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El mariscal Hafter abandona Moscú sin firmar el acuerdo de alto el fuego en Libia

  • El jefe del autoproclamado Ejército Nacional Libio, Jalifa Hafter, se resiste a firmar y pide más tiempo para decidir 
  • El ministro de Exteriores ruso asegura que los representantes del Gobierno de Acuerdo Nacional firmaron la declaración de cese de hostilidades

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Concluyen sin acuerdo las negociaciones de alto el fuego en Libia

El jefe del Gobierno de Libia reconocido por la ONU, Fayed al Serraj, y el jefe del autoproclamado Ejército Nacional Libio, Jalifa Hafter, han terminado sin acuerdo las negociaciones que estaban llevando a cabo en Moscú para un posible alto al fuego en Libia, aunque según apunta desde Rusia "se están produciendo avances".

Lo ha confirmado el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, que asegura que los representantes del Acuerdo Nacional firmaron la declaración de cese de hostilidades, mientras que Hafter aún se resiste y ha pedido más tiempo para tomar una decisión. "Espero que su decisión sea positiva", agregó Lavrov en una breve comparecencia sin preguntas.

Sin embargo, según la agencia oficial rusa de noticias RIA Nóvosti, que se ha hecho eco de las declaraciones de una fuente libia, Hafter abandonó Moscú sin firmar el acuerdo de alto el fuego permanente.

Libia se encuentra desde el pasado abril inmersa en intensos combates y desde Rusia intentan que el fuego no sea permanente.

Conversaciones con riesgo de llegar a punto muerto

Después de que los dos bandos aceptaran un frágil alto el fuego que entró en vigor el 12 de enerose allanó el camino por vez primera en meses para el cese de la ofensiva rebelde sobre Trípoli, pero Hafter se enrocó y se opuso terminantemente a que Turquía supervise el cumplimiento del cese al fuego.

En una jornada de negociaciones de más de seis horas, el propio Hafter se negó a reunirse en la capital rusa con Al Serraj. Según Sky News Arabia, el líder del Ejército demandó la entrada de sus tropas en Trípoli y la retirada de todos los mercenarios traídos de Turquía y Siria. Por su parte, Al Serraj pidió la retirada de las fuerzas rebeldes a las posiciones anteriores a la ofensiva rebelde contra la capital iniciada el 4 de abril de 2019.

Rusia y Turquía lideran las negociaciones

Las negociaciones fueron impulsadas por los presidentes de Rusia, Vladimir Putin, y Turquía, Recep Tayyip Erdogan, un equipo que media también en Siria.

Ambos líderes prestan su apoyo de forma unilateral a los países implicados. De una parte, Putin respalda a Hafter, quien acusa a Occidente de sumir a Libia en el caos al asesinar en 2011 al dictador libio, Muamar al Gadafi. Mientras tanto, el Gobierno libio es sostenido por la ONU y apoyado militarmente por Ankara, en tanto que la Unión Europea (UE) le apoya política y económicamente.

De hecho, del éxito de las negociaciones en Moscú depende la convocatoria en Berlín de una conferencia internacional -inicialmente prevista para el 19 de enero- encaminada a impulsar una solución para el conflicto. Sobre este asunto, el ministro de Exteriores turco, Mevlüt Cavusoglu, aseguró que si Hafter "firma mañana por la mañana dicho documento", ambas partes se comprometerían a respetar el alto el fuego indefinido, paso previo para el lanzamiento de un proceso de arreglo político.

Apoyar la soberanía de Libia con una línea de contacto

Según el documento final, ambas partes se comprometerían a garantizar un "respeto incondicional" del cese de las hostilidades, además de delimitar una línea de contacto. Una comisión militar integrada por cinco representantes de ambos bandos, prevista por la Misión de Naciones Unidas para Libia (UNSMIL), se encargaría de trazar la línea de contacto y de supervisar el cumplimiento del alto el fuego.

Estas iniciativas irían acompañadas de medidas para estabilizar la situación sobre el terreno como el fin de todas las acciones ofensivas y una reducción sincronizada de las tensiones militares.

A su vez, se comprometen a apoyar la soberanía, independencia e integridad territorial de Libia, a combatir el terrorismo internacional, y a garantizar el acceso y el reparto seguro de ayuda humanitaria.

Y recalcan que no puede haber una solución militar para el conflicto, que se ha cobrado desde la ofensiva de abril la vida de 1.500 personas -en torno a 280 civiles-, cerca de 15.000 han resultados heridas y más de 100.000 se han visto obligadas a abandonar sus hogares y convertirse en desplazados internos.

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