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Nellie Melba nació en 1861 cerca de Melbourne con el nombre de Helen Porter Mitchell y acabó convirtiéndose en la primera gran estrella internacional de la ópera australiana. Su padre, empresario estricto, no veía con buenos ojos que una hija hiciera carrera sobre un escenario, pero ella tenía una voz demasiado extraordinaria para quedar encerrada en casa. Se casó joven, fue madre y luego decidió perseguir su destino musical con una determinación poco común en una mujer de su época.

Viajó a Europa, estudió en París con Mathilde Marchesi y tomó el nombre artístico de Melba en homenaje a Melbourne. Su triunfo llegó en Bruselas y después en Londres, donde Covent Garden la convirtió en una leyenda. Cantó en los grandes teatros, trató con reyes, empresarios y compositores, y defendió con fiereza sus papeles, sus honorarios y su lugar.

Fue diva en el sentido más completo: caprichosa, generosa, exigente y magnética. Inspiró el melocotón Melba y la tostada Melba, hizo giras triunfales por Australia y recaudó fondos durante la guerra. Murió en 1931, después de una vida en la que convirtió la voz en imperio propio, el escenario en territorio conquistado y la fama en una forma de autoridad femenin

La figura de Rocío Jurado sigue despertando debate, admiración y nuevas lecturas décadas después de convertirse en uno de los grandes iconos de la cultura popular española. En esta entrevista conversamos con Carlos Barea y Machús Osinaga sobre su nuevo libro, 'Rocío Jurado: La voz que nos hizo sentir libres', una obra que revisa el impacto cultural, social e ideológico de la artista más allá de la música.

Ida Lupino nació en Londres en 1918 dentro de una familia de actores y llegó a Hollywood siendo muy joven, convertida primero en estrella y después en algo mucho más raro: una mujer capaz de dirigir cine en un mundo gobernado casi exclusivamente por hombres. Durante los años cuarenta fue actriz destacada del cine negro, trabajando con Humphrey Bogart y directores como Raoul Walsh, pero pronto entendió que no quería limitarse a ser el rostro que otros decidían iluminar.

En una época en la que casi ninguna mujer dirigía películas en Estados Unidos, Lupino fundó su propia productora y empezó a rodar historias incómodas sobre violación, bigamia, enfermedad o miedo, asuntos que Hollywood prefería esconder. Lo hizo con presupuestos pequeños, rapidez y una libertad que la industria rara vez concedía a las mujeres.

Después revolucionó también la televisión estadounidense, convirtiéndose en una de las primeras mujeres que dirigieron series de éxito en Hollywood.

Inteligente, rápida y ferozmente profesional, Ida Lupino desafió el lugar reservado a las actrices de su tiempo. Murió en 1995 dejando algo más importante que una filmografía: dejó una puerta abierta para las mujeres que llegaron después.

Theda Bara nació en Cincinnati en 1885 como Theodosia Burr Goodman, hija de una familia judía que nada tenía que ver con los templos egipcios que Hollywood inventaría para venderla. Antes de ser mito fue actriz de teatro, mujer ambiciosa y rostro perfecto para una industria que empezaba a comprender el poder del deseo. En 1915, con “A Fool There Was”, se convirtió en la gran vampira del cine mudo, una mujer fatal que arrastraba a los hombres a la ruina y fascinaba a un público que aún no había visto nada parecido.

Su éxito fue enorme y brevísimo. Interpretó a Cleopatra, Salomé, Carmen y otras figuras peligrosas, envuelta en una campaña publicitaria que la presentó como criatura exótica nacida entre misterios orientales. Pero detrás del personaje había una mujer profesional, disciplinada y mucho más inteligente que su leyenda. Casi todas sus películas desaparecieron en incendios y descuidos de archivo. Murió en 1955, dejando una imagen poderosa: la primera gran mujer fatal del cine, fabricada por la fantasía y sobrevivida por el mito.

Tras tres entregas de El juicio, conocemos mejor a Alejandra. Llegó desde Nicaragua hace un año a Barcelona, tiene 28 años y es licenciada en Derecho y Artes Plásticas. Ahora trabaja como tatuadora e ilustradora, y hoy responde a una ronda de preguntas rápidas personales.

Ya le has visto en El juicio, pero ahora toca descubrir las curiosidades de Luis. Este barcelonés de 25 años es graduado en ADE y el impulsor de la ONG Lamsa Ghana, una academia de fútbol con impacto social. No te pierdas sus respuestas en este cuestionario de preguntas rápidas.

Tras tres programas de El juicio, Marcos nos desvela sus secretos. Mallorquín de 63 años residente en Madrid, es licenciado en Ingeniería y marino mercante jubilado, además de mago aficionado. Tiene tres hijos (en Madrid, Londres y Viena). ¡Conócelo mejor gracias a estas preguntas rápidas!

Tras tres semanas en El juicio, ¿conoces las curiosidades de Ángeles? Nacida en Ourense, esta empresaria de la construcción de 64 años vive en Romancos (Guadalajara) y tiene dos hijas mayores. ¡Descubre sus secretos en este vídeo de preguntas rápidas para conocerla más!

Naomi ya ha dejado huella en los tres primeros programas de El juicio. Ahora, esta tinerfeña de Adeje de 29 años graduada en Trabajo Social, que trabaja como educadora en una unidad móvil de atención de calle, responde a nuestras preguntas rápidas para poder conocerla mejor.

Tras tres programas de El juicio, profundizamos en Albert, barcelonés de 52 años. Licenciado en Periodismo, trabaja como responsable de comunicación interna en una empresa de movilidad. Sometemos al miembro del jurado a una ronda de preguntas rápidas llena de curiosidades.

Después de verla en acción durante tres programas de El juicio, Pilar nos regala su lado más cercano. Esta vecina de Móstoles de 52 años es autónoma y regenta una empresa de servicios de limpieza. Madre de dos hijos, hoy contesta a nuestro cuestionario de preguntas rápidas.

Lou Andreas-Salomé nació en San Petersburgo en 1861 y desde muy joven comprendió que no quería vivir como las demás mujeres de su tiempo. Inteligente, cultísima y provocadora, convirtió la libertad en una forma de combate. Rechazó matrimonios convencionales, desafió las normas morales de la Europa burguesa y fascinó a algunos de los hombres más brillantes del continente.

Friedrich Nietzsche le pidió matrimonio varias veces y ella lo rechazó. Paul Rée se enamoró de ella hasta la obsesión. Rainer Maria Rilke encontró en Lou una guía sentimental y literaria, y fue ella quien le sugirió cambiar su nombre de René a Rainer. Más tarde, Sigmund Freud admiró su inteligencia y la incorporó al círculo psicoanalítico de Viena.

Pero Lou Andreas-Salomé no fue solo musa de grandes hombres. Fue escritora, ensayista, pensadora y una mujer adelantada décadas a su tiempo. Viajó sola, defendió el deseo femenino sin culpa y vivió con una independencia que escandalizó a la sociedad europea.

Murió en 1937 en Alemania, dejando tras de sí una leyenda incómoda: la de una mujer a la que muchos admiraron, muchos desearon y muy pocos comprendieron.

Veronica Lake nació en Brooklyn en 1922 con el nombre de Constance Frances Marie Ockelman y llegó a Hollywood siendo casi una adolescente. Su carrera explotó en 1941, cuando un mechón rubio le cayó sobre un ojo durante un rodaje y nació una imagen que el cine convertiría en leyenda. Aquel peinado, imitado por miles de mujeres, la volvió inolvidable, pero también la encerró en una máscara.

Fue una de las grandes figuras del cine negro de los años cuarenta. Junto a Alan Ladd formó una pareja magnética en películas como “El cuervo”, “La llave de cristal” y “La dalia azul”. También brilló en “Los viajes de Sullivan” y “Me casé con una bruja”. Pero detrás del mito había una mujer frágil, difícil, marcada por pérdidas, maternidad complicada, matrimonios tormentosos, alcohol y una industria que la exprimió deprisa y luego la apartó.

Su caída fue tan dura como su ascenso. Pasó de estrella de estudios a trabajar como camarera en Nueva York. Murió en 1973, con solo cincuenta años. Su historia no es solo la de una actriz hermosa: es la de una mujer devorada por el personaje que la hizo famosa.

Conversamos con Iñaki Domínguez, autor de El Panamá: Vida de un fuera de la ley (Ariel), la biografía de una de las leyendas de la delincuencia madrileña de los ochenta. Iñaki nos habla de los orígenes de José Manuel Cifuentes (alias El Panamá) en el barrio madrileño de San Blas, su vinculación con Los Miami y sus actividades criminales. Actualmente, El Panamá cumple una condena de 32 años de cárcel por su participación en el atraco a un supermercado en Yuncos (Toledo, 2013) en el que el Guardia Civil Román David Gómez fue herido y quedó parapléjico.

Programa 87. Xurxo Melchor, periodista de La Voz de Galicia especializado en sucesos y tribunales, nos cuenta que está prevista la salida en libertad vigilada del autor de la muerte de Leticia Rosino y que la fundación que lleva el nombre de la joven zamorana reclama un endurecimiento de la Ley del Menor. Conversamos con Iñaki Domínguez, autor de El Panamá: Vida de un fuera de la ley (Ariel), la biografía de una de las leyendas de la delincuencia madrileña de los ochenta. La socióloga y criminóloga Victoria Pascual sigue analizando la firma del asesino, el modus operandi y los triunfos. Neus Sala y el Archivo Digital de RNE dedican Archivo criminal al primer capítulo sobre el rapto y la liberación de Nada Itrab (2013-2014).

El dramaturgo más famoso de la historia, William Shakespeare, tiene en torno a sí muchas sombras. ¿Fue solo una persona o un grupo de autores? ¿Ocultaba bajo su nombre a otro autor, quizá noble, que no quería firmar las obras? Sea como fuere, Shakespeare nos ha dejado, con todo merecimiento, algunos de los textos más influyentes de la literatura: Hamlet, Enrique V, Julio César, Romeo y Julieta, Macbeth…

¿Un delincuente nace o se hace? Esta semana en Al margen de la ley nos sumergimos en la vida de El Panamá, un fuera de la ley, con su biógrafo Iñaki Domínguez. Escúchalo este sábado a medianoche, una hoa menos en Canarias, en RNE y Radio 5.

Margaret Bourke-White nació en Nueva York en 1904 y convirtió la cámara en una herramienta de conquista. Empezó fotografiando fábricas, chimeneas, presas y rascacielos, cuando casi nadie esperaba ver a una mujer entrando en acerías, subiendo a cornisas o imponiéndose entre ingenieros. En 1930 fue la primera fotógrafa occidental autorizada a trabajar en la Unión Soviética, y en 1936 firmó la portada inaugural de la revista Life con la presa de Fort Peck.

Su vida fue una sucesión de escenas extremas. Fotografió la pobreza del sur estadounidense durante la Gran Depresión junto al escritor Erskine Caldwell, con quien se casó. Durante la Segunda Guerra Mundial fue corresponsal, soportó bombardeos en Moscú, viajó con tropas, voló en misiones de combate y documentó la liberación de Buchenwald. Después retrató a Gandhi poco antes de su asesinato y la violencia de la partición de la India.

Ambiciosa, temeraria y perfeccionista, abrió caminos vedados a las mujeres y miró de frente el siglo XX: sus máquinas, sus guerras, su miseria y su grandeza. Enferma de párkinson, siguió luchando por trabajar y contar su propia historia. Murió en 1971, pero dejó una mirada imposible de domesticar.

Diosas y rebeldes

Mata Hari y el paredón

Mata Hari nació en 1876 en los Países Bajos como Margaretha Zelle y llegó a ser una de las mujeres más famosas y más malditas de Europa. Antes del mito fue una muchacha marcada por la ruina familiar, la muerte de su madre y un matrimonio brutal con un oficial colonial mucho mayor que ella. En Java perdió a su hijo, salió herida del matrimonio y regresó a Europa con una intuición feroz: debía inventarse otra vida o desaparecer. En París creó a Mata Hari, bailarina exótica, sacerdotisa imaginaria, dueña de un cuerpo que convirtió en espectáculo y en poder. Deslumbró a militares, diplomáticos y aristócratas, vivió entre hoteles, amantes y dinero, y acabó atrapada en la lógica venenosa de la Primera Guerra Mundial. En 1917 fue arrestada por los franceses, acusada de espiar para Alemania y convertida en la culpable perfecta: extranjera, libre, famosa y escandalosa. Su juicio estuvo lleno de indicios, prejuicios y teatralidad. Murió fusilada en Vincennes el 15 de octubre de 1917. Desde entonces su nombre ya no designa solo a una mujer, sino a una pregunta incómoda sobre el deseo, el poder y el precio de inventarse

Peggy Guggenheim nació en Nueva York en 1898, heredera de una gran fortuna, pero la riqueza no la volvió obediente. La muerte de su padre en el hundimiento del Titanic, cuando era adolescente, la dejó marcada por una mezcla de desamparo y libertad. En 1921 se instaló en Europa y se metió de lleno en la bohemia de París, entre escritores, escultores y pintores. Se casó con Laurence Vail, tuvo dos hijos y conoció a Marcel Duchamp, que afinó su ojo para el arte moderno. En 1938 abrió en Londres su primera galería y, cuando Europa se precipitó hacia la guerra, tomó una decisión feroz: comprar obra moderna a toda velocidad para salvarla. Reunió en pocos años una colección extraordinaria. En 1942 abrió en Nueva York una galería decisiva, donde apoyó a artistas jóvenes y lanzó la carrera de Jackson Pollock. También organizó en 1943 una muestra dedicada solo a mujeres artistas. Después de la guerra se instaló en Venecia, convirtió su palacio en casa y museo y dejó allí una de las colecciones más importantes del siglo XX. Murió en 1979. Su vida fue excesiva, escandalosa y brillante, pero sobre todo fue útil: cambió la historia del arte

Alexandra David-Néel fue una de las grandes aventureras intelectuales del siglo XX, una mujer que convirtió la curiosidad en un viaje sin regreso. Nació en Francia en 1868 y desde muy joven sintió una fascinación casi obsesiva por Oriente, las religiones y los territorios donde Europa apenas había puesto los pies. Mientras otras mujeres de su época aceptaban los límites sociales impuestos, ella decidió atravesarlos.

Cantó en la ópera, estudió religiones orientales y recorrió Asia durante años. Su vida dio un giro definitivo cuando se adentró en el Himalaya y comenzó a estudiar budismo tibetano con maestros y lamas que rara vez aceptaban discípulos occidentales. Aquella búsqueda espiritual se mezcló con la aventura.

En 1924 protagonizó la hazaña que la convertiría en leyenda. Europa llevaba décadas intentando entrar en Lhasa, la capital prohibida del Tíbet, cerrada a los extranjeros. Alexandra lo logró disfrazándose de mendiga tibetana y caminando durante meses a través de montañas y desiertos.

Entró en la ciudad prohibida cuando tenía cincuenta y cinco años.

A partir de entonces se convirtió en una referencia mundial en el estudio del budismo y en el relato de viajes. Sus libros revelaron un mundo desconocido para Occidente y mostraron la fuerza de una mujer que eligió vivir con una libertad radical.

Anna Magnani nació en Roma en 1908 y fue una de las actrices más intensas y auténticas del siglo XX. Su vida estuvo marcada por la incertidumbre desde el principio. Creció sin la presencia de su madre y nunca conoció realmente a su padre, lo que la empujó a forjar un carácter duro, independiente y profundamente emocional. Desde muy joven encontró en la interpretación una forma de canalizar su energía, pero nunca fue una actriz convencional.

Su gran momento llegó tras la Segunda Guerra Mundial con el neorrealismo italiano. En “Roma, ciudad abierta”, dirigida por Roberto Rossellini, ofreció una interpretación desgarradora que la convirtió en símbolo de una Italia herida pero viva. Su relación con Rossellini fue apasionada y tormentosa, y su ruptura, marcada por la traición del director con Ingrid Bergman, alimentó aún más su leyenda.

Magnani no actuaba, vivía cada escena. Su rostro, su voz, su manera de moverse transmitían una verdad cruda que el cine rara vez había mostrado. En 1956 ganó el Oscar por “La rosa tatuada”, convirtiéndose en la primera actriz italiana en lograrlo.

Murió en 1973, pero dejó una huella imborrable. Fue una mujer indomable que convirtió su vida en arte y su dolor en verdad

Ada Lovelace nació en Londres en 1815, hija del poeta Lord Byron y de Annabella Milbanke, una mujer que decidió educarla en matemáticas para evitar que heredara el temperamento caótico de su padre. Aquella decisión creó una mente única, capaz de unir imaginación y lógica sin conflicto. Desde joven recibió formación científica avanzada gracias a figuras como Mary Somerville y Augustus De Morgan, en una época en la que las mujeres apenas podían acceder a este tipo de conocimiento.

En 1833 conoció a Charles Babbage, inventor de la Máquina Analítica, un dispositivo teórico que anticipaba el ordenador moderno. Ada no solo comprendió la máquina, sino que fue más allá que su creador. En 1843 tradujo un artículo sobre ella y añadió unas notas propias donde describía cómo programarla para calcular números de Bernoulli. Ese texto es considerado el primer programa informático de la historia.

Pero su visión fue aún más revolucionaria. Ada entendió que una máquina podía trabajar con símbolos y no solo con números, anticipando el concepto de computación general.

Murió en 1852, con apenas 36 años, pero dejó una idea inmensa: que el futuro de las máquinas no sería mecánico, sino creativo.

Hattie McDaniel nació en 1893 en Kansas y murió en 1952 en California. Hija de padres que habían sido esclavos, creció en un país que aún practicaba la segregación racial con naturalidad. Cantó en espectáculos ambulantes, trabajó como camarera y sobrevivió a la pobreza antes de entrar en la radio y el cine.

En 1939 interpretó a Mammy en la película Lo que el viento se llevó. Su actuación le valió el Óscar a mejor actriz secundaria en 1940, convirtiéndose en la primera persona negra en ganar un premio de la Academia. Sin embargo, durante la ceremonia tuvo que sentarse en una mesa apartada, en la parte de atrás, debido a las leyes de segregación.

Fue criticada por aceptar papeles de sirvienta, pero defendía su derecho a trabajar en una industria que ofrecía pocas oportunidades a los intérpretes afroamericanos. Actuó en más de trescientas películas y también fue una estrella de la radio. Su vida estuvo marcada por el talento, la polémica y la resistencia en un sistema profundamente racista.

Chien-Shiung Wu fue una de las grandes figuras de la física del siglo XX y una pionera que transformó nuestra comprensión del universo. Nació en China en 1912 en una familia que defendía algo poco común en su época: la educación de las niñas. Aquella convicción marcaría su vida. Desde muy joven destacó por su inteligencia, su disciplina y una curiosidad científica que no aceptaba respuestas fáciles.

En 1936 viajó a Estados Unidos para continuar su formación en la Universidad de California en Berkeley, uno de los centros más dinámicos de la física moderna. Allí desarrolló una extraordinaria carrera como experimentalista, una científica capaz de diseñar experimentos de una precisión casi implacable. Durante la Segunda Guerra Mundial trabajó en investigaciones nucleares en la Universidad de Columbia y se convirtió en una de las investigadoras más respetadas de su campo.

Pero su mayor aportación llegó en los años cincuenta. Durante siglos los físicos habían creído que el universo era perfectamente simétrico, que las leyes de la naturaleza funcionaban igual en un espejo. Wu diseñó un experimento con cobalto-60 que demostró lo contrario.

Su descubrimiento cambió la física moderna. Reveló que la naturaleza distingue entre izquierda y derecha en ciertas interacciones nucleares. Aunque el Nobel fue para los teóricos que propusieron la idea, el experimento decisivo fue suyo.

Wu siguió enseñando y defendiendo el lugar de las mujeres en la ciencia durante toda su vida. Su legado es el de una mente brillante que rompió uno de los grandes dogmas del universo.

Sister Rosetta Tharpe nació en 1915 en Arkansas y murió en 1973 en Filadelfia. Criada en la Iglesia de Dios en Cristo, comenzó a cantar y tocar la guitarra desde niña en templos y giras religiosas. Pronto desarrolló un estilo singular que unía la energía del góspel con una guitarra eléctrica poderosa, adelantándose al lenguaje del rock.

En los años treinta se trasladó a Nueva York y firmó con una discográfica importante. Sus primeras grabaciones mezclaban espiritualidad y ritmo contagioso, lo que le permitió actuar en escenarios tanto religiosos como seculares. Fue una artista negra en un país segregado y supo imponerse en salas de concierto y teatros donde el público blanco no esperaba ver a una mujer dominando la guitarra con esa fuerza.

En 1951 celebró su boda en un estadio con miles de asistentes, convertida ya en figura pública. Su influencia alcanzó a músicos que después serían iconos del rock. Sin embargo, su trayectoria también estuvo marcada por tensiones entre fe y espectáculo, éxito y olvido. Rosetta dejó una huella decisiva en la música popular del siglo XX.

Cristina de Pizán nació en 1364 en Venecia y murió hacia 1430 en Francia. Fue hija de un médico y astrólogo que trabajó en la corte de Carlos V, lo que le permitió recibir una educación poco común para una mujer de su tiempo. Se casó joven y quedó viuda con apenas veinticinco años, con hijos y familiares a su cargo. En lugar de aceptar la ruina o el retiro, tomó una decisión inédita: vivir de la escritura.

En una Europa marcada por guerras, crisis y discursos misóginos, Cristina respondió con libros. Polemizó públicamente con autores que despreciaban a las mujeres y escribió obras en defensa de su inteligencia y su dignidad. Su Ciudad de las Damas construyó un espacio simbólico donde las mujeres tenían historia y autoridad.

Fue copista, editora y empresaria de su propia obra. Trabajó para nobles y príncipes, escribió biografías, tratados políticos y poemas morales. No fue solo una autora, fue una profesional de la palabra en el siglo XIV. Su vida es la historia de una mujer que convirtió la viudez en oficio y la controversia en legado.