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Águila Roja - Gonzalo recibe una carta de su padre, el rey

'Águila Roja' vuelve a ser líder de la noche del jueves en su segunda entrega

  • El capítulo 111 fue visto por 2.418.000 espectadores (14,6%)

  • La ficción volvió a ser lo más visto en su franja

  • Los últimos capítulos de la serie, los jueves a las 22:30 h en La 1 y RTVE.es

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La segunda entrega de la última temporada de 'Águila Roja' congregó en la noche del jueves a 2.418.000 espectadores (14,6% de share) en La 1, siendo lo más visto del prime time y el espacio no informativo más visto del día.  

Hasta 4.484.000 personas vieron ayer algún momento del capítulo 111 de la serie de aventuras de RTVE y Globomedia en el que Gonzalo Sátur esperan con impaciencia a que el Rey les conteste a la carta que le mandaron y el Comisario sigue haciendo sus planes para usurpar el trono de las Españas con la ayuda del Cardenal.

#ÁguilaRoja111, etiqueta con la que fue comentado en Twitter, también consiguió situarse entre los primeros trending topic durante la emisión. 

No recomendado para menores de 12 años Águila Roja - T9 - Capítulo 111
Transcripción completa

Dios mío, tenemos que hablar.

¿Estoy aquí para salvar a Gonzalo de Montalvo?

Dame una señal, háblame.

¡Sí! (RÍE)

Ya está, necesito un "cocris".

(PENSANDO) "Reconciliar al amo con su padre rey,

encontrar a la señora Margarita y casarlos."

Necesito un ayudante.

Han traído un paquete para el Comisario.

Le perdono.

Por cierto, han traído eso para ti.

Voy a salir esta noche. Cena sin mí.

(TRISTE) No es para mí.

Aquel consejero escribió en el suelo la palabra "Roma" antes de morir.

Podía referirse a una calzada romana que llegaba a la Villa.

Esta piedra no es tan antigua como el resto. Es del noble que maté.

"Fui la última persona que vio libre a Laura y a sus dos hijos."

(Relincho)

"En este bosque me ordenaron que los entregara a sus carceleros.

Y así fue como llevé a una mujer inocente y sus dos hijos

a un encierro peor que la muerte."

Alguien ordenó todo esto, Sátur.

Cochero, ¿adónde llevaste al Comisario ayer por la noche?

Lo llevé a La Deleitosa. Va allí todas las noches.

Te nombro mi escudero.

¡Acepto! Por Gonzalo.

Mira el remate.

Una margarita, lo mismito con que remataba la señora las prendas.

La señora está cosiendo y vendiendo por la zona.

"Y tras descubrir que soy el hijo del rey de las Españas,

yo, Hernán Mejías,

no descansaré hasta ocupar el trono que me pertenece."

(Puerta)

Me gustaría dejar claras las condiciones de nuestro apoyo

al hijo de Laura de Montignac para ser rey.

La condición es que las Españas sean francesas.

Si nos ayuda, será el siguiente Papa.

-Acepto.

-La reina que se siente en el trono

debe ser francesa.

-Desde luego.

-Ya sé dónde está Margarita. En el bosque de la Luz.

¿Usted quién es?

Le traigo todos los días leña a la señora para que no cargue ella.

Por su estado. Está embarazada.

Voy a contagiar el mal francés a esa zorra.

Es su marido el responsable.

¿Y qué te crees que le va a pasar cuando se acueste con ella?

Estoy buscando a mi sobrina.

-¿Qué tal me queda? -¡Ya te lo estás quitando!

-¡Ay! -Lo siento.

FLORA: ¡Ya sé lo que tenía esa pluma!

-¡No!

¿Qué haces aquí?

Ella tiene el mal francés.

-¡La han contagiado! -¿Qué?

-Como sabéis, han asesinado a cuatro antiguos consejeros del rey.

Todos formábamos parte del Consejo cuando Felipe IV era joven.

¿Alguien sabe por qué querrían hacer algo semejante?

-¿Quién?

¡Yo!

Soy el duque de Rueda, antiguo consejero del rey.

¿Por qué quieres matarnos?

¡Por lo que le hicisteis a Laura de Montignac!

¿Quién lo ordenó? ¿Fue el rey?

Todo se hizo a sus espaldas,

el rey nunca lo hubiera permitido.

La venganza ha terminado.

Que llegue ya, por Dios, que llegue ya.

Que llegue ya.

¿Sigues aquí?

Y aquí voy a seguir hasta que llegue la respuesta de su padre, el rey.

Llevas dos días sin separarte de la puerta.

(Toc toc)

¡Por fin! Ya ha llegado. ¡Ya está aquí, ya está aquí!

Abro yo, abro yo.

Buenas noches.

Sí, este pañuelo es nuestro; del Cipriano, para más señas.

¡Anda, con Dios!

Gracias.

(SUSPIRA)

Hace días que le escribí, Sátur. Quizá no conteste nunca.

Pero, ¿cómo no va a contestar?

Lo que pasa es que el rey tiene sus quehaceres.

No tendrá tiempo, el hombre.

¿Ni siquiera para contestar a un hijo?

Ahí ya me ha pillado.

(Llaman a la puerta)

¡Ahora sí! Que ya está aquí.

¿Qué vas a hacer?

Pero tú, Cipriano, ¿no tienes llaves o cómo es la cosa?

Me he tronchado el pie.

¡Y a nosotros qué nos importa!

¿Estás bien? Deja que te ayude.

No...

¡Dios!

Sátur, vete a dormir. Tampoco creo que llegue hoy la respuesta.

¿Y si me duermo y no escuchamos la puerta?

Quite, quite, quite, yo me quedo aquí.

Vaya usted y... y si llega, pues yo le aviso. Venga.

Si llega, lo escucharé.

Muy bien. Pues duerma vestido,

no vaya a ser que tengamos que salir pitando.

¡Ea, vamos!

Descansa, Sátur.

Gracias.

(Gonzalo se marcha)

Ahora, me meo.

¡Aguanta, Sátur, aguanta!

Aguanta, que ya llega.

(SOÑANDO) ¡Alto! ¡Alto! ¡Alto!

(Relincho)

(Disparo)

(SOBRESALTADO) ¡No!

(RESPIRA ENTRECORTADAMENTE)

¿Qué os ocurre, Comisario?

Se ha escuchado vuestro grito en todo el palacio.

Las pesadillas suelen ser el reflejo

de un alma intranquila.

¿Tenéis cargos de conciencia?

¿Le parece poco cargo de conciencia haber matado a mi propia madre?

Cada noche, cuando cierro los ojos,

veo cómo asesino a quien me ha dado la vida.

Eso no debería perturbaros.

En ese momento no sabíais que era vuestra madre.

No me sirven de consuelo vuestras palabras, eminencia.

Pensad que a lo largo de la historia ha habido muchos hijos

que han matado a sus madres,

incluso los mismos emperadores, como fue el caso de Nerón con Agripina...

Usted no ha venido aquí a consolarme.

¿No es así?

En efecto.

He venido a deciros que he conseguido

el apoyo de los franceses.

Llegado el momento, os ofrecerán su ayuda

para que destronéis a vuestro padre.

Eminencia, siento la interrupción.

Querido, venía a pedirte permiso para una cosa.

Ah, siempre nos es grato observar cómo la esposa

se debe al esposo.

La sumisión es la base del matrimonio.

¿Qué es lo que quieres, Lucrecia?

Quiero organizar una clase de repostería

aquí, en palacio,

para las mujeres con las que hago... punto de cruz.

Aprenderemos a hacer piñonadas de huevo y miel,

tartaletas de hojaldre, frutas confitadas...

Al parecer, vuestra esposa

desea endulzaros la vida

con el arte de la repostería, Comisario.

¿Dónde está el inconveniente?

Su Eminencia tiene razón. Si me dices que sí, Hernán,

te será todo muy provechoso. Ya verás.

Te doy mi permiso.

(EN VOZ BAJA) Eminencia.

Bartolo, ¿qué haces ahí pegado?

-¡Padre, no sabes lo que he escuchado!

-Ni lo sé ni quiero.

¿Quién te ha enseñado a ir metiendo el orejón por las paredes?

-Que no, hubo un grito y luego puse el vaso.

-¡Pues cuando se escucha un grito, se acude a auxiliar, no a escuchar!

-En la habitación de al lado está pasando algo importante.

He escuchado cómo hablaban el Comisario y el cardenal. Y agárrate.

El Comisario es el hijo del rey.

-¿Qué tonterías estás diciendo? ¿El Comisario hijo del rey?

-Bueno, no lo sé. Las paredes son muy gordas y no se oye muy bien.

Lo mismo el hijo es el cardenal.

-¿Cómo va a ser el cardenal hijo del rey si son casi de la misma quinta?

-El caso es que uno de ellos es hijo.

Y se han puesto a hablar de no se qué de unos franceses.

-¿Y qué pintan aquí los franceses?

-Creo... que se está gestando una conspiración.

-¿Qué tracamundeos te estás montando en la cabeza?

-¡Que no, que es realidad! Hay que... Hay que denunciar.

-¿Denunciar? Bartolo, que nos buscas la ruina.

¿Sabes lo que es levantar falsos testimonios?

-¡Que lo he escuchado!

¡Que no estás acusando al fulano de la esquina, que son el cardenal,

y el mismísimo Comisario de la villa!

-¡Aquí está pasando algo muy gordo y hay que hacer algo!

-Bartolo,

aquí no estamos ni para espiar a la familia

ni para inventarnos conjuras.

¡Déjalo! ¿No ves que te vas a ver decapitado?

(Sintonía)

Me voy a preparar el desayuno.

Estoy seguro de que la respuesta está al caer.

A lo mejor el mensajero real se ha perdido por el barrio.

Como todas las calles parecen la misma...

Mira si queda algo de... de carne seca.

A ver, amo, si... se pone a cocinar, cocinamos.

Que ya sabe lo que dicen:

"Quien guisa triste, come amargo".

Sólo quiero una respuesta, Sátur, aunque sea negativa.

Tampoco es pedir mucho.

¡Está el mundo lleno de delincuentes!

Esto antes no pasaba.

¡Cipriano, por Dios! ¿Sería mucho pedir

que dejaras la puñetera puertecita en paz de una vez por todas?

Por algún sitio tengo que entrar, ¿no?

¿Qué tienes que entrar...?

Ya vale.

Perdóneme, amo. Lo siento, pero es que tengo los nervios... destrozaos.

Cipri, ¿qué decías? ¿De qué delincuentes hablabas?

Pues que han robado el correo real.

¿Qué?

Han asaltado a uno de los carros y se han llevado todas las sacas.

¡Bah!

Por eso no llegaba.

En ese carro iba su respuesta, amo;

la respuesta de su padre, el rey. (RÍE)

¡Manda huevos!

También es mala suerte que hayan asaltado el correo real.

Eso no significa que me haya contestado, Sátur.

Puede que mi respuesta no fuese ahí.

¡Claro que iba ahí! Por eso no ha llegado a su destino, que es usted.

Quizá tengas razón.

Prepara mi traje, voy a recuperar esas cartas.

¡Ese es mi amo!

¡Venga, marchando una de héroe! (RÍE)

Estoy pensando yo... ¿Cómo va a hacerlo?

Seguir el rastro de una persona... Pero de unas cartas...

Hacer el mismo camino que hizo el correo real.

¿Y si las han quemado?

¿Y si esos desgraciados han robado el correo real

para quemar las sacas?

No, Sátur. Si han robado las cartas, es que buscaban algo en ellas.

¿Está usted seguro?

¿Qué podía haber ahí de interés para esos ladrones?

Pagarés, títulos comerciales al portador...

Bueno, pues "asín"... está bien pensado el golpe, claro.

De haberlo sabido yo en mi época...

Hay veces que las cosas son más de lo que aparentan.

Una carta, un simple trozo de papel,

puede ser más valioso que un carro repleto de oro.

Todavía estoy yo asimilando lo que me dijo de atender a los detalles

y... y estoy aprendiendo otra "lición" magistral.

Recuperar esas sacas es la manera de saber si el rey me ha contestado.

Y voy a hacerlo, Sátur. Voy a hacerlo.

Menos mal que mi caballo siempre sigue al suyo.

Con tanta vigilancia delante de esa puerta, me ha quedado planchado.

(LAMENTO)

Hay huellas de carros, Sátur.

El asalto puede que haya sido en este bosque.

Quizá la gente de esa cabaña haya visto algo.

¡Ay, Dios!

La hemos encontrado.

Una cosa te voy a "dicir", Cipriano: la buena noticia se la doy yo.

No es justo, deberíamos ser los dos.

¿Usted quién es?

Le traigo todos los días leña a la señora. Para que no cargue ella.

Está... embarazada.

Id con Dios.

¿Qué está embarazada?

Pero, ¿cómo que está embarazada? No puede ser.

Yo creía que Gonzalo y ella no...

¡No, no, no! Si el amo ni la rozó.

Estaba esperando al día de la boda.

Además, que me lo habría dicho.

Que está preñada de otro.

(Relincho)

Amo.

¡Amo!

¡Sátur!

¿Qué se nos ha perdido a nosotros en esa cabaña?

Además, que a mí me da el pálpito de que... está abandonada.

Vive gente, Sátur. Hay ropa, de mujer.

Quizá pueda ayudarnos.

Usted lo ha dicho, ropa de mujer.

Y la mujer siempre está más al hogar que a las cosas de fuera.

Lo poco que haya visto puede servirme de ayuda.

No te preocupes.

¡Sátur!

Tienen el sello real.

Son las cartas del rey, Sátur. Hay que seguir el rastro.

(Música barroca)

Qué pena que no pudieras venir la semana pasada a la fiesta del lago.

-Sí, fue una lástima. ¿Qué tal lo pasasteis?

-Fenomenal. Al pequeño Lucas le encantaron los juegos en el agua.

Lucrecia, nunca hubiéramos dicho que te gustara la repostería.

¿Cómo se te ocurrió la idea de la clase?

Así, sin más.

Una mañana me levanté y me dije:

"Estaría bien ampliar nuestra cultura culinaria". Mmm.

Ahí está, deja que hable yo con ella.

Marquesa, disculpe, verá...

Mi Reme y yo queríamos agradecerle

la invitación a su clase de repostería... fina.

-Ha sido todo un sorpresón.

No me lo agradezcas, míralo más como un... "Hoy por ti, mañana por mí".

Por supuesto. Si necesita una mano para lo que sea, aquí estoy yo.

No tengas la más mínima duda de que acudiré a ti.

-¡Uh, qué mandiles, qué preciosidad!

Y están como iluminados.

Sí. Y mira los nuestros.

-Hija, no te me vengas abajo ahora, que por fuera

no tendrás tan buena vestimenta,

pero por dentro estas mujeres van a ver lo que vales. Espera.

Agarra el rodillo.

Os presento a Álvaro Quiroga.

Es quien nos va a enseñar los secretos de la repostería.

Buenos días, señoras.

Hernán,

¿aún por palacio?

Aquí nos tienes,

a punto de meter las manos en la masa.

Señoras, que disfruten de la clase.

Si me disculpan, he de irme a trabajar.

Como hayan perdido su respuesta, los cuelgo en la Plaza Mayor.

¿Eh?

¿Necesitáis un abrecartas?

(Música dramática)

Vendedora: ¡Jarrones, jarrones!

(Bullicio callejero)

Ésta no es.

Ésta tampoco.

(Puerta chirría)

¡La corriente, amo! ¡Amo, la corriente! ¡Tenga cuidado!

Lo siento.

Deja que te ayude.

¿Éstas las has mirado?

No, todavía no.

¡Para que luego digan que el rey no trabaja!

Si sólo firmarlas, ya... ya... ya es para morirse.

Ésta tampoco.

¿Aquí qué pone? No se entiende. Menuda letrita...

Luis Molina.

Pues nada, tampoco.

A mí esto de la cosa epistolar tampoco me parece muy práctico.

Que estos papelitos lleguen a su destino, me parece

casi un milagro.

Así es, Sátur.

Piensa lo grave que sería que no fuera así.

Hombre, perderse una felicitación navideña...

no me parece a mí que sea para tanto.

No, Sátur, cada carta va a un destino, a una persona,

pero lo que hay dentro puede ser a su vez otro destino.

No he entendido muy bien lo que ha querido decir.

A ver, hay muchas declaraciones de guerra que se han transmitido así,

pero también hay muchas condenas

que se han perdonado a través de carta.

No lo había pensado, pero, amo, tiene usted toda la razón.

Que una carta llegue o no, puede cambiar la vida de una persona.

Como la carta de un padre puede cambiar la vida de su hijo.

¿Crees que estará aquí?

Yo creo que sí, creo que sí. Además, que la vamos a encontrar.

Ya verá usted cómo la vamos a encontrar.

¿Todo esto lo habéis hecho vosotras?

(MARI ASIENTE)

-Si es que con el tiempo el oro brilla.

(ELLA RÍE)

Yo no sé qué aire le ha entrado a la marquesa para invitarnos,

pero mira, ha sido para bien.

-¡Aquí está pasando algo muy gordo!

He seguido al Comisario y se ha encerrado en su despacho.

-¿Qué te he dicho antes?

-¡Se está cociendo algo, no son fantasías mías!

-¿Cómo te tengo que decir que dejes eso?

¡Que vas a provocar una desgracia, nos vas a buscar la ruina!

-Lo que tú digas. Pero cuando esto nos estalle en los morros,

que conste que yo te he avisado.

-Pero, ¿qué le pasa al chiquillo? -¿Que qué le pasa?

¡No me hagas que te lo cuente! -¡Hombre!

-¡Hay que joderse con el crío de las narices!

(Cruje bisagra)

MARI: ¡Uh! -¿Y esto qué leches es?

(Música de misterio)

¿Adónde vas, Mari?

No hay ninguna a mi nombre, Sátur.

¡Manda huevos!

Las he mirado tanto que hasta las tengo contadas:

3.323 cartas.

Y ninguna para usted.

Recoge todo esto, Sátur. Hay que devolverlo.

¡Aquí hay una!

Aquí dentro hay una sin mirar.

¿Está a mi nombre?

No lo sé.

Dale la vuelta, Sátur.

No, mejor désela usted, que a mí me da cosa.

Dámela.

(SOPLA)

Va a ser la suya, ya verá.

El destino es así de puñetero, que deja lo mejor para el final.

A mí me pasaba lo mismo en el orfelinato:

el único garbanzo que había en la sopa y... lo dejaba para lo último.

No es para mí.

Pues tiene que estar.

Por aquí tiene que estar, tiene que haber una respuesta para Vd., amo.

Déjalo.

Igual... Igual...

"me se" ha traspapelado, pero tiene que estar. Tiene que estar.

Sátur, no me ha contestado. No quiere saber nada de mí.

Cuando nací, tomó la decisión de apartarme de su vida

y quiere que así siga siendo.

Recoge todo esto.

Justino, ¿cuánto tiempo llevamos aquí encerrados?

-No lo sé,

pero deja que siga buscando para ver si encontramos cómo salir.

Ay, Justino, por Dios, yo no sé lo que es esto, pero sácame de aquí.

-Cálmate, que digo yo que si se puede entrar, se podrá salir.

¿Qué es esto?

Mari, esto es para mirar. -¡Me da igual!

¡Yo lo que quiero es salir de aquí! ¡En mala hora me has hecho entrar!

-Has entrado por tu propio pie y la primera.

-¡Esto nos pasa por ser "golismeros"!

¡Si es que mira que somos cenizos!

Ya estábamos más o menos hechos al palacio... ¡y ahora esto!

No deberíamos haber salido nunca de nuestra pescadería.

-No llores, que luego te da sed, y no hay aquí ni donde sacar agua.

-¿Y si no salimos nunca de aquí? ¿Y si nos morimos aquí dentro?

-¡Que no nos vamos a morir, eso no va a pasar!

-Los críos se quedarían huérfanos

y no veríamos nacer a nuestro nieto.

-¡Yo te saco de aquí aunque tenga que tirar esta pared a trompazos!

(Se abre puerta)

Hay que guardar cautela; aquí, en Palacio, no podemos hacerlo.

¡Mari, ya está!

Mari.

-Veámonos fuera, en algún lugar discreto.

No me es fácil salir, me vigilan constantemente.

Tiene que ser esta noche.

Buscaré la manera de encontrarnos.

Le está siendo infiel al marido.

(Llaman a la puerta)

-¿Gonzalo de Montalvo?

Sí, soy yo.

De Su Majestad el rey.

Gracias.

¡Menudo feo! ¡Menudo feo que le ha hecho Su Majestad el rey!

Le digo una cosa, si él no quiere saber nada de Vd.,

nosotros tampoco queremos saber nada de él. ¡Ya está!

Me ha contestado, Sátur.

¿Cómo que le ha contestado? No he escuchado la puerta.

Acaba de llegar.

Oiga usted, se me va a "crujir la patata".

Le he dicho yo a usted que había que confiar en su majestad, ¿o no?

Todavía no sé lo que dice.

¡No! ¿Y si no la abre?

¿Y si la deja cerrada

y nos quedamos con la ilusión de... de la respuesta?

No, Sátur. Tengo que saber qué es lo que dice.

REY: "Mañana por la mañana, un carruaje te recogerá en tu casa

para que vengas al Palacio Real junto a tu hijo

a pasar una semana."

¿Qué es lo que dice? ¿Qué dice?

Quiere que Alonso y yo pasemos una semana en el Palacio Real.

¿Una semana el chiquillo y usted en el Palacio Real?

Sí.

Pero eso es más que una respuesta. Eso es más que... que... que...

que un encuentro. Eso... Eso...

Eso... Eso es una semana en el Palacio Real.

(Latigazo)

Para... ¡Ah!

¡Por favor, piedad, por el amor de Dios!

¡Ah! ¡Yo no lo he hecho!

¡Ah! (LLORANDO) ¡Lo juro!

-Señor, el reo no reconoce su delito.

¿Seguimos con el procedimiento habitual?

Me da igual. Pero que se calle de una vez.

(GRITA)

-¿Quiere usted arrancarle la lengua?

No soporto más todo esto.

¡Fuera!

¿Qué ocurre, Comisario?

¿Ya no sentís placer con la tortura?

No aguanto más todo esto.

Debéis ser cautos y ocultar vuestros sentimientos.

¿Por qué habría de hacerlo?

El destino para el que he nacido no es torturar a carroña,

sino conquistar imperios.

Todo llegará, tened paciencia.

Llevo toda la vida esperando.

¿Le parece poca paciencia?

¡Quiero lo que me corresponde y lo quiero ya!

Tened cuidado, Comisario.

Empresas tan altas como la vuestra

se han visto sometidas por un exceso de ansia.

Ahora que he descubierto quién soy,

no pienso seguir en esta cloaca.

Estáis equivocado.

¡Yo soy más que esto! ¡Yo soy el futuro!

¿Queréis callar de una vez y escucharme?

Mi futuro... está ligado al vuestro.

Y no voy a permitir que lo malogréis por un simple arrebato.

Por lo tanto, y hasta que llegue ese momento,

seguid haciendo vuestro trabajo.

-(AGONIZA)

(LEE EN SU INTERIOR) "Madre, tu cuerpo descansa aquí,

pero sé que seguirás acompañándome cada día de mi vida, como siempre.

Desconozco por qué te condenaron a vivir encerrada

y te arrancaron lo que más querías.

Pagarán los que te han hecho esto. Tu hijo."

Juré que me vengaría de los que te condenaron.

He cumplido mi promesa, madre.

Ahora voy a conocer a mi padre,

el hombre al que amaste.

Por fin el círculo se cierra.

Hola, amo.

Hola, Sátur.

¿Quieres algo?

No, nada que...

Tengo que hacerle una pregunta.

Dime.

Igual es un exceso y, como no soy de la familia, pero...

En esta casa se te considera uno más. Para mí sí eres de la familia.

Entonces, ¿puedo ir?

¿Adónde?

Al Palacio Real, a pasar allí toda la semana con ustedes.

Por nada del mundo me querría yo perder ese abrazo que se van a dar

y por el que tanto he trabajado.

Claro que sí, Sátur. Te vienes con nosotros.

¿En serio?

Sí.

Es que como en la invitación no...

mencionaba mi nombre ni nada...

Y luego no quiero ser un problema para el protocolo y esas cosas.

Sin ti, nunca hubiera llegado hasta aquí.

Te vienes con nosotros, Sátur. No te preocupes.

Es usted lo más grande, amo.

Me vendrá bien tenerte conmigo entre tanta gente desconocida.

(RÍE)

¡Ay, madre, madre, madre, madre, madre, madre...!

¿Qué pasa?

Que no tiene usted ajuar para la ocasión.

Que vamos a estar allí siete días enteritos con sus siete noches.

¿Y usted sabe la de cambios de vestuario que supone eso? No, no.

Bastará con lo que tengo.

No basta, no.

No, porque me tiene nada más que medio traje digno.

Todo lo demás, mire, son más agujeros que... que ropa.

¡Sátur, para, para, para! Sátur, para. Para.

El rey ya sabe nuestra condición.

Pero una cosa es conocerla y otra es que me vaya usted hecho un...

pingajo todos los días.

¿Y si se avergüenza de usted?

Tendrá que aprender a aceptarnos como somos.

¡La madre del cordero!

(Pasos aproximándose)

-¿Qué haces? -(DISIMULANDO) ¡Nada!

Aquí estaba, catando el pastel. Está para eso, ¿no?

-No.

Aparta.

-¿Es ésa la tarta que he de llevarme?

-Es la que ha hecho la marquesa, sí.

Por favor.

-Agradéceselo de mi parte.

Veo que la tarta no está. ¿Se la ha llevado?

Acaba de salir.

¿Y tú qué miras? Anda, haz algo útil.

Llama a tus padres y diles que quiero verlos inmediatamente.

Se la está jugando, ¿lo sabe?

Sí, pero merecerá la pena.

JUSTINO: ¿Nos ha mandado llamar?

Tu mujer me va a acompañar a comprar ingredientes a Toledo.

Pasaremos la noche allí.

¿La noche? -¿En Toledo?

Sí, porque entre que salimos, llegamos, luego volvemos,

se nos echa la noche encima.

Pero no te preocupes, lo tengo todo planeado.

He reservado en una posada. Tendrás tu propia alcoba.

Cuando lleguemos, para que nos dé tiempo y hacer todos los encargos,

habrá un momento en que nos separaremos. ¿Está claro? ¿Sí?

Entonces, te espero en las caballerizas en media hora.

Ah, y tú,

si preguntan por mí, les dices que estoy con tu mujer.

Dios mío, Mari, nos está usando para verse con el amante.

-¿Y si se entera el Comisario?

-Pues ella pagará, pero los siguientes...

los siguientes somos nosotros. -(EN VOZ BAJA) Ay...

-Hay que bajar ese escote, ¿eh?

No, no, no, menos maquillaje.

Tú más maquillaje.

A ver... A ver el collar éste.

Ay... Así.

Ay, qué poca gracia tienes, hija. Anda, trae.

¿Ves lo que luce bien puesto? (SE SORPRENDE AL VER A GONZALO)

Hoy toca clase.

¡Vamos, venid conmigo! ¡Vamos!

Esperaba a mi alumna, no... a la reina del Nilo.

Es que hoy es la noche de Egipto.

Ya.

Flora ha insistido en que reciba a los clientes en un camello.

¿Y lo vais a meter aquí?

¿Sabe Flora que un camello es un poco grande?

Por eso he negociado y lo he cambiado por esto.

La idea es que empiece en la nuca y llegue hasta el...

Que llegue hasta...

Sí, bien. Está bien. Está muy bien,

pero siento decirte que no es un símbolo egipcio.

Ah, ¿no?

Es el dios Asclepio. Es un símbolo griego.

¿Ves cómo necesito aprender a leer?

Aunque los clientes no son unos eruditos como tú.

Yo no lo soy, no.

Es que una vez vi ese símbolo y me he acordado.

¿Empezamos con las clases?

Va a ser difícil concentrarse así.

Tú imagínate que no llevo nada.

Eso es peor.

Bueno, quiero decir que... no voy vestida de egipcia.

Es igual, nosotros...

a lo nuestro. Te... Te he traído estos deberes.

¿Deberes?

¿No es suficiente con lo que hacemos aquí?

Es que me tengo que ausentar unos días.

Sin las clases, no es lo mismo. Voy a ir para atrás.

No te preocupes,

luego recuperamos el tiempo perdido. También te he traído...

Perdón.

A ver.

¿Cuál tienes? Tengo el 1, 7, 11...

La 6, la 8...

-Te lo has dejado en casa y he pensado que...

(AGOTADO) Dios mío...

A ver qué saco yo de esto.

¡Sátur, Sátur!

Acabo de ver a Gonzalo besándose con una mujer.

¿Qué?

Como lo oyes.

¡Pero eso es perfecto, Cipriano! (RÍE) ¡Eso está muy bien!

A ver si consigue ir olvidándose de la señora Margarita.

Pero es... es mujer de "vida alegre".

¿Y? Justo lo que necesita, algo que...

que le alegre el cuerpo. (RÍE)

¿Qué es toda esta ropa?

Agárrate lo machos, Cipriano.

Nos vamos una semana a vivir al Palacio Real. ¿Cómo te quedas?

(RISA PICARONA)

¿Qué? Pero, ¿cómo puede ser?

Pues el rey. El rey, que...

El rey, que ha nombrado...

que ha nombrado al amo ciudadano ejemplar por su labor en la villa

y es un poco ésa la recompensa.

¡Una semana en el Palacio Real! Nunca pensé que viviría algo así.

Ah, no, no, no. Tú sigue sin pensarlo porque tú no vas.

Alguien tendrá que quedarse aquí para dar de comer a los caballos.

¡Espera, espera, no te vayas! Ven aquí.

¿Tú sabes algo de costura? A ver esas manos.

Sí, con estos dedos morcilleros un trabajo fino tú no vas a hacer.

Pero bueno, para una emergencia servirá.

¡No pienso dar ni una puntada!

Y además, ¿de dónde has sacado toda esta ropa?

Del teatro de las pulgas. De cuarta mano, una ganga.

Si casi me pagan por llevármela.

¿Quieres que Gonzalo se ponga eso?

Es de mujer.

¡De mujer, dice! Pero si esta casaca

la sacaban en "La preciosa ridícula" de Molière.

Ésta, con unos arreglos, servirá.

¿Y esta bata, eh? ¿Qué me dices de esta bata?

Esta bata la sacaban...

en "Romeo y Julieta", del Shakespeare. (RÍE)

Pues a mí me parece más de Julieta que de Romeo.

Bueno, mañana a primera hora nos vamos. Así que a darle a la aguja.

Si nos afanamos toda la noche, igual conseguimos algo.

¿Te echo una mano?

No, no hace falta.

La estoy arreglando para poder venderla.

Nos vendrá bien el dinero.

Siéntate, quiero hablar contigo.

¿Qué pasa?

Nada, tú siéntate.

Padre, me estás asustando.

No, tranquilo.

Vamos.

A ver...

Te dije que las cosas iban a mejorar...

y así va a ser.

Últimamente he estado algo distraído y no me he preocupado de ti.

Pero es que tú siempre estás muy ocupado.

Nunca debería hacerlo tanto como para no tener tiempo para ti.

Pero ahora las cosas van a cambiar.

Padre, soy mayor

y entiendo que a veces que las cosas no salen del todo como uno quiere.

Eso es precisamente lo que no quiero que pienses, hijo.

Los imposibles a veces se cumplen.

Eso a otros, porque a mí...

No la vas a vender.

Las cosas dependen de nosotros y, aunque muchas veces creamos que no,

se pueden cambiar.

Nada es imposible, hijo.

Si te dijera que el rey nos ha invitado

al Palacio Real,

¿eso te parecería posible o imposible?

¿El rey nos ha invitado al Palacio Real?

Quiere que pasemos allí una semana entera.

(SORPRENDIDO)

Pe... Pero, ¿por qué?

Porque tu padre es un hombre muy importante y el rey

sabe apreciar esas cosas, claro.

¡Una semana entera en el Palacio Real!

Tendré... Tendré que prepararme.

(RÍE)

Pero, escucha, antes te das un baño con frote de roña en los pies

y hurgue de pelotillas en el ombligo, ¿eh?

Alonso. Nos vienen a recoger mañana a primera hora.

Vale.

¡Anda, tira!

Obnubilado perdido lo ha dejado con la noticia.

Y en cuanto el chico se entere de que es el "nietísimo",

no mea ni gota.

Me gustaría poder decírselo algún día, Sátur.

Todo hombre merece saber de dónde nacen sus raíces.

(SUSPIRA)

Bueno,

pues esto está todo listo. Pero antes...

(RÍE)

(Aplausos)

Me encanta la idea de la momia.

Y yo creo que a los clientes también les va a encantar.

-Vamos, que estamos a punto de abrir. ¡Venga!

Vamos.

¿Ya podemos hablar del tema?

-¿El tema?

¿Qué tema?

-El que has estado evitando todo el día: el beso.

Ah, el beso.

No ha sido nada, no hay que darle importancia.

-Sí, hay que darle importancia y mucha.

En tus años de trabajo, ¿a cuántos has besado tú? A ninguno.

Las rameras nunca lo hacemos. ¿Recuerdas por qué?

Porque para nosotras, besar significa que quieres a esa persona.

-Pues si te pones así por un simple beso,

me callo lo otro que te iba a contar.

-¿Te ha preñado algún cliente?

-No.

Estoy pensando que a partir de hoy

voy a dedicarme sólo a llevar La Deleitosa,

no quiero ejercer nunca más.

Cuando llegas a una edad, lo normal es retirarse, ¿no?

-Sí, a mi edad,

cuando ya te cuelga todo, que es cuando me he retirado yo.

-No quiero seguir, quiero cambiar mi vida.

-Anaís, se te olvida que eres puta por necesidad, no por gusto.

-Tengo planes.

Cuando aprenda a leer, podré conseguir otro trabajo.

-Pero, ¿no te das cuenta de que eres el reclamo del burdel,

la única con lista de espera? ¿Sabes lo que es perder eso?

A las mujeres la honradez sólo nos trae hambre.

-Eminencia, ¿a qué debemos su grata visita?

-Desde luego, no se puede negar

que la civilización egipcia,

a pesar de adorar a falsos dioses,

resulta especialmente atractiva.

Han llegado hasta mí ciertas voces

que manifiestan su desacuerdo con la existencia de este lugar

y exigen la imposición de fuertes multas

e incluso su cierre.

-¿Que nos cierren? CARDENAL: Sí.

Sin embargo, y debido a mi posición,

estoy en grado de...

interceder ante tales desafectos,

a cambio, naturalmente, de que me mostréis

las "maravillas" del mundo egipcio.

He venido con la disposición

de mantener un amigable "intercambio de conocimientos".

¿Vamos?

-Vamos.

-Guiadme.

-Padre,

he estado intentando no venir, pero si no te digo lo que sé, reviento.

-Ahora no estoy para nada, Bartolo, para nada.

-El pastelero y la marquesa también están en el ajo de la conspiración.

-¿La marquesa y el repostero?

-Como lo oyes. Lo he leído en una tarta.

Se mandan mensajes escondidos en las tartas.

Eso no es lo que tú te piensas. -Sí que es, sí.

Y los portugueses también están en el fregado.

Esto es un complot internacional.

El Comisario le quiere afanar el trono a su padre, el rey;

y el cardenal... el cardenal no sé qué leches pinta.

-No puedo más, no puedo más.

(Abren la puerta)

Sal.

Tengo que hablar contigo.

Comisario, ¿usted aquí a estas horas?

Mi esposa no está en su alcoba.

Los criados me han dicho que la han visto salir con tu mujer.

Han ido a Toledo.

¿Quiere usted un Jumilla? Yo lo tomo siempre antes de dormir.

¿Por qué van a hacer noche allí? ¿Y dónde?

A lo primero, por la distancia, que anda que no está lejos Toledo.

Y lo otro, pues... no sé.

Ahora que, tratándose de Toledo, hay posadas y monumentos a cientos.

Hay algo que me he perdido.

¿Desde cuándo tu mujer y la mía son amigas?

Bueno, ya conoce usted a las mujeres.

Si es para comprar, forjan una amistad en dos soplos.

¿Sabes?

Creo que me estás ocultando algo.

Yo no, señor.

No sé bien qué es,

pero me lo vas a contar ahora mismo.

Tu silencio me confirma que mientes.

Te he abierto las puertas de mi palacio a ti y a tu familia.

Duermes bajo mi techo y te doy de comer.

¿Es así cómo me respondes?

¡Habla!

(MÁS CALMADO) Habla.

Su esposa...

Su esposa le es infiel.

¡Me cago en todo lo que se menea!

Pero, ¿qué has hecho, Saturno de mi vida? ¿Qué has hecho?

Tú tampoco puedes dormir, ¿verdad?

No, amo, no.

En esta casa no duerme nadie.

El chiquillo en el tejado hecho un flan, Vd. que no para de dar vueltas

y yo ahí dale que te pego con la aguja.

Ya te dije que no hacía falta, Sátur.

Pues no sabe usted qué alivio porque...

"me se" da de mal que.. que... que...

¿Qué es esto?

Quite, quite, quite, no pregunte, que...

ni yo mismo sé lo que es.

No te preocupes, sabrán valorarnos tal y como somos.

Como pobres.

No, Sátur, tan merecedores de respeto como ellos.

Tiradlo todo. ¡Vamos!

No quiero que quede nada de ella en Palacio.

¡Nada!

Ya vienen.

¡El carruaje real está doblando la esquina! ¿Dónde está tu padre?

-¡Padre, padre!

¡Ya vienen! ¡Vienen a buscarnos!

Os he oído, os he oído.

Estoy muy nervioso.

No te preocupes hijo, yo también.

Te lo mereces.

Gracias.

(Llaman a la puerta)

Bueno...

Buenos días. Su carruaje ya está aquí.

Muchas gracias.

Vamos.

Se va al Palacio Real. -Sí. Y nosotras a hacer la compra.

¿O es que quieres tú también subir al carruaje? Venga, vamos.

-¿Dónde está Sátur?

Si no viene, puedo acompañaros yo.

Vendrá, vendrá.

¡Esperen! ¡Esperen, no se vayan sin mí!

¡Esperen! Esperen...

Tome.

Llegar tarde a algo tan importante. ¡Anda que...!

No, hombre. He ido a la iglesia a dar las gracias y...

he debido de quedarme dormido.

Bueno, ya podemos irnos.

Es la primera vez que subo a un carruaje real.

A partir de hoy, vamos a vivir la primera vez de muchas cosas.

Vamos.

Cipri.

Cipriano.

Qué bien huele.

(EL COCHERO AZUZA A LOS CABALLOS)

¿Qué hacéis? ¿Por qué tiráis mis cosas?

¡Sal! ¡Sal!

¿Qué ocurre? ¿Has ordenado tú todo esto?

Sí.

¿Por qué? ¿Qué pasa?

Algo muy claro:

eres infiel. Te vas fuera, te repudio como esposa.

¡No te he sido infiel!

Vas a salir de Palacio y la calle será tu casa.

No serás nada.

Desde que nos casamos, no ha habido nadie. Te lo juro, créeme.

Eres un animal de costumbres,

no puedes vivir sin que te toquen.

Hernán, ser reina es lo más importante en mi vida.

Jamás lo pondría en riesgo. ¡No te soy infiel!

¿Me tomas por idiota? Te han visto con él.

¿Con él?

Tramaste la mentira de la clase para meterlo en mi casa.

Hernán,

todo ha sido una confusión.

Escúchame.

¡Hernán, escúchame!

Me vas a escuchar.

Baja esa pistola.

Te estoy siendo fiel como un perro.

Anoche me reuní en una posada

con ese hombre que supones mi amante

y un poderoso noble portugués.

Te he conseguido el apoyo de Portugal para tu ascenso al trono.

¿Por qué me lo ocultaste?

¿Y me lo preguntas tú?

Desde hace ya un tiempo...

me consideras del mismo valor que una mota de polvo.

No me miras a la cara.

Ni siquiera me escuchas.

Si te hubiera dicho que quería ayudarte, ¿me hubieras dejado?

(SUSURRANDO) Yo soy la mujer que ha de estar a tu lado...

y conmigo,

sólo conmigo, serás el mejor rey de la historia.

(Tira el arma)

Todo va a salir bien. Ya verá, amo.

¡Ahí va! ¡Ahora sí que la hemos hecho buena!

¿Qué pasa?

Pues que no llevamos ni... ni... ni un regalo de agradecimiento,

ni un "agasaje" para Su Majestad la reina.

No creo que le importe. Nos ha invitado el rey, no os preocupéis.

Ya, pero la reina es la señora de la casa

y es de buen nacido llevarle un detallito.

¿Y si nos desviamos hacia el mercado de flores del Manzanares y...

cogemos un ramo o algo?

Nos esperan y no quiero llegar tarde.

(Música de violines)

¿No podemos parar un momento?

Es que creo que me estoy mareando.

Son los nervios, hijo. Intenta estar tranquilo.

Pero, ¿cómo va a estar tranquilo?

¡Que esto es lo más grande que nos ha pasado, amo!

Yo también estoy igual, Alonsillo. Estoy a punto de echar la papilla.

Si no os podéis aguantar, os asomáis por la ventana.

Pero no paramos.

Usted ríase,

pero yo, cuando entré a su servicio, ni soñaba en dormir en caliente.

Conque dormir donde vamos a dormir...

Las cosas dependen de nosotros, Sátur.

Y aunque a veces parezca que no, se pueden cambiar.

Nada es imposible.

Ninguno de los tres nos imaginábamos algo así.

Ahora sólo queda disfrutarlo.

¿Y Vd. cree que el rey nos recibirá a las puertas del Palacio Real?

Estoy seguro de que nos recibirá como merece la ocasión.

Señor, ¿quiere escoltar al carruaje real?

No, me da igual quién vaya en ese carruaje.

Ese trabajo ya no me corresponde.

Vamos.

Sí, señor.

Hice lo que me pidió.

Fui a ese bosque y le conté al Águila Roja lo que usted me dijo.

¡Suélteme!

¡Suélteme!

Le aseguro que...

que él está convencido de que el rey no tuvo nada que ver

con el calvario de Laura de Montignac.

-No tenía... ninguna duda...

de que usted iba a ser muy convincente en la mentira.

-Me lo prometió.

Me prometió que si yo mentía, seguiría con vida.

-Y así ha sido.

Usted está aquí conmigo...

vivo.

El problema es...

que a veces nuestras promesas han de incumplirse...

para...

no dejar cabos sueltos.

-¿Cabos sueltos?

¿Qué dice?

(Extrae la daga)

(Carruaje)

No, no, no, no. No, no hace falta.

Si es que no traemos mucho equipaje, somos... somos de poco cambio, ¿eh?

No hace falta.

Todo esto es por ti, padre.

Es la primera vez que me mira con orgullo.

(Trompa)

Escuche.

Están anunciando nuestra llegada con trompetas.

No, Sátur, es la llamada para el cambio de guardia.

Pues mejor me lo pone, que cambian la guardia para nosotros.

No, siempre lo hacen a esta hora.

Bueno, usted piense lo que quiera,

pero, lo mire por dónde lo mire, esto va a ser... va a ser...

para vivirlo.

(Música apoteósica)

Mi hermano...

Mi hermano tiene que irse de ese palacio.

¡Quitaos de en medio! ¡Vengo a ver al rey!

Este palacio tiene lugares muy interesantes.

Deberías aprovechar para conocerlos.

Ah, no, si ya los he visto. Vengo de la despensa.

Parece el Arca de Noé.

¡No puedo consentir esto!

Ha emparentado con ellos, tendrá que aprender a soportarlos.

No voy a permitir que esta gente forme parte de mi familia.

¡El rey ha vuelto, el rey ha regresado!

¡El rey ha regresado!

Pero, ¿quién se cree que es? Pero, ¿quién se cree que es?

¡Ah!

¡Mi padre no me ha dedicado jamás

ni una sola palabra de reconocimiento! ¡Ni una!

Baje esa espada ahora mismo.

Tanto tiempo esperando este momento y ahora no me salen las palabras.

Yo sí sé cuáles deben ser mis primeras palabras.

Águila Roja - T9 - Capítulo 111