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Juan Eslava Galán retrata la Primera Guerra Mundial en su centenario

  • El escritor publica La Primera Guerra Mundial contada para escépticos
  • Analiza los hechos, personajes y curiosidades de la contienda

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Hace ahora 100 años Europa vivía una plenitud dorada. Los adelantos científicos y técnicos prometían un futuro feliz, sin hambrunas ni guerras. Las clases más altas podían acceder al automóvil, a la electricidad, al teléfono, empezaba la aviación, había vacunas, los quirófanos empezaron a funcionar con anestesia... "Era el borde del paraíso hasta que se formó la que se formó", cuenta en Las mañanas de RNE Juan Eslava Galán.

El escritor hace referencia al asesinato en 1914 en Sarajevo del heredero del Imperio austrohúngaro y de su esposa. Un hecho que provocó un efecto dominó que arrastró a la Primera Guerra Mundial a más de 50 países.

"Ese asesinato fue solo el pretexto, la verdad es que ya había dos bloques de países muy enfrentados, de hecho al periodo anterior se le llamó 'la paz armada' porque cada país ya estaba fabricando armamento para ir a la guerra", explica Eslava Galán.

En su libro La Primera Guerra Mundial contada para escépticos el ensayista y novelista analiza en profundidad esta contienda que duró cuatro años y dejó 19 millones de muertos, 11 de ellos civiles.

El alcohol, compañero de trinchera

A lo largo de sus páginas, el lector descubrirá los inéditos estragos de la nueva guerra tecnificada que imponen la ametralladora, el tanque, la alambrada y los gases asfixiantes. "Estos nuevos elementos hacen que no se pueda llevar a cabo una guerra tipo napoleónica de caballería y se crea la guerra de trincheras", explica el escritor. "Se daba sobre todo en el norte de Francia, un terreno húmedo, y así surgió la enfermedad de los pies de trinchera, con la que las extremidades inferiores se hinchaban, se producía gangrena y había que amputar".

"También surgió por primera vez lo que se llamó fátiga de guerra", continúa explicando el autor, "los soldados eran jóvenes de entre 17 y 20 años y la mayoría acababan desquiciados por los bombardeos y las terribles experiencias y muchos terminaban en psiquiátricos". Por eso, cuando había pequeños periodos de paz "escribían cartas y postales, hacían punto y monederos para sus novias, era una manera de matar el tiempo y de no pensar".

Pero los soldados no estaban solos en las trincheras, tenían un compañero de fatiga sin el cual no sabían luchar: el alcohol. "Si tenían que atacar la trinchera contraria iban borrachos, si no era así, a ver quién se atrevía".

En medio de tanta crudeza, el escritor narra un episodio de confraternidad entre enemigos. "En Nochebuena los soldados alemanes comienzan a cantar villancicos y contagian a los ingleses, en la trinchera enemiga. Esto hace que unos y otros acaben cenando juntos", cuenta el autor."Además el día de Navidad jugaron un partido de fútbol en los campos embarrados y cuando las altas esferas militares se enteraron, se ocuparon muy mucho de que no volvieran a vivir ningún episodio de ese tipo".

Personajes relevantes

Hay hitos en esta guerra en la memoria de todos que Eslava Galán también repasa en su libro. Es el caso del Barón Rojo, un aviador alemán, el más famosos de la contienda, por ser el que más derribos causó. "Era un pelín chulo, cada vez que derribaba un avión enemigo tallaba una copa de plata con las características de la aeronave contraria", nos cuenta.

Los lectores podrán conocer mejor también al monje de la corte rusa Rasputín. "Un tipo muy corpulento y enorme, cuyo pene tambén lo era, por eso tenía tanto éxito entre las zarinas y por esto y por sus influencias políticas le acabaron matando, primero le enveneneron, luego le tirotearon y por último le lanzaron al río".

Incluso Hitler, a quien se le suele asociar más a la Segunda Guerra Mundial, está retratado en las páginas de este libro. "Hitler se alistó voluntario, fue el primer oficio que tuvo", explia el escritor. "Le asignaron como enlace y era muy valiente, al final de la guerra, por los efectos del gas, tuvo ceguera transitoria estuvo retirado temporalmente y en su internamiento en el hospital fue cuando empezó a obsesionarse con el futuro de Alemania".

Tampoco falta la referencia a la espía Mata Hari que desplegó sus artes en Madrid. "Era muy torpe, bastante fea pero con muchas curvas y su encanto residía en lo que se llamó 'la presa de Cleopatra', una técnica sexual desarrollada por ella que consistía en que con los músculos vaginales, muy activos, atrapaba el miembro del caballero y le proporcionaba gran placer". A pesar de sus encantos los franceses acabaron fusilándola.

El libro sirve también para reflexionar. "Quedan dos flecos sin cerrar de la Primera Guerra Mundial: El problema de Oriente Medio, que se produce entonces y los problemas de la península balcánica", explica el escritor.

"Con la historia nunca aprendemos, siempre tropezamos con lo mismo", continúa, "sí sabemos que Europa se ha suicidado como núcleo económico y político por los nacionalismos, a ver si para el futuro aprendemos".