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'El hombre de las mil caras', candidata al palmarés del Festival de Cine de San Sebastián

Alberto Rodríguez: "Francisco Paesa es inasible"

  • Alberto Rodríguez ficciona en un intenso thriller político el Caso Roldán

  • Ante el estreno de la cinta, el desaparecido exespía Paesa reaparece en los medios tras una década oculto

  • Eduard Fernández, Marta Etura, Carlos Santos y José Coronado protagonizan la película

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Era una película sobre un fantasma y el fantasma se manifestó. Desde su piso de París y en la portada de Vanity Fair, el desaparecido Francisco Paesa rompía ayer una reclusión de más de 10 años para dar su versión sobre el caso Roldán y el destino de aquellos millones de fondos reservados desaparecidos en 1994 ¿Por qué? Por una película a punto de estrenarse: El hombre de las 1000 caras, el thriller político con el que Alberto Rodríguez compite por la Concha de Oro de San Sebastián.

El director de La isla mínima, al poco de aterrizar en San Sebastián, resumía su sorpresa: “Es una aparición muy ‘Paesa’. El día antes del estreno de una película en la que sabe que es uno de los protagonistas, aparece en público. Un truco más”.

Vanidoso, embaucador, timador y conocedor de las cloacas del Estado, la vida de Francisco Paesa, o lo que se conoce de ella, es más propia de un personaje de ficción. Y es justamente lo que ofrece El hombre de las 1000 caras, aunque esté basada en hechos reales. “De todas las películas que he hecho, es la más ficcionada en todos los sentidos”, explica Rodríguez.

El cineasta sevillano aceptó en 2012 un encargo para adaptar el libro del periodista Manuel Cerdán sobre el espía Paesa, cuya biografía se oculta en el reverso de los últimos 50 años de la historia de España: desde sus negocios con el dictador Macías en Guinea Ecuatorial o sus colaboraciones con los servicios secretos en importantes golpes contra ETA.

Pero, para centrarnos, la película muestra su intervención para esconder al prófugo Luis Roldán, a quién escondió en París mientras le birlaba todo lo que, a su vez, el exdirector de la Guardia Civil había robado de los fondos reservados. Eduard Fernández como Paesa, Carlos Santos como Roldán, Marta Etura como su mujer.

La fábula dentro de la fábula

En una historia donde la verdad es tan esquiva y el protagonista es un fabulador compulsivo, Alberto Rodríguez adopta la estrategia de Paolo Sorrentino al recrear a Giulio Andreotti en Il divo: huir de lo documental y lo preciso para imponer lo narrativo y capturar la esencia.

“Cuando estábamos documentándonos, llegamos a un punto en el que decidimos ficcionar. Hay cosas que mostramos que son simplemente una creación de Paesa: gran parte de la película es una fábula dentro de una fábula”.

¿Cuál es esa fábula y sus lecciones? Repasando el Caso Roldán, se descubren algunas. Por ejemplo: el diputado que solicito la creación de una comisión de investigación sobre la desaparición de los fondos reservados fue Rodrigo Rato.

“Al escribirla nos dimos cuenta que la historia era la tramoya de cualquier noticia de 2012. Y la película se ha hecho todavía más actual en los últimos años. Cuando leía el libro tenía que consultar términos como off shore y ahora, desgraciadamente, los españoles hemos hecho un máster”, lamenta.

Esa voluntad de buscar ecos del presente en el pasado engarza con sus anteriores películas de cronista de la cara B de la historia de España que comenzó en Grupo 7, profundizó en La isla mínima y sublima ahora con El hombre de las 1000 caras.

Resuelta con imaginación y con su talento narrativo natural, es imposible no considerarla su película menos personal. Incluso aunque él lo niegue. “Al principio me lo tomé así, pero creo que la condición natural ha terminado imponiéndose”.

Fernando Sánchez Dragó, en su reciente libro sobre Luis Roldán, apuntaba a que la corrupción es una condena eterna para los españoles, una condición endémica escrita en nuestro ADN. “Yo soy más optimista y creo que se solucionará, pero hay una frase de ese libro que está en la película: cuando Luis Roldán le dice a su padre que España debería ser una democracia como Francia y Alemania, y su padre le responde que no puede ser, porque los que viven aquí son los españoles”.

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