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La tregua para Siria, un pacto incierto mientras siguen los combates

La paz en Siria, dosis de buena voluntad para ganar una apuesta difícil

  • EE.UU. y Rusia patrocinan una tregua en Siria que alivia, pero no aclara su futuro

  • La guerra de Siria se ha convertido en un pulso de intereses de potencias

  • Al Asad: La oposición aliada a Arabia Saudí representa a terroristas, no a políticos

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Un conflicto tan complejo como la guerra civil que asola Siria no admite alivios o soluciones sencillas. El titular que este viernes ha anunciado un acuerdo de tregua entre las partes, apoyado y conducido por Estados Unidos y Rusia, es escueto, pero su puesta en práctica prevista dentro de una semana aún habrá de superar una difícil maraña de voluntades.

Las felicitaciones mútuas no deben esconder el desesperanzador arranque de las conversaciones de paz en Ginebra, actualmente suspendidas por Staffan de Mistura (representante de la ONU) tras el recrudecimiento de los combates en Alepo. 

Sin ir más lejos, la oposición siria ya ha puesto condiciones sobre la mesa. El vicepresidente de la opositora Comisión Suprema para las Negociaciones (CSN), George Sabra, ha señalado tras conocerse el acuerdo que los opositores rechazan hablar de un alto el fuego hasta que no haya primero un diálogo y una transición política en el país árabe.

Intenciones obvias y ambigüedad, un juego de poder tras las armas

"El alto el fuego debe estar vinculado al proceso de negociaciones y a una transición política, no puede venir antes", ha dicho a Efe por teléfono Sabra, cuyo liderazgo desde la formación CNFROS agrupa a formaciones políticas y militares. Según Sabra, primero debe entrar, además, la ayuda humanitaria en las áreas asediadas y para todos aquellos que la necesiten, condición contemplada en principio por el acuerdo de tregua.

Por otro lado, el Consejo Nacional Sirio (CNS) grupo opositor tolerado por el régimen de Bachar al Asad, ha manifestado su apoyo a apoya la tregua, calificándola de "necesaria" para hallar una solución política al conflicto. El presidente del CNS, Hasam Abdelazim, ha afirmado a Efe que "son pasos necesarios si se quiere lograr en algún momento una salida política a la guerra".

No obstante, Talal Salu, líder de las Fuerzas de Siria Democrática (FSD), una alianza kurdo-árabe que lucha contra el grupo terrorista Estado Islámico (EI), ha advertido que los términos del acuerdo, aún no en vigor, no están muy claros. Salu apostilla la afirmación desde su presunta neutralidad: "Nosotros no asediamos ciudades ni bombardeamos zonas civiles por lo que ese pacto no nos afecta (...) las FSD solo luchan contra el EI", ha dicho.

El líder kurdo considera que su grupo es "la fuerza más importante que está sobre el terreno luchando contra el Daesh" y han recibido garantías de EEUU de que estarán presentes en la siguiente ronda de la conferencia de paz de Ginebra, tras las amenazas de Turquía de boicotear la conferencia si lo hacían.

La guerra profunda: Arabia Saudí, Irán y el conflicto sectario

Una de las traducciones que este panorama admite según la mayoría de los expertos, es la de un capítulo más del choque ancestral entre suníes y chiíes. Los gobiernos de Teherán y Riad capitanean la versión moderna de este antagonismo, en una pugna por monopolizar la influencia en una zona donde confluyen el poder económico del petróleo y el poder político que deriva de dictar el camino a las naciones bajo confesión musulmana.

Irán se alinea con el correligionario Al Asad y su aliado Putin. Sobre el terreno, cuentan además con la potencia política y militar de Hizbulá. Moscú ha construido un discurso de legitimidad hacia el gobierno pre conflicto para desplegar sus acciones militares que con una aparente impunidad machacan al EI pero también a civiles y a opositores al régimen.

El dirigente opositor Sabra ha declarado que su organización no mantiene contactos con Washington y "mucho menos con Rusia, que está ocupando el territorio sirio y bombardea a los civiles".

Las fuerzas gubernamentales "tienen libaneses chiíes de Hezbolá, Irán también les está enviando soldados, y los Hazara, un grupo chií de Afganistán, han sido enviados al frente para apoyar al ejército de Asad", explica a RTVE.es el analista paquistaní Ahmed Rashid.

Soldados gubernamentales sirios festajan haber tomado el control del pueblo de Kiffin, al norte de Alepo Soldados gubernamentales sirios festajan haber tomado el control del pueblo de Kiffin, al norte de Alepo

Argumentos espirituales para guerras materiales

Y Rashid subraya la importancia de los matices: "El reclutamiento por parte de los chiitas, ya sea para Assad, para Hezbolá o para Irán directamente, o para el régimen iraquí, exige un alto nivel espiritual (...) Para ellos, el martirio y la lucha contra la opresión es una parte de las creencias religiosas".

En el caso de los suníes, se mezclan el radicalismo de la llamada yihadista al terror del Estado Islámico y el puritanismo wahabí patrocinado y alentado por Arabia Saudí, otro actor con pies en la guerra de Yemen. Enemigos ante la comunidad internacional, hay voces que apuntan al vínculo entre el patrocinio internacional saudí del Islám extremo y la proliferación de extremistas islámicos violentos.

"La idea del Califato (ya declarado por el EI en junio de 2014) como un Califato suní, que exterminará a todos los no musulmanes y elimina la pertenencia de todos los musulmanes a cualquier otra secta (...) ejerce un gran atractivo sobre los suníes", explica Rashid.

El "plan B" de Arabia Saudí

El pasado día 2, el portavoz militar saudí, Ahmed al Asiri, anunció que el Ejército de su país estaba dispuesto a participar en una operación terrestre con fuerzas especiales en Siria si así lo requería la coalición internacional liderada por Estados Unidos. A su propuesta se sumó posteriormente Emiratos Árabes Unidos y también ha sido respaldada por Washington.

"Va a haber un 'plan B' en caso de que fracase la solución política en Siria", subrayó el miércoles en Marruecos el ministro de Exteriores saudí, Adel al Yubeir, en alusión a la posible intervención militar.

En una entrevista publicada este viernes por AFP, Al Asad ha dicho sobre la oposición apoyada por Arabia Saudí presente en Ginebra que "Si Arabia Saudí fomenta el terrorismo a nivel internacional, sus representantes son, naturalmente, terroristas, no políticos".

Para Asad, "no se van a tener negociaciones directas sino a través de (Staffan) de Mistura. En este sentido somos claros, no estamos negociando con sirios, sino con representantes de Arabia Saudí, de Francia, de Reino Unido, etc.". Para el presidente sirio, nunca será un diálogo "sirios con sirios", y, añade "nunca consideraremos como siria" la conferencia.

El analista en la Fundación Gulf State Analytics, Theodore Karasik, ha explicado a Efe que la intervención, que, según él, supondría un paso militar y político contra el futuro del régimen del presidente sirio, Bachar al Asad, cuenta con "aspectos desconocidos".

Motivos ocultos y una gran, y peligrosa, incertidumbre

Una opinión en la que insistió, recoge Efe, el director general de la Fundación del Oriente Próximo y el Golfo Pérsico, Riad Qahuayi, quien subrayó que se desconocen todos los detalles sobre el tipo y grado de participación de Arabia Saudí, Emiratos u otros países en una eventual movilización terrestre.

En el caso de Emiratos, precisó Karasik, ese país evitaría que la situación pudiera desembocar en una ruptura de relaciones con Rusia, aunque no descartó que sobre el terreno se pudieran producir enfrentamientos directos entre las fuerzas árabes y las iraníes y las rusas.

Asimismo, indicó que una irrupción terrestre provocaría la división de Siria y añadió que Irán, que se encuentra sumido en una profunda crisis con Arabia Saudí, "no permanecerá de brazos cruzados" ante unas operaciones de ese tipo.

Por otro lado, Karasik agregó que otro de los objetivos de la intervención sería "imponer un gobierno árabe interino y de carácter castrense, y frustrar los intentos del grupo yihadista Estado Islámico de sacar provecho del vacío político"

Este viernes, el ministro de Exteriores de Arabia Saudí, Adel al Jubeir, ha abogado en Munich por apartar primero del poder al presidente sirio, Bachar al Asad, y combatir luego al Estado Islámico. "Estamos trabajando para el cambio político" en Siria, ha explicado Al Jubeir, quien ha añadido que "el objetivo de Arabia Saudí es "apartar al hombre responsable de 300.000 muertes y del desplazamiento de varios millones. Es nuestro objetivo y lo conseguiremos".

Pensar en la ¿lejana? reconstrucción

La reconstrucción siria, una vez que se forme un "nuevo gobierno legítimo" no necesitará solamente "nuevas piedras", sino también "personas con muchas capacidades" y en esa segunda etapa de la reconstrucción los socios europeos pueden realizar una importante contribución.

Así lo ha planteado este viernes en su intervención en la Conferencia de Seguridad Múnich la ministra de Defensa alemana, Ursula von der Leyen. La ministra propuso tambiñen a Francia encabezar conjuntamente una misión de reconstrucción de la paz en Siria una vez que acabe la guerra y las partes negocien el futuro político del país.

Von der Leyen avanzó la disposición del ejército alemán para emprender esta tarea y consideró interesante que "otros países contribuyan" en este esfuerzo, para apuntar después directamente París para coliderar la iniciativa.

La cercana, y dura realidad

Pero pesa la realidad, y lo hace de una forma aplastante. Europa se ahoga bajo una marea interminable de refugiados que huye de un infierno sin solución.

En cuanto al regreso de la delegación opositora a la conferencia de Ginebra, cuya reanudación está prevista para el 25 de febrero, Sabra indicó que la CSN no retornará a menos que se cumplan las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU referidas a la situación humanitaria.

Los opositores exigen la implementación de los artículos 12 y 13 de la decisión 2.254 del Consejo de Seguridad. La cláusula 12 insta a las partes a permitir el acceso a todas las agencias humanitarias para asistir a la población, sobre todo a aquellas personas que están en áreas asediadas en Siria, mientras que el 13 exige el fin de los ataques indiscriminados a civiles.

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