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En Portada - Puerto Rico, futuro imperfecto

Puerto Rico, futuro imperfecto

  • El Estado Libre Asociado está en quiebra. En unas semanas, sus arcas quedarán vacías

  • Los puertorriqueños se debaten entre la independencia, la integración plena en Estados Unidos, o el mantenimiento de un estatus anacrónico

  • Ahora En Portada se emitirá los lunes cada dos semanas. Podréis verlo el lunes 26 de septiembre, en La 2, a las 23.30

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Según Naciones Unidas, en el mundo quedan 16 colonias. Entrado el siglo XXI, cerca de dos millones de personas viven en territorios no autónomos, o lo que es lo mismo, bajo dominio colonial. En el listado de colonias no aparece Puerto Rico, pero no son pocos los que consideran que el estatus político de la isla caribeña es, cuando menos, extravagante.

Desde 1952, Puerto Rico es un Estado Libre Asociado: algo más que una colonia y algo menos que una nación soberana. Estados Unidos creyó resolver así dos problemas: las revueltas nacionalistas de la isla en los años 50 y las demandas de la ONU. Desde entonces, Puerto Rico disfruta de un alto grado de autonomía, pero Estados Unidos se reserva facultades como el control de fronteras, la defensa, la moneda o las relaciones diplomáticas.

Los puertorriqueños son ciudadanos norteamericanos: tienen pasaporte de los Estados Unidos. Sin embargo, la Corte Suprema de Washington ha dejado claro en varias ocasiones que Puerto Rico pertenece a Estados Unidos pero…. que no forma parte de él. Un galimatías jurídico y político que los habitantes de la isla quieren revisar cuanto antes.

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La quiebra económica y la caja de Pandora

Los habitantes de Puerto Rico se dividen entre los que les preferirían ser un Estado de pleno derecho -el 51ª Estado de la Unión- ; los partidarios de la independencia y los que están conformes con el actual estatus. Pero si en algo están de acuerdo, es en que debería actualizarse, cuanto antes, la letra pequeña del contrato político que mantienen con Washington y que les ha convertido en Estado Libre Asociado.

La caja de Pandora en la que dormían sus sueños de nación independiente, se ha abierto por el lado menos pensado: el de la economía. La isla está en quiebra, pero no ha podido acogerse a la legislación norteamericana, al no ser un Estado de pleno derecho, ni tampoco elaborar su propio plan para solventar la deuda. A cambio, Washington ha nombrado una Junta Fiscal que dejará muy recortadas las funciones del gobierno de la isla. Una Junta de Supervisión que podrá redactar nuevas leyes fiscales, controlar el Presupuesto Anual y revisar las leyes que apruebe el Parlamento de Puerto Rico.

Los puertorriqueños saben que la responsabilidad del endeudamiento es, como mínimo, compartida. Estados Unidos promovió en los años 70 exenciones fiscales para las empresas norteamericanas que se instalasen en Puerto Rico. Pero estos privilegios desaparecieron en 2006 y muchas de las corporaciones se marcharon. Así comenzó una recesión económica que dura una década.

El difícil día a día

El día a día es complicado para los puertorriqueños. Especialmente para la clase media, la que paga impuestos y sin embargo, ve reducidas las prestaciones que recibe. La salud de sus habitantes se ha resentido y algunos servicios básicos, como la educación o atención a la infancia, también. La tasa de pobreza ha aumentado y muchos boricuas, -como se conoce a los nacidos en la isla-, emigran a Estados Unidos. Una emigración forzosa que está vaciando la isla, en la que viven menos puertorriqueños que fuera de ella.

Pero el panorama, siendo preocupante, es menos desolador que el de muchos de sus vecinos caribeños: hay desigualdad, pero también subvenciones, -muy criticadas-, que permiten cubrir necesidades esenciales.

Parte del futuro de la isla se decidirá el 8 de noviembre, el día de las elecciones norteamericanas. Aunque los residentes en la isla no pueden votar, según quien llegue a la Casa Blanca, su futuro irá en uno u otro sentido. El 60% de los puertorriqueños residentes en Florida votan demócrata y su peso numérico en varios Estados clave, cada vez es mayor. Los demócratas sostienen que son los propios isleños los que deberían reestructurar su deuda.

Los republicanos son menos benévolos y Donald Trump ha dicho que será inevitable un nuevo recorte en la deuda pública de la isla. Así las cosas, habrá que mirar de reojo hacia el despacho oval. Pero también habrá que estar atentos para comprobar si la rebelión ciudadana de los puertorriqueños y su aparente fulgor independentista, se queda en agua de borrajas o si por el contrario, estarían dispuestos a entregar su pasaporte estadounidense a cambio de uno propio.