo dejar mi puesto como jefa de enfermeras.

¿Y y lo tenéis decidido?

Lo siento.

No. No, créeme que el que lo siente soy yo.

Yo sé lo que te peleaste por conseguir

que me dieran ese puesto.

Y cómo me has ayudado

para acallar los rumores a mi costa.

Por eso se me hace tan cuesta arriba tener que decirte esto,

porque... porque siento que te estoy fallando.

Qué me vas a fallar, Aurora.

Lo que me hierve la sangre es que esa gentuza

se salga con la suya y que os tengáis que ir.

No te voy a decir nada que ya no sepas.

Pero para mí ha sido un privilegio tenerte aquí.

Y para mí ha sido un privilegio tenerte como amigo.

Dame un abrazo.

Te voy a echar de menos. Yo también.

Bueno, ya está. Ya está. Sí.

Me figuro que tendréis

que preparar el equipaje y las maletas.

Sí.

Cuídate.

Cristóbal, eh...

Marina, ¿cómo está?

Al final siempre acaba sobreviviendo a todo.

Es increíble, es una mujer muy fuerte.

Sí, con un alma muy débil a tenor de lo que ha hecho.

Déjala en manos de otro médico.

¿Por qué?

No tengo que decirte que Marina es una manipuladora.

Y sé por experiencia que cuanto más débil parece

más peligrosa es. Lo sé.

Lo sé, pero... yo la despedí.

Por robar.

Sí, pero mentiría si te digo que...

Me siento responsable.

Cristóbal,

tienes un gran corazón.

Esa es tu mayor virtud.

No dejes que se convierta en tu mayor debilidad.

Señor. -¿Qué haces aquí?

Don Ricardo. -Ya sé cómo me llamo.

Y también sé que te había dicho que no quería volver a verte.

Lo sé, pero, verá, yo, simplemente, quería comentarle...

he decidido hacer lo mismo que usted,

me voy a ir de aquí para huir de los alemanes.

¿Has venido a esconderte debajo de la mesa?

No, no, pretendo irme a Galicia con Francisca.

Deberías estar camino de la Estación del Norte.

Antes me gustaría hablar con usted.

Si lo que buscas es dinero,

sabes lo que te dije. -No tengo a nadie a quien recurrir.

Si te lo gastas en láudano no es asunto mío, sino tuyo.

No le pediré mucho, solo lo suficiente para llegar a Galicia

y mantenerme hasta que encuentre empleo.

-Te dije que no. -No puede hacerme esto, no a mí.

¡Lo he hecho todo por usted! He guardado todos sus secretos,

he obedecido todas sus órdenes, ¡estuve a punto de morir!

¡Chis! ¡Luis! Tus intenciones han estado

siempre por encima de tus resultados.

Te falla el carácter.

Eres débil. -No me deje morir

sin ver a Francisca y conocer a mi hijo.

Se lo ruego, por favor.

Hago esto por vergüenza, no por otra razón.

-Gracias, gracias. -Y, ahora, sal de mi vida.

Para siempre. -Sí.

-¿Quería vernos? -Sí, adelante, por favor.

Hoy tengo el día muy ajetreado con la boda de su hija.

Si pretende que convenzamos a Elisa para que le invite,

le aviso que va a ser imposible.

Aunque me gustaría ir, no os llamé para eso.

Sentaos, por favor.

Ah...

Quiero venderos mi parte de Tejidos Silva.

Cuando acabes con eso, Elisa quiere que le ayudes

a mover la mesa del convite. -Dile que voy.

Esto lo acabo ya. -Se lo dices tú.

A su alcance no me pongo más, no para de dar órdenes

y contraórdenes como si fuera la batalla de Waterloo.

-Si ya de ordinario es complicada, ahora que se casa,

no me lo quiero ni imaginar. -Me tiene trabajando como una burra

desde antes de que amaneciera, y así va a seguir.

Pero, bueno, al menos estoy entretenida

y no pienso en Raimundo. En cuanto paro un momento,

me acuerdo de él. (LLORA)

Mujer, tranquila.

Anda, llora, llora, que llorar alivia el dolor. Toma.

-¿Esto qué es? ¿Para lavar? -Bueno, mujer.

¡Si la culpa es mía! Por haberle consentido todo,

que me decía que fuera y yo iba como una imbécil.

-Como una imbécil no. -¡Que sí!

Si le hubiera parado los pies y le hubiera dicho

que esto era importante para mí,

a lo mejor hubiera dejado a Merceditas y estaría conmigo.

Bueno, mira, mira... siendo padre reciente, no.

La paternidad tira mucho, te lo digo yo,

que he tenido una hija, que en paz descanse.

-¿Y ahora qué hago? No me lo quito de la cabeza.

Hasta que aparezca otro dentro de poco

que te enamore otra vez. -¡Que no quiero otro!

-Eso lo dices ahora. -¿Tú cambiarías a Rosalía por otra?

No estamos hablando de eso. Y no es lo mismo.

No es lo mismo por ahora, pero como no te decidas...

-¿Qué quieres decir? -El boticario no veas cómo la mira.

-¿Qué boticario? -¡Pues el de la botica!

-¿Don Amaro? -Sí, ese.

Es viudo, está de buen ver y es muy simpático,

sobre todo con ella. Vaya miradas le echa.

-Pues no sabía yo eso. -Bueno, pues ya lo sabes.

Así que, yo que tú, no desperdiciaría todo lo ganado

y haría algo, no vaya a ser que este se te adelante.

No entiendo a qué viene tanta suspicacia,

me han ofrecido un negocio muy provechoso fuera

y no quiero perder esta oportunidad.

¿Y desde cuándo, para abrir un negocio, tiene que cerrar otro?

Que yo sepa, usted tiene muchos.

Todos los que tenía aquí, en este país, los he liquidado.

Quiero centrarme en el extranjero, sin nada que me distraiga aquí.

Compréndame, tío, pero con todo lo que nos ha hecho,

y con este precio tan generoso,

pues cómo no nos vamos a temer una trampa.

No hay trampa, solo prisa.

Necesito el dinero ya para la primera inversión y,

para cerrar unos asuntos que me quedan pendientes, nada más.

Podría venderla por mucho más.

Ah, ya lo sé, pero no quiero entrar en negociaciones.

Sé que es muy buen precio y que podéis asumirlo

y darme el dinero ya.

-El contrato está en orden. -Yo ya lo he firmado.

Si ahora pones tu firma, la fábrica volverá a tus manos.

Bueno, a las manos de ambos.

Ah...

Sí.

Bien, enhorabuena.

La fábrica es tuya. (RÍE)

Y usted tendrá el dinero en el banco esta misma tarde.

Y, ahora, también este sitio es tuyo.

Si me disculpáis, tengo que irme.

Tengo que resolver un par de asuntos pendientes.

Ha sido todo tan rápido, que me cuesta creer que sea real.

Pues lo es. Ahora la fábrica es nuestra.

Solo nuestra. (RÍE)

Aurora y yo nos vamos mañana a la Argentina.

¿Pero por qué a Argentina?

Después de lo que está pasando, está claro que

no nos podemos quedar. -No, no, no,

pero mis agentes impedirán que les ocurra nada.

-¿Y qué van a hacer? ¿Seguirnos siempre por la calle?

¿Vigilar nuestra casa cada día?

Velasco, aunque así fuera, eso no es vida.

Yo espero que lo entienda.

Sí, sí, claro, claro que sí, claro que sí.

Pues, por su cara, no lo parece.

No, pero porque...

porque la voy a echar muchísimo de menos.

Yo también.

Antes de que se vaya, tengo que contarle algo, algo muy importante.

Algo que tiene que ver con su familia.

Oye, no tienes de qué preocuparte. Ya verás, será todo un éxito.

-¿El qué? -La inauguración de

la nueva Villa de París. ¿Es por eso que estás preocupada?

Oye, ¿qué te pasa?

Llevas toda la mañana rarísima.

Si estoy nerviosa no es por la tienda, Gabriel.

-Ah, ¿no? ¿Es porque no te han invitado a la boda de Elisa?

Tengo algo importante que contarte.

Verás, no me importa que no me hayan invitado

a la boda de Elisa,

porque la realidad es que no tiene sentido que vaya.

Que esté con las hermanas Silva.

Porque, en realidad, yo no soy... -Soledad, de verdad,

a mí no me importa lo que ellas piensen de ti,

ni lo que haya pasado entre Salvador y tú.

En realidad, no me importa tu pasado,

ni el orfanato, ni la niña.

Ni las mentiras que me contaste para recuperarlas.

Solo me importas tú y el ahora.

Siempre voy a estar a tu lado apoyándote en todo.

-¿En todo? -En todo

Ah, ojalá fuera cierto.

Oh, claro que es cierto.

Eso es lo que tanto te preocupaba, ¿tus hermanas?

Sí, era eso.

Pues ya ves que no tienes de qué preocuparte.

Da igual lo que piensen las Silva,

tú única familia a partir de ahora soy yo.

Adiós, Gabriel.

Te veo en un rato.

¿Cómo que Soledad no es nuestra hermana?

Ni siquiera se llama Soledad,

su verdadero nombre es Úrsula Gorán.

Debo avisar a mis hermanas cuanto antes.

Lo dejo a su criterio, ¿pero no se casaba hoy Elisa?

Ah, sí, tiene razón.

Quizá sea mejor dejarlo para después de la boda.

Hoy la he interrogado y me ha asegurado

que ese es su único secreto, su identidad.

Ah, como si fuera poco.

Pero yo no la creo.

Alguien que engaña con tanta magnitud una vez,

lo puede hacer cien, o mil.

Por eso estaba tan ocupado cuando he entrado.

Sí, sí, así es. La estoy investigando a fondo.

Pues no le entretengo más.

Pues, si averigua cualquier cosa... -Se lo haré saber.

Aunque tenga que enviarle un telegrama a Buenos Aires.

-Ah... -Es una pena que no pueda

contar con usted para esta investigación.

Yo también echaré de menos nuestros casos.

Y yo tan buena compañera de pesquisas.

Aunque has sido mucho más que eso.

Y discúlpame que te tutee. -No, por favor, Velasco,

ya iba siendo hora.

Has sido mi amiga, mi apoyo en... en los peores momentos de mi vida.

Yo podría decir lo mismo.

Tú me devolviste a Aurora, me perdonaste

cuando sucedió todo lo de Marina y me estás protegiendo

hasta el último momento. -Para, porque se pondrá celosa.

(RÍEN)

Te dejo en buenas manos.

Con ella y con Gabriel estarás bien.

Sí, pero no es lo mismo.

Ni siquiera con Gabriel es lo mismo.

-Pero si es tu mejor amigo. -No.

Esa eres tú.

¿Sabes? Para alguien como yo, siempre pensé que encontrar el amor

sería lo más difícil en la vida,

pero estaba equivocado.

Una amistad como la tuya es aún más extraordinaria.

Jamás habrá otra Srta. Celia en mi vida.

Vas a conseguir que me emocione.

-Eso espero. (RÍE)

Cuídate mucho, mi niña.

Piensa que irás vestida toda de blanco

y cualquier color va a resaltar mucho más.

Claro, tienes razón. (RÍE)

Debería haberme dado cuenta, pero es que estoy tan nerviosa

que no sé dónde tengo la cabeza. ¿Qué hora es?

No me lo digas, que me pondré más nerviosa.

Elisa, tranquila, hay tiempo de sobra.

Además, nos tienes a nosotras y al servicio.

Salvador no ha parado de hacer recados para ti.

Va a salir todo muy bien, ya lo verás.

Gracias, Blanca.

Con todos los problemas que hemos tenido,

pensé que... que no ibas a venir.

Y hasta te has mudado a casa unos días para ayudarme.

No podía fallarle a mi hermana pequeña.

¿Qué te pasa? No me pasa nada.

Blanca, eres mi hermana, te conozco, sé que te pasa algo.

Solo me emociono de verte tan guapa.

También sé reconocer una mala excusa.

Es un día especial para ti, no quiero que pienses en nada más.

¿Piensas que la boda con Ciro es demasiado precipitada?

No. Esta es una boda por amor.

Pues eso es maravilloso, porque todas las bodas

deberían ser por amor. Sí.

Sí. Además, si nos vamos a Valladolid

es porque... porque él está preocupado por mí

Y sé que siempre me va a cuidar. Eso está muy bien, Elisa, pero

tu futuro no puede depender de ningún hombre.

¿Por qué dices eso? Tú eres la única que

puede garantizar tu felicidad y porque, estés donde estés

y con quien estés,

nunca debes dejar de ser tú misma.

Y no dejes que nada ni nadie te cambie,

ni un hombre, ni un lugar, ni un apellido.

No quiero que cometas mis mismos errores, ¿eh?

Ah, no. No cometeré tus errores,

cometeré los míos. (RÍE)

Y aprenderé a superarlos, igual que has hecho tú.

Anda, ven aquí...

No, no, nada de abrazos, que se me estropea el maquillaje,

el peinado y todo. Después de la boda nos abrazamos.

Bueno, pues ahora estate quieta, que me queda poco para terminar.

Cómo eres. Vas a estar guapísima.

Desde que trabajo en la casa tengo más tiempo para estar contigo.

Incluso, podría hacer alguno de tus recados,

como ir a la botica. -¿A la botica?

Con lo amable y simpático que es don Amaro.

No hace ninguna falta. -Desde luego, es amable y solícito.

Tenéis mucha confianza. -Cuando enviudó,

le llevé comida algunas veces. Que no levantaba cabeza el pobre.

Ya ha levantado, vaya, la ha levantado.

-Y yo me alegro. -Y yo también, mucho.

Me alegro mucho. Rosalía...

Espere un momento, que yo quiero decirte una cosa.

Bueno, pero que sea rápido, que me queda mucha faena en casa.

Bueno, pues lo primero, darte las gracias

por haberme recomendado a don Salvador

para que me contratara en la casa. -Es lo mínimo que podía hacer.

Don Ricardo te despidió por defenderme a mí.

Y, lo segundo, que sepa que yo en la casa estoy,

incluso, más a gusto que en la fábrica.

Gracias, gracias, gracias, ¿cuántas cosas más me dirás?

De verdad, ando muy justa de tiempo.

Una sola, es que no... no me es fácil.

Es sencillo...

Rosalía, ¿quieres casarte conmigo?

Dios mío, ¡qué desgracia! Espero que no se haya roto.

¿Has escuchado lo que te he dicho?

¿Y por qué crees que se me ha caído el paquete al suelo?

-Entonces dime algo, ¿no? -Ay, Benjamín, tú sabes

lo mucho que te aprecio, pero tú y yo tenemos cierta edad.

Por eso mismo, no quiero que se nos pase el tiempo.

Y, además, no quiero que se me adelante

el amable y solícito de don Amaro. -Ah...

¿No me digas que tienes celos del boticario?

Como te mira, como para no tenerlos.

(RÍE DE FORMA BOBALICONA)

¿Anda, te propongo matrimonio y te ríes?

(RÍE) ¡Perdón! Perdón.

No está bien. -No.

-No, no, no está bien, no.

No, además, yo misma sé lo mal que se pasa con los celos,

que yo misma los tuve cuando andabas con Elpidia.

¿De verdad?

Mira, eso... eso me deja una esperanza.

Así que, prepárate, porque te voy a proponer matrimonio

todos los días, y cada vez de una manera diferente,

y cuando menos te lo esperes.

¿Eso quiere decir que sí?

Benjamín, ¿por qué a los hombres

se os ha de explicar todo dos veces?

¿Tú crees que yo, Rosalía Manzano, besaría a un hombre en plena calle

si no fuera mi futuro marido?

¿Por qué me da todo esto?

Tu padre perdió mucho dinero por culpa

de las veleidades de mi hija

y esa manía que le entró del cinematógrafo.

Si he de ser sincero, estuve de acuerdo con ese negocio.

Así podrás devolverle el dinero a tu padre.

Esto es mucho más de lo que él me dejó.

Así Elisa y tú comenzaréis vuestra nueva vida con desahogo.

Considéralo mi regalo de boda. -Quizá debería dárselo a ella.

Conozco a Elisa, es muy orgullosa y lo rechazaría.

Y sé que tú harás buen uso de él.

Eh, no sé qué decirle, don Ricardo.

Es usted muy generoso. -Escúchame, Elisa es mi hija,

y por mucho que a ella le cueste creerlo,

es a la persona que más quiero en este mundo.

Así que si ese dinero sirve para que sea más feliz,

estará bien empleado. -No me parece justo

que usted no vaya a acudir a la ceremonia.

Déjeme hablar con ella y le convenceré.

No, no, no, no, no, no. Solo conseguirías enfadarla.

Y no quiero que os caséis de mal humor, ¿eh?

Esto aún demuestra más su generosidad.

Y tengo que salir de viaje urgentemente.

De hecho, el chófer tendría que estar aquí para recogerme.

No sé por qué tarda tanto.

Despídeme de ella, ¿eh?

Y recuérdale cuánto la quiero.

-Así lo haré, señor. -Bueno, y ahora date prisa,

no quiero que llegues tarde a tu boda.

(LLORA)

Vaya día llevo entre las sorpresas de don Ricardo

y los caprichos de Elisa. Camarero, lo de siempre, por favor.

-Ah... -Aunque no creo que te importe

nada de lo que te he dicho. ¿Qué te pasa?

-Me reuní con Dato. -¿No le hace gracia

que retiraras tu candidatura a presidente del Gobierno?

Me pidió que renuncie como ministro.

¿Por qué? Puede que no quieras ser presidente,

pero como ministro, haces un trabajo excelente.

Lo poco bueno que hay en el gobierno.

Les importa más lo que ocurre en mi alcoba, que en mi despacho.

-¿Es por Amalia? -La mujer de Dato,

que es una católica chapada a la antigua,

se ha enterado de que vivo con una cupletista

y de que está embarazada de mí.

Y le fue con el cuento a Dato.

Que también es muy conservador.

Y Dato, para atajar cualquier posible escándalo futuro,

ha decidido cortar de raíz.

Así, cuando la prensa se entere de lo de Amalia,

yo ya no seré ministro de nada. -Ya.

Gracias.

¿Te puede obligar a dimitir?

Si no lo hago, en el partido se pondrán en mi contra

y estaré acabado. -¿Y si le haces caso y dimites?

En ese caso, estaré más acabado todavía.

Vaya. Lo siento, Rodolfo.

Para que veas cómo cambian

las cosas de un día para otro. Y no para bien.

Puedes volver al banco, al mundo de los negocios.

Siempre has sido muy bueno en eso.

Y ahora, con la mujer que amas. -Eso es cierto.

Y vas a tener un hijo.

Y Diana y yo también lo vamos a tener.

¿Cómo?

¿Cómo no me lo has dicho antes? -Bueno.

Pero si sé perfectamente la ilusión que te hacía.

Vine aquí a celebrarlo contigo, pero no es el mejor momento.

Claro que es el mejor momento.

En unos meses, seremos padres tú y yo.

-Quién lo iba a decir. -Quién lo iba a decir.

Venga, hay que brindar por esto. -Sí.

Por las futuras generaciones.

¡Ay! ¿Pero cómo está mi reina?

¿Yo? Muy bien. Gracias.

-Que se lo digo a ella. -Ah.

-Pero usted también lo es. Lo sabe. -Menos mal.

Ay, mi niña bonita. ¿Quién va a pasar el día

con su tía Antonia? ¿Quién?

-Veo que le hace mucha ilusión. -Muchísima.

Nos hace un gran favor,

porque con el jaleo de la boda de Elisa,

la pobre no podrá dormir mucho.

Aquí estará muy bien. Y yo, mucho mejor.

Tengo otra noticia que también

le va a alegrar. -¿Qué es?

Eugenia va a tener un primito o una primita.

¡Ay, no me diga!

O sea, que la anemia era por... Venga aquí.

Enhorabuena. -Gracias.

¡Ay, me alegro muchísimo!

Bueno, esto hay que celebrarlo. ¡Raimundo!

Saca la mejor botella de champán que tengamos en el almacén.

Hay que celebrar que doña Diana

está en estado de buena esperanza. -Enhorabuena.

Gracias. Lo siento, pero no me voy a poder quedar.

Tengo que prepararme y ayudar a mi hermana.

Pero si va a ser solo un momentito de nada.

Mañana cuando vuelva a por Eugenia,

lo celebramos con más tiempo.

Bien, bien. Como usted quiera.

Adiós, preciosa.

-Bueno, pásenlo muy bien. -Gracias.

-Y enhorabuena otra vez. -Gracias.

Ay. O sea, que vas a tener un primito o una primita.

Mira qué bien, eh. -Doña Antonia.

¿Saco mejor el orujo y lo celebramos?

Tú ponte a trabajar. Orujo ni orujo.

(Suena el teléfono) Aún te quedan un par de horas.

Café Ambigú, dígame.

Sí, sí. Está aquí. Doña Antonia. -¿Sí?

-Del preventorio. -Ah.

¿Sí? ¿Dígame? Sí, sí. Soy yo.

(LLORA)

¿Qué hace aquí? -Me ha dejado entrar él.

Son cosas que iba a dejar en la tienda.

No te esfuerces en seguir mintiendo.

Úrsula.

Dijo que tenía todo el día para contárselo.

¿Por eso ha hecho la maleta? ¿Para contarle toda la verdad?

Aunque esta parte de la verdad, no me la contó a mí.

El certificado de matrimonio de Úrsula Borán y Damián Gómez.

Llevas cuatro años casada con otro hombre.

Y la bigamia es un delito grave.

Así que, a partir de esta noche, dormirá en la cárcel.

Gabriel, no lo permitas. Sabes lo que siento por ti.

¿De verdad? ¿Lo sé?

Mentí para protegerte.

Damián es un animal. Es un monstruo.

Me maltrataba. Y, por su culpa, mi hija acabó en el hospicio.

Todo lo que he hecho, ha sido para escaparme de él

y empezar una nueva vida.

Te lo juro, Gabriel. Esta vez, tienes que creerme.

Te quiero. Y sabes que eso es cierto.

¿Puedo creer a alguien que solo me ha contado mentiras?

Lo que te decía al oído mientras

hacíamos el amor, no era mentira y tú lo sabes.

Esto es lo que siente por ti.

(LEE MENTALMENTE) Luis, te escribo para decirte

que nuestro hijo ha nacido.

Es un niño y lo cristiané

como Fernando, el nombre de mi padre.

Tanto él como yo, nos encontramos perfectamente.

Me gustaría haber encabezado esta carta,

diciendo "querido Luis", pero mentiría,

porque esto no es una invitación

ni una llamada. Es una despedida.

Pensé que me había alejado de ti por miedo

y que si cambiabas, podríamos reunirnos,

pero la distancia me recordó que nunca te amé

y que eso es lo que nos ha convertido

en dos seres desgraciados.

Aquí, lejos de ti, con mi hijo,

he comenzado a recuperar la felicidad

y he decidido emprender un viaje en busca de ella.

Viviremos gracias a mi voz y no sé adónde nos llevará

esta aventura. Solo sé que será sin ti.

Así que, por favor, no nos busques e intenta rehacer tu vida sin mí.

Hasta siempre.

Francisca.

(LLORA)

Aurora irá a la iglesia directamente desde el hospital.

-¿Ya habéis conseguido los pasajes? -Sí.

Mañana partimos hacia Vigo y, de ahí, a Argentina.

¿Ya estáis listas?

Aquí está. ¡Oh!

Nunca la había visto tan feliz.

Ahora solo espero que todo salga bien.

Va a salir todo muy bien.

¿Y Salvador? Es el padrino. Tendría que estar aquí

para llevarme a la iglesia.

Fue a por el coche. Estará aquí en un minuto.

La tradición marca que la novia haga esperar al novio.

Y mientras esperas, tenemos algo que contaros.

Blanca ya me ha contado que te vas a Argentina.

Te voy a echar mucho de menos, Celia.

No es eso.

Francisca ha llamado para desearte felicidad el día de tu boda.

Y quiere que sepas, que aunque no puede estar presente,

estarás en sus pensamientos. -Y ella en los míos.

Bueno, y hay algo más. Acaba de ser mamá.

Fernandito. ¡Ay, qué bien!

¿De verdad?

Sí. -Es el mejor regalo

que podría darme.

Respecto a ese tema, la tradición marca

que debes llevar algo azul, algo prestado,

algo nuevo y algo viejo.

¡Dios mío! He olvidado eso.

No te preocupes. Nosotras sí lo hemos pensado.

Cada una te ha traído un regalo.

Yo me he ocupado de lo azul.

Esas hortensias. -Son preciosas.

Yo, de algo nuevo.

Y yo, algo prestado.

Y todavía queda algo muy especial.

-¿Qué es? -Algo viejo.

Es una caja de música.

Perteneció a Adela.

Se la regalamos cuando se casó con Germán. Ahora es tuya.

Seguro que a Adela le gustaría mucho que la tuvieses.

-Es preciosa. -Con esta caja

y con los pensamientos de Francisca,

es como si estuviésemos otra vez juntas las seis.

Quiero dormir. ¿Por qué no te vas

y me dejas descansar? ¿Por qué lo has hecho?

Has tenido mucha suerte. Has estado muy cerca de morir.

Eso es lo que te hubiera gustado. ¿De verdad lo crees?

Si he intentado quitarme la vida, ha sido por tu culpa.

No intentes culparme de eso. No es justo.

Me abandonaste por Blanca.

Hiciste que anularan nuestro matrimonio.

Me humillaste delante de todos.

Y luego, hiciste que me echaran del hospital. ¿Te parece poco?

Te echaron por robar. A Aurora bien que la defendiste,

cuando todos supieron que era una desviada.

Y a mí, que solo cogí láudano

para calmar los dolores de don Luis,

no fuiste capaz de defenderme.

Tergiversas y manipulas todo.

Pero la vida no se pliega a tus caprichos

y es lo que te llevó a caer

en el agujero donde estás. Tú me empujaste a ello.

Será mejor que no te muevas.

Aunque pienses lo contrario,

no quiero que vuelvan a abrirse las heridas.

Permíteme.

Este último año en Valladolid,

ha sido un aburrimiento supino.

Pues si os digo la verdad, me hace mucha ilusión

celebrar las navidades las cuatro juntas.

Eso si llega Celia, porque ya debería estar aquí.

Aquí está.

¡Ay! -Qué guapa estás.

Quería pedirte un favor. Verás. Tengo preparada

una sorpresa para esta noche. -¿Qué clase de sorpresa?

No quiero anticiparte nada, pero puedo asegurarte

que va a causar impresión, sobre todo, a mi madre.

Voy a necesitar tu ayuda, pase lo que pase.

¿Sabes que Francisca se convirtió

en una importante cantante de ópera?

Viaja por todo el mundo. Lo sé.

Me hace feliz que cumplido su sueño.

De vez en cuando, nos manda alguna postal.

Tampoco creas que nos cuenta mucho.

Solo pregunta por Fernando.

Y como siempre está viajando, me ha pedido

que me quede yo con el niño. -¿Y cuándo lo ve?

Isidra, llévate a los niños arriba.

¡Eh, eh! ¿Dónde van con mi tocador?

-Se lo llevan, Amalia. -Ni hablar.

Ahí me peino y me arreglo. Déjelo en el suelo.

Ya está vendido. Demasiado tarde

para tener esta conversación. -Haberme consultado.

Tengo la nulidad matrimonial.

Ya no pertenezco a Rodolfo. Soy libre, Diana.

Venga. ¿Por qué no dices lo que estás pensando?

Yo no estoy pensando en nada.

Desde que has vuelto a esta casa, no has pensado en otra cosa.

O mejor dicho, en otra persona.

¿Cómo estás?

Espero que hayas descansado.

Hoy ha sido tu última noche en la cárcel.

Por eso, he dormido peor que nunca.

La ansiedad no me ha dejado conciliar el sueño.

En unas horas, volverás a ser una mujer libre.

Y justo el día de Nochebuena.

Parece que hay algo mágico en todo esto.

¿Persisten tus problemas? -¿Que si persisten?

Han empeorado, Salvador.

Necesitaría algo de dinero para salir del paso.

Me preguntaba si tú podías concederme un préstamo.

Esto sí que no me lo esperaba.

Cuando dijiste que querías hablar de un asunto económico,

pensaba que querías verme

para devolverme el dinero que ya me debías.

Llego tarde y muerta de hambre.

Hice unas compras, que mereció la pena el esfuerzo.

¿Otra vez gastando como si fuésemos ricos?

Ay, mira, Ciro. Son solo unos cuantos regalos y dulces.

Te recuerdo que estamos en Navidad.

La semana pasada, no era Navidad y te fuiste a comprar

todos los días. La semana que viene,

volverás a ir de compras.

Y así, toda la vida. -No me regañes.

-Tu pasión por las compras no tiene fin.

¿Esa mujer es Marina? -Sí.

Siempre me sube la fiebre a estas horas.

No te preocupes.

Y tú deberías estar en tu casa.

Te estás perdiendo la cena por mi culpa.

¿Cómo que por tu culpa?

Yo estoy exactamente donde tengo que estar,

a tu lado.

Seis Hermanas - Capítulo 399

Blanca y Cristóbal: bodorrio por todo lo alto

La boda que todos los ‘silvistas’ estaban esperando. Por fin Blanca y Cristóbal pudieron darse el sí quiero en una emotiva ceremonia en la que Cristóbal quiso recordar todo lo que habían tenido que pasar hasta llegar al altar. Son las segundas nupcias para los dos, aunque en esta ocasión ambos se casan enamorados. Un acontecimiento feliz que vuelve a unir a la familia Silva con los Loygorri.  

Seis hermanas - Blanca y Cristobal se dan el sí quiero