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 Dos niños gazatíes esperan sentados al lado de sacos de comida provenientes de la ayuda humanitaria de Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo.
Dos niños gazatíes esperan sentados al lado de sacos de comida provenientes de la ayuda humanitaria de Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo. AFP PHOTO/ SAID KHATIB

Tres años de la tregua en Gaza

  • Los desacuerdos políticos dificultan la recuperación del país

  • Las duras condiciones de vida podrían reavivar el conflicto

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Tres años después de la firma de la tregua entre Israel y las milicias palestinas lideradas por Hamás, la Franja de Gaza está sumida en la desesperanza, la decepción y la pobreza.

En un primer momento, este pacto, conseguido con la mediación egipcia, supuso un respiro a este enclave palestino poniendo fin a los cincuenta días de enfrentamiento, a una gran destrucción de infraestructuras y a la pérdida de vidas de ambos bandos. Según cifras de la ONU, murieron 2.251 palestinos (1.462 de ellos civiles) y 73 israelíes, 67 de ellos soldados.

No obstante, las ilusiones de los dos millones de habitantes que viven en la Franja se han difuminado al observar que, con el paso del tiempo, no se han cumplido las promesas de recuperación, siguen bajo un férreo control israelí y las condiciones de vida cada dían empeoran aún más. 

Pesimismo entre los habitantes

Los ciudadanos son pesimistas ante la recuperación y algunos de ellos defienden que aún no pueden celebrar completamente el acuerdo. Este es el caso de Hani Habib, analista político de Gaza, quien afirma a EFE “que nada ha mejorado y la vida diaria se ha convertido en algo muy difícil y complicado. Hay partes del acuerdo de tregua que no se han implementado".

El empeoramiento de la situación en Gaza "tiene como objetivo ejercer presión política a largo plazo en dos millones de personas que viven en 360 kilómetros cuadrados para obligarles a aceptar cualquier solución futura que liquide la causa palestina", opina Habib.

El movimiento islamista Hamás y las milicias armadas en el territorio declararon la tregua como un triunfo  avecinando una mejora de las condiciones. Sin embargo, la población aún no ha experimentado estos cambios ya que el bloqueo se mantiene y la crisis humanitaria se exacerba por la falta de electricidad.

100.000 hogares afectados

Sentado en lo que un día fue el jardín de su casa, en la ciudad de Beit Hanun, en el noreste de la Franja, Abu Ahmed al Masri, de 62 años, recuerda la vivienda que perdió en el verano de 2014, cuando un bombardeo aéreo israelí la convirtió en escombros.

"Espero que los donantes reconstruyan pronto mi casa y nuestro sufrimiento se acabe", dice a Efe, con pocas esperanzas de que vaya a ocurrir en el corto plazo y pueda unirse con sus hijos y nietos, separados durante los últimos tres años.

Según datos del Ministerio Palestino de Vivienda y Obras Públicas, alrededor de cien mil hogares quedaron destruidos o gravemente dañados en la guerra. Además, hay todavía 33.000 palestinos que viven desplazados y más de ellos no reciben asistencia debido a la falta de fondos para la reconstrucción.

En cuanto a las fronteras, al contrario de lo que se estableció en la tregua siguen cerradas, los movimientos comerciales están restringidos, los pescadores solo pueden pescar a seis millas de la costa y los cortes de electricidad han llegado en ocasiones a las veinte horas diarias.

"El desempleo ha aumentado a un 32% y el índice de pobreza a un 53%. Unido a solo tres horas de electricidad al día, la vida en Gaza es miserable", señala a Efe Maher Al Tabaa, portavoz de la Cámara de Comercio de Gaza.

"La crisis aquí no deja de crecer y no hay esperanza de que se resuelva pronto debido a la ausencia de una solución política al bloqueo y a la división palestina", asegura.

Desacuerdos políticos

El enfrentamiento político entre el islamista Hamás y el nacionalista Al Fatah, encabezado por el presidente palestino, Mahmud Abás, no ha hecho más que empeorar.

En 2006, Hamás, organización palestina que se declara como yihadista, nacionalista e islámica, ganó las elecciones parlamentarias palestinas, y un año después lanzó una ofensiva para controlar la franja. En cuestión de días expulsó a las autoridades gazatíes de Al Fatah, creándose una bicefalia en los territorios palestinos: Gaza controlada por Hamás y Cisjordania por Al Fatah.

Antes del conflicto, Hamás encontraba en una posición difícil, Israel ejercía un fuerte bloqueo y la popularidad del grupo islámista estaba erosionada. Por ello, las negociaciones entre la Autoridad Nacional Palestina e Israel dejó a Hamás en un segundo plano.

No obstante, el fracaso de esas negociaciones permitió dar a Hamás un paso ansiado por la mayoría de palestinos: la reconciliación con Al Fatah y la formación de un Gobierno de Unidad Nacional para hacer frente a Israel para conseguir una tregua.

Tras numerosos desacuerdos, Abás ha dado un ultimátum a Hamás: o abandona el control de la Franja y lo devuelve a la Autoridad Nacional Palestina (ANP, que él preside), o se desvincula del pago de servicios en el enclave.

La ANP ya ha dejado de abonar el 25 % de la factura de la luz, provocando que Israel deje de suministrar la parte impagada, reduciendo los salarios y suspendiendo los pagos a los familiares de presos de Hamás.

Posibilidad de reavivar el conflicto

"Los residentes de Gaza viven un auténtico desastre desde el comienzo de la crisis eléctrica, de combustible, sanitaria y salarial", asegura la ONG internacional Oxfam, que alerta de que "el acceso a servicios básicos como agua y sanidad ha empeorado" respecto a 2014 y son inaccesibles para unas 900.000 personas.

Además, la mitad de las plantas de tratamiento de aguas no han operado desde esa fecha y ahora no lo hace ninguna. Esto ha producido la contaminación del mar y la proliferación de enfermedades.

Según afirmó el ministerio palestino, docenas de niños han sido tratados en los últimos meses después de sumergirse en aguas residuales, "demasiado tentadoras cuando están de vacaciones" y el calor aplasta las áridas tierras del desierto. Uno de los últimos casos, según informa Reuters, ha sido la muerte de Mohammed al-Sayis, de 5 años, tras bañarse en las aguas contaminadas en el Mediterráneo.

"Si la crisis de Gaza continúa sin esperanza de resolución inmediata, me preocupa que la población antes o después deje de estar en silencio y que haya más violencia contra Israel o contra Hamás y Abás", advierte Maher Al Tabaa, portavoz de la Cámara de Comercio de Gaza.

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