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 El candidato demócrata Bernie Sanders pone sus esfuerzos en Florida tras vencer en Michigan.
El candidato demócrata Bernie Sanders pone sus esfuerzos en Florida tras vencer en Michigan.
Análisis

Sanders y Trump desafían de nuevo al 'establishment'

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La última noche electoral en las primarias de Estados Unidos ha traído una sorpresa y una confirmación. La sorpresa la ha dado Bernie Sanders con su victoria contra todo pronóstico en Michigan. La confirmación, una vez más, es la de Donald Trump como favorito sin discusión entre las bases republicanas. A estas alturas, tan sólo Ted Cruz puede hacerle algo sombra.

Es la economía, Hillary (al menos en Michigan)

Los medios estadounidenses coinciden en que la victoria de Sanders en Michigan, un estado importante por el número de delegados, se ha basado en la economía. El candidato, que se autocalifica de socialdemócrata, no ha dudado en atacar insistentemente a Clinton por su apoyo a los "desastrosos" acuerdos de libre comercio que han perjudicado la industria local.

Bernie Sanders ha encontrado un asunto en el que puede hacer verdadero daño a Clinton: el comercio

"Bernie Sanders ha encontrado un asunto en el que puede hacer verdadero daño a Clinton: el comercio", explica The Washington Post.

Este mensaje ha calado entre el electorado que parece más fiel a Sanders: los trabajadores de raza blanca (mientras que Clinton cuenta con el apoyo de los afroamericanos, como se está viendo en los estados del sur). Stephen Collinson, analista de las primarias para CNN, asegura que al equipo de Clinton le preocupa ya que la resistencia de Sanders sea más dura de lo esperado en estados con un componente similar, como Ohio, Illinois o Wisconsin.

"Es casi seguro - especula el New York Times - que este revés la conducirá a agudizar o incluso repensar su mensaje económico que no parece llegar a los votantes que se sienten traicionados por la forma en que el Partido Demócrata ha abrazado el libre comercio y consideran que las fuerzas de la globalización y la desregulación les han dejado atrás".

Así al menos, Sanders habrá logrado, si no la nominación, lo que parece imposible, inocular parte de su discurso en la campaña de Clinton y en el programa del Partido Demócrata, al que este independiente se afilió en 2015.

Trump vs. Cruz vs. Trump

En el bando republicano, se acerca la hora de la verdad y es Trump quien tiene las mejores cartas. Sus victorias arrolladoras en Misisipi y Michigan han demostrado que los ataques de los dirigentes conservadores durante la última semana no le han hecho mella. Sus triunfos ya no extrañan a nadie y preocupan a muchos. Está claro que es el aspirante con más posibilidades de ser nominado por las bases.

"A Trump se le veía y se le escuchaba como un candidato que sabe que no puede ser vencido", resume en la web Politico el cronista Eli Stokols, quien se pregunta cómo los aspirantes republicanos han podido caer, uno tras otro, ante un tipo que utiliza las ruedas de prensa para promocionar productos con su marca personal, desde alcohol a chuletas.

Trump podría cerrar la partida en tan solo una semana, en el "pequeño supermartes" republicano del 15 de marzo. Ese día se vota en cinco estados, y en dos de ellos, Ohio y Florida, el sistema de elección da todos los delegados al vencedor. Si Trump se impone, tendría la victoria matemáticamente al alcance de la mano (para una explicación detallada de este supuesto, recomendamos leer este artículo del Washington Post).

En Florida, además, Marco Rubio, no hace mucho la gran esperanza blanca del establishment conservador, se la juega a todo o nada.

Parece claro que Ted Cruz es el único que puede hacer sombra a Trump, y que las primarias del partido del elefante se discernirán en el ala más derechista del espectro político, entre un outsider xenófobo y el campeón del Tea Party.

El magnate parece ya un candidato tan firme que el columnista del New York Times Thomas Friedman asegura que sólo puede perjudicarse él mismo.

"Un día, puede ir demasiado lejos y hacer algo tan feo, tan 'camisa parda', que le revolverá las tripas a la gente", escribe Friedman. "En resumen, sólo Trump puede ganar la mano a Trump. No cuenten con ello, pero tampoco lo descarten".

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