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Islam, entre el cielo y el subsuelo, interpretaciones de una religión en guerra

  • El poeta sirio Adonis comenta en un libro la expresión de la violencia en el Islam
  • Desde sus inicios Islam y poder político han mantenido una estrecha y vigente relación
  • Discriminación de la mujer e intolerancia, continúan siendo temas sensibles

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Milicianos islamistas durante un desfile militar en Raqa, Siria, poco después de la proclamación del Califato por el Estado Islámico en junio de 2014
Milicianos islamistas durante un desfile militar en Raqa, Siria, poco después de la proclamación del Califato por el Estado Islámico en junio de 2014

Según la inteligencia estadounidense, un ejército de unos 25.000 milicianos combate actualmente en las filas del Estado Islámico (EI) en Siria e Irak. Son cifras ofrecidas en febrero por el secretario de prensa de la Casa Blanca, Josh Earnest. Bajo el mandato de un presunto Islam verdadero se suceden las decapitaciones, la esclavización de mujeres, la destrucción del patrimonio artístico de la humanidad, la expresión de la violencia ejecutada sin pudores, incluso por niños adiestrados para ello.

Nutrido con soldados reclutados en más de 80 países, el yihadismo radical parece mantener su atractivo. Una llamada eficaz, empaquetada en vídeos de moderna factura que se vuelven virales sin esfuerzo, apoyados por una brillante estrategia en redes sociales.

Tras el desastre de las primaveras árabes, el pánico crece y proliferan el Estado Islámico en Siria, Irak y Libia, Boko Haram en el centro y oeste africano, el Frente al Nusra en Siria, SiriaIrakLibiaBoko HaramFrente al NusraAl Shabab, entre otros. Se suman a este terror los ecos del maltrato a la mujer en los países de confesión musulmana, el nepotismo generalizado y la intolerancia general de sus gentes y gobiernos a todo lo que quede fuera de la sumisión religiosa.

¿Islam y violencia?

Pero, ¿qué pasa con el Islam “La sociedad árabe hoy en día es un conjunto de instituciones de violencia y de suplicio (…) Y hoy el hombre árabo-musulmán no vive como un hombre libre y cultivado, sino como una máquina o una cifra dentro de una masa que se llama ‘grupo’, ‘comunidad’ ‘confesión’ o ‘grupo’”.

Así se expresa el poeta de origen sirio Ali Ahmad Said Esber. Más conocido por su seudónimo, ‘Adonis’, también es considerado, con 86 años, el eterno candidato al Nobel de Literatura. El párrafo está extraído del libro Violencia e islam (Ariel, edición en castellano, 2016), en el que, a modo de entrevista, la profesora, traductora y psicoanalista Houria Abdelouahed, conversa con el escritor sirio en una larga crítica acerca del Corán y la religión musulmana.

Si las corrientes más ortodoxas imponen la interpretación literal del Corán, Adonis desgrana todo un rosario textual de torturas y mandatos a los castigos más crueles descritos en este libro sagrado, dictado por el arcángel Gabriel a Mahoma según la tradición. "De 3.000 versículos, 518 tratan del castigo", explica el poeta nacido en Latakia. Tormentos también descritos minuciosamente: "A quienes sean infieles se les confeccionará un vestido de fuego; desde su cabeza se les verterá agua hirviendo, con la que se licuará lo que hay en su vientre y en su piel".

Las interpretaciones

Adonis y Abdelouahed, su entrevistadora, extienden las conclusiones a la estipulación de la mujer como mero objeto poseído, instrumento de placer y animal de carga, así como a la anulación de cualquier atisbo de independencia, subjetividad o capacidad crítica. El Corán es la religión "última", e incontestable por tanto. No cabe el diálogo, la iniciativa o la renovación. La Umma (conjunto de musulmanes) se convierte en una "máquina que tritura la libertad del individuo", cuyo único deber es "seguir el texto divino".

Bajo tales consideraciones, lo que subyace es la vocación de esta religión, apuntada por el texto como la construcción de un lugar político para los creyentes: "El Islam es una religión indisolublemente vinculada al poder". Una vocación que desde sus inicios, describe el libro, ha llevado a los líderes musulmanes a un estado de perpetua conquista.

Pero esta es una interpretación. Para Haizam Amirah Fernández, investigador principal del mundo árabe en el Real Instituto Elcano, "esta versión es muy parcial, por parte de Adonis. El Islam no es violento ni es pacífico; al igual que en otras religiones, se puede encontrar en él una llamada a la convivencia pacífica y una llamada al recurso a la violencia. Es absurdo dar un carácter absoluto a una tradición religiosa tan compleja, larga y cambiante, dependiendo de la época, del lugar y del contexto", afirma a RTVE.es, y añade: "Y de la interpretación".

El investigador insiste: "La interpretación radical defiende la no contextualización, y el problema del Islam actualmente es el literalismo, las interpretaciones literalistas descontextualizadas y de un tribalismo extremo, y esto responde a intereses políticos siempre".

La religión, un socio político

"Es a partir del año 41 de la hégira (663 del calendario gregoriano), es decir, del reinado de Muawiya en Damasco, que la violencia se convirtió en una estructura religiosa, cultural, política y social. Esta estructura es la que siempre ha reinado, hasta hoy", relata Adonis.

En las sociedades occidentales, la vigencia emotiva de los acontecimientos históricos tiende a diluirse en la memoria a medida que se alejan en el tiempo; caduca en pocas generaciones. Perviven como registros de los que obtener enseñanzas. Por eso cuesta entender que el recuerdo de Al Andalus, por ejemplo, siga tan presente en el imaginario musulmán. Es una patria perdida cuya recuperación es una aspiración que organizaciones como el Estado Islámico consideran legítima. Salvando las distancias, obviamente, ocurre algo parecido en países más lejanos en el arco oriental como China, cuyos gobiernos actuales evocan la gloria del antiguo imperio como algo tangible a resucitar.

En el caso del Islam, la íntima conexión entre el mecanismo de gestión política y la directriz religiosa alcanzó su expresión en el Califato, cuya vocación era, y es ahora, la expansión. "El proyecto de progreso, en la visión islámica, es islamizar al mundo", dice Adonis y continúa: "Así comprenderemos por qué el Islam es una religión indisolublemente vinculada al poder".

“Es el poder el que lo transformó todo”, afirma en el texto el escritor sirio. “El Islam nació en un lugar comercial, La Meca. Esta sociedad de comerciantes necesitaba un único dirigente para hacer que triunfase el espíritu comercial”. Sin embargo, perseguir este objetivo de coherencia y crecimiento pasó para Adonis por atacar “los logros de las civilizaciones anteriores y de las que le siguieron”.

El Islam, una opción

El poeta pinta un cuadro que podría firmar El Bosco, pero el investigador pide prudencia ante la realidad que supone el éxito del Islam en la historia. "La aplicación de la ley en el Islam no siempre se ha impuesto por la vía de las restricciones. Hay muchos pensadores y juristas que han recurrido al Islam para proponer modelos diferentes de estado y sociedad, por ejemplo los sufíes, una corriente más espiritualista", explica Haizam Amirah.

Amirah defiende esta viabilidad de la religión musulmana como fórmula de paz. "Esta intepretación más tolerante es algo que siempre ha estado ahí y seguirá estando. Es un error fijarse en el sector rigorista, puritano y literalista, sobre todo para el conjunto de los musulmanes. Las versiones rigoristas son contrarias a la pluralidad, y dañinas, incluso para el propio Islam".

En este sentido, el investigador del Instituto Elcano cree que el punto de vista de Adonis es "parcial" y "elimina la constante tensión dentro del Islam entre las continuas interpretaciones. Así, impone la versión rigorista como única opción, lo cual no es cierto".

Para Amirah Fernández, “en la tradición islámica hay muchas posiciones acerca de qué es el Corán. Hay que leerlo con los ojos de la época en la que se vive. No es inamovible. Hay muchas partes que son adaptables e interpretables. Pero hay musulmanes que no aplican este razonamiento, por ejemplo respecto a los castigos físicos contemplados en el Corán, comprensibles en el siglo VII pero fuera de lugar actualmente. Esto es lo que hacen los rigoristas y es un abuso”.

Religión, poder y petróleo, un cóctel maldito

¿Y cómo ha sobrevivido hasta hoy esta simbiosis tan práctica de religión y poder político? “En los años 50, 60 y 70, los gobiernos surgidos tras los procesos de independencia de las potencias coloniales, fueron moderados y respetuosos con la diversidad”, explica Haizam Amirah. “El giro se produce en los años 70; debido a un cambio político post-independencia el precio del barril de petróleo se multiplicó por seis”.

Arrancan los 70 y los países productores de petróleo deciden no exportar a las naciones que habían apoyado a Israel tras la guerra de Yom Kippur en 1973. El precio se dispara y al final de la década, la revolución iraní y luego la guerra Irán-Irak multiplican esta crisis de producción y el encarecimiento del crudo.

“A raíz de este aumento del precio del barril de petróleo, hay países con grandes recursos energéticos que se dedican a promover versiones rigoristas del Islam y que quieren eliminar versiones más abiertas y más dialogantes presentes en otros países del mundo”, añade Amirah. Por citar un ejemplo ilustrativo, uno de estos países más tolerantes es Indonesia, la nación que alberga al mayor número de musulmanes.

¿Y cuál es la conexión? “Estas naciones, principalmente las situadas en la península arábiga, lo que necesitan es que las autoridades religiosas legitimen el poder político y sus políticas”, para lograr operatividad, y añade: “Dependen de un Islam conservador y pretenden extender su versión de la religión de un modo altamente proselitista”.

¿Con qué objeto? El proselitismo religioso proporciona una plataforma estable y creciente a los intereses políticos, tal y como ha venido sucediendo siglos atrás, y se practica: “Quieren convertir a musulmanes y no musulmanes a su versión del Islam” insiste el experto, para blindar sus políticas. Esta versión es el wahabismo, una interpretación radical que anula la iniciativa del creyente sometiéndole por completo al dictado de la autoridad religiosa.

“Estos países confunden Islam con wahabismo, sobre todo Arabia Saudí. Wahabismo no es Islam, pero los saudíes quieren que se identifique como tal”, afirma el investigador, que simplifica el objetivo de esta estrategia: “Se trata de ambición política, no hay más. Eso no es Islam, ni mucho menos. Esos países tienen una visión parcial”.

Haizam Amirah lanza una pregunta: “Sin el recurso de los hidrocarburos, ¿sería igual el Islam? No”, afirma rotundo. “Sería distinto, no sabemos cómo. El negocio del crudo mueve decenas de miles de millones de dólares”.

La violencia endémica también es laica

“La violencia extrema y la exhortación al genocidio se pueden encontrar en otros libros sagrados. El Antiguo Testamento tiene contenidos en esta línea”, apunta a RTVE.es el investigador.

Pero añade: “No hay que olvidar que la violencia no solo procede de sectores religiosos. Regímenes laicos de países de mayoría musulmana practican una violencia extrema. Sin ir más lejos, en el propio país de Adonis, 300.000 civiles han muerto a causa de las acciones del régimen de Al Asad, un gobierno laico”.

Amirah resalta en este sentido una crítica que persigue al poeta sirio desde hace tiempo: “Sería bueno escuchar de boca de Adonis una condena a la secta de los alauies. Él contemporiza con el régimen de Al Asad y esto no es coherente”.

La mujer y el patriarcado como poder

Otra de las críticas que formula Adonis en Violencia e islam es la de la situación de la mujer y su “cosificación”. Parejo a la instrumentalización de la religión como catalizador de poder, está el uso para la satisfacción de los apetitos, y para el autor, este es un punto clave; el Islam “transformó a la mujer en un objeto que se posee y a la sexualidad en un código”.

Afirma el sirio que en este Islam “la mujer ya no existe, solamente un sexo o una fantasía que se llama ‘la mujer’. Y ha hecho de ella un instrumento para el placer y el deseo del hombre”. Explica Adonis que “hoy Daesh en Irak y Siria, organiza concursos para elegir al mejor lector del Corán ofreciéndole al ganador una mujer cautiva”.

Partidarias de la formación islamista pakistaní Jamaa-e-Islami sujetan pancartas en Lahore por el día internacional de la mujer

Partidarias de la formación islamista pakistaní Jamaa-e-Islami sujetan pancartas en Lahore por el día internacional de la mujer

Para Amirah, en el Corán “existen niveles muy diferentes de la relación entre varón y mujer, y su tratamiento jurídico", y reconoce que "se dan con frecuencia interpretaciones discriminatorias basadas en la religión”. Sin embargo, el investigador del Instituto Elcano menciona una circunstancia, el patriarcado, que impone un interés a cuyo servicio, como en el caso del poder politico, entra la religión de nuevo.

El patriarcado se vale de la interpretación rigorista -explica- hace proselitismo de ella y utiliza para ello los abundantes recursos a su disposición. Es un uso de la religión”. Relaciona así la especial situación discriminatoria de la mujer en los países de la península arábiga. Y añade: “El profeta no dijo nada de eso. En el resto del mundo musulmán no se da esta interpretación radical”.

“El Islam permite una interpretación en la que existe la tolerancia. Cuando se lee el Corán en lengua árabe, vemos que continuamente se utilizan los dos géneros. En una sociedad patriarcal como la Arabia del siglo VII fue algo revolucionario. Reconoce el derecho de la mujer a la propiedad privada, el derecho a heredar, a testificar en un juicio. El Islam trajo estos cambios en sus orígenes, pero el problema es la permanencia del patriarcado”, insiste Amirah.

Las mujeres saudíes no pueden conducir, tampoco viajar, trabajar ni recibir tratamiento médico sin autorización de sus familiares masculinos. Por eso, ha sorprendido el anuncio del rey Abdulah de permitirles presentarse como candidatas y votar en las elecciones locales del 2015. Poco y tarde para muchos, pero un gesto sin precedentes en un reino donde la tradición islámica y tribal, es ley.

Dos mil millones de musulmanes

Casi dos mil millones de musulmanes atestiguan el protagonismo de esta religión. Amirah menciona “un factor clave en la aceptación y el éxito del Islam desde sus comienzos”, que, paradójicamente, no es ni más ni menos que “su defensa de un ideal de igualdad. Esto, para una población tradicionalmente sometida a situaciones durísimas de opresión y sometimiento, fue un argumento muy atractivo”.

Pero el investigador explica que para entenderlo en la actualidad “hay que tener en cuenta que existe un crecimiento demográfico natural -propio de las regiones donde se practica el Islam- además del proselitismo financiado con petrodólares”.

Por su lado, Adonis insiste: “Yo creo que el monoteísmo es el resultado de dos cosas. Primera, el desarrollo del sentido de la economía. Segunda, el desarrollo del sentido del poder. (…) El Islam es el último ejemplo de ello”.

El poeta sirio pone los pies en el suelo, pesimista: "No hemos tenido en cuenta, o no lo suficiente, la naturaleza humana: el poder, el dinero y la violencia. El Islam despertó en el ser humano el instinto de la posesión".