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Unos 2,7 millones de gallegos votan en las elecciones autonómicas del 25S
Elecciones Galicia 2016

La mayoría de Feijóo, la hegemonía de la izquierda y otras claves de las elecciones gallegas

  • El 25S pone a prueba en Galicia la única mayoría absoluta autonómica en pie

  • 2,7 millones de gallegos eligen si dan continuidad al PP o triunfa una alternativa

  • El escaño 38, el 'sorpasso' y el futuro del nacionalismo, algunas de las claves

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Los elecciones en Galicia de este 25S ponen a prueba la única mayoría absoluta autonómica en pie, la de Alberto Núñez Feijóo (PP), y se presentan marcados por la fragmentación de fuerzas y la irrupción de la marca En Marea, que amenaza, según algunos sondeos, el habitual segundo puesto del PSdeG.

Cuatro partidos tienen ahora representación en el Parlamento gallego. Si Ciudadanos lograra entrar, serían cinco, algo inédito en Galicia desde hace más de 30 años. Reflejo de la nueva realidad política que se vive en todo el país, y de lo que es esta elección: el dilema entre la comunidad que sigue siendo el baluarte electoral del PP o la extensión de la metamorfosis del sistema político que en el resto de España ha puesto en jaque al bipartidismo.

Más de 2,7 millones de gallegos están llamados a las urnas para repartir 75 escaños en el Parlamento gallego (25 en A Coruña, 22 en Pontevedra y 14 en Ourense y Lugo). De elos, los residentes ausentes son 446.000, un 19% más en estas elecciones, así que la movilización del voto por correo resultará fundamental. Pero hay otras claves en estas elecciones gallegas:

¿Un plebiscito a Feijóo?

El candidato a la reelección, Alberto Núñez Feijóo, parte como claro favorito y rival a batir en estos comicios. Desde el principio, se preparó para un "todos contra uno", escenificado en especial en el debate emitido por la televisión autonómica. El relato que ha vendido su campaña es el de una coalición del "PP con la gente" frente a una coalición de prácticamente todos los demás (PSdeG, En Marea y el BNG, es decir, todo el voto de izquierdas).

Un Feijóo que, meses atrás, coqueteó con el abandono de la política antes de confirmar que se presentaba y que ahora es el defensor de su propio legado y de la única mayoría absoluta que le queda en un gobierno autonómico en España, y que está en manos del PP que hace pocos años pintó el mapa político español de azul.

Núñez Feijóo ha apelado también en todo momento a un resultado "diáfano", que no tenga que ser interpretado, y por eso ha pedido que la gente elija directamente al presidente de la Xunta, "sin intermediarios", para que quede claro quién lo será en la misma noche electoral.

¿El PP en solitario o con el apoyo de Ciudadanos?

La incógnita básica de este 25S en Galicia es si el PP conserva o no su mayoría absoluta. Si no consigue mantener 38 o más escaños -parte de los 41 actuales y del 45,8% de votos cosechados en 2012-, está por ver si Ciudadanos logra entrar en el Parlamento y su apoyo es definitivo para conservar la Xunta.

No sería lo mismo para el PP gobernar solo que hacerlo con la muleta de otro partido. Es evidente que en Galicia se vota 'popular': no han perdido ni una sola elección desde las primeras autonómicas 1981 y, desde las de 1985, siempre han obtenido, como mínimo, el 40% de los votos. Hay municipios en Galicia, y no pequeños, donde el voto al PP es del 80% o más.

Sin embargo, el casi 46% de votos en 2005 no sirvió para mantener el gobierno. Por eso, no solo la victoria, la mayoría absoluta es casi una obligación para el Partido Popular y llegar a perderla, aun conservando la Xunta, se leería como un fracaso.

Lo que se juega el PP de Rajoy

El líder nacional del Partido Popular, Mariano Rajoy, y el candidato, conscientes de lo que se juegan y en el caso del primero con la mirada muy puesta en la realidad política estatal, han hecho una intensa campaña, casi siempre por separado, salvo en un mitin multitudinario en la plaza de toros de Pontevedra y otro final en Vigo.

En todos los actos han apelado a la participación masiva y, en último término, al voto útil, sobre todo con el ojo puesto en los algo más de 130.000 votos que obtuvo Ciudadanos en las últimas elecciones generales -aunque no sean comicios comparables- y que privaron al PP de apoyos.

Para Rajoy, los escaños en Galicia son argumentos para reforzar su posición y para ayudar a desatascar el bloqueo político en la formación de gobierno.

Lo que se juega el PSOE de Sánchez

Cómo queden ordenadas el resto de fuerzas parlamentarias también tiene importancia en estos comicios. Para el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, estas elecciones también ponen en juego su credibilidad.

El PSdeG atraviesa una crisis en Galicia desde que perdió el gobierno autnómico en 2009. En 2012 bajó de los 25 a los 18 escaños, y las encuestas advierten de la posibilidad real de un 'sorpasso' por parte de En Marea -amenaza que en las últimas generales, sin embargo, no se cumplió-, que le relegaría al tercer puesto, como ya pasó, por cierto, en las autonómicas de 1997 frente al BNG.

El aspirante socialista a la Xunta, Xoaquín Fernández Leiceaga, es además una apuesta personal de Sánchez, ya que fue elegido en un proceso de primarias que no culminó todo lo bien que se esperaba, puesto que un retoque de Ferraz en las listas provocó malestar en Ourense y en Pontevedra, sobre todo en el caso de esta última provincia, con un alcalde de Vigo, Abel Caballero (PSdeG), que apenas se ha involucrado en la campaña de su partido.

Para los socialistas, crecer en votos sería un éxito; seguir como segunda fuerza es salvar los muebles y la medida del fracaso es caer a un tercer puesto, aunque sirviera para integrar un Ejecutivo alternativo, porque sería a la sombra de En Marea, que en clave estatal es como decir a la cola de Podemos.

La "irrupción" autonómica de las Mareas

Impulsada por el éxito en las elecciones municipales de 2015, la corriente de las Mareas se alza ahora sobre el Parlamento gallego. En Marea, conformada por Anova, Izquierda Unida, Podemos y las mareas municipalistas -estas últimas gracias a un entendimiento casi de última hora-, aspiran a 'vitaminar' el resultado que ya obtuvo AGE (Esquerda Unida y Anova) en 2012 y el objetivo, según las encuestas, podría suponer doblar su representación actual, de nueve escaños.

En Marea no sólo confía en adelantar al PSdeG sino que su cabeza de cartel, Luís Villares, ha llegado a decir que podría sobrepasar al PP y que con una semana más de campaña se encontrarían rozando la mayoría absoluta.

Este partido es la incógnita de estas elecciones. La apuesta por Villares, un neófito en la política, es arriesgada y es la carta que han jugado las Mareas para sobreponerse a la decepción de la pérdida de un diputado en Madrid en las elecciones de junio.

La relación con Podemos no ha sido fácil, ni antes de la campaña ni durante ella, y difícil ha sido también evitar las interferencias de la crisis de liderazgo en Madrid. Un resultado por debajo de las expectativas podría convertirse en arma en el seno un partido en proceso de autoevaluación y dividido en dos bandos estratégicos y antagónicos.

El BNG, mantenerse a flote

Sea como fuere, si la alternativa al PP es posible, tanto PSdeG como En Marea han avanzado que habría acuerdo, una situación que cuenta con la aprobación de la candidata del BNG, Ana Pontón, quien espera que los indecisos les ayudean a mantener el tipo, amenazados sus actuales siete escaños con caer al mínimo.

El Bloque, que se ha definido como el auténtico representante del nacionalismo gallego, presionado por el auge de En Marea, aspira a mantener los cinco diputados con los que tendría derecho a grupo parlamentario. Si se cumplen los pronósticos del CIS, que le daba dos diputados, el nacinalismo gallego sufriría una derrota histórica, que le haría retroceder políticamente tres décadas.

Ciudadanos, en busca de presencia y relevancia

Para que la coalición de la alternativa fuera posible, el conjunto del voto de la izquierda debe superar al del PP en solitario, o en su caso, al del PP y Ciudadanos.

El partido de Albert Rivera no tiene una presencia fuerte en Galicia y su candidata, Cristina Losada, no ha sido en absoluto llamativa. Antes de estos comicios, los naranjas pasaron su propia crisis interna, pero ahora aspiran a un premio doble: entrar en el Parlamento gallego, algo que el presidente de C's compara con el hito que fue su primera irrupción en el Parlament catalán hace diez años; y, en lo que sería la gran carambola del partido naranja, llegar a ser imprescindible para sostener (y controlar) el Ejecutivo del PP, al estilo de la Comunidad de Madrid. En definitiva, y a su escala, poco que perder y mucho que ganar.

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