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Madrid Fashion Week

Ágatha Ruiz de la Prada, un atracón de nostalgia

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Tras la aguja joven de Juan Vidal es el turno de la veteranía de Ágatha Ruiz de la Prada, que como Roberto Verino participa en la Pasarela Cibeles desde septiembre de 1985.

La diseñadora, que acaba de presentar una colección en Nueva York, utiliza la MBFWM para hacer una fiesta. Otra. Hace seis meses nos invitó a una pool party y ahora es una celebración infantil, con vestidos que parecen golosinas, chucherías, regalos, confeti y pasteles.

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Todo el universo de Ágatha y sus patrones más reconocibles se tintan con tonos intensos en una vibrante mezcla de formas y color. Los vestidos son mini o maxi, tanto en el largo como en el volumen.

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Hay siluetas oversized, faldas maxi, formas circulares, asimetrías divertidas, faldas transparentes, vestidos abullonados y mangas ‘piruleta’. Ideas que salen de la inagotable fuente de fantasía que hay en la cabeza de esta genial creadora, poseedora de un estilo único e irrepetible.

Con humor, Ágatha cambian los bordados y las aplicaciones de hilo por piezas que parecen los toppings, macarons y lacasitos que decoran los cupcakes.

Es decir, en lugar de azúcar y chocolate utiliza lycra metalizada. Una colección para degustar con casi todos los sentidos, especialmente el oído.

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La carta de tejidos lleva texturas ‘divertidas’, como el lúrex, lentejuelas y neopreno, y otras más ‘serias’ como el terciopelo de algodón, muselina y shantung de seda. Cada vestido es único, tanto por el patrón como por la labor previa de investigación y experimentación.

En el desfile ha sonado solo música española, con canciones muy conocidas que invitan a bailar, aunque algunos diseños lo pongan difícil.

Ágatha, arquitecta de emociones, construye vestidos pastel y tarta que apetece morder pero destacan los que llevan globos de elio prendidos a la tela que los hacen flotar, levitar sobre la pasarela.

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