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Eli Guillén: "No me gusta quedarme con la sensación de no haberlo intentado"

  • Eli tiene 25 años y es de Las Palmas de Gran Canaria
  • Vuelve a ver la actuación de Eli: “Highway to hell”

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Uno de Los Nuestros - Eli Guillén canta "Highway to hell"

Este huracán canario nacido en el seno de una familia de artistas, se define a sí misma como una mujer rara, diferente y dicharachera. “Al principio parece que estoy como una cabra pero soy una persona centrada”.

Una vida de artista

Quiero ser como Pepe fue su primer concurso televisivo a nivel local. “Era con orquesta en directo pero no tan macarrilla como la nuestra”, asegura entre risas. Llegó a la final y quedó cuarta. Después de aquello, le llamaron para trabajar en distintos hoteles de Lanzarote, trabajo que le duró un año hasta que decidió presentarse a un casting en Madrid con el productor de Luis Miguel, Juan Carlos Calderón.

“Buscaba una voz y terminamos haciendo un disco cuatro de los que nos presentamos, Salva, Isabel, Bárbara y yo. Decidimos llamarnos “SEIB”, usando nuestras iniciales. En 2010 fuimos nominados para ir al Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar. Una vez en Chile, terminó suspendiéndose por el terremoto acontecido aquel año”, cuenta Eli.

En su regreso a España, se fue a Galicia a ver a su hermano Mario, también compañero de profesión y cuyo representante necesitaba una voz femenina para su orquesta. Conquistó su corazón con la canción “El sol no regresa”, en versión merengue. Fue entonces cuando dio un giro en su vida y decidió mudarse a la ciudad gallega. “Llevo cinco años con esta orquesta y justo cuando iba a dejarla para volverme a Las Palmas porque tenía morriña de mi tierra, me llamaron de Uno de Los Nuestros. Parece que mi vida siempre se ha regido así, me quedo sin algo y me sale otra cosa, alguien no quiere que deje de cantar”, asegura contenta.

Esta mujer todoterreno se presentó dos años a Operación Triunfo, para las ediciones de 2006 y 2008. Ese último año también probó suerte en Factor X. Pero en ambas ocasiones se quedó a las puertas.

“Lo mágico de Uno de Los Nuestros es que no tiene nada que ver con lo que piden en otros programas. Aquí te exigen no solo que cantes bien sino que seas capaz de levantar al público. Estás liderando una banda, eres el capitán del barco y, o navegas bien o el barco se va a pique”, explica la canaria.

La presa que marcó su vida

Eli guarda muy buenos recuerdos de las galas benéficas organizadas por el Grupo Acá (Artistas Canarios Agrupados) con el que acude a cárceles, asilos y hospitales infantiles de Las Palmas.

En uno de los centros penitenciarios a los que fue en Navidad vivió una experiencia inolvidable. “Una vez terminamos la actuación, llevaban a las presas en filas hacia sus celdas y una de las chicas se salió de ella y vino hacia mí, la policía sacó la porra pensando que iba a agredirme pero le hice señas para que la dejase acercarse y en un mar de lágrimas me dijo ‘gracias, porque hoy me has hecho un poquito más libre’ y me regaló un angelito de madera que aún conservo. Fue uno de los momentos más tristes y felices de mi vida. Me vine a casa llorando”.

La entregada artista reconoce que “esta profesión es muy desagradecida pero esos momentos de bajón se ven compensados gracias a situaciones como la de la cárcel. Es el público más agradecido que me he encontrado, te vuelves más humano con ellos”.

La carretera hacia el éxito

Con el tema “Highway to hell” y un telón de llamas, Eli causaba furor sobre el escenario. Es un estilo de música que dice no haber cantado nunca. “Me estrené con él en el casting porque me propusieron buscar dos canciones, una para lucirme vocalmente y otra con la que fuera capaz de levantar al público”. Siente debilidad por los retos y por probar cosas nuevas. “No me gusta encasillarme en ningún estilo”.

El fruto del esfuerzo

Eli consiguió con su actuación la unanimidad por parte de los músicos. “Fue increíble, confías en que el trabajo que haces da su fruto. El mundo de la música es muy complicado, un artista tiene que hacer mucho para llegar arriba. Hay quienes tienen padrino y les resulta más fácil pero también hay gente que no sale en la radio y tiene muchísimo mérito”.

La isleña no ha dejado de luchar por la música. “Cuando sales al escenario, estás vendiendo una película. Un artista no cuenta con el privilegio de estar mal, tiene que sonreír y seguir cantando, así que cuando por un minuto te reconocen tu esfuerzo…eso no tiene palabras”.

El ritual del cerdo

Un momento anecdótico de su vida que arrastra en todos sus números musicales es el "ritual del cerdo". “Estaba con la orquesta y mi amigo Christian empezó a hacer un ritmo con la mano sobre la mesa. De repente, comenzamos a hacer ruidos de animales, uno de vaca, otro de gallo y a Chris, que fue el último, no se le ocurre otra imitación que la de un cerdo. Todos nos echamos a reír y, desde entonces, se me quedó grabado y antes de salir a cantar, les miro y hago ese sonido extraño con la garganta. Es una especie de ritual antes de cantar la primera nota”.

Otra de las historias que decoran su vida son sus conocidas “sesiones Vermú”, unas actuaciones de media hora que tiene que hacer al día siguiente de pegarse una buena fiesta. “Intentas taparte las ojeras con el maquillaje, sales a darlo todo y rezas por que no se te caigan hasta los tobillos pero aún así, si dijera que no disfruto con ellas, mentiría”.

Esta canaria asegura haber hecho cosas que jamás se veía capaz de hacer hasta la fecha. “A nivel artístico lo haría todo, no me gusta quedarme con la sensación del "y si…", por eso defiendo lo que me toque y de la mejor manera que sepa”.