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Águila Roja - Lucrecia descubre que planean matarla

'Águila Roja' registra su capítulo más visto de la temporada y lidera el jueves a una semana de su despedida

  • Con casi 3 millones y un 17,2%, fue lo más visto del día y lideró su franja de emisión

  • Hasta 4.977.000 espectadores vieron algún momento el penúltimo episodio de la serie de aventuras de La 1

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El penúltimo capítulo de 'Águila Roja' rozó los 3 millones de espectadores (2.980.000) y tuvo una aceptación del 17,2%, con lo que se convierte en la entrega más vista de esta temporada, la última de la serie. Además, encabezó el ranking de audiencias del jueves y logró el minuto más visto de La 1.

Un total de 4.977.000 espectadores vieron algún momento del penúltimo capítulo de 'Águila Roja', con Gonzalo encarcelado y el Comisario mucho más cerca de su sueño de ocupar el trono. La semana que viene, llegará el desenlace de la serie con el capítulo 116, que será comentado en redes con la etiqueta #ÁguilaRojaFinal.

El episodio de este jueves sumó 113.000 espectadores y 2 décimas a la entrega de la semana anterior. Además, registró el minuto más visto de La 1 con 3.198.000 personas21,1%, a las 23:54 horas.

El éxito de audiencia se trasladó también a las redes sociales, donde la etiqueta #ÁguilaRoja115 fue trending topic durante varias horas.

No recomendado para menores de 12 años Águila Roja - T9 - Capítulo 115
Transcripción completa

¿Por qué habéis dado órdenes sin mi autorización?

CARDENAL: He descubierto la identidad del Águila roja.

Vuestro hermano.

Soltadme.

Lo mataré con mis propias manos.

Propongo un brindis.

CARDENAL: Gonzalo de Montalvo, quedas detenido.

¿De qué se me acusa?

-De ser el Águila Roja. -¡El Águila Roja!

(Golpes)

¡Ahhh!

Haga algo... Piense en algo.

(Flecha)

(Explosión)

El maestro no estaba entre los guardias muertos.

Han buscado por todos lados y no hay ni rastro de él.

Habréis cogió al Águila Roja pero no tendréis a su hijo.

Sabía que lo harías bien.

(RÍE)

Hijo, tenemos que ponernos a salvo.

¿Dime quién le ha delatado?

La dueña del nuevo burdel.

Como le encuentren, estás muerta.

Estás muerta Anaís, muerta.

Alguien se acerca.

¿Me buscas a mí? ¿Eh?

Soy yo, puedo ayudaros a huír.

¿Cómo sé que no estás al servicio de ellos?

-Quiero ayudarte.

-¡Au!

-¿Qué pasa? -Estás de parto.

-¿De parto?

-Tenga, lo suyo.

¡Oh!

Es lo peor que he hecho, tenía que salvar a Flora.

Yo solo soy un maestro.

-No eres solo mi maestro.

Estoy enamorada de ti.

-Hablo de mi tía.

CIPRI: Sé donde vive.

Está en el bosque de la luz.

-Tengo que verla.

-No. No puedes salir de aquí, es peligroso.

-Aquí tienes a tu nieta.

¿Qué hay tan importante para poneros en peligro?

Margarita.

¿Margarita?

Marchaos.

Me han dejado tirado como a un perro.

No es eso,

el zagal ha escapado, el criado le ha seguido

y el padre ha ido tras ellos.

¿Que el chico se ha escapado?

Los han cogido Sátur.

No me diga usted eso.

La niña es mía y vosotros os vais fuera.

Firmaste esto. ¡Fuera!

-No, por favor. -¡Mi nieta! ¡No!

-Por favor. -¡Mi nieta, no!

Este traje es el recuerdo de la fuerza eterna del Águila roja.

Este traje es...

Si se lo pone usted se van a cagar.

Esta vez no tienen que temer al héroe, Sátur.

Tienen que temer al padre.

¡Detenedlo!

(Lucha de espadas)

¡Ah! CARDENAL: ¡Ríndete!

¡Ríndete!

-Ahí llevan al Águila Roja.

(Música de tambores)

(SUSPIRA)

(SOPLA)

(Música trepidante)

(RESOPLA)

¡Vamos!

¡Vamos!

(RESOPLA)

¡Ah!

(Derrumbe de piedras)

(TOSE)

(TOSE)

¡Ya estoy aquí, amo!

¡Ya estoy aquí!

¡Amo!

¡No puede ser!

¿Dónde está el amo?

(APENADO) ¡Oh!

¡Ay!

¡No puede ser!

(Música de tambores)

(Pasos)

CIPRI: ¿Qué pasa?

Alonso.

(Campanas) (Redoble de tambores)

¿Qué pasa?

(ASUSTADO) ¿Qué pasa? ¿Qué haces?

-¿Qué le vais a hacer? -¿Qué?

-¡No! ¡No! ¡Cipri! -¡No! ¡No!

¿Qué van a hacerme? ¿Dónde me llevan?

-¡Cipri! -¡Alonso! ¡No! ¡No!

-¡Marquesa! ¡Marquesa!

¡Marquesa! ¿Pero que hace? ¡Por favor!

¿Pero que está haciendo?

Descansar.

¡Es el único lugar del palacio donde puedo,

donde no escucho su nombre una y otra vez!

¡Gonzalo, Gonzalo!

Lo único que va a conseguir así es enfermar.

Quiero que salga de mi cabeza.

¡No puedo más!

(Relincho)

(Carruajes)

¿Ahora qué pasa? ¿Qué es esto?

Carruajes y hombres a caballo.

También el del Cardenal Mendoza.

¿Soldados?

¡Los franceses! Lo había olvidado.

¡No pueden verme así!

¡Les diré que se vayan!

¿Irse?

Esos hombres vienen a ayudarnos a conseguir el trono,

dependemos de ellos.

¡Diles que esperen! ¡Entretenlos!

(SUSPRIRA SORPRENDIDA)

Curioso atuendo para recibir a tus invitados.

Disculpe, eminencia.

He tenido un pequeño accidente.

Sal de aquí.

¿Qué haces vestida de esa guisa?

¿Te das cuenta en la situación en la que nos encontramos?

Lo siento, me cambiaré enseguida.

¡Espero que al menos el Comisario esté preparado!

No está, eminencia.

¿Dónde está?

Se marchó temprano.

Cámbiate enseguida y vete a buscar a tu marido, allí donde esté.

Decidme.

-Necesitamos que nos digan en dónde van a acampar nuestros soldados.

Pueden esperar en los cotos de la Marquesa hasta el momento.

Por fin, las Españas tendrán un mejor destino.

Así será.

(Apertura de puerta)

Tenías que ser tú. Mi propio hermano.

Qué decepción.

Toda tu vida detrás de una máscara,

como un juglar, ¿no te da vergüenza?

(Cadenas)

¡De lo único de lo que me avergüenzo es de compartir tu misma sangre!

¿Has pensado alguna vez

que he matado a más hombres buscándote

que los que tú has salvado?

¿Es eso ser un héroe?

(Cadenas)

¡Acaba conmigo y déjame en paz!

El salvador de los oprimidos, el defensor de los pobres.

¿A qué has venido?

¿Qué es lo que quieres?

Quiero que me pidas clemencia,

que me supliques, que te arrodilles ante mí.

¡Nunca!

Quiero ver el miedo en tus ojos, el dolor, la angustia.

¡Jamás!

¿Eso crees?

¿Sabes dónde está tu hijo?

Ahí. Muy cerca de ti.

Detrás de ese muro.

Si te esfuerzas, podrás oír sus sollozos.

(Forcejeo con cadenas)

(GRUÑE)

Esa es la mirada que quería ver en tus ojos.

¿Ves que fácil?

(ROGANDO) Suéltale.

Ya me tienes a mí.

Le soltaré,

cuando hayas muerto.

Para que pueda ir a llorarte a tu tumba.

¡Ah!

¡Ah!

Piensa, Saturno, piensa.

Tengo que liberar al amo antes de que sea tarde.

¿Dónde cojones le tendrán?

(Crujido de puerta)

¡Un paso más y te dejo seco! ¿Quién anda ahí?

(Pasos)

(APENADO) Soy yo.

¡Os habéis escapado! (RÍE)

¡Os habéis escapado!

¿Pero y cómo venís hasta aquí?

¡Que es el primer sitio donde van a buscar Cipriano!

Estoy solo... Me han soltado.

¿Y el amo y el chiquillo?

(SUSPIRA) Siguen presos.

¿Pero dónde los tienen?

Me han puesto un saco para que no lo supiera.

¡La madre que me parió!

Pero cuando era posadero estuve muchas veces allí,

dando de comer a los presos.

Están en la prisión de Santa Cruz.

En Santa Cruz.

Pero de si ahí es imposible sacar a nadie.

(Golpe de silla)

Están en manos de Dios.

¡No!¡Cipriano! ¡No me mientes...!

¡No me mientes a Dios!

No puede ser, no puede ser.

Tenemos que hacer algo.

Tengo que hacer algo.

¿El qué?

(Golpe en la mesa)

Me voy a Guipúzcoa.

¿Te vas a Guipúzcoa?

¡El Rey es el único que puede salvarle!

¿Tú sabes lo que se tarda? Lo matarán antes de llegar.

¡No puedo quedarme así! ¡Debo hacer algo!

¡Te estás engañando! ¡Sabes que es imposible!

¿Sabes lo único que sé?

Que van a matar a la mejor persona que he conocido nunca.

Y que yo le debo todo lo que soy.

¡Voy a hacer todo lo que esté en mi mano!

Aunque me deje la vida.

¿Puede saberse dónde os habíais metido?

Despidiéndome de mi hermano.

¡Vuestro sitio está aquí! ¡Esto es lo más importante ahora!

Quiero saber cómo y dónde será ejecutado,

quién será su verdugo.

Y en qué plaza acabarán sus últimos días.

No habrá plaza, ni público, comisario.

Morirá hoy mismo, solo, en su celda y de un tiro en la cabeza.

¡No!

Tengo que recuperar mi honor delante del pueblo que me va a ver reinar.

¡Me ha humillado!

¡Su muerte debe ser pública y yo debo estar presente!

Acabaría siendo venerado como un Santo,

lo mejor es que su recuerdo se diluya en el tiempo

hasta que nadie sepa si fue un personaje real o inventado.

(Pasos)

Mis hombres están preparados para tomar posiciones de inmediato.

Querrá decir nuestros hombres.

Continúen, caballeros, por favor.

Hay...

Hay un asunto que debemos resolver todavía, un último problema:

El General Lorenzo de Alcolea

queda al mando de la guardia del palacio.

¿Y? ¿Qué ocurre?

No podremos tener hombres en palacio sin eliminarle.

Y nunca está solo.

Efectivamente, el general

siempre lleva escolta hasta para ir al confesionario.

En cinco ocasiones han tratado de quitarle la vida sin conseguirlo.

Yo puedo ayudar.

Puedo alejarlo de sus guardias para que acaben con él.

¿Cómo? Dicen que siempre va acompañado.

A veces lo que es difícil para un hombre

puede ser sencillo para una mujer.

Especialmente si el General confía íntimamente en ella.

¿Cómo está tan segura?

Nosotros nos ocuparemos, no te necesitamos.

Un momento.

Quizás la Marquesa tenga razón,

al fin y al cabo las mujeres siempre han tenido la habilidad

de arrastrar a los hombres a su perdición.

Así que... pourquoi pas?

Es decir, ¿por qué no?

(Música de tensión)

¡Joder con los correajes!

(Relincho)

¡Que!

(Relincho)

¡Que sí! ¡Que sí! Ya voy, no me metas presión, que...

¡Que ya salgo! ¡Que sí!

(GRUÑE)

¿No qué? ¿Qué no qué?

No...

Es que no te entiendo. ¿Qué leches quieres? ¿eh?

(GRUÑE)

Ay, madre que tú quieres venir.

¿Tú quieres venir conmigo?

¿Es eso, no?

(RELINCHA)

La misma raza que su amo.

Di que sí. Ea.

Tú y yo vamos a ir a salvar a Águila Roja.

(RELINCHA) ¡Era eso!

¡Era eso! ¡Claro que sí!

¡Claro que sí, hombre! ¡Claro que sí!

Di que sí bonito, di que sí.

No, no, no, Cipriano no.

No traigas comida que no. ¡No tengo tiempo para comer!

No es comida. Es mi equipaje.

¿Cómo tu equipaje?

Si tú vas a buscar al Rey, yo también voy.

(CHISTA)

Es que no...

No, no es buena idea.

Vamos a ir más lentos. No puede ser.

¡Tengo derecho a ir!

Que ya está decidido, que voy a ir yo solo.

¿Y quién lo ha decidido? ¿Tú?

¡Yo haría cualquier cosa por Gonzalo!

¿No te parece que ya has hecho suficiente?

¡Si no le hubieras dicho dónde estaba su tía

esto no habría pasado!

¡Que todo lo que ha pasado ha sido culpa tuya!

Tú has condenado al amo a su muerte.

Así que venga...

(Arrastre de cadenas)

(Puerta)

¡Dejadme ver a mi hijo!

Es la última vez que podré hacerlo, os lo suplico. ¡Por favor!

Dejadme ver a mi hijo.

¡Por favor!

Dejadme ver a mi hijo.

¡Dejadme ver a mi hijo!

¡Quieto!

(LLORA)

(Música de violín)

(Golpes en la pared)

¡Alonso!

(GIME)

¡Alonso!

¿Estás bien?

¡Padre! ¡Padre!

¡Perdóname, hijo! ¡Perdóname!

Escúchame,

pase lo que pase, debes seguir tu camino, ¿entiendes?

No.

No pienso irme sin ti.

¡Tenemos que escapar, padre! ¡Tenemos que intentarlo!

No. ¡No podría hacerlo, hijo!

¡No podría vivir si mueres por mi culpa!

(LLORA) No me importa lo que me pase,

no tengo miedo.

No, hijo.

Te quiero, hijo.

Te quiero.

Te quiero.

Te quiero.

Te quiero.

(Música de aventuras)*

¡Vamos!

(AZUZA AL CABALLO) ¡Ey!

He cogido personalmente este vino de mis bodegas para ti, Lorenzo.

Es de mi mejor reserva.

Hum.

Te lo agradezco,

hace tiempo que no nos veíamos.

¿A qué se debe tu presencia aquí?

Es que...

Esta noche he soñado contigo, fíjate.

Ah, ¿sí?

Pero... delante de ellos no puedo contarte todo lo que me pasó.

Ejem. Marchaos.

Y todo el día.

Y ahora cuéntame tu sueño.

Yo era una pastorcilla

que paseaba alegre por la pradera cuando empezó a llover.

La lluvia me caló ciñendo el vestido a mi cuerpo.

Busqué un sitio donde guarecerme

y entonces encontré un pajar.

Allí estabas tú.

Fuerte, aguerrido, apolíneo.

¿Y qué paso luego?

Yo estaba mojada

y cogiste una piel de vaca para secarme.

Te acercaste,

y sin darnos cuenta estábamos sobre el heno.

Yo... te arrancaba la camisa,

tú me levantabas las sayas... (SUSPIRA EXCITADO)

Y...

(SUSPIRA EXCITADO) ¡Oh! ¡Oh!

-¡Ah! -¡Argh!

(Cuchillos)

(TOSE SANGRE)

-¡Hum! -¡Ah!

(Cuchillo)

Y entonces me desperté.

¡Puaj!

Lo has hecho muy bien.

Alguien tenía que ocuparse.

¡Vamos! ¡Rápido!

(Puerta cerrada)

¿Qué haces sentada ahí?

Majestad, lo siento...

¡Es el trono real!

Deje que le explique...

¡Sentarse ahí es una ofensa!

Venía... a ver a una de sus damas,

la Condesa de Sotelo y...

me he sentido un poco indispuesta y no sabía dónde sentarme.

Pues haberte sentado en el suelo.

Mi Señora.

Le pido perdón.

Sé que es un trono destinado solo a los elegidos.

Lo siento.

-¡Maldita nevada!

¿Los guardias han mirado otras vías para ir a Guipuzcoa?

-Majestad, todos los caminos del norte están cerrados.

No podemos más que volver a palacio.

-El aviso que recibí para ver esos galeones era urgente.

-En la selva aprendí una cosa, si los elementos se ponen bravos,

es mejor no luchar contra ellos.

(Ventisca)

(Golpe de la carroza)

Va.

(Golpes)

-¿Qué ocurre? ¿Queréis matarme?

-Hemos golpeado una piedra y la rueda se ha roto.

-¡Pues repónganla! ¡Rápido!

¡Busquen un herrero!

¡Oh!

Inútiles.

-Puede que el destino no sea tan malo como parece.

-¿Por qué?

-Si no recuerdo mal,

estamos a media legua de una fonda: "Las tres hermanas".

Podemos ir allí mientras arreglan la rueda.

-¿Una fonda? ¿Qué clase de fonda?

-La mejor.

Hace tiempo que no voy, pero su fama es tan grande

como la belleza de las mujeres que la regentan.

-¿Hermanas supongo?

-Sí. Tres.

Extraordinariamente amables

con todo el que se muestre "amable" con ellas.

-¿Y por qué no lo dijo antes?

(Golpes)

-¡Preparen dos caballos! ¡Rápido!

-Sí, Majestad.

-Después de todo, nadie le espera de vuelta tan pronto. ¿No?

(RÍE)

¡Vamos, ea!

¡Vamos, ea!

(SUSPIRA)

ALONSO: ¡Hay que escapar! ¡Hay que intentarlo!

No pienso irme sin ti. No me importa lo que me pase.

No tengo miedo.

No me importa lo que me pase. No pienso irme sin ti.

(Cadena contra la piedra)

(Puerta)

Tu agua.

(Cazo)

Gracias.

¡Espera!

Un poco más.

¡Guardias!

¡Guardias! ¡Guardias!

¡Uh!

¡Ah!

¡Ah!

¡Ah!

(Golpes contra la puerta)

(TOSE) (SE AHOGA)

(SUSPIRA)

Mírame,

¿a que estoy deslumbrante?

Es el vestido que me voy a poner en mi coronación.

Y cuando me plante

la corona de reina y las joyas reales,

reluciré más que los astros.

Para mi gusto va a ir un poco recargada.

¿Recargada?

¡Qué sabrás tú de estilo!

La elegancia en una reina es el exceso.

De estilo no sabré pero de sentimientos, sí.

¿De qué hablas ahora?

Si mal no recuerdo, esta mañana estaba

con la cabeza hundida en la bañera por el maestro.

¿Y ahora me habla de vestidos?

Discúlpeme, pero no la acabo de entender.

He decidido olvidarle.

¿Olvidarle?

¿Y todo lo que le amaba?

¡Llevo enamorada de él desde que era una niña!

¡He luchado con uñas y dientes para lograr que me quisiera!

¡Para nada!

Pero él va a morir, no puede dejar...

¿No puedo dejar, qué?

Tú me amas, ¿no?

Y sabes que en la vida te voy a corresponder.

¿No serías más feliz si yo estuviera muerta?

Cuando él muera, le olvidaré.

Y se acabará por fin... este sufrimiento.

Cuando se ama de verdad, el sufrimiento no termina nunca.

No vuelvas a hablar de él.

¡Que nadie vuelva a pronunciar su nombre en este palacio!

¡Márchate!

(SUSPIRA)

¿De qué vas vestida?

Es el vestido que pienso llevar el día de mi...

de nuestra coronación.

¿Te gusta?

Solo tú puedes estar pensando en algo así en estos momentos.

Cada vez está más claro que me necesitas a tu lado, Hernán.

Nunca reparas en los detalles importantes.

Debemos dar una imagen digna, regia.

¿Tú qué piensas ponerte?

Por una vez en tu vida, ¿puedes ser discreta?

La más mínima sospecha puede llevarnos al fracaso.

Cámbiate.

Esta noche hemos que ir con el duque y sus acompañantes al Palacio Real.

Presentarán sus respetos a la reina.

¿A esa?

Es una excusa.

Es para que les invite a alojarse allí,

para tomar posiciones desde dentro.

Nuestros hombres van a estar desde las bodegas hasta las armerías.

Se van a propagar por el palacio como la peor de las carcomas.

Haré todo lo que me digas.

Vestiré otras ropas, empuñaré un arma,

lo que sea que quieras.

Me gusta verte de esta manera.

¿De esta manera, cómo?

Actuando a mi lado.

A partir de ahora te aseguro que va a ser siempre así.

Mi único objetivo, será nuestro futuro.

(Galope)

(RESOPLA)

(RESOPLA)

No bajes el ritmo ahora. ¡Que todavía queda mucho camino!

¡Vamos!

(RELINCHA) (RESOPLA)

¡Vamos!

¡Vamos! ¡Vamos!

¿Pero qué haces?

¡Que no puedes parar hombre! ¡Vamos!

(RESOPLA CANSADO)

¡La madre que me parió!

¿Tú me estás oyendo?

¡Que es por el amo!

¡Que es por el amo!

¡Que su vida está en nuestras manos! ¿Eh?

Hay que llegar a Guipúzcoa y encontrar al rey, ¿me oyes?

¿Me oyes?

¡La madre que le parió!

(RELINCHA)

Luego te daré de beber.

Ahora no, ¿vale? Tenemos que seguir,

tres leguas.

(RESOPLA CANSADO)

(RELINCHA)

No.

No, no, no, no. Eh.

¡No!

No, no, no,

No, no, no, no.

¡No, te juro...! ¡Te juro que no te hago seguir!

Por favor.

Bebe por favor. (PREOCUPADO) Por favor.

Por favor. No, no te mueras.

No te mueras, no te mueras,

no te mueras, no te mueras

¡No! ¡No! ¡No te mueras!

(Latidos cada vez más lentos)

¡No! ¡No te mueras!

(SOLLOZA)

¡No! ¡No te mueras!

¡No!

¡No!

(Música trágica)

(Música y palmas)

(Palmas y alboroto)

-Ha sido todo un acierto el traerme aquí, Malasangre.

Ah, pero eso es un halago,

viniendo de alguien conocido por su experiencia

y buen gusto con las mujeres.

-De todas las mujeres con las que he yacido,

he aprendido algo valioso.

Pues ha sido usted muy afortunado Majestad,

yo tuve que enseñarles a todas.

(RÍEN AMBOS)

-Hola. -Hola.

(Plato)

-Me siento veinte años más joven.

-Eso ocurre a menudo en estos lugares:

Uno rejuvenece cuando entra

y empobrece cuando sale.

(Música y palmas)

-Quizá debería traer la corte aquí, durante algunos meses.

-Esa es muy buena idea, cuente conmigo.

-Demostraría a los que me critican lo feliz que es el pueblo. Mírelos.

(Charla animada)

¿Soy, o no soy un buen Rey? ¡Dígame!

-Si he de juzgar por lo que veo, como dice,

le diré que usted es el mejor de los reyes.

-Y estando aquí puede que me decida a conquistar nuevas tierras.

(Puerta)

MALASANGRE: Uhhh.

Lamento decirle Majestad, que ya han arreglado el carruaje,

podemos volver al palacio real cuando usted lo desee.

-¿Me está hablando en serio?

No creo que el imperio español

se vaya a hundir por quedarnos aquí unos días.

Cuando vuelva a la corte tendré que pasar

una semana de confesión y arrepentimiento

en el Monasterio de Santa Engracia.

-Caerá sobre mi conciencia, Majestad.

(Puerta)

Veo que te has recuperado de los vapores con bastante rapidez,

tu naturaleza es formidable.

¿Qué es lo que pretenden hacer conmigo?

¡Lo sabes perfectamente!

Morirás aquí, esta noche, como un perro,

sin que nadie de ese pueblo que te venera

pueda si quiera ir a llorarte a una tumba.

¿Tanto miedo le doy, cardenal?

(RÍE) No, no es miedo.

Es precaución.

Los mitos a veces son más peligrosos que la realidad.

Y eso es algo de lo que usted ha sacado mucho provecho.

Puedes morir con esa idea,

y compartirlo con tu hacedor, si así lo deseas.

Yo mientras me quedaré aquí moviendo las fichas de ese tablero corrupto,

como tú muy bien dijiste.

Algún día pagará por todo el daño que ha hecho.

¿Y quién me va a hacer pagar?

No me digas que ahora crees en la justicia divina.

Mis creencias son las mismas, Cardenal. ¡No como las suyas!

Veo que persistes en el error.

Sigues viendo el mundo como un lugar de paz e ideales.

Yo también soy un idealista, pero impongo mis reglas

y cuando alguien no las respeta...

(Látigo)

ALONSO: ¡Ah!

ALONSO: ¡Ah!

A veces es otro quien cumple la penitencia.

(Látigo)

¡Ah!

¡Ah!

Resulta doloroso ver como un hijo paga por los errores de su padre.

¡Ah!

Ya no se puede hacer nada por el amo.

(LLORA)

Lo siento amigo.

¿Se le ha muerto el caballo?

Qué pena.

¿Ha pensado qué va a hacer con él?

Porque yo podría comprarle la carne.

¡A este caballo no se le come nadie!

Bueno, lo siento.

Pues nada, que Dios lo tenga en su seno.

¡Espere!

Espere.

¿Qué pasa?

Necesito su burro.

No, no, el burro yo no lo vendo.

¿Cuánto quiere por él?

Le daré lo que me pida.

Ahora no llevo nada encima, pero volveré y le daré cuanto sea.

No. Si no es por dinero, es que lo necesito.

Tenemos un invitado muy especial y tengo que llevar comida y bebida.

Y yo me tengo que ir a Guipúzcoa.

Si yo le entiendo,

pero es que tengo alojado al mismísimo Rey de las Españas.

¿Cómo que al Rey de las Españas?

El Rey, sí.

-¿Felipe IV? -El mismo.

¿Y dónde está su posada?

Siguiendo ese camino.

Entre Aranda de Duero y Peñafiel.

"Las tres hermanas" se llama. Como somos tres.

(BALBUCEA)

¡Deja al bebé y ocúpate de mis zapatos!

¡Los quiero relucientes ahora mismo!

Deme un momento. Estoy terminando de cambiarla.

Es lo único que saben hacer, comer y cagar.

Debería prestarle un poco más de atención,

es su nieta, y todavía no tiene nombre.

Eso tiene arreglo: ¿cuál es la santa del día?

Santa Brígida, patrona de las viudas.

Triste. Piensa en otro.

(BALBUCEA)

Ahora no sirve para mucho,

pero cuando tenga capacidad de entender,

voy a enseñarle a ser la mejor de las mujeres.

La voy a modelar a mi imagen y semejanza.

Va a ser perfecta.

(IRÓNICA) El mundo ya tiene bastante con una como usted.

Tráelos a mi alcoba ahora mismo.

Sonríe ahora todo lo que puedas,

porque con esta mujer lo vas a pasar muy mal.

(BALBUCEA ALEGRE)

(SOLLOZA)

-No puede estar aquí.

-Deme a la niña.

-No puedo.

-Por favor. Entiéndalo.

¿Usted es madre?

(LLORA)

No sabe lo que es para mi hija estar sin ella en los brazos.

No come desde que se la quitó.

-Lo siento, ya le he dicho que no puedo.

-Qué bonita es.

-Márchese.

Olvídela.

-¡Démela!

-Ya le he dicho que no puedo. Márchese.

-¡Démela!

-¡Olvídela! ¡Guardias!

-¡Por favor!

-¡Guardias!

-No. ¡Por favor!

-¡Por favor! -¡Olvídese de ella!

¡No!

No. ¡Por favor!

(Jaleo y charla animada)

(CUCHICHEA)

-Majestad.

-Voy a estar fuera un par de días.

Voy a disfrutar de lo que el destino inesperadamente me ha ofrecido.

-Ah.

Sin duda, sabe elegir.

De las tres hermanas ella es la mayor

y, por tanto, la que más experiencia tiene.

Así que... lo pasará bien en su escapada.

-Así lo haré.

(Música trepidante)

¡Por Francia!

¡Por las Españas!

Ha llegado el momento de ir al palacio real,

la reina les espera.

Daré orden de que preparen sus carruajes.

Y yo voy a por mi capa.

Caballeros.

-Me gustaría hablar de un detalle

del que ha llegado el momento de ocuparse.

Como acordamos, la reina será francesa.

Hay que matar a la Marquesa de Santillana

antes de tomar el trono.

-Sí, ese es el acuerdo al que habíamos llegado.

Sin embargo...

es un asunto delicado que debemos de tratar con suma habilidad.

-¿A qué se refiere?

Un asesinato a sangre fría

podría levantar sospechas y echar por tierra nuestros planes.

-¡Cardenal, la reina no será española!

-No. Por supuesto.

Lo que digo es que... deberíamos ser más prudentes.

-¡Usted se comprometió!

¡Era nuestro apoyo a cambio de esto!

¿O es que... ya no desea ser Papa?

-Si me permitís terminar.

Lo que quiero decir es que...

la muerte de la Marquesa podría ser más sutil.

"La marquesa se asomó a la ventana para contemplar el paisaje.

Veréis, las mujeres son muy proclives a tener accidentes.

Y con frecuencia son víctimas de lamentables tropiezos...

¡No!

...debidos generalmente al largo de sus ropajes."

¡No!

(Caída contra el suelo)

"Que Dios la tenga en su Gloria."

-Por fin nos entendemos.

-Los acuerdos verbales

son generalmente susceptibles de ser mal interpretados.

Me he tomado la libertad de redactar estos documentos

para que sean firmados.

En ellos quedan puntualmente reflejados

todos los compromisos precedentes:

como el reparto del territorio,

el número de nobles franceses en el Consejo,

y mi trono de San Pedro en el Vaticano.

Leedlos con atención, firmadlos

y hacédmelos llegar cuando sea posible.

Caballeros,

las carrozas nos aguardan. Por aquí.

"S'il vous plait, monsieurs..."

¿Habéis visto al Rey?

(VOMITA) ¡Oh!

¡La madre que me parió!

¡Señor Malasangre! ¡Señor Malasangre!

¡Mi madre! Este hombre está bebido. ¡Despierte, Malasangre!

(BORRACHO) Eh. Dame más vino.

¡Déjese usted de vinos! ¿Dónde está el Rey?

¿Tú qué haces aquí?

¿El Rey, dónde está?

Divirtiéndose.

¿Cómo...? ¿Cómo que divirtiéndose?

¿Dónde se ha ido?

No sé, por ahí.

¡Debo hablar con él! -Será difícil.

Está ocupado con otros menesteres.

¿Pero qué haces?

Han apresado a mi amo.

Saben que es el Águila Roja.

¿Cómo ha sido tan estúpido de dejarse atrapar?

Hay que hablar con el Rey.

Ayúdeme a encontrarlo, por Dios.

¡No sé dónde está!

Tendrá que volver.

Pero puede tardar días.

¿Sabes cuándo le ejecutan?

Lo mismo lo han matado ya.

Vámonos.

¿Qué es lo que vamos hacer?

No lo sé.

(Música y charla animada)

¿Crees que es buena idea lo de seducir a la reina?

Conseguir que les invite

a quedarse hasta que llegue el Rey no es fácil.

Esta es la mejor manera.

(SUSPIRA)

¿Cuánto tiempo necesita para llevársela a la cama?

¡Ya podía estar abierta de piernas!

Controla tus nervios.

-El retrato que hay de usted en la corte francesa

no le hace justicia, Majestad.

-A veces los pintores nos retratan a los monarcas con años de más.

Quizás así les parecemos más sabios y regios.

-Pues a su pintor deberían condenarle a la horca.

Es usted mucho más joven y bella.

Es una pena que no podamos ver a Su Majestad.

Nos gustaría presentarle nuestros respetos.

-Bueno, si solo conocen a las Españas por los óleos,

tienen una idea muy equivocada de ellas.

Mi deber es mostrarles la realidad.

Se instalarán en palacio, serán mis invitados.

-No queremos ser un estorbo.

-No lo son. Se quedarán.

Voy a dar orden para que les preparen el ala norte.

¿Y bien?

Estamos dentro.

Los soldados están en nuestros cotos.

Deles órdenes para que empiecen a ocupar los pasadizos.

¿Y...

han pensado qué harán con la reina después de tomar el palacio?

La encerraremos de por vida.

¿No le parece un castigo algo suave?

Tengo que llevarle a ver la cámara de torturas de la Inquisición,

seguro que se le ocurre un destino más adecuado para ella.

GUARDIA: Señor, ¿podemos hablar?

¿Si me disculpan?

¿Qué ocurre?

-Gonzalo de Montalvo.

Va a ser ejecutado de inmediato.

-¡Señores!

La Reina quiere compartir con ustedes un concierto de viola.

Les espera en los jardines reales.

¿Me acompañan, por favor?

Ahora os acompaño, voy a recoger mi capa.

(Papel al suelo)

"Reunidas las partes y tras derrocar al Rey de las Españas,

acordamos que Hernán I de Austria será coronado

como monarca absoluto del reino español;

que el Cardenal Mendoza y Balboa, ante Dios y todos sus Santos,

se erigirá como Sumo Pontífice de Roma;

que la corona española se comprometerá a ceder

todos los territorios de Nápoles y Milán al Reino de Francia;

por cuanto se refiere..."

"Por cuanto...

se refiere a la Reina,

esta será francesa.

(SOLLOZA) Para ello... tal y como pactamos,

la actual esposa del futuro Rey morirá".

¡Oh!

(RESPIRA)

(Redoble de tambores)

No necesito ninguna confesión, tengo la conciencia muy tranquila.

-Padre, ¡no!

Padre.

¡No! Padre. ¡No! ¡Por favor! ¡No!

¡No le hagáis nada! ¡Por favor!

¡Padre!

¡Padre! ¡Padre!

¡No! ¡Por favor!

¡No! ¡No le hagáis nada! ¡Por favor!

¡Padre!

¡Padre!

¡Padre! ¡Por favor!

¡Padre!

¡Padre!

¡Detened la ejecución!

El comisario quiere estar presente.

Viene de camino.

(RESPIRA ALIVIADO)

(CHILLA CON RABIA)

-Conozco formas menos tajantes de apagar las velas.

Y más baratas.

Si vas a hacer lo que yo creo,

es mejor que lo olvides.

-No puedo.

Él va a morir por mi culpa.

-¿Y qué vas a hacer tú?

¿Plantarte allí sola y luchar con esa espada?

¡Que es imposible sacarle de ahí!

¿Conoce usted a alguien que haya escapado de Santa Cruz?

¡Yo conozco algunos fiambres! Pero personas vivas, ninguna.

-Estoy acostumbrado a ser el primero en hacer muchas cosas.

Tiene que haber alguna manera, no hay nada infalible.

¡Pues la muerte! ¡La muerte si que es infalible!

¡Pero si quiera sabemos... la celda en la que está!

-Yo estuve dentro, a lo mejor puedo ayudar.

¡No!

-¿Estuviste dentro?

-Sí, mi celda estaba al lado de la de Gonzalo.

-¿Podrías señalarnos dónde lo tienen encerrado?

-Creo que... estábamos por aquí.

Creo, creo...

¡Que necesitamos datos, no... no creencias!

-¿Esta es la zona norte?

¡Vale muy bien! Ahora ya sabemos dónde está.

¿Y qué? ¿Qué hacemos ahora?

Como no tengamos alas para sacarlo volando.

-Por aquí.

¿Pero como por ahí? ¿Cómo por ahí?

¿Qué vamos a atravesar el suelo como si fuéramos topos?

-Aquí está el alcantarillado que recorre el subsuelo de la prisión.

Podíamos entrar por él, y llegar a la celda donde está encerrado.

Eso está muy bien,

pero le recuerdo que la prisión está rodeada de soldados,

que no van a dejar acercarse a nadie a cien pies a la redonda.

Eso es un problema sí...

no va a ser fácil burlar esa guardia.

Si es que lo estoy diciendo desde el principio.

¿Y si...?

¿Pero qué haces?

Que se me ocurrió algo, igual es una estupidez pero...

Aquí está. El traje de repuesto del Águila Roja.

¿Y si uno se lo pone para despistar a los guardias

mientras los otros entran por la alcantarilla?

Así podrían pensar que el Águila se ha escapado.

Es la mayor estupidez que he escuchado en mi vida.

Sí.

Podría funcionar.

Eh...

-¿Y quién va a ponérselo? ¿Tú?

Nadie se va creer que eres el Águila Roja.

Además, vas a ser una diana, te van a freír.

Si hace falta que me lo ponga sacar de ahí al amo, me lo pongo.

Como si me cosen a tiros.

-Yo lo haré.

Muy bien, le sienta a usted muy bien,

supongo que sabe que va a una muerte casi segura.

-Al menos llevaré una mortaja elegante.

En marcha.

-La hacía todavía en el palacio real.

Creía que ese tipo de celebraciones se dilataban más.

Quiere matarme.

¿Quién?

Hernán... quiere que muera.

Me ha hecho pasar por mil humillaciones

y tenía esto previsto para mí.

¡Todo ha sido una mentira!

¡Toda nuestra vida!

¿Qué necesita de mí? ¿Qué quiere que haga?

Vete.

Me voy a la prisión de Santa Cruz.

¿Has oído lo que te he dicho?

¿Lucrecia?

¿Lucrecia?

(SUSPIRA)

¡Malnacido!

¡Querías matarme!

¿Qué estás diciendo?

¡Aquí lo dice! ¡Está escrito!

¡Los franceses no quieren una reina española!

¡Y tú has acordado con ellos mi muerte!

No lo sabía.

¡No lo sabía!

(SUSPIRA ASUSTADA)

(Música de tambores)

(Relincho)

-¡Es el Águila Roja! -¡Miradle! ¡Es él!

-¡A dispararle! -¡Atrapadle! ¡Rápido! ¡Rápido!

-¡Que no escape! ¡Vamos a por él! ¡Vamos!

(Golpe)

¡Se escapa!

(Disparos)

-¡Ah!

-¡Uh!

-¡El Águila Roja sigue aquí!

¡Es una falsa alarma! ¡Es una falsa alarma!

(Cierre de postigo)

(Golpes en la pared)

(Derrumbe de piedras)

Sátur.

-Sátur. -Amo.

(TOSE)

Ay Dios mío, pero cómo le tienen, amo.

Por Dios.

Hay que sacar a Alonso.

-Gonzalo.

Siento mucho lo que...

lo que ha pasado. es todo por mi culpa.

Cipriano, deja de lamentarte, no es momento de pedir disculpas.

¡Ah!

Tenemos que salir de aquí cuanto antes.

Antes de que agarren a Malasangre.

¿Malasangre está fuera?

Sí, amo, sí. Está haciendo su papel de...

de Águila Roja.

Es una larga historia.

¡Venga, vamos! ¡Vamos Cipri, ayuda!

¡Ay! (GRUÑE)

MALASANGRE: ¡Ah!

(Pasos)

(HABLA EN FRANCÉS)

(HABLA EN FRANCÉS)

¡Uh!

Voy a liberar a mi hijo, Sátur.

No espere, amo, hemos traído armas.

Esto lo más parecido que tenía a su katana, lo siento.

¡Bien!

¡No, Cipri!

Es mejor que nos esperes aquí, tú no sabes pelear.

-Dejadme ir con vosotros.

¡Está bien!

Ponte detrás de mí, anda, detrás.

(Espada)

¡Eh!

¡Ah!

¡Ah!

¡Aih!

(Puerta al suelo)

¡Ah!

¡Vamos! ¡Vamos!

Alonso, hijo. Hijo, ¿cómo estás?

¡Tenemos que irnos! ¡Vamos!

¡Vamos, hijo! Sátur.

¡Gonzalo! ¡No!

¡No!

¡Cipri! ¡Cipri!

¡No... Cipri!

¡Aguanta, Cipri!

¡Cipri!

No, Cipri ahora no te vayas...

¡No... Cipri!

¡Cipri! No...

¡Aguanta!

¡No! ¡No! ¡No!

¡Cipri, aguanta! ¡Aguanta!

¡Cipri!

No... No he sido un don nadie...

(TOSE SANGRE) He estado junto a ti.

(LLORA) ¡Cipri!

¡Cipri! ¡Cipri!

¡Cipri, amigo no te vayas!

¡Amigo! ¡Cipri!

¡Cipriano!

¡Que se ha ido Cipriano!

¿Quién es Águila?

¿Se sabe quién se oculta bajo su máscara?

Su nombre es Gonzálo de Montalvo.

¿Gonzalo?

Ordena que me envíen a la prisión de Santa Cruz.

Quiero ver cómo ajustician a Gonzalo.

Se lo comen los perros, amo.

Por mi culpa está muerto.

Cipri está muerto por salvarme la vida.

¿Habéis decidido ya cuál va a ser su destino?

Pasará el resto de sus días encerrado.

Terminará olvidando su nombre,

su linaje y hasta su propio rostro.

La señora está en estado.

El hijo que está esperando Margarita es mío.

¿Cómo que es suyo?

Voy a morir sin conocer a mi hijo Sátur.

(Disparo)

(Golpe)

Jura que me defenderás.

Aparta.

No dejes que me hagan daño.

¡No! ¡Ah!

Nadie me va a impedir ver a mi hijo.

Si como frase épica está muy bien.

Pero en realidad la cosa está bien jodida.

Águila Roja - T9 - Capítulo 115