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Christian Petzold: "Los refugiados son fantasmas para la sociedad porque hemos dejado de verlos"

  • RTVE.es entrevista al cineasta alemán por su último filme, En tránsito
  • Un drama romántico sobre el limbo en el que permanecen los exiliados
  • Una cinta experimental que funde la IIGM con la Marsella actual

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Relata el viaje de Georg (Franz Rogowski), un joven que durante la IIGM suplanta la identidad de un escritor muerto

En tránsito, la última película del cineasta alemán Christian Petzold, es un arriesgado experimento en el que se funden pasado y presente en una realidad compleja: el director traslada las deportaciones y la persecución de los judíos durante la IIGM a la Marsella de hoy.

Un telón de fondo que introduce una densa y atípica historia de amor entre exiliados, y que desgrana el angustioso periplo en tierra de nadie de los que huyen, ahogados por una interminable burocracia mientras esperan un visado o pasajes para un barco que no llega. La cinta ha arrancado el Festival de Cine Alemán en Madrid y se estrena este viernes, 15 de junio.

La narración relata el viaje de Georg (Franz Rogowski), un joven comunista alemán que durante la ocupación nazi suplanta la identidad de un escritor muerto para utilizar su visado y poder obtener refugio en México.

Recala en Marsella donde se enamorará de Marie (Paula Beer), una misteriosa mujer que busca desesperadamente a su esposo, al que previamente ha abandonado, y sin el que no está dispuesta a marchar.

Petzold deja atrás la “reconstrucción histórica” de sus películas más recientes (las multipremiadas Bárbara Phoenix) pero se inspira de nuevo en su novela favorita, Tránsito, la semibiografía de la autora alemana Anna Seghers escrita en 1942 en Marsella. “Lo que quería era traer al presente los fantasmas del pasado y encontrar los paralelismos”, explica Christian Petzold a RTVE.es a su paso por Madrid.

El director tampoco abandona el concepto de “tránsito”, recurrente en su filmografía, que en su última cinta está representado en el “limbo” donde se encuentran atrapados los refugiados, personas en los márgenes de la “vida normal” donde les es imposible avanzar o retroceder. Un microcosmos donde los exiliados, rechazados por todos, se convierten en “fantasmas” para la sociedad.

“En Berlín, un pabellón al lado del viejo aeropuerto de Tempelhof se convirtió el año pasado en un gran campo de refugiados. Había 5.000 refugiados ahí, sin embargo yo no los veía. Me preguntaba, ¿por qué no los veo?, ¿por qué no soy capaz de verlos?, ¿por qué no quiero verlos?, ¿por qué los esconden?, ¿son fantasmas?. Creo que es el destino de los refugiados el no ser vistos, el no querer que estén ahí pero la realidad es que están ahí”, reflexiona Christian Petzold sobre los hechos que se repiten a través del tiempo.

El amor como redención

En el filme, Georg y Marie representan la lucha por la supervivencia, pero su condición de errantes e invisibles se redimirá por el amor a través del que “se convierten en personas y materializan su destino”.

La película también explora las ideas de la lealtad o el sentimiento de culpa que asfixia a la ambigua Marie, que invita a pensar en una frase recurrente en la narración: ¿Quién olvida antes el que abandona o el que es abandonado?.

En tránsito transmite una visión hipnótica, entre el sueño y la realidad, que genera angustia e inquietud por el futuro incierto de unos seres atrapados, a la vez que plantea un reto filosófico al espectador.

null En el filme, Georg y Marie representan la lucha por la supervivencia.

Con un halo de cierta poesía, la historia es tan incómoda como formalmente aséptica. Un viaje donde deja huella la expresión del rostro de un atormentado Franz Rogowski que contiene enigma, soledad y desarraigo.

El filme, en el que resuenan ecos reconocibles de Casablanca en el personaje de Georg, se mueve a medio camino entre el melodrama existencial, la distopía y los resortes del cine negro de los que bebe abiertamente el trabajo de Christian Petzold.

En tránsito también impacta con varios giros dramáticos que conducen al desgarro de una fotografía cercana que inevitablemente nos rodea y conmueve, en una semana marcada por la actualidad de los migrantes del Aquarius abandonados a su suerte en el Mediterráneo.

“Cuando escucho ahora esos debates sobre política migratoria, sobre patria, sobre muros, siento que son debates absurdos con una terminología absurda. Siento que nosotros somos los fantasmas, y ellos, los protagonistas, hace tiempo que nos han dejado atrás”, concluye el realizador germano.

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