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Guerra en Siria

Idlib, suspendida la última batalla en Siria

  • El acuerdo de Sochi entre Rusia y Turquía suspende la inminente ofensiva del régimen sirio
  • En el último feudo rebelde viven 2,9 millones de personas, la mayoría de ellas civiles

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La ofensiva sobre Idlib, el último bastión rebelde en Siria, queda en suspenso

Llevaban semanas sonando los tambores de guerra sobre Idlib, y el régimen sirio parecía preparado para lanzar la gran ofensiva sobre el último bastión rebelde. Algunos medios ya lo llamaban la última batalla de la Guerra en Siria, ante la alarma de Naciones Unidas, que no ha parado de advertir del más que probable desastre humanitario que podría desencadenar. Pero tras más de cuatro horas de reunión en Sochi, el presidente ruso, Vladímir Putin, y el turco, Recep Tayyep Erdogan, anunciaban este lunes un acuerdo que retrasaba el ataque.

"Hemos acordado crear una zona desmilitarizada entre las áreas rebeldes y las del régimen", señalaba Erdogan en rueda de prensa. "Los rebeldes radicales serán sacados de la zona, incluido el Frente Al Nusra", anunciaba Putin.

El acuerdo, que entrará en vigor el 15 de octubre, incluye que la zona desmilitarizada tendrá entre 15 y 20 kilómetros de ancho y estará vigilada por Moscú y Ankara, que ya tienen allí puestos militares de observación. Los grupos rebeldes tendrán hasta el 10 de octubre para replegar armamento pesado como tanques y baterías antiaéreas.

El pacto ha sido saludado por la ONU, que no obstante invita a las partes a profundizar y buscar consensos más amplios que detengan los combates. Ha sido, además, una nueva iniciativa regional de Rusia, que ha apartado a Washington de la resolución del conflicto y acerca a Ankara hacia el Kremlim.

Tantas dudas como certezas

Sin embargo, pese a que suspende la inminente ofensiva, el acuerdo no genera mucha confianza en los vecinos de la localidad. "Lo que decidieron es sólo como dar calmantes a la población, pero no creemos en ellos", comentaba a Reuters Rami, un residente que llegó allí huyendo de los combates en Alepo.

El pacto, de hecho, deja casi tantas dudas como certezas. La región es desde principios de 2015 uno de los principales feudos rebeldes y, actualmente, su último bastión. Tras la caída de Alepo y Raqqa, miles de yihadistas, muchos de ellos extranjeros, encontraron refugio allí. Se calcula que hay alrededor de 70.000 combatientes de distintas milicias. La más poderosa, con unos 10.000 guerrilleros, es Hayat Tahrir Al Sham, coalición en la que está integrada la filial de Al Qaeda en Siria.

La ONU advierte de una catástrofe humanitaria en Idleb, último bastión opositor en Siria

También hay otras como el Frente Nacional para la Liberación, patrocinado por Turquía, o el secular Ejército Libre Sirio. Y en el norte, las guerrillas kurdas. Sin embargo, el acuerdo no establece ni a dónde irán esas milicias radicales ni cuál será el criterio para diferenciar entre los rebeldes yihadistas y los que no lo son, o entre ellos y los civiles.

Idlib es también una región estratégica para Damasco, que pese a aceptar el pacto ha prometido recuperar “cada centímetro” de Siria. La región conecta los territorios bajo dominio del Gobierno con Latakia, región vecina de mayoría alauí, la secta chií de Al Asad y donde se encuentran sus seguidores más fieles. Y por allí pasa también una de las principales carreteras que conectan el norte con el sur del país, fundamental para el comercio, el transporte y el abastecimiento. Es clave también para Rusia, aliado del régimen, ya que la Idlib rebelde está a pocos kilómetros de su principal base militar en Siria. Además, tiene cientos de kilómetros de frontera con Turquía.

Casi tres millones de civiles atrapados

Una de las mayores preocupaciones son las consecuencias humanitarias de una posible ofensiva del régimen para recuperar el territorio. "Tiene que haber maneras de solucionar este problema sin que Idlib se convierta en la peor catástrofe humanitaria con la mayor pérdida de vidas humanas del siglo XXI", declaró hace diez días el subsecretario general de la ONU para los Asuntos Humanitarios, Mark Lowcock, en una rueda de prensa en Ginebra.

En Idlib viven 2,9 millones de personas, la mayoría civiles. Muchos de ellos son desplazados de otras zonas de combate y cerca de un millón son menores que temen el estallido de la batalla. "Los niños tienen miedo", comenta Mohamed, profesor de una escuela. "Estamos al lado del frente y cuando escuchamos las detonaciones, sabemos que el peligro está cerca", añade.

Turquía ya ha enviado tropas para reforzar, tanto sus puestos fronterizos, como los doce que tiene en la zona de desmilitarización. Pero ante el riesgo de que se desencadene la batalla, cientos de familias ya han comenzado a huir del centro de la región para intentar acercarse a la que será la zona neutral, los puestos de observación de Rusia y Turquía, con la esperanza de que allí tengan menos probabilidades de ser alcanzados por los bombardeos. La situación queda en una tensa calma que, para muchos, tan sólo es un retraso de una batalla que llegará tarde o temprano.

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