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Nuria Labari nos regala "La mejor madre del mundo"

  • Reflexiona con humor, ironía y también realismo sobre la maternidad.
  • Una novela en la que convergen la ficción, la autobiografía y el ensayo.

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Libros de Arena - Nuria Labari nos regala "La mejor madre del mundo"

Para explicar el mito de la maternidad primero hay que pensar en que las palabras "mito" y "timo" tienen las mismas letras. Así lo asegura Nuria Labari que nos regala '"La mejor madre del mundo". La frase "Tenga un hijo, será más feliz", es una creencia clásica, medieval. Para ella "La mejor madre del mundo" es la peor, la real y la que no oculta nada. Labari asegura que "no hay nada que supere crear a un ser humano", pero también se pregunta: "¿Y dónde nos colocamos después nosotras?". Hemos charlado con esta gran mujer en Libros de Arena

"Soy mujer, soy madre, no puedo tener hijos, escribo. No puedo tener hijos, soy madre, escribo, soy mujer. Soy madre, no puedo tener hijos, escribo, soy mujer.

Me gusta ver a los gorriones descansar sobre los cables de alta tensión frente a mi despacho en las afueras de Madrid. Se distribuyen sobre la línea negra equidistantes como las notas de un pentagrama en el cielo. Hace poco me enteré por casualidad de que los pájaros se colocan así porque esa es su forma de estar juntos. Existe una distancia mínima intraespecie que no les permite estar más cerca de un individuo de lo que se aproximan sobre el cable, por eso guardan siempre distancias regulares de separación. A veces, cuando uno de ellos se harta de estar tan cerca del resto, sale volando. Eso es ser pájaro.

Yo no soy pájaro, soy una mujer. Y algunas tardes intento adivinar, justo antes de disolverme en el atasco que me llevará a casa, cuál es la distancia mínima que debería mantener respecto de otros individuos de mi especie. Algunos días, como hoy, me pregunto si existe para mí siquiera una distancia. Pero la verdad es que, desde que soy madre, las referencias han saltado por los aires. De hecho, todo ha saltado por los aires. Todo menos yo. Porque, a diferencia de los pájaros, yo no puedo volar.

—Mañana me hacen los análisis —dije a MiMadre.

Hace cinco años. Recuerdo su cara de ardilla asustada solo un instante.

—No entiendo qué te pueden decir después de un análisis de sangre. Te pareceré muy vieja, pero es que son cosas que os pasan ahora. Yo nunca he querido tener hijos. No como ahora, quiero decir. Yo me quedé sin darme cuenta, sin buscarlo ni pensarlo. Claro que también tenía otra edad, imagínate, veinticuatro años. De no haber muerto tu padre no hubieras sido hija única, eso seguro. Ahora es otra cosa. Mi ginecólogo me ha dicho que a tus treinta y cinco ya no eres tan joven, que no te quedas porque lo has dejado mucho. Lo que no entiendo es tu empeño. Los hijos llegan cuando llegan, pero si te pones a pensarlo, no los tienes. Yo, desde luego, si lo llego a pensar, no te hubiera tenido. Entiéndeme. Un día me duché para salir con tus tías y al ir a ponerme mi vestido verde de botones, no me daba. Pensé que había encogido, ni se me ocurrió pensar que era yo la que había engordado. Pero estaba embarazada. Engordé sin parar, más de veinticinco kilos al final. Después de tenerte ya nunca bajé de los sesenta.

—Me darán los resultados en diez días.

—Yo, que no había pasado en toda mi vida de los cuarenta y nueve y tomaba maicena para engordar después de las comidas.

Recuerdo muchas conversaciones con MiMadre mientras intentaba quedarme embarazada, todas irrelevantes. Es imposible hablar con la propia madre porque las madres son cotorras mudas: nunca se callan, aunque no tengan nada que decir. MiMadre no para de hablar, suelta las palabras a borbotones, los mismos mensajes un día tras otro, un año tras otro. Las mismas historias. Su parloteo es una música en mi nuca, como un revólver. Y, sin embargo, es también una forma de consuelo. No es el diálogo lo que busco cuando hablo con ella, tampoco sus ideas, es el arrullo. A veces solo el sonido de su voz diciendo lo que sea que tenga que decir y que ya habré oído muchas otras veces. Antes me desesperaba su parloteo incesante. Quería que hablara con una dirección, pensaba que no tenía las ideas claras, que podía hacerlo mejor. Ahora creo que es así porque es MiMadre, una madre, y eso significa que sabe que esa música es lo único que me quedará cuando ella muera. Porque no quiere dejarme sola.

El medio es el mensaje y hace mucho que las madres del mundo decidieron que estaba todo dicho. Por lo demás, nunca nadie las ha escuchado."

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