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Kazajistán

José Luis Mumbiela, obispo español en Almaty: "Se oían los disparos y las bombas"

  • El obispo de la diócesis de la Santísima Trinidad, José Luis Mumbiela, que reside en Almaty desde 1998, testigo de las protestas
  • Con 20 años de presencia en Kazajistán, Talgo es la principal empresa de fabricación y mantenimiento de trenes en el país

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Un centenar de españoles reside en Kazajistán

En Kazajistán reside un centenar de españoles. Alberto Cabanillas y Javier Gañán Suárez son dos de ellos. Ambos son ingenieros y trabajan en una planta de mantenimiento de trenes que Talgo tiene en Almaty.

La compañía ferroviaria española introdujo la alta velocidad en esta república centroasiática. Alberto y Javier han estado más de una semana sin poder ir a trabajar por los violentos disturbios que la semana pasada dejaron al menos 225 fallecidos y cuantiosos daños materiales.

Dieron orden a todo el mundo de quedarse en casa. Cortaron internet, los moviles

"Dieron orden a todo el mundo de quedarse en casa. Cortaron internet y los móviles", recuerda Alberto Cabanillas.

Javier Gañán Suárez, recién llegado de España, ha tenido que pasar toda esta semana en el hotel, "encerrado y tranquilo por la comunicación con la embajada y porque los disparos y los disturbios estaban un poco más alejados". Aunque reconoce que sí ha vivido con "un poco de tensión" la situación.

Con 20 años de presencia en Kazajistán, Talgo es la principal empresa de fabricación y mantenimiento de trenes en el país, cuyo servicio también se ha visto afectado por la crisis política.

"Los trenes los primeros días sufrieron algunos cortes, pero enseguida se restableció el servicio, porque es esencial aquí en Kazajistán", señala Alberto Cabanillas.

El obispo español Mumbiela vivió en primera persona los disturbios

También ha vivido la tensión el obispo de la diócesis de la Santísima Trinidad, José Luis Mumbiela, que reside en Almaty desde 1998. Los violentos intentaron saquear los bajos de su edificio en el centro de la ciudad.

"Se oían lo disparos y las bombas. Aquí estuvieron con un mazo de hierro grande intentando destrozar la puerta de entrada", relata Mumbiela.

El obispo siguió todos los acontecimientos desde el balcón. Ahora, con una misa ruega por la paz y la justicia en Kazajistán.