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Blog 'Esperando a los bárbaros'

Los socialistas se destrozan mientras Hollande lo contempla desde el otro lado del mundo

  • Los socialistas franceses afrontan las presidenciales en plena crisis
  • El resultado de las primarias es un bofetón a la política de Hollande
  • Hamon y Valls pasarán a segunda vuelta de primarias socialistas

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Segundo debate televisivo de los aspirantes en primarias a la candidatura socialista en Francia
Segundo debate televisivo de los aspirantes en primarias a la candidatura socialista en Francia EFE BERTRAND GUAY

Las primarias socialistas pueden terminar mal, y el culpable se encuentra desde el viernes a 12.000 kilómetros de distancia, de visita oficial en Chile y Colombia.

François Hollande debería haber anunciado después del verano si se presentaba o no a la reelección. Dejó pasar el tiempo. Contempló cómo se destrozaba poco a poco su imagen pública y política y sólo en diciembre decidió retirarse de la carrera. Entretanto, Manuel Valls había perdido la paciencia y en el Partido Socialista, dividido como nunca, se decía que esa maldita indecisión iba a obligar a hacer una minicampaña para las Primarias- apenas tres semanas- y obligar a los candidatos -siete- a lanzar unos mensajes poco elaborados, dejando el terreno a una derecha muy envalentonada.

El hastío y el votante de izquierdas

El resultado de la primera vuelta ha sido, como era de prever, decepcionante. La participación no ha llegado a los dos millones de votantes a los que aspiraba la dirección. Dos tercios menos de votos que los de las primarias de Los Republicanos (centro -derecha) hablan por sí solos.

Benoît Hamon y Arnaud Montebourg, dos ex ministros de Hollande que dejaron el gobierno en el verano del 2014 por discrepancias con la política de austeridad del Presidente, han logrado juntos casi el 50% de los votos. Es un bofetón a la política confusa y errática del quinquenato hollandiano que está a punto de cerrarse.

Hamon aventaja a Valls en la primera vuelta de primarias en la candidatura socialista al Elíseo

Valls, con ese 31% de apoyos y pocos fieles del aparato a su lado, consolida esa quiebra en el seno del PS que él mismo alimentó con su línea de derechas. Muchos ven en él el traidor de los valores del socialismo tradicional, el político irascible que no tolera ni críticas ni disidencias. Pocos le dan por triunfador en la segunda vuelta, por mucho que él afirme que no hay nada escrito.

Es malo que el Partido Socialista, que ha pasado casi cinco años en el poder, haya defraudado a tantos, y no sólo a sus militantes. Pero lo peor de todo es que ese Partido Socialista del que Hollande fue secretario general durante más de diez años era un baluarte de una izquierda europea que no ha tenido ni tiene respuestas coherentes a los nuevos desafíos, a la creciente injusticia social y a ese paro crónico que castiga a millones de hogares en Europa. Marine Le Pen estará brindando hoy con champán, si se lo permite el régimen de adelgazamiento. Y Hollande tal vez se permitirá una copita de chicha o de aguardiente colombiano.

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