Anterior Rajoy asegura estar dispuesto a reunirse con Sánchez "cuando quiera" para tratar asuntos de Estado Siguiente Un deslizamiento de tierra deja más de 120 desaparecidos en Sichuan Arriba Ir arriba
La obra de Paco Rabanne se expone en Madrid

La obra de Paco Rabanne, el metalúrgico de la moda, se expone en Madrid

  • Sus prendas dialogan con las de Julien Dossena, actual director creativo de la firma

  • Vestidos y fotografías icónicas retratan el enorme talento del modisto español

  • Se puede ver en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando

|

Es posible que la historia haya sido injusta con Paco Rabanne por eso esta exposición que acoge ahora la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando es muy oportuna y necesaria. Necesaria para que las nuevas generaciones conozcan el trabajo de este genio y para que se acerquen a su legado con respeto. 

Con respeto trabaja hoy Julien Dossena, el director creativo de la casa fundada en 1966 por el español. Con respeto ha montado la muestra el comisario Eloy Martínez de la Pera. "El público va a descubrir a un grande, un creador, un artesano, un diseñador, un genio de la alta costura, un visionario que fue verdaderamente vanguardista que dio a la palabra vanguardia concepto y estética", dice con admiración. 

 Diseño de Julien Dossena y prenda de Paco Rabanne.

En un mismo espacio conviven prendas y fotografías de ambos diseñadores para que el público asista al diálogo estético que se establece entre quince prendas míticas del español -entre ellas las que inmortalizaron Jane Birkin y Françoise Hardy- y las diez que ha hecho el británico. "Es el homenaje más sincero de Dossena a la que ha sido la casa de Paco Rabanne. No se inspira en él, tiene su adn y además se ha hecho custodio de su legado".

 Serge Gainsbourg y Jane Birkin en 19698. Foto: G. Tourte.

En una de las fotografías, de 1966, se ve a Françoise Hardy con un diseño de alta costura hecho con placas metálicas; y en otra de 1969 podemos ver bailando a Serge Gainsbourg y Jane Birkin que lleva con un conjunto de cota de malla.

Pero especialmente destaca una imagen en la que Salvador Dalí posa con dos modelos que llevan los diseños de la primera colección de Paco Rabanne.

"Las piezas que llevaba Françoise Hardy en los años 60 las puede llevar ahora cualquier millennial gracias al trabajo de Dossena. Cuando llevas un Rabanne no perteneces a ninguna tribu, perteneces a tu propia tribu, ¡eres tú y tu Rabanne!".

Todos los vestidos tienen una fuerte carga estética, por su estructura y el material del que están hechas, pero se muestran con una ligereza visual casi religiosa gracias a la escenografía ideada por Eloy Martínez de la Pera. "Para su segundo desfile, en 1966, hace del andamio el elemento unificador para sus piezas, y hemos querido coger ese andamio de 1966 y traerlo al Madrid en 2017, y que ese sea al altar, el ara en el que exponemos estas piezas como obras de arte”.

 Golden Room. Foto: Rafael Muñoz.

Uno de los espacios más atrevidos de la exposición es la enorme caja dorada llamada Golden Room que está inspirada en la colaboración que el diseñador hizo con la saga de James Bond. En ella se ven tres prendas muy interesantes realizadas en metal dorado. Dos están firmadas por Rabanne y la tercera por Dossena.

Esta exposición, abierta al público hasta el 25 de junio, es una oportunidad única para conocer mejor la obra de este gran creador, considerado uno de los más grandes modistos españoles junto a Balenciaga, con quien mantuvo ciertos vínculos. La madre de Rabanne fue jefa de costura en uno de los talleres del genio de Getaria pero Francisco Rabaneda, su nombre verdadero, optó por estudiar arquitectura en París.

 Paco Rabanne trabajando en su taller.

Nunca construyó edificios pero sí creó un nuevo concepto de moda que rompía con todo lo anterior. Hizo vestidos sin utilizar hilos ni agujas y trabajó con materiales hasta entonces no utilizados, e incluso llegó a inventarlos. 

Comenzó haciendo complementos, como bolsos y zapatos, y botones de extravagantes formas realizados con plástico. Cosas que vendía a diseñadores ya consagrados mientras soñaba con trabajar codo con codo con ellos. Y lo logró, aprendiendo el oficio junto a Balenciaga, Cardin y Givenchy y formándose durante ocho años en la casa Dior.

En 1966 abrió su propio taller y asombró a todos con una pequeña colección formada por doce vestidos imposibles de llevar hechos con placas de plástico.

Meses después, cuando su nombre ya tenía peso, volvió a dejar boquiabiertos a prensa y público con un vestido hecho de aluminio, piel y plumas de avestruz.

 Vestido metálico de Paco Rabanne. Foto: Rafael Muñoz.

En 1967 se consagró vistiendo a Jane Fonda en la película Barbarella. No era solo hacer un vestido para una actriz, era hacer el atuendo de una mujer fuerte, arrolladora, una mujer poderosa e independiente que encajaba con los aires de libertad de la sociedad parisina.

Su lema era ‘No seducir, sino sorprender’. Y lo hizo. Fue un creador revolucionario, en el más estricto significado de la palabra, porque experimentó, investigó y arriesgó para abrir nuevos horizontes a la moda y cambiara la estética de una época.

"Logró no competir con los demás creadores coetáneos suyos", dice el comisario. "Él decía que la perfección era Balenciaga y él quería utilizar todo lo que aprendió junto al maestro para transformar, revolucionar y ser transgresor con los volúmenes y cortar de manera perfecta un vestido".

 Detalle de dos vestidos de Paco Rabanne. Foto: Rafael Muñoz

Las actrices más carismáticas se rindieron a sus modernas propuestas, desde Audrey Hepburn- para la que que incluso hizo el vestuario de la película Dos en la Carretera- hasta Françoise Hardy, de la que se dice que tardó más de dos horas en ponerse un mono hecho enteramente con metal.

Hizo vestidos de aluminio y alambre, de plástico cromado y discos de acero, e incluso jugó con el color tintando de rosa, beis y blanco círculos de plástico que se unían con aros metálicos formando diferentes prendas.

 Nudes, de Julian Dossena. Foto: Coco Capitán para Paco Rabanne.

El tejido metálico no es orgánico y marca un potente contraste, a la vista y al tacto, con la piel. Uno de los efectos que más le gustaban a Rabanne, enamorado de la estética futurista. Los años 60 están muy influenciados por la carrera espacial y los diseñadores, tanto de ropa como de muebles, se inspiran en las formas redondeadas de los planetas, en las texturas metalizadas de las naves espaciales y en las líneas sobrias de los uniformes de las tripulaciones interestelares.

Sus vestidos hechos con placas de rhodoïd (que con la luz artificial provocan fluorescencias de colores) forman parte de la historia de la moda y son un símbolo de poder de la experimentación de Rabanne que siguió investigando hasta los años 90, trabajando incluso con el plexiglás, el papel y los vendajes elásticos.

 Minivestido en tono cobre de Paco Rabanne. Foto: Rafael Muñoz

Dicen que Chanel lo llamaba ‘El metalúrgico de la moda’ y para que no le confundieran con su rival, André Courrèges, siempre vestía de negro. Se cuenta también que fue pionero poniendo música en los desfiles y contratando modelos negras, algo que casi le obliga a salir de la Cámara Sindical de la Costura Parisina.

En 1999 se sumó a la corriente derrotista que creía que en el año 2000 se acabaría el mundo. No fue así pero su universo, su nombre y su trabajo perdieron el brillo, como si de la muerte agónica de una estrella se tratara.

“No tengo enemigos ni orgullo”, dice el diseñador en la entrevista concedida a Telva y recuerda que "el metal fue mi gesto de conformidad con el momento histórico que estábamos viviendo”. La revista estrena una nueva etapa dejando atrás la entrega de sus premios de moda para centrarse en organizar tributos a los creadores más importantes de los siglos XX y XXI.

Dice Julien Dossena que siempre prioriza la marca a su persona. "Hay que respetar al hombre; no olvidemos que, más que una marca, Paco Rabanne era un hombre expresando sus pensamientos, por eso resultaba tan especial”.

Más contenidos de Noticias

anterior siguiente