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Cuando tu casa no es tuya

  • Claudette Habbash lleva casi 70 años sin poder volver a su casa en Jerusalén Occidental
  • Israel ocupó su hogar después de la guerra de 1948 y todavía hoy no ha recibido compensación

Por
Claudette Habbash: cuando tu casa no es tuya

Claudette Habbash mira su casa con una mezcla de tristeza e indignación. Todo está igual, el patio, las baldosas, el viejo buzón de la entrada, incluso los árboles que plantó su padre.

Claudette es palestina, nació y creció en Jerusalén occidental hasta que comenzó la primera guerra árabe israelí (1948) y se trasladó con su familia a su casa de verano a unos pocos kilómetros de allí. Nunca imaginó que jamás regresaría. Aquella guerra partió en dos la ciudad, la parte oriental o árabe y la occidental o judía. La casa de Claudette estaba en la parte occidental. Después de la guerra de los Seis Días (1967), Israel ocupó toda la ciudad.

Jerusalén, epicentro del conflicto palestino-israelí

Jerusalén, epicentro del conflicto palestino-israelí

Ella volvió a ver su barrio pero su hogar había sido confiscado. Bajo la Ley de los Ausentes (1950), Israel se adueñó de casas palestinas. Claudette no entiende por qué no le devuelven la casa, porque ella no está ausente, sigue ahí.

Su antiguo barrio es ahora uno de los más caros de la ciudad. Su casa está valorada en varios millones, pero ella no ha recibido nada.

Cuando le preguntamos si cree que podrá regresar algún día a su casa, nos dice con los ojos húmedos y la voz firme: “Tengo derecho a soñar, puede que yo no, a lo mejor mis hijos, quizás mis nietos. Tengo el derecho de pedir justicia. Amo esta casa”.

Jerusalén, epicentro del conflicto palestino-israelí

Jerusalén es una de la ciudades más complejas del planeta, en la que todo -o casi todo- termina por politizarse. El reciente traslado de la embajada estadounidense de Tel Aviv a Jerusalén ha reabierto el debate sobre su estatus internacional y ha colocado, de nuevo, a la ciudad en el epicentro de cualquier negociación de paz entre palestinos e israelíes.

Las consecuencias de la ocupación están muy presentes en el día a día de la ciudad. En el de Claudette y el resto de protagonistas de 'La Línea Roja de Jerusalén', el programa En Portada de TVE, que ha sido testigo de esos problemas de convivencia a bordo del tren ligero que recorre parte de la ciudad es un testigo mudo de esos problemas de convivencia. Inaugurado en 2011, con un trayecto de casi 14 kilómetros y con 23 paradas, sigue generando polémica, ya que se adentra por la Jerusalén ocupada y conecta los asentamientos ilegales construidos en esa zona. También atraviesa la denominada Línea Verde, que parte la ciudad en dos.

Para todos los públicos En Portada - La línea roja de Jerusalén - ver ahora
Transcripción completa

Subtitulado por Accesibilidad TVE.

Jerusalén despierta

y entre los sonidos del amanecer

se cuela el suave traqueteo de las ruedas

o la campanilla del tranvía.

Por ahora tiene una sola línea: la roja.

Se inauguróhace siete años y nació con polémica,

ya que se adentra por la Jerusalén ocupada.

En esta estación empieza o termina el recorrido

de este peculiar tranvía

que discurre por una de las ciudades más antiguas, más sagradas

y más controvertidas del mundo.

Me llamo Alaá.

Tengo 26 años.

Soy jerosolimitana.

Vivo en Kafr Aqab, un barrio a las afueras de Jerusalén.

Aunque está muy cerca de Jerusalén, está muy lejos.

Todos los días salgo de casa dos horas u hora y media antes

de que empiece mi trabajo en un colegio que está en Shuafat.

Alaá comparte esta pesada rutina con su hermana menor,

y como ellas, muchos vecinos que residen en este populoso barrio

a tan solo 7 kilómetros del centro de Jerusalén.

No es el barrio de sus sueños, pero muchos viven aquí

porque además de ser una zona más barata,

al pertenecer a Jerusalén,

sus habitantes tienen residencia israelí,

que a diferencia de los palestinos de Cisjordania,

les permite trabajar en Israel,

acceder a la Sanidad, Seguridad Social o Educación.

Siempre tienes que estar esperando para ver si puedes entrar o no,

hasta que decidan y les dé la gana de abrir la valla y te dejen pasar.

Esto te causa mal humor y a veces pienso:

Pero ¿Por qué tengo que pasar por todo esto?

Qalandia es uno de los puestos de control más transitados

en los territorios ocupados.

Al llegar, hay que bajarse del vehículo,

pasar andando el control,

someterse a las preguntas de los soldados...

y así todos los días del año.

Antes no había puestos de control como el de Qalandia.

La vida en Kafer Aqab era muy diferente.

Ir a cualquier parte de Jerusalén no llevaba mucho tiempo.

Rejas, alambradas,

soldados que establecen a su antojo el tiempo de espera.

Por aquí entran también los palestinos de Cisjordania,

que al no tener residencia israelí, necesitan un pase especial

con el tiempo que pueden permanecer en la ciudad.

Sus vidas cambiaron en 2002, cuando Israel levantó este muro.

Condenado por el Tribunal Internacional de Justicia de la ONU,

se construyó con el argumento

de impedir la oleada de ataques suicidas contra israelíes

en esos años.

Pero, en Kafer Aqab, el muro separa a palestinos de palestinos.

A veces siento que no me van a dejar pasar.

Que no puedo llegar a Jerusalén, que me devuelven para casa,

que se acabó, que no puedo entrar más

y nunca voy a poder ir a mi trabajo, que tanto me gusta.

Cada vez que cruzo el paso

doy las gracias a Dios por haber podido pasar.

Tanto palestinos como israelíes se decantan

por sus propias compañías de autobuses.

La única línea del tranvía no atraviesa muchas zonas palestinas

Para muchos palestinos de Jerusalén como Alaá,

el tranvía solo pasa de largo.

Es uno de los pocos lugares

donde palestinos e israelíes se miran de igual a igual.

Nunca ha sido el espacio de convivencia

que proclamó el Ayuntamiento jerosolimitano

y solo el infernal tráfico de esta ciudad

hace que algunos dejen de lado sus reparos

para llegar lo antes posible.

Como casi todos los días, dos horas después de salir de casa,

Alaá ha llegado al colegio.

Me imagino si no hubiera nada de esto.

Si no hubiera controles

y entonces me pregunto, ¿cómo llegaría al colegio?

¿Cómo sería entonces mi estado de ánimo?

¿Cómo recibiría a los alumnos?

Después de vivir esta experiencia para llegar,

siento que siempre tengo prisa, estoy nerviosa, molesta.

Imagínate cómo voy a comportarme con la primera alumna que me cruzo

o en mi entrada al colegio.

Mis alumnas son como si fueran mis amigas.

Les enseño matemáticas

y esto les hace querer las matemáticas

y que sea una asignatura fácil para ellas.

Lo malo es... cuando termino el colegio.

Empiezo a pensar que tengo que volver al paso de Qalandia.

Ahí empiezo a acordarme de las aglomeraciones,

los coches, los controles, los soldados...

Esto convierte la relación en esclavo y verdugo.

Ellos son los verdugos y nosotros solo debemos obedecer sus órdenes,

queramos o no.

Esto me duele, es una impotencia...

De verdad..., me cuesta hablar de este tema..., me hace llorar.

El tranvía llegó 16 años después de que se ideara el proyecto

con varios retrasos y cargado de críticas.

Tiene 23 paradas y su recorrido dura poco menos de una hora,

adentrándose por territorios que traspasan la línea verde,

la línea de armisticio que se trazó en 1949

después de la primera guerra árabe israelí

y que separaba la ciudad de Jerusalén

entre la parte oeste israelí y la parte este árabe.

Desde esta estación, en plena línea verde,

el tranvía se adentra por territorios ocupados,

uniendo la parte Oeste de la ciudad

con los asentamientos levantados ilegalmente en el Este.

Según el Consejo de Derechos Humanos de la ONU,

esto vulnera la IV Convención de Ginebra

que prohíbe transferir población civil a territorio ocupado.

Para Israel,

el tranvía es un paso más para la unificación de la ciudad.

Los palestinos lo ven como símbolo de la ocupación

y otro obstáculo para que Jerusalén Este

sea la capital de su futuro Estado.

En Jerusalén se ha planificado una red de tranvías,

unas ocho líneas.

Por el momento, solo utilizamos ésta, la línea roja,

cuyo recorrido es aproximadamente de 14 kilómetros.

Finalmente, tendremos una red

que cubrirá la ciudad a lo largo y ancho,

y las líneas cruzaran todos los barrios

y servirán a todos los sectores de la población

que hay en Jerusalén.

No todos los tranvías del mundo cuentan, como éste,

con cristales blindados en puertas y ventanas,

ni todos disponen en su interior de megafonía en tres idiomas:

árabe, hebreo e inglés;

ni están dotados con tan amplio sistema de vigilancia

que incluye numerosas cámaras en estaciones y vagones.

A pesar del rechazo general de los palestinos a este tranvía,

a algunos les ha servido también como medio para ganarse la vida.

Casi la mitadde sus conductores son palestinos.

Dicen que hace un siglo,

el fundador del sionismo y padre del Estado de Israel, Teodoro Herzl,

soñó con un Jerusalén moderno por donde circularían tranvías.

Un siglo después, tiene hasta su propia estación:

el Monte Herzl.

Nací en abril, en 1945,

tres años antes de la creación del Estado de Israel.

Recuerdo el primer año del Estado, cuando yo tenía cuatro o cinco años.

Me acuerdo que era una ciudad pequeña, en la frontera.

Teníamos una vida normal, aunque había frontera,

porque Jerusalén estaba dividida entre Jordania e Israel

y yo vivía a un kilómetro de esa frontera.

Gideon Biger nació en la Palestina, bajo mandato británico,

unos años antes de que Naciones Unidas

aprobara el plan de partición de Palestina.

En el 48 se proclamó el Estado de Israel

y se produjo la primera guerra árabe israelí.

La ciudad quedó dividida en dos.

En 1967, Gideón participó en la Guerra de los 6 días

por la que Israel se apropió de Cisjordania, Gaza

y el este de Jerusalén.

En los primeros años,

después de que Israel ocupara o liberara,

según la ideología política,

la ciudad vieja y la parte oriental,

había buena relación,

en parte porque había muchos turistas,

muchos israelíes que iban a esa parte a comprar cosas.

Muchos árabes venían a Jerusalén

y de ahí iban a Tel Aviv, al mar.

Era bonito,

pero entonces, la ideología nacionalista creció más y más.

Gideon coge el tranvía siempre que viene a Jerusalén,

aunque ahora no vive aquí.

Para él, esta es su ciudad,

en la que pasó su infancia y juventud.

La comunidad internacional tiene que explicarme

por qué yo soy una refugiada.

¿Por qué me he convertido en una desplazada interna

en mi propia ciudad, en mi Jerusalén?

Como puedes ver, aquí tengo una casa

y gracias a Dios, una casa muy confortable.

Esta es mi casa sí, pero no es mi hogar.

Mi hogar está en Jerusalén occidental.

Claudette ahora vive en Shuafat.

También nació en Jerusalén

antes de la creación del Estado de Israel

o lo que los palestinos denominan la Nakba o catástrofe.

Le acompañamos a su casa en la parte occidental de Jerusalén,

de donde tuvo que salir cuando solo era una niña.

En aquel momento no podía imaginar

que ya nunca más regresaría a su hogar.

A pesar de que era muy joven, todo está guardado en mi corazón.

Mira, en Jerusalén nos han cambiado todo...

Y quieren cambiar nuestras tradiciones,

cuando Jerusalén nunca puede ser una ciudad para una religión,

sino que debe estar abierta para las tres religiones.

¡Mira! esta es la casa de Baranki.

Ahora es un museo.

Estaba en la línea verde, no en zona israelí,

estaba en la línea verde.

Después del 67,

la familia Baranki vino y puso una denuncia

para recuperar sus propiedades.

Pero, claro..., perdió.

A Claudette le asaltan los recuerdos

cuando recorre la parte oeste de la ciudad.

¿Ves esa plaza a la derecha?

¿Este hotel?

Este terreno era propiedad de mi suegro.

Aquí la subida a Talbie.

Me acuerdo muy bien de cuando era pequeña.

Este es mi barrio, mi país.

Esto es lo que es para mí Jerusalén.

Es el lugar donde viví.

Jerusalén o Al Quds, como lo llaman los árabes,

es uno de los lugares más sagrados del mundo.

Musulmanes, cristianos y judíos

tienen aquí sus principales lugares santos.

Antes del amanecer,

Adeeb Jawad Al Husseini inicia ceremonialmente el recorrido,

al igual que ha hecho, durante generaciones,

toda su familia.

Con porte elegante y orgulloso de su deber,

nunca falta a la cita.

Wajeeh Nuseibeh acompaña a Al Husseini cada madrugada.

La ceremonia se repite todos los días,

con los mismos gestos,

la misma rutina e idénticos personajes.

Mientras que la familia Al Husseini tiene la llave,

los Nusseibeh se encargan del trabajo físico

de abrir y cerrar los portones.

Tareas por la que no reciben ningún tipo de remuneración.

La iglesia del Santo Sepulcro

es el monumento eclesiástico más importante de la cristiandad,

así que esto es un honor,

no solo para mi familia,

sino para todos los musulmanes del mundo.

Cada una de las seis iglesias cristianas

que custodia este lugar tiene a su cargo una zona.

Nadie puede mover algo de su sitio sin consultar a los demás.

La más mínima variación,

puede desencadenar una gran pelea entre ellos.

El pasado mes de febrero,

las puertas de esta iglesia se cerraron durante tres días.

Una insólita imagen que dio la vuelta al mundo.

Causó tristeza entre peregrinos y visitantes

y conmocionó a toda la cristiandad.

Una drástica medida para protestar, entre otras cosas,

contra la decisión israelí

de expropiar a las iglesias las tierras

y cobrarles impuestos por sus propiedades.

Ha sido un grito en la cara de los injustos

y ha sido un mensaje y un llamamiento desde el corazón de Jerusalén,

desde el Santo Sepulcro,

dirigido a todos los hombres libres del mundo

para que se movilicen,

no solo en defensa de los cristianos

sino de Jerusalén,

de su historia y su identidad y tradición.

Y por la defensa del pueblo palestino

y su construcción, cristiana y musulmana.

La iglesia Ortodoxa griega es

una de las principales propietarias de tierras en Jerusalén.

Aunque la mayoría de sus propiedades está en Jerusalén este,

Ttambién posee terrenos en la parte occidental,

como en el que está construido el Parlamento israelí.

Los impuestos son solo una parte del problema,

pero no todo el problema.

Nuestra protesta

fue por el comportamiento de la fuerza ocupante israelí

por los intentos de expulsión de los palestinos, es decir,

de vaciar la ciudad de Jerusalén de sus legítimos habitantes

y nuestro rechazo a la declaración

de que Jerusalén sea la capital de Israel.

Es el único arzobispo palestino del patriarcado greco-ortodoxo.

Defensor de los derechos humanos y de la unidad palestina.

Nosotros siempre decimos

que Jerusalén es la ciudad de la paz.

Pero hoy en día, la paz está ausente en Jerusalén,

por la falta de justicia.

Como cuando vienen los colonos

e intentan apropiarse de los lugares santos musulmanes

y agreden nuestras tierras y echan a los palestinos de sus casas

y las ocupan con artimañas que no son legales

ni tienen justificación.

La ciudad vieja repleta de historia y de fe.

Un lugar rebosante de vida y con una atracción especial.

Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Su importancia religiosa hizo que en el plan de Naciones Unidas

para la partición de Palestina de 1947

se estableciera que Jerusalén

debería contar con un régimen especial,

pero nunca llegó a ser implementado.

Sus callejuelas y laberínticos pasadizos

son ahora uno de los lugares más vigilados de todo Jerusalén

donde la convivencia se ha hecho cada vez más difícil.

La explanada de las Mezquitas está bajo la autoridad de Jordania,

custodio de esos lugares sagrados,

pero sus accesos los controla la Policía israelí.

Aquí son cada vez más frecuentes las provocaciones

de colonos israelíes.

La ciudad vieja marca lo que los palestinos consideran

su línea roja.

La línea roja es más Al Aqsa

y ahí sí que vimos movilizaciones el verano pasado importantes, ¿no?

La gente si se echó a las calles.

Con este tema de Jerusalén no se ha echado a las calles

porque es una lucha diríamos, entre comillas, política

y tienen confianza cero en su liderazgo político.

Eugenio y Mikel acostumbrados a pulsar la actualidad de la zona,

coinciden en que Israel está llevando a cabo

una operación de imagen para mostrar una Jerusalén unida e indivisible.

Especialmente en la ciudad vieja,

pero en todo el conjunto de Jerusalén este,

se está produciendo un proceso de judaización

que va avanzando muy rápidamente.

La táctica de Israel parece ser prolongar este "status quo"

con el fin de ir introduciendo más y más colonos en Jerusalén este,

y sobre todo en la ciudad vieja,

y eso es lo que está haciendo con libertad

y sin que haya protestas por parte de la comunidad internacional.

Después de la primera guerra, en 1949,

Jerusalén dividida por la línea verde,

era un territorio de pequeña extensión.

Tras la guerra del 67,

Israel expandió los límites de Jerusalén,

incorporando territorio de Cisjordania,

creciendo así la ciudad.

En 1980, Israel declaró a Jerusalén su capital eterna e indivisible

en contra del derecho internacional.

Como protesta,

la ONU pidió el traslado de todas las embajadas a Tel Aviv.

Meir Margalit, además de doctor en Historia israelí

y activista de derechos humanos,

ha sido, durante varias décadas,

concejal del Ayuntamiento de Jerusalén

por el partido pacifista Meretz.

Cuando entro en un espacio público,

lo primero que hago es mirarle los ojos a la gente

y lo que yo veo es un temor, un temor mutuo.

Todos en esta ciudad viven con miedo.

Aquí hay murallas invisibles

que distinguen entre los judíos y los palestinos.

Aquí estamos prácticamente, no en una ciudad con dos partes,

sino en dos planetas distintos

donde no hay contacto entre la gente.

Hay roce, pero un contacto propiamente dicho

no lo vas a encontrar acá entre la gente.

La ciudad está, después de 50 años de ocupación,

más dividida que nunca.

El palestino es nada más que residente en esta ciudad

y no es ciudadano como lo somos nosotros.

Ahora, la diferencia..., la diferencia es muy grande.

El palestino, por ser residente, si deja la ciudad,

los límites de la ciudad,

por un periodo de..., que ni siquiera está claro.

De acuerdo con la ley son 7 años, pero a veces son 5 años...

Si abandona la ciudad por un periodo determinado,

pierde la residencia.

Meir considera que el temor del Gobierno israelí

a que la población palestina sea mayoría en la ciudad,

le hace tomar medidas como no darles permiso para construir casas.

Un tercio de todas las casas en Jerusalén son ilegales;

pero ilegales, no porque la gente es criminal,

sino porque si no te dan permiso,

no te queda más remedio que construir de forma ilegal.

Ellos construyen, viene el municipio y las destruye.

Demuele casas palestinas.

Lo que es un drama, una tragedia,

porque para el palestino la casa es mucho más

que la suma de los ladrillos y el acero y la arena y las piedras.

Para el palestino, la casa es el mundo entero.

Le destruyes al palestino la casa y le has destruido el mundo entero.

Y esto ocurre en Jerusalén casi todos los días.

Este es el círculo vicioso

por el cual yo defino a la ciudad como una ciudad indecente.

¿Y qué opinas Meir, hablando de la política en general,

de la declaración de Trump

como Jerusalén capital del estado de Israel?

Un acto de terrorismo.

Hay terroristas que ponen bombas en la ciudad

y hay terroristas que traspasan la embajada de Tel Aviv a Jerusalén.

Este es un acto de terrorismo estratégico, incluso.

Este era el último clavo en el ataúd del proceso de paz.

-El presidente Trump no ha dicho todo Jerusalén.

Jerusalén, según Israel, es la capital.

Él solo ha dicho: Jerusalén es la capital

y transfiero la Embajada a Jerusalén.

Por supuesto, a la parte oeste de la ciudad,

sin decir dónde está la frontera.

No lo ha dejado claro,

solo ha dicho: Jerusalén es la capital,

pero no ha dicho en qué parte, desde luego muy astutamente.

Esto puede ser un paso para continuar o reabrir las negociaciones.

Desde mi experiencia, puedo decir:

si ambas partes quieren llegar a un acuerdo con total voluntad,

lo van a alcanzar.

Gideon Biger participó como experto en fronteras

en algunas de las negociaciones de paz

celebradas entre palestinos e israelíes.

Talbie es uno de los barrios más caros de todo Jerusalén.

Sus edificios de piedra blanca y patios ajardinados,

conservan la huella palestina.

Ahí está nuestra casa.

Esa es mi casa.

Bajo la denominada "Ley de Propiedad de los ausentes" de 1950

Israel se adueñó de las propiedades,

tanto de los palestinos que salieron del país,

como de los desplazados internos a los que llama presentes ausentes.

La agencia judía Amidar

se encargó de entregar estas propiedades a los judíos.

Amidar es el custodio de propiedades de los ausentes,

pero yo no estoy ausente, estoy aquí.

Salieron en tiempos de los atentados sionistas

contra los británicos.

Mis padres habían alquilado este estudio.

¿Lo ves aquí?,

a un joven estudiante que resultó no serlo.

Él estaba aquí con un amigo, manejando explosivos...

debajo de la cama.

La Policía militar británica vino... y rodeo todo,

y descubrió... que había explosivos en este estudio

y cuando trataron de abrir la puerta hubo una explosión muy grande.

Había por aquí un gran agujero, originado por aquella explosión.

Así que mi padre, por seguridad,

decidió que nos fuéramos a nuestra casa de invierno en Jericó

y desgraciadamente nunca regresamos.

Israel no establece ningún tipo de indemnización

ni restitución por las casas confiscadas a los palestinos.

En el edificio todavía vive la hija de unos antiguos inquilinos judíos

a quien el padre de Claudette les había alquilado la casa.

Ruthi, mi amiga de la infancia.

Ella me dice: ¿tú crees que vas a volver aquí?

¿Tú crees que se va a cumplir tu sueño?

Le digo sí, ¿por qué no voy a volver?

Le digo: Ruthi, tú sabes quién es el propietario,

a quien pertenece este edificio.

Pero, ha habido una guerra, me dice,

y las guerras cambian las cosas.

Sí, cambian las cosas, pero...

también hay reparación...,

restitución..., compensación...

La casa de Claudette se podría vender ahora

por varios millones de euros.

En ella viven varias familias judías.

En la parte que la familia de Claudette uso como vivienda,

reside ahora un profesor judío.

La primera vez que me encontré con él, me dijo:

este es su hogar, yo vivo en su hogar, venga y mire;

y me invitó a tomar un té con él y acepté.

Pero no entiendo por qué ayer estaba así..., antipático.

Al adentrarnos, escuchamos un portazo.

¿Has oído cómo ha cerrado la puerta?

Todo sigue igual:

la casa, los árboles, las baldosas, las puertas y sus recuerdos.

Este es mi hogar... y sigo diciéndolo,

y mis hijos dicen: este es el hogar de nuestra madre.

Y la cuestión es:

¿Por qué yo estoy en la calle, detrás de la pared?

¿Por qué no estoy dentro?

¿Por qué no vivo aquí?

¿Por qué gente que ha venido de Europa vive... en este edificio

y es su hogar, por qué? ¿con qué derecho?

¿Qué precio tengo que pagar?

Y nosotros, los palestinos,

no hicimos nada malo contra los judíos,

pero estamos pagando el precio

de los horribles hechos de los años 40 en Europa.

Es la estación más concurrida de la línea roja.

La calle Yaffa es una estampa de esta ciudad.

El viernes, a la caída del sol, todo se paraliza.

Es el Shabat.

Día de obligado descanso para los judíos.

El tranvía deja de ser de todos y se queda en las cocheras.

Los judíos ultraortodoxos o jaredín toman entonces la calle.

El tranvía se convirtió en el escenario

de varios ataques terroristas:

Atropellos en las estaciones

y apuñalamientos o intentos de ello en los vagones.

Un estallido de violencia,

protagonizado en su mayoría por adolescentes palestinos,

muchos sin militancia política.

Hubo varios muertos y heridos, israelíes y palestinos,

porque a partir de ahí la orden fue tajante:

"Disparar a matar ante la mínima sospecha".

La desconfianza en los vagones se transformó en miedo.

El tranvía se convirtió

en un espejo más de la violencia del país.

Una espiral de violencia que se vivió también

en las proximidades de la estación de Shuafat,

uno de los barrios árabes de Jerusalén.

Soldados y palestinos protagonizaron durante varios días

fuertes disturbios en esta estación,

después de que unos colonos israelíes secuestraran aquí

a un palestino, de 16 años, al que después quemaron vivo.

Si el Gobierno intentaba con el tranvía

favorecer la convivencia entre palestinos e israelíes,

los nombres de algunas de las estaciones

no parecen los más adecuados.

Dedicados a héroes del movimiento sionista,

a generales del Ejército

o a lugares donde se libraron las más duras batallas

de la Guerra de los Seis Días.

Richard coge el tranvía cuando va al centro.

Esta estación, que lleva el nombre del general israelí,

Yekutiel Adam, muerto en la invasión de Líbano,

es la más cercana a su casa, en el asentamiento de Pisgat Zeev.

El barrio es muy lindo,

es un barrio de familias de Jerusalén,

el barrio más grande de todo Jerusalén.

(Hablan en árabe).

Llegó a Israel desde Uruguay hace 27 años.

Richard tiene hoy día libre en su trabajo como guía turístico

y aprovecha para estar más tiempo con uno de sus cinco hijos.

Su inquieto y enérgico carácter se transforma

cuando coge su libro sagrado.

Richard es también rabino en su comunidad.

Se mudó aquí hace 14 años por recomendación de unos amigos

que también viven en la zona.

Aunque éste es uno de los asentamientos más grandes

construido en la zona ocupada de Jerusalén,

Richard no lo considera un asentamiento ilegal.

No, porque en primer lugar, Jerusalén fue unificada por ley

después de la guerra del 67

y se hizo lo que se llama la "reunificación de Jerusalén".

Yo vivo y pago impuestos a la municipalidad de Jerusalén

y no hay ningún límite visible que separe una parte de la otra.

Usted va por Jerusalén y no sabe dónde era antes

y dónde después del 67; esto ha sido todo unificado.

Con buenas infraestructuras,

colegios, centros comerciales y parques,

Pisgat Zeev se empezó a construir hace unos 30 años

y su población no para de crecer.

Si el Gobierno pretendía, con estos asentamientos,

fortalecer la presencia israelí en el Jerusalén árabe,

no contó con que cada vez más jóvenes palestinos,

de clase media, se trasladan a vivir aquí

para escapar de la escasez de servicios municipales

de los barrios palestinos.

Hay una nueva ley en el Talmud que dice:

los pobres de tu ciudad tienen prioridad,

así como los pobres de la familia tuya tienen prioridad.

Entonces, cada uno se ocupa de su realidad.

Dando una vuelta por la zona, enseguida nos chocamos con el muro.

Una pared de hormigón levantada a pocos metros,

que separa esta acomodada zona

del campamento de refugiados palestinos de Shuafat.

Todos los días,

los vecinos de este asentamiento se levantan con la vista del muro.

Los que lo ven enfrente son los que están cerca del muro

que son la minoría de la minoría porque están en la punta.

La gente que vive en el barrio no lo ve.

Pero eso es como un muro,

como cuando vas por la ciudad y ves un edificio, una estructura,

no sé, un centro de Policía y también un muro alrededor.

A mí no me llama la atención.

La vicealcaldesa de Jerusalén también vive en este asentamiento,

muy cerca del muro.

No me gustó la idea de la valla desde el principio.

Ahora que han puesto el muro,

las Fuerzas de Seguridad dicen que hay más seguridad.

Yo no sé mucho de seguridad,

pero pienso que igual cantidad de seguridad podría haber

sin la valla.

En el campamento ya no entra ningún servicio municipal.

Ni recogida de basuras, ni Policía,

tampoco Servicios Médicos o Bomberos.

Sin apenas escuelas

y con grandes problemas en el suministro de luz y agua.

Me habéis preguntado

cual era la posición del Ayuntamiento sobre esto,

pero, el asunto es más, cual es la posición del primer ministro

porque esto es un asunto gubernamental de mucho peso

El muro separa mucho más que territorio.

Sus vecinos tratan de recomponer su vida

con la mayor dignidad posible.

Un lugar superpoblado

con edificios construidos sin supervisión,

a pesar de estar en zona sísmica.

Drogas y armas al alcance de cualquiera,

mientras escasean las oportunidades y la esperanza.

Un campamento de refugiados dentro de la ciudad de Jerusalén.

Viajar en el tranvía de Jerusalén

significa más que el simple traslado de un lugar a otro.

A pesar de la pretendida convivencia,

en este microcosmos, los judíos son mayoría.

Su trayecto es un viaje por un conflicto

que dura ya demasiado tiempo.

El tranvía ha llegado a su destino.

Es el final o el comienzo de la línea roja de Jerusalén.

Subtítulos realizados por Chus Suárez Liaño.

En Portada - La línea roja de Jerusalén

El reciente traslado de la embajada estadounidense de Tel Aviv a Jerusalén ha reabierto el debate sobre su estatus internacional y ha colocado, de nuevo, a la ciudad en el epicentro de cualquier negociación de paz entre palestinos e israelíes.

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