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Cerca de 1,8 millones de vascos votan en las elecciones autonómicas de 2016
Elecciones País Vasco 2016

Las urnas despejarán la incógnita de las alianzas del PNV

  • El 25S abre un escenario con distintas combinaciones de pactos posibles

  • El PNV se prevé ganador, pero mantener la Lehendekaritza dependerá de otros

  • La irrupción de Podemos hará al 'derecho a decidir' mayoritario en el Parlamento

  • PSE y PP esperan ser necesarios con la vista en la carrera por la Moncloa

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Las elecciones vascas del 25S pueden tener un resultado previsible pero darán lugar a una gobernabilidad incierta. Abren un escenario con actores noveles en la política vasca que se incorporarán a un Parlamento autonómico con el PNV como grupo mayoritario, según las encuestas, y en el que surgen distintas y novedosas posibilidades de pacto para la gobernabilidad de Euskadi.

La cultura del pacto ha estado presente en todas las legislaturas, salvo en la primera en la que el PNV gobernó en solitario con 25 de los 60 escaños que componían el Parlamento Vasco -ahora son 75, que aportan a partes iguales las tres provincias vascas-, y muy probablemente los próximos cuatro años no serán una excepción.

Desde que fracasó el intento de investidura de Mariano Rajoy, el tiempo político se ha parado en Madrid a expensas de lo que ocurra en Galicia y, sobre todo, en el País Vasco. Han sido, por ello, unas elecciones menos vascas que de costumbre, porque nunca los líderes de PP, PSOE y ahora también Podemos y Ciudadanos se habían involucrado tanto en una campaña en este territorio. Y es que hay varias claves, de dentro y fuera, que considerar a partir de estas elecciones autonómicas vascas:

La gobernabilidad del País Vasco

Las encuestas no han dudado en atribuir al partido de Iñigo Urkullu la hegemonía, pero no la mayoría suficiente para gobernar sin tener que echar mano de alianzas tal y como es tradición en la historia del Parlamento Vasco.

Desde el mismo debate de investidura a finales de agosto, el PNV ha jugado al desmarque con los 'populares', casi anatema para ellos en el eje ideológico nacionalista, pero también con el PSE, con quien vienen gobernando en ayuntamientos y diputaciones. También ha hecho oídos sordos a los cantos de sirena de una alianza soberanista con Bildu y Podemos.

En consecuencia, Urkullu se ha dejado las manos libres de ataduras para que, a la vista del resultado en las urnas, lo que opere sea el puro pragmatismo político. Ha anticipado que, de ser el encargado de formar gobierno, hablará con todos y que lo hará por orden de representación parlamentaria.

Anteriormente, ha habido muchos ejemplos de pactos o gobiernos de coalición en Euskadi: PNV-PSE en la segunda legislatura y en la tercera; el tripartito PNV-EA-EE en la cuarta, que duró sólo seis meses, al que siguió el de PNV-PSE; el acuerdo PNV-EA-PSE-EE en la quinta; el de PNV-EA en la sexta, con el apoyo de Euskal Herritarrok para la investidura de Ibarretxe.

A estas alianzas les siguieron el pacto PNV-EA con el respaldo de EB en la séptima; este mismo tripartito en la octava con los votos de dos de los nueve parlamentarios del Partido Comunista de las Tierras Vascas; el que aupó a Patxi López a la Lehendakaritza con el apoyo del PP y UPyD; y el pacto en materia económica y fiscal en la última legislatura entre PNV y PSE-EE.

¿La gobernabilidad de España?

Se ha dicho muchas veces que los comicios autonómicos de este domingo -tanto los vascos como los gallegos- pueden marcar los acuerdos y los pactos ante la asignatura pendiente de formar gobierno en España.

El papel del PP y la posibilidad de que ambos partidos crucen apoyos en el Parlamento Vasco y en el Congreso, además de poco previsible por las declaraciones recientes de dirigentes del PNV, es innecesario, salvo en ocasiones extremas, debido al sistema vasco de investidura, que dificulta los vetos y las repeticiones electorales.

Todos los partidos pueden presentar a sus propios candidatos a lehendakari, que precisan de mayoría absoluta en primera vuelta y de simple en segunda para hacerse con la Presidencia vasca.

PNV y PSE-EE, que juntos rozarían la mayoría absoluta, podrían reeditar su pacto de estabilidad de estos últimos cuatro años. De hecho, la socialista Idoia Mendia ya ha dejado clara su disposición a repetir alianzas, aunque se ha mostrado muy crítica en campaña.

EH Bildu, segunda fuerza con la que nadie quiere contar

En el otro extremo se ha situado EH Bildu, cuyos candidatos han lanzado la idea de importar a Euskadi un "pacto a la navarra" en el que aúnen sus fuerzas PNV, Elkarrekin Podemos y la propia coalición abertzale con el derecho a decidir como norte. De hecho, de cumplirse los pronósticos, la llegada de Podemos hará que el 'derecho a decidir', bajo diferentes formulaciones, sea mayoritario en el Parlamento Vasco.

Aunque en el nuevo tablero todas las opciones se antojan posibles si la aritmética da, esta última parece al menos poco factible si se atiende a las declaraciones de Urkullu apelando a dejar a un lado "maximalismos, entelequias y fantasías políticas" y la apuesta de Podemos por una vía no rupturista, el llamado "modelo de Canadá".

Lo que no parece viable es una entente entre fuerzas de izquierdas (EH Bildu, Elkarrekin Podemos y PSE-EE), combinación que ninguno de sus posibles integrantes ha puesto de manera clara sobre la mesa.

El lugar de Podemos

Las elecciones vascas partían como una amenaza seria para la hegemonía del PNV en Euskadi. Podemos fue la fuerza más votada en el País Vasco en las generales, tanto en diciembre como en junio, y si bien los criterios del voto no son iguales en la arena autonómica que en la nacional, el mapa político vasco estaba en principio teñido de morado

Si los sondeos no fallan, Elkarrekin Podemos entrará con fuerza en la Cámara vasca, pero a mucha distancia del PNV, que repetiría su liderazgo seguido de EH Bildu.

En todo caso, hay lugar para la sorpresa en la pugna por el segundo puesto, con EH Bildu, con quien disputan el voto más izquierdista y ser el líder de la oposición parlamentaria. La candidatura de una víctima de los GAL, Pili Zabala, pese a su inexperiencia, es una baza simbólica muy potente para competir por el electorado abertzale.

El 'constitucionalismo' menguante

Pese a lo anterior, tanto socialistas como 'populares' lo tendrán difícil para conservar sus actuales apoyos y estas elecciones apuntan a una mayor erosión del llamado voto constitucionalista. 

Los 'populares' aspiran a mantenerse y no perder mucho apoyo en el País Vasco. Casi todas las encuestas coinciden en que el PP bajará ligeramente, perdiendo entre uno o dos escaños de los diez que tiene.

Las urnas validarán si las continuas llamadas al voto al PP como "contrapeso" del nacionalismo rampante del PNV y Bildu y del populismo de Podemos -una versión del voto del miedo- han funcionado como movilizadoras de sus electores, así como la apelación al voto útil frente a las posibilidades de Ciudadanos, declarado por el PP competidor por el citado voto constitucionalista. Un Ciudadanos que se presenta como heredero de UPyD (su candidato fue líder del partido magenta y han tenido el simbólico apoyo de Fernando Savater y Sosa Wagner) y que aspira a recoger también su escaño en Vitoria.

Para los socialistas, se pronostica una dura caída, que podría hacerle perder de seis a ocho escaños de los 16 que conquistó en 2012, según las encuestas. Un grave varapalo para Mendia, secretaria general del PSE-EE y uno de los líderes territoriales más próximos a Pedro Sánchez, que podrían ver a su partido relegado a cuarta fuerza, por detrás de Podemos.

La caída socialista podría convertirse en debacle si viniera duplicada en Galicia, con un eventual 'sorpasso' de En Marea al PSdeG. Los socialistas no se fían de estas encuestas agoreras y sí de las propias y de su capacidad de movilización, a la vista de la experiencia del 26J, cuando salvaron la anunciada caída respecto a Unidos Podemos.

Si el PSE mantiene sus escaños o minimiza la pérdida, no solo salvará su credibilidad y echará un capote a Pedro Sánchez, sino que puede hacer al PP un partido prescindible para la gobernabilidad en el País Vasco y con menos argumentos para lograr que el PNV les apoye en Madrid.

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