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Se cumplen 50 años de la muerte de René Magritte

Magritte, el constructor de fantasías surrealistas

  • Se cumplen 50 años de la muerte del genio del surrealismo belga

  • Magritte basó su arte en cuestionar la relacion entre objetos y lenguaje

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Maestro del humor absurdo, el chiste visual y emblema del surrealismo belga. Son algunas de las señas de identidad del pintor René Magritte (Lessines, 1988 - Bruselas, 1967), mundialmente conocido por sus obras a medio camino entre el ingenio y la provocación.

Este martes, se cumplen 50 años de la muerte de uno de los autores más célebres de su país, y los homenajes se suceden en Bélgica, que coronará los honores a Magritte con una gran exposición en el museo que lleva su nombre el próximo otoño en Bruselas. Una muestra que incide en el diálogo entre su arte y el del autor conceptual Marcel Broodthaers.

 'El asesino amenazado', 1926. MOMA, NY

Magritte apostaba por una obra que exigiera la participación activa del espectador, pero rechazaba sesudas interpretaciones sobre sus pinturas a las que prefería dotar de cierto halo de misterio.

El enigma sigue rodeando a sus creaciones, cuya influencia en el cine continúa más viva que nunca: una escena de Los abrazos rotos de Almodóvar se inspira en su inquietante lienzo Los amantes, a modo de ejemplo.

“El arte de pintar es el arte de pensar”, aseguró el pintor, cuyas obras marcadas por la sencillez, también entroncan con el razonamiento filosófico.

Pieles con textura de madera, pinturas que se confunden con ventanas, espejos que reflejan lo que queda detrás de ellos. Un falso espejo para "desfamiliarizar con lo que estamos familiarizados", subrayaba, para poner en duda las bases más incuestionables de la lógica.

Camino al realismo mágico

Él mismo confesó que observar las pinturas surrealistas de Giorgio de Chirico, del que se puede disfrutar estos días de una gran muestra en CaixaForum Barcelona, le abrió los ojos. Supuso un punto de inflexión en su carrera y encaminaría sus pasos, inspirado por las creaciones del italiano

René Magritte desarrolló en una primera etapa pinturas bajo el influjo del futurismo y del cubismo. Viajó a París donde tomó contacto con autores como Éluard, Breton, Arp, Miró y Dalí, de este último afirmó que le irritaba y le fascinaba a partes iguales.

Al contrario que el genio de Figueras, el surrealismo de Magritte no es un medio para exorcizar demonios personales. El belga se sirvió de la ironía como arma de debate. Su misión fue cuestionar la realidad y sumergirse en la verdad del subconsciente rompiendo el discurso narrativo.

Desencantado con la experiencia parisina, el pintor retornó a Bélgica, donde permanecería hasta su muerte, y dio rienda suelta a su concepto de arte basado en la relación de los objetos con el lenguaje.

Magritte manipulaba objetos de la realidad cotidiana para devolver un chispazo visual al observador. Sus creaciones estaban en diálogo constante con otros artistas, entre ellos Miró, en el que se basó para su célebre serie “La traición de las imágenes”, en la que jugaba con la deconstrucción del lenguaje y el engaño visual.

A esta selección pertenece el famoso lienzo Esto no es una pipa (Ceci n'est pas une pipe, 1929) que representa la ambivalencia entre la palabra y la imagen.

El cuadro muestra una pipa pero en realidad no lo es, según sostiene el autor, sino la imagen que representa una pipa, en una suerte de trampantojo que escandalizó en su momento.

 'Esto no es una pipa', 1929, Magritte, de la serie "La traición de las imágenes" / Mr. and Mrs. William Preston Harrison Collection

Durante toda su existencia, el pintor belga ahondaría en el estudio del espacio real frente a la ilusión espacial, y su estilo se denominaría realismo mágico: manzanas verdes, bombines, nubes blancas y palomas pueblan sus lienzos, que influyeron en el filósofo Michel Foucault, íntimo amigo de Magritte.

En los últimos años de su trayectoria, el artista alcanzaría gran éxito, y además del museo que lleva su nombre en Bruselas, sus creaciones están expuestas en centros de arte como el Moma de Nueva York (El asesino amenazado, 1926) o el Thyssen de Madrid (La llave de los campos, 1936).

En el plano personal, quedó marcado por la tragedia del suicidio de su madre, que se arrojó al río cuando Magritte tenía 13 años, aunque él siempre negó la huella de su biografía en su carrera; amante del cine y fan del personaje de ficción Fantomas, René Magritte siempre se esforzó en cultivar la imagen de hombre sencillo y casero.

Una pátina de normalidad que escondía una imaginación maravillosa y un torrente de ingenio punzante, considerado estandarte del cáustico humor de Bélgica, un país que sus propios ciudadanos califican de surrealista.

MEDIO SIGLO SIN MAGRITTE, EL GENIO DEL SURREALISMO BELGA Magritte con su típico bombín, en una imagen cedida por los Museos Reales de Bellas Artes de Bélgica. EFE

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