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Lorca en el jardín de las adelfas de la Residencia de Estudiantes,1919. FUNDACIÓN FEDERICO GARCÍA LORCA

Lorca se despide de su amada Residencia de Estudiantes

  • Una muestra en la Residencia de Estudiantes recoge el paso de García Lorca

  • La exposición se celebra con motivo del traslado del legado del poeta a Granada

  • La importancia de la Residencia fue crucial en la vida y obra del genio granadino

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Lorca amaba el universo de la Residencia de Estudiantes. Abundan las fotos de un joven poeta de paseo por sus jardines, descansando con sus amigos Dalí, Buñuel y Pepín Bello, con los que perpetraba inocentes gamberradas, o tocando el piano sonriente en sus aulas.

“Hay varias cartas en las que García Lorca comenta lo agradable que era el sitio. En aquella época, el edificio estaba en las afueras de Madrid (actual distrito de Salamanca). Era una especie de apartamiento simbólico y Buñuel cuenta cómo se iban a leer poesía a un lugar en mitad del campo”, señala a RTVE.es Andrés Soria, catedrático de Literatura Española de la Universidad de Granada.

 Lorca con turbante en la Residencia, 1924. FUNDACIÓN GARCÍA LORCA

En la Residencia, Lorca halló el necesario estímulo intelectual para explotar creativamente y se amoldó con entusiasmo a la efervescencia cultural de una institución, por la que desfilaron como conferenciantes figuras de la talla de Einstein, Marie Curie, Howard Carter, Freud o Stravinski.

“Federico y sus amigos asistían a las conferencias y se reunían en las habitaciones donde debatían mientras tomaban té, que no vino, porque estaba prohibido, y luego escribían, pintaban o componían. Era una comunicación fluida en el plano intelectual y de amistad”, afirma el profesor sobre la vida que llevaba el poeta en sus primeros años en la capital.

"No es ninguna fonda"

En una carta dirigida a sus padres en 1922, Federico les suplica que le dejen seguir en este lugar que tiene un “ambiente maravilloso” y “no es ninguna fonda”, comenta, para espantar los recelos de sus progenitores acerca de este centro progresista que hizo bandera del impulso a la ciencia y el arte.

La petición a la familia llega en un momento de encrucijada vital. El joven había abandonado la carrera de Derecho, y su primera obra teatral, El maleficio de la mariposa, había fracasado en las tablas. Sus padres, preocupados por su futuro, le pedían que volviera a Granada. Sin embargo, el autor de la Casa de Bernarda Alba defiende con pasión en la misiva la “necesidad artística” de permanecer en este laboratorio de ideas, y anticipa su inmenso talento rogando que no le corten las alas:

 “Yo es que he nacido artista, como el que nace guapo, como el que nace cojo. Dejadme las alas en su sitio, que yo os respondo que volaré bien (…) si me devolvéis a Granada me ahogo”.

Alguna de estas cartas de Federico, dos de ellas inéditas, junto a manuscritos, libros, fotografías y obras plásticas se engloban en la exposición “Una habitación propia” (Residencia de Estudiantes, c/ Pinar, 23, Madrid. Hasta el 27 de julio), que recoge el paso del granadino por la institución a la que estuvo vinculado, primero como residente (1919-1928), y en una segunda etapa, desarrollando proyectos como escritor reconocido hasta el estallido de la Guerra Civil.

El título de la muestra es un guiño al texto de Virginia Wolf en el que reclamaba una habitación propia para escribir, con motivo del próximo traslado, aún sin fecha, del legado del poeta desde Madrid donde permanece desde 1986, al Centro Federico García Lorca de Granada.

 De izquierda a derecha, Louis Eaton-Daniel, Juan Centeno, Federico García Lorca, Emilio Prados y José (Pepín) Bello en una habitación de la Residencia, 1924. FUNDACIÓN FEDERICO GARCÍA LORCA

La estancia en la Residencia de Estudiantes marcó a García Lorca; entre sus salas se fraguaron obras como Mariana Pineda o el Romancero Gitano, cumbre de la poesía universal.

Con cierta sorna y afán de experimentación, Lorca y sus compañeros de francachelas artísticas también pusieron un pie en las vanguardias, creando en esta época la corriente surrealista de “los putrefactos”, en rechazo de “todo lo rancio y caduco”.

Putrefactos eran los cursis, retrógrados, blandos y patéticos. Dalí fue el encargado de ilustrar con dibujos de señoritos con bigote, un libro, que al final no vio la luz, en este proyecto fruto de la pasión de la juventud, en palabras de Andrés Soria.

Un baño de amistad

El catedrático de Literatura, que comisaria la exposición madrileña, explica que la experiencia de la Residencia de Estudiantes fue para Lorca “muy beneficiosa”. “Si se hubiera quedado en Granada quizás su figura no hubiera sido tan grande”.

Esta querencia también se trasluce en otra de las cartas expuestas enviada al musicólogo Ramón Salazar, amigo y confidente. El poeta se queja desesperado a Salazar de que no hay plaza en la Residencia, y le espanta la idea de volver a los ambientes de Galdós y Baroja “con la patrona y el estudiante vicioso”, un universo castizo en el que se sentía fuera de lugar.

El clima en estas pensiones estudiantiles se hallaba a años luz de la Residencia, donde en el plano personal, se dio un baño de amistad en sus correrías con Buñuel, Dalí y Bello.

El grupo de amigos llevó a los escenarios del centro la célebre-y disparatada- representación de Don Juan Tenorio en 1920, en la que modificaron el texto de Zorrilla introduciendo hilarantes morcillas con alusiones a la actualidad.

 Representación de Don Juan Tenorio en la Residencia de Estudiantes, 1920. Entre los actores, Lorca (primero por la izquierda) y Luis Buñuel (quinto por la izquierda)|FUNDACIÓN GARCÍA LORCA

Luis Buñuel era en muchas ocasiones el instigador de estas aventuras lúdicas. El futuro cineasta, que en aquella época se daba de mamporrazos intentando ser boxeador, tuvo la ocurrencia de crear la “Cabaña del desierto”.

El invento consistió en encerrarse en una habitación donde les llevaban comida y bebida como si fueran naúfragos en una isla desierta, relata el comisario. Prueba de la amistad que les unía, son las pinturas que Dalí regaló al poeta, tres de las cuales se exhiben en la muestra prestadas por el Museo Reina Sofía.

La Residencia de Estudiantes alberga el mayor legado de la llamada Edad de Plata de la cultura española. Fundada en 1910 como una de las ramas de la Institución Libre de Enseñanza de Giner de los Ríos, pronto se convirtió en un templo de creación cuya trayectoria cercenó de raíz la Guerra Civil. Juan Ramón Jiménez, Ortega y Gasset, Falla, Severo Ochoa, Alberti, Ramón y Cajal o Unamuno, entre otros muchos, debatieron en sus aulas, a las que la vida y obra de Federico García Lorca están indisolublemente unidas.

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