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El modisto Miguel Becer reinterpreta los códigos del folclore de Navalmoral de la Mata(Cáceres)
Madrid Fashion Week

Miguel Becer, raíces y agujas

  • El modisto reinterpreta el folclore de Cáceres

  • Su estilo es atrevido pero respeta los dictados de la costura

  • Maneja códigos masculinos que reinterpreta con una nueva feminidad

  • Todos los desfiles de Madrid Fashion Week

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Miguel Becer es uno de los modistos que forman ese grupo inconformista e inquieto de la moda española. Esta es su novena colección aunque es la quinta que presenta en una pasarela, el lugar que utiliza para expresar lo que siente con su trabajo.

“Lo que quiero es que la gente se divierta con la ropa”, dice junto a su colección, que se llama NEGRO y en negro se tiñe casi por completo, a pesar de estar concebida para la primavera y el verano de 2018. “Eso ya da igual porque tan pronto tenemos un pedido de Australia como nos piden unas gafas desde Polonia”, cuenta.

 Una nueva feminidad que parte de lo tradicionalmente llamado masculino.

Su firma, ManéMané, es global y no conoce fronteras pero sí tiene muy en cuenta sus raíces. El diseñador, nacido en Navalmoral de la Mata (Cáceres), bucea en el folclore de su tierra para rescatar piezas y técnicas con historia que se siguen haciendo gracias a que las tradiciones se siguen pasando de una generación a otra.

La idea de esta colección es como si abres el armario de tu abuela y dices cómo me pongo yo esto, y lo que hemos hecho es abrir las prendas y volverlas a construir de una forma distinta”, cuenta Becer que convierte una bata de ‘andar por casa’ en un sofisticado y romántico abrigo.

 Un golpe de rojo rompe con la hegemonía de tonos oscuros.

Y él las rehace con rebeldes asimetrías y utilizando tejidos que adora, como el denim con el que trabaja camisas y faldas en tonos oscuros. El foco de atención de la silueta es la cadera y no la cintura, pero también llaman la atención los complementos que tienen mucha personalidad en la colección. Zapatos de suela potente – muy urbanos-, bolsos de grandes asas, cinturones ochenteros de aire charro y sombreros de ala vintage aportan un plus interesante.

Muchos tonos, tejidos y formas tienen adn masculino pero Becer los transforma con una nueva elegancia, joven y urbana, para que adquieran el aire de una rotunda feminidad, menos evidente, menos cursi. Becer juega al contraste de tejidos, superpone transparencias que aportan profundidad y utiliza los acolchados que dan un efecto tridimensional. Lo mismo ocurre con las texturas mate, ricas en matices, y los brillos de cristal con los que salpica prendas o complementos y las lentejuelas enormes que se adueñan con poderío de una majestuosa capa.

 Los tejidos acolchados viajan desde el pasado para tomar una nueva vida.

Toda la colección hace guiños al folk, al luto en el campo, intenso y largo, pero también al deporte. Vemos chaquetas muy trabajadas con escotes en la espalda y tirantes que se doblan hacia el interior como las camisetas del baloncesto. Las medias se fruncen para imitar a las nubes, siempre buscando aligerar una colección de fuerte carga dramática y estética. “No quiero hablar de verano o invierno, cada prenda tiene un universo propio”, dice.

 Miguel Becer con las modelos del desfile.

Destaca, por encima de todo, una falda que hace en dos versiones. Una tiene cuatro metros de tela y para la otra ha empleado cinco. “Va toda jareteada a mano por una señora de mi pueblo que ha estado trabajando durante meses, como hacen con las faldas de los trajes regionales pero yo acorto las faldas y le pongo una tela nueva que parece envejecida para tener así un patrón y un aire más juvenil”, revela entusiasmado.

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