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Arte

Los universos mágicos de Dorothea Tanning

  • Pintora, escultora y escritora, Tanning fue una de las creadoras más destacadas del movimiento surrealista
  • El Museo Reina Sofía le dedica una amplia retrospectiva que destaca su papel como pionera en la vanguardia

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'Eine Kleine Natchtmusk', 1943, Dorothea Tanning. TATE GALLERY

Existen artistas cuya inquietud creativa trasciende la época que les tocó vivir. Es el caso de Dorothea Tanning (1910-2012, EE.UU.): pintora, escultora, ilustradora y al final de su longeva vida- murió a los 101 años- se lanzó con ímpetu a la escritura.

Tanning desbordó los límites del surrealismo hacia una imaginación desbocada que entronca con un mundo mágico de fantasía y ejerció de pionera en la vanguardia. En una evolución posterior en los años 50, la prolífica autora dio por superado el movimiento, que ya valoraba como “fósil”, y viró hacia la abstracción.

El Museo Reina Sofía recoge el guante de una de las creadoras más destacadas del siglo XX, aunque no tan conocida por el gran público, y le dedica una amplia retrospectiva con más de 150 obras (Detrás de la puerta, invisible, otra puerta. Hasta el 7 de enero de 2019).

La puerta como umbral entre dos universos

Dorothea Tanning defendía con firmeza el poder del arte para crear espacios y conceptos más allá de lo real. La selección pivota sobre el concepto simbólico de la puerta como umbral entre dos universos. Una idea sobre la que insistió en su carrera.

'Maternity', 1946, Dorothea Tanning COLECCIÓN PARTICULAR

“La puerta es una invitación a aventurarse más allá de lo real y a entrar en un mundo de sueños y miedos. Es un concepto muy próximo al de atravesar el espejo de Alicia en el país de las maravillas. La idea que recorre toda la exposición es cómo explorar la imaginación con esta experiencia”, señala la comisaria Alyce Mahon a RTVE.es.

Mahon también explica que la estadounidense allanó el camino a una generación de "mujeres rebeldes" que se negaban a formar parte de "lo que se esperaba de ellas" y quisieron crear "su propio lenguaje".

“Mujeres artistas. No existe tal cosa —ni persona. Es una contradicción en los términos lo mismo que «hombre artista» o «elefante artista». Puedes ser mujer y puedes ser artista; pero lo primero te viene dado y lo segundo eres tú”, señaló Dorothea Tanning.

La originalidad de su voz queda patente en su obra, que a veces ha permanecido en la sombra por la celebridad de algunos de sus homólogos masculinos como Duchamp o su marido Max Ernst, apóstol del dadaísmo y experto ajedrecista, porque en esta historia de vida y arte este juego de inteligencia ocupará un papel central.

Las mujeres rebeldes del surrealismo

Nacida en un conservador Illinois, la madre de Tanning siempre fomentó la creatividad entre sus hijas. La pequeña Dorothea creció leyendo con fascinación a Wilde, Lewis Carroll o Hans Christian Andersen.

El punto de ruptura saltó con la exposición dadaísta de Alfred Barr en 1936 en el Moma de Nueva York. Plantó en la mente de la joven la idea de viajar a París en pos de la vanguardia. 

'Birthday', 1912, Dorothea Tanning MUSEO DE ARTE DE FILADELFIA

Como ejemplo de este trabajo, encontramos su mítico autorretrato Birthday (Cumpleaños, 1912), que se puede contemplar en la muestra madrileña, y marcó una clara línea hacia el surrealismo en sus series de puertas semi abiertas hacia el infinito.

“Esta idea conecta con lo contemporáneo porque ella creía en la imaginación abierta como un concepto de vanguardia. La imaginación para unir a la gente”, aporta la comisaria e investigadora de la obra de la estadounidense.

Su retrato es una obra curiosa en la que aparece vestida de forma teatral y deja parte de su cuerpo al descubierto con una criatura mitológica a sus pies. La obra epató a Max Ernst, que le aportó el título, y despertó su interés por conocer a la pintora. Birthday fue expuesto en la histórica galería de la marchante y coleccionista de arte Peggy Guggenheim, por aquel entonces pareja de Ernst.

A partir de aquí, un cruce de caminos sentimental y artístico. Cuentan que tras entablar una partida de ajedrez, un juego que ambos idolatraban y que Tanning definió como “voluptuoso y cerca de los huesos”, se enamoraron y juraron no separarse. Lo cumplieron. Se casaron en Hollywood y permanecieron juntos hasta la muerte de Ernst en 1976. La exposición del Reina Sofía también dedica un espacio a esta relación y al nexo ajedrecístico común.

'Emma', 1970. Tela, lana y encaje. Dorothea Tanning MUSEO DE ARTE NELSON-ATKINS

Otro de los temas en los que ahondó Tanning es la psicología infantil y en la idea de "la niña preadolescente" que está a punto de alcanzar la conciencia de la sexualidad aportando una nueva dimensión al surrealismo en un momento en que André Breton aconsejaba que la sociedad "desgarrada por la guerra" necesitaba buscar "inspiración" en lo femenino.

Otra de las facetas de su trayectoria fueron las esculturas "blandas" de material como la lana que simulan el cuerpo humano desnudo pero sin especificar el género, con el objetivo de explorar "el deseo ilimitado", según ha explicado Mahon. En este sentido, el énfasis de la blandura también desafió entonces la moda del minimalismo de vanguardia en el mundo del arte.

Son parte de los muchos universos que Tanning, que tuvo la habilidad y la inteligencia de escaparse de los cánones, aunque se intuye mucho de Dalí entre sus influencias. La autora fue un paso más allá e introdujo las novedades en los espacios cerrados y los saltos cronológicos como aportación de su genialidad efervescente.

Como contábamos, su mente no paraba de bullir. Ya pasada la ochentena, cambio los pinceles por la pluma y firmó dos libros de poemas y varios volúmenes de memorias.

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