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La obra del fotógrafo mallorquín Tony Catany es una constante búsqueda de la belleza

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Imprescindibles - El tiempo y las cosas. Toni Catany

Imprescindibles

El programa de documentales de La 2 presenta, cada viernes, a las 21.00 horas, un nuevo personaje IMPRESCINDIBLE de la cultura española

Toni Catany (Llucmajor, Mallorca. 1942)

Ha publicado los siguientes libros de fotografía:

La meva Mediterrània, Somniar Déus, Obscura Memòria, Fotografies, Cossiols, Calotips, Toni Catany. L’artista en el seu paradís, Record de Llucmajor, Venècia…

A veces el estudio del fotógrafo no refleja al artista. En el caso de Toni Catany (1942- 2013) , su casa-estudio de Barcelona es la Venecia que habita cada día. Le obsesionan el porqué de las cosas y el paso del tiempo.

Le obsesionan el porqué de las cosas y el paso del tiempo

Trabaja todos los géneros: naturalezas muertas, retratos, desnudos, paisajes... Siempre de una manera particular, sin pertenecer a ninguna escuela.

Viajero incansable, recorre los cinco continentes en búsqueda de aquel Mediterráneo que marcó su infancia en Mallorca.

Toni Catany. El tiempo y las cosas - Presentación

Autodidacta

Toni Catany se formó de manera autodidacta; algo comprensible si pensamos en la austera Mallorca de su juventud. El fotógrafo tenía reservada una pared de su taller para sus premios y títulos.

En igual orden de importancia colgaban el diploma del curso de fotografía por correspondencia cursado en su pueblo de Llucmajor, que el título de Chevalier des Arts et des Lettres (1991) o el Premio Nacional de Fotografía (2001).

La búsqueda de la belleza

Este detalle describe un poco la personalidad de Catany, una persona reservada, nada dada al boato, y sin embargo imbuida de una vasta cultura en ámbitos como la poesía, música, literatura, pintura … Una constante en su obra es la búsqueda de la belleza.

Viajero incansable, recorre los cinco continentes

La fotógrafa Cristina García Rodero lo comentaba sobre una foto de Catany tomada en Petra (Jordania). En ella se aprecia en primer término un hombre montado a caballo en el ángulo inferior derecho, mientras se asientan poderosas en el fondo las ruinas colosales labradas en la misma roca: “Yo me lo imagino así, como un caballero, como un fotógrafo viajero, que ha ido a investigar otras culturas desconocidas para los europeos y que se ha encontrado con tanta belleza que se ha quedado deslumbrado”.

Las cosas deben salir del corazón

Probablemente donde Catany pudo recrearse más fue en los bodegones, en las naturalezas muertas. Todo comenzó por su interés en la fotografía primitiva y en la realización de calotipos, lo que exigía largos tiempos de exposición y la utilización de objetos inanimados. Es ahí donde descubre que puede transmitir sentimientos: “las cosas deben salir del corazón”. En la soledad del estudio compone poesía en imágenes.

La “alquimia” de la fotografía

Su obra se inspira en los clásicos de la pintura, un género en el que se iniciará muy tempranamente pero que abandonará por la “alquimia” de la fotografía. Su trabajo evoluciona de manera fecunda.

Catany es intemporal, nunca sabrás si una foto suya esta hecha ayer mismo o hace cincuenta años

Parece mentira que, sobre el canto de una mesa, pueda disponerse tanta magia: una flor seca, una concha marina, un cuenco... permiten al autor traspasar el tiempo. “Catany es intemporal, nunca sabrás si una foto suya esta hecha ayer mismo o hace cincuenta años”, explica Alain D'Hooghe, comisario de arte, editor y galerista belga que conoció a Catany en los míticos Rencontres Internationales de la Photographie d'Arles.

¿Quién se atreve a decir que una rosa no es bella?

Desde entonces ambos compartieron -secretos y mentiras-, como aquella hermosa película de Leigh que tanto agradó a Catany. “¿Quién se atreve a decir que una rosa no es bella?”, glosa D'Hooghe, comentando que probablemente las naturalezas muertas sean el mejor autorretrato del fotógrafo español, pero que no puede dejar de pensar en toda su obra globalmente: sus retratos, los desnudos, el paisaje...

Artista internacional

En 1987, Lunwerg Editores publica su primer libro titulado “Natures mortes”. Se inicia una interesante y productiva colaboración que da lugar a una sugerente biblioteca. Destaca la monografía “Toni Catany. Fotografies” (1997), premiada por los Editores Europeos, y que supuso un gran salto internacional para el fotógrafo mallorquín, al publicarse a la vez en España, Alemania, Francia, Italia e Inglaterra.

El premio de los Editores Europeos fue un gran salto internacional en 1997

“Toni Catany. El artista en su paraíso” es el catálogo de la antología de su obra, expuesta en el año 2000 en el Museo Nacional de Arte de Catalunya (MNAC). El libro, a pesar de que no incluye obviamente toda su obra posterior, es el mejor muestrario condensado del artista.

El paso del tiempo

“Me obsesiona el tiempo. Escoger una flor mustia, unas frutas podridas o unas conchas es mi manera de hablar del tiempo. De hecho, todo empezó porque compré una máquina antigua que ni siquiera tenía obturador.

Escoger una flor mustia, unas frutas podridas o unas conchas es mi manera de hablar del tiempo

Las exposiciones de aquellos calotipos eran tan largas que empecé a hacer bodegones. El resultado fue muy interesante. Ahí empezaron los matices, la selección de objetos, la composición muy cuidada, con elementos que tienen un significado muy especial para mí.

Un vaso de agua con una flor es muy diferente a un vaso de agua con un limón. Una pera no es un membrillo. Una rosa no es un clavel. Las fotos que hago son autobiográficas, tanto si se trata de un cuerpo como de un melocotón.” Toni Catany

Palma de Mallorca, Mayo 2015

Una entrevista personal con Tony Catany

Del primer encuentro personal entre el fotógrafo Toni Catany y Cesc Mulet, director del documental “Toni Catany. El tiempo y las cosas”, surgió este escrito. La conversación tuvo lugar en un café del pueblo natal de Catany, Llucmajor (Mallorca), una tarde de septiembre de 2009.

Habíamos quedado a las cinco en punto, y a las cinco en punto nos encontramos frente al café Colón. Sonreímos. Él sabía que yo tenía el pelo gris, se lo había dicho un amigo común.

Sentados en un sofá,de espaldas a la pared, iniciamos la conversación.

De primeras, le digo que si llegamos a hacer el documental (que todavía no sé por dónde irá), no quiero que sea localista y tópico. Para conocer su biografía y la bibliografía, ya están internet y los libros.

Comenzamos hablando de viajes.

Toni Catany- Me gusta viajar. Venezuela, Egipto, Siria, Líbano, Etiopía, todo el Mediterráneo. Ahora me marcho a la India, es la cuarta vez que viajo allí. Voy con un matrimonio amigo, porque yo no sé inglés, no sé conducir, me han de llevar. En cambio a Venecia voy solo. Y a Venezuela he ido en muchas ocasiones porque tengo un amigo allí al que visito, un pintor (Adrià Pujol) que fue asistente de Xim Torrents.

En México realicé un álbum de Cristos de la agonía. Las iglesias coloniales tienen una cruz en cada columna. Los Cristos llevan cabelleras postizas, y me fijé que todos tienen una llaga en la mejilla. Después con el tiempo, supe que era por el beso de Judas

Los colores de la arquitectura popular me atraen, en Etiopía o el Caribe. Me he dado cuenta de que por donde pasaron los fenicios siempre hay blanco: las casas, los pueblos, son blancos como en Ibiza.

A la pregunta de si hay algún lugar que no conoce y le gustaría descubrir, dice:

Toni Catany- Me gustaría ver los templos de Camboya.

Cesc Mulet- “Si tuviéramos que clasificar la obra de Toni Catany, se podría agrupar por viajes, retratos, desnudos, bodegones.

Toni Catany- Ahora estoy fotografiando “altares”. Son recuerdos de viajes, objetos que he ido reuniendo. Compongo bodegones, “altares profanos” como los llamo, utilizo flores y frutas frescas, secas, podridas, caracolas, conchas, siento nostalgia del mar. Los retratos siempre de cara y mirando a cámara. Pero los desnudos, sin cara (había leído que su propósito era dar vida a las estatuas).

Cesc Mulet- “¿Nombres de fotógrafos?

Toni Catany- Paul Strand, Josep Sudek, Irving Penn. No me gusta Robert Mapplethorpe, pero sí Joel-Peter Witkin y también Annie Leibovitz.

Cesc Mulet- “¿Te gusta el cine?

Toni Catany- Si fuera capaz de trabajar en equipo me hubiera dedicado al cine. Lo intenté. Trabajé como foto-fija en una película Las correrías del vizconde Arnau (1974), actuaba Don Cicuta (Valentín Tornos). Escribí un guión sobre un libro de Rainer Maria Rilke, que fue muy leído... Durante la Primera Guerra Mundial, los soldados lo llevaban en el bolsillo: El canto de Amor y Muerte del corneta Cristóbal Rilke (1899). Trata de un joven corneta que marcha a la guerra y en un único día conoce la amistad, encuentra a otro joven en el camino, el amor, pasa la noche en un castillo y duerme con la princesa, y al alba, cuando despierta, oye el sonido de las armas y dirigiéndose hacia donde resuenan los disparos, encuentra la muerte. Es una película que yo ya no tengo fuerzas para hacer... Debiera haberla hecha Visconti. Me gustaba mucho ir al cine, Recuerdo ¡Qué Viva México! (Eisenstein 1930-32), Los Nibelungos (1924) de Fritz Lang.

Cesc Mulet- “¿Eres muy metódico, sistemático? Técnicamente, ¿eres obsesivo?

Toni Catany- Cuando tenía que revelar una fotografía contaba 1-2-3-4-5, pero a la hora de hacer copias, por ejemplo Humberto Rivas (Argentina, 1938), siempre hace lo mismo, pero yo si estoy contento cuento 1-2-3-4-5... Me interesan más los maestros de obra que los arquitectos.

Cesc Mulet- “¿Literatura y libros?

Toni Catany- El placer (1889) de D'Annunzio, Stefan Zweig, Sándor Márai... Proust.

Cesc Mulet- “¿Y música?

Toni Catany- Me gusta la música popular, la música clásica: Debussy... la música del Barroco la encuentro pesada. Haydn, Mozart y Beethoven... El jazz clásico, el flamenco... la música del Mediterráneo, sobre todo la canción napolitana.

Cesc Mulet- “¿Blanco y negro o color?

Toni Catany- Depende... El color antes era Kodak, ahora los blancos son blancos.

Hace un rato ha llegado el amigo común, que se sienta en una mesa contigua con el ordenador en marcha y viendo que nuestra conversación es fluida, se pone a hablar por teléfono.

De la mochila saco un libro Recuerdos de Llucmajor, con la secreta intención de que me escriba algo en el interior. Lo había comprado cuando pensé en hacer un documental sobre Catany, a raíz de una conferencia del fotógrafo , “Experiencia: Calotipos y otras técnicas”, (Caixaforum, 2007), que se organizó con motivo del Año de la Ciencia. Aquel día, el amigo común nos había presentado en el bar del Grand Hotel, pocos minutos antes de la conferencia. Yo era un admirador callado de su obra, especialmente después de su exposición “La meva Mediterrània”, en el Casal Solleric en el año 1996.

Busqué en el libro una fotografía que me entusiasma, una imagen de una mano que aguanta una pera.

Toni Catany- Es la mano de mi madre (giramos la página)... este anillo es el que llevo puesto, también es de mi madre... Tiene que haber un gallo colgado... míralo, ésta es una de las primeras fotos que hice (1965). Siendo muy pequeño, mis tíos me regalaron una máquina de fotos que sacaba unas imágenes en papel... Yo me entretenía haciendo fotos y en seguida que pude pedí una máquina de las de verdad. También me gustaba dibujar y pintar, y fui a clases...

Hojeamos el libro y aparecen unas fotografías de macetas. Le digo que viendo sus fotos, seguro que Camper o alguna otra marca, ha debido pensar en él y en su mundo para hacer publicidad.

Toni Catany- Yo no entiendo a los publicistas. De todas formas hice fotos para Yanko y me llamaron desde Londres para hacer las fotos publicitarias de un perfume. Querían un desnudo femenino cubierto de pétalos. Me dijeron que vendría un director artístico. Yo consideraba que no hacía falta, que si querían la foto y me contrataban a mí, pues ya les haría la fotografía y no hacía falta que viniera un director de arte a poner los pétalos. No nos pusimos de acuerdo y yo ya había encargado las flores... También hice una vez una calendario para Japón, aunque no recuerdo la marca. En este caso sí que vino el director de arte, pero cuando yo ya había hecho el calendario... La agencia me dijo: “usted haga, haga, que lo que él quiere es venir a Barcelona”. Cuando llegó, le enseñé las 12 fotos y dijo: “muy bien, muy bien...”

Insisto un poco más con el cine, y le pregunto si el cine de ahora no le interesa.

Toni Catany- Sí, hay una película que me cautivó, de una chica adoptada que busca a su madre. Hay una secuencia sin palabras en que se encuentran madre e hija en una cafetería.

Es Secretos y mentiras de Mike Leigh (1996). Después me habla de una serie de televisión que vio hace muchos años y que ha comprado ahora en DVD. Trata de la historia de un pueblo de Alemania, de unas cuantas generaciones a lo largo del siglo XX, Heimat (1984-2004) de Edgar Reitz.

Veo que dobla el paquete de cigarrillos, y que se ha quedado sin tabaco. Aprovecho para pasarle el libro con un bolígrafo para que me escriba alguna cosa al lado de una foto. Dudo entre la mano que sostiene la pera y la del gallo colgado. Le digo, ante su sorpresa, que voy al estanco a comprarle un paquete de Camel.

Toni Catany- Suave, Camel suave.

Cuando vuelvo quiere pagarme el tabaco, dice que los vicios se pagan. Me niego. Comienza la despedida, me ha dejado el libro cerrado con el bolígrafo encima. Decido no mirar lo que ha escrito delante de él. Me da su teléfono de Barcelona, donde vive y tiene el estudio. Son las ocho, la plaza está levantada por las obras y he dejado el coche lejos. Mientras camino pienso que habría de poner en orden todo lo que me ha contado y me reafirmo en la idea de hacer un documental que podría titularse provisionalmente, como su última exposición en Madrid, en mayo-junio de 2008: El tiempo y las cosas