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Los datos hablan

Los agujeros negros de la participación en España

  • Melilla, Asturias, Lugo, Ourense y Pontevedra siempre han registrado participaciones por debajo de la media
  • Descubre más historias en 'Los datos hablan': un especial en el que analizamos la evolución del voto

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Una mujer ejerce su derecho al voto en un colegio electoral.
Una mujer ejerce su derecho al voto en un colegio electoral. EFE/Jorge Zapata

La participación en las elecciones generales ha seguido una tendencia decreciente cuyos picos han coincidido con los cambios importantes de Gobierno a nivel nacional y, aunque provincias y municipios han seguido una esquema similar, pueden encontrarse algunas regiones donde la participación es más baja que la media y los votantes están menos movilizados.

Melilla, Asturias, Lugo, Ourense y Pontevedra han registrado participaciones por debajo de la media en toda la historia de la democracia motivada, según los expertos, por el descontento y la "sensación de abandono" por parte del Gobierno nacional de algunas regiones. Un fenómeno que también ha afectado a Cataluña, donde la abstención y la visita a las urnas ha servido unas veces para castigar y otras para intentar resolver problemas.

El Estado pierde importancia en Cataluña

La participación en Cataluña realiza un dibujo similar al de la participación en el resto del Estado. Sin embargo, tras unos primeros años ligeramente por encima de la media, todas las provincias comienzan a estar por debajo en 1989.

Esto puede deberse a dos motivos según el profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Barcelona Jesús Palomar: a la incorporación de “una nueva generación de votantes” que ya había crecido en democracia y a la “sensación de desatención” del Gobierno central hacia Cataluña.

Tras las participaciones “anecdóticas” por encima de la media por “la novedad de poder ir a votar” y después de “una situación política de construcción” en la que las autonomías ganaron peso, en 1989, “con un gobierno nacionalista y el partido de Gobierno a nivel nacional como segunda fuerza”, se produce una situación “de desencanto y de desencuentro” de los catalanes ante los intentos de “conseguir acuerdos, competencias y un autogobierno mayor”, explica Palomar.

No obstante, tras una caída generalizada en el año 2000 que también se produjo a nivel nacional y que el experto vuelve a achacar a una “dejadez” del Gobierno de José María Aznar “hacia las necesidades de Cataluña”, la participación repuntó, e incluso se puso por encima de la media en Barcelona y Gerona, en 2004. Este año, explica “regresaron los abstencionistas” descontentos y se produjo un “voto de castigo” al PP por su gestión tras los atentados del 11 de marzo en Madrid pocos días antes de las elecciones.

Desde ahí, la participación siempre es descendente, aunque se observa un ligero repunte entre los comicios de 2011 y 2015. “Aquí entra en juego el debate del proceso independentista”, explica Palomar. Esto, unido a “las opciones de Podemos de ser decisivo en la formación del Gobierno”, se percibía como “una buena oportunidad para solventar el conflicto”, asegura.

Ahora bien, esta participación se volvió a desinflar en la repetición electoral de 2016, cuando todas las provincias catalanas estuvieron por debajo de la media nacional.

Gallegos, asturianos y melillenses, por debajo de la media

Como en Cataluña, la sensación de una falta de “acción potente del Gobierno” en algunas regiones es lo que, para Palomar, hace que haya algunas circunscripciones de España que siempre están por debajo de la media. Entre ellas, destaca Melilla. En la ciudad autónoma, la participación ha registrado datos por debajo de la media nacional en todos los comicios de la democracia. Además, ha situado la cifra de votantes que acudieron a las urnas por debajo del 50% en las tres últimas citas electorales.

En las pasadas elecciones del 26J, los melillenses registraron unas de las participaciones más bajas de la historia de la democracia, 47,5%, solo superada por la baja afluencia a las urnas de ourensanos, pontevedreses y lucenses en 1979, (41,36%, 48,09% y 49,26% de participación respectivamente).

Lo mismo ocurre en Asturias, donde jamás han acudido a las urnas en una proporción mayor que el resto de españoles en una votación al Congreso y el Senado. Un “abstencionismo crónico” al que el profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Vigo Álvaro López Mira encuentra explicación, al menos en Galicia, en varios factores.

Por una parte, el académico indica la existencia de “feudos del centro democrático” que perdieron voto “con una UCD de capa caída” hasta las elecciones de 1982. Por otra, apunta a “la preeminencia rural de Lugo, Ourense y Pontevedra” que “registran participaciones mayores en las elecciones autonómicas y municipales por la proximidad de los candidatos”.

Hay gallegos que ni siquiera han pisado Galicia

Finalmente, combina el “envejecimiento poblacional” de la región con otro “elemento estructural”: el Censo Electoral de Residentes Ausentes (CERA). “Ahí hay gallegos que ni siquiera han pisado Galicia”, afirma López Mira, que hace referencia a la disposición adicional séptima de la ley de Memoria Histórica que entró en vigor en 2008.

Aunque no es determinante, ejemplos de esta última reflexión se observan en distintos momentos del tiempo en las provincias de Ourense y Pontevedra, donde los gallegos en el extranjero han llegado a representar entre el 20% y el 21% del censo.

Segovia, Toledo y Castellón, las que más acuden a las urnas

En el polo opuesto se encuentran las circunscripciones de Segovia, Toledo, Madrid, Castellón y Guadalajara, que, salvo en un caso, siempre han tenido una participación superior a la del conjunto del Estado.

En las primeras elecciones de la democracia, Segovia, Toledo, Guadalajara y Castellón se mantuvieron por encima del 85%, mientras que otras 22 circunscripciones acudieron a votar superando el 80%. Dos años después, ninguna circunscripción llegó a esta cifra. Solo Castellón y Toledo y Valencia, que lo superó por 69 décimas, registraron una participación por encima del 75%.

Coincidiendo con la mayor participación de la historia de la democracia, en 1982 la afluencia a las urnas volvió a estar por encima del 80% en 29 de las 52 circunscripciones, registrando datos por encima del 85% en Castellón (85,94%), Madrid (85,96%) y Toledo (86,61%). Desde entonces, ninguna circunscripción ha logrado superar esta barrera.

El siguiente pico de participación se localiza en Toledo durante las elecciones de 1993 y 1996 (83,4% y 84,15%), que condujeron a la victoria del PP y, aunque las cifras en Segovia, Toledo, Madrid, Castellón y Guadalajara continúan estando por encima de la media, la tendencia ha sido decreciente desde entonces.

¿Cómo fluctúa la participación en los municipios?

Evolución de la participación en las elecciones generales en España ente 2015 y 2016

Evolución de la participación en las elecciones generales en España ente 2015 y 2016. RTVE.es / DATADISTA

En cuanto a municipios, que en el sur encontramos el ejemplo de desmovilización más claro y reciente: Cádiz. Allí, entre 2015 y 2016, la participación descendió casi siete puntos, pasando del 72,41% el 20D al 65,54% el 26J.

Además, Isla Cristina, en Huelva, es el municipio con más de 10.000 habitantes donde menor participación se registró en ambos comicios. La abstención se situó en el 2016 en el 50,21% y en el 2015 en el 49,17%. En 2011 también fue una de las más altas de España con el 43,33%.

Finalmente, Tres cantos, en Madrid, es el municipio de más de 10.000 habitantes donde la participación ha sido más alta en las dos últimas elecciones (81,81% y 85,10% respectivamente) y cuenta con una de las concurrencias más alta en el año 2011 (81,94%), superado por Beniel, en Murcia, que registró la participación más alta con el 83,64%.

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