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El embajador de Afganistán en España recorre la historia de su país en su último libro

Los susurros de la guerra que son silencios

  • El embajador de Afganistán en España publica un libro con sus vivencias

  • Masud Jalili combatió contra los soviéticos, los talibanes y Al Qaeda

  • Fue compañero de Ahmed Masud, héroe nacional afgano asesinado

  • "El camino de la libertad es el más complejo", afirma en una entrevista

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Masud Jalili, embajador de Afganistán en España desde hace cinco años, ya piensa en volver a casa. En realidad, siempre piensa en casa, en el hogar primigenio. En aquel "jardín de Kabul" que, un día, le confiscaron y del que -en el exilio o en el campo de batalla- nunca dejó de pensar. Hoy, simbólicamente, sigue representando la tierra por la que este diplomático, filólogo y poeta ha luchado la mayor parte de su vida.

Testigo directo de la historia viva de su país, acaba de publicar Los susurros de la guerra. Su esposa Sohaila y sus hijos le convencieron de que aquel diario que, hace 30 años, le había escrito a ella merecía ser leído por el público. Un cuaderno de bitácora en torno al drama de la guerra. El relato detallado de "un gran viaje".

Yo no tenía nada en aquellas montañas. Mi mujer era una refugiada en la vecina Pakistán. Y lo único que me consolaba era escribir a mi mujer

"Yo no tenía nada en aquellas montañas. Mi mujer era una refugiada en la vecina Pakistán. Y lo único que me consolaba era escribir a mi mujer". "¡Oh, mi amada!", exclama, de repente: "Me sentaba en lo alto de una cima, miraba el arcoiris y, bajo él, no veías águilas, sino a los aviones del enemigo lanzando bombas... Aún así, deseaba que ella estuviese conmigo, mirando un país que es tan bello".

Siempre, junto a Ahmed Masud

La belleza, oscurecida por el horror de la contienda. Eran mediados de los años ochenta. Afganistán luchaba contra la invasión soviética y Masud Jalili se embarcaba, entonces, en una travesía llamada a amplificar el movimiento de liberación y planificada, concretamente, para convencer a las tribus locales de la necesidad de enfrentar aquella amenaza venida del exterior. El objetivo era organizar la sublevación sobre el terreno, aquella guerra de guerrillas apoyada por Estados Unidos y otras naciones occidentales.

¿Y quién estaba al frente de aquella expedición? Para Jalili, un estrecho amigo: Ahmed Shah Masud, "el león del Panjshir", líder de la resistencia, de la poderosa Alianza del Norte, celebrado en la actualidad como héroe nacional de su país. "El afgano que ganó la Guerra Fría", escribió en su día The Wall Street Journal.

Masud no era únicamente un combatiente. No fue sólo un ministro. Él fue, en sentido real, un líder

Cuenta que, para él, "Masud no era únicamente un combatiente. No fue sólo un ministro. Él fue, en sentido real, un líder. En un país puedes tener un primer ministro, un presidente, un ministro o un gobernador, pero si no tienes líderes como él, la gente no estará motivada, no se podrá movilizar y el enemigo será más fuerte. Si Masud estuviese vivo, lideraría el país... No hacia la guerra, sino hacia la paz".

El 9 de septiembre del 2001, dos días antes de los atentados del 11-SMasud fue asesinado en un remoto lugar por dos acólitos de Osama bin Laden que se habían hecho pasar por periodistas. La bomba la llevaban en el interior de la cámara. Y Jalili estaba allí. Con la desaparición de Masud, Al Qaeda pudo abrirse camino y excavar su refugio.

Masud Jalili, asesor político del líder revolucionario, sobrevivió milagrosamente al atentado y, hoy, puede contarlo todo al detalle. Su rostro muestra las secuelas, pero la herida fue mucho más profunda: "Cuando pierdes a un amigo, siempre te sientes mucho más sensible porque, simplemente, el amigo que tenías a tu lado... se ha ido y jamás volverás a verlo en este mundo". Y, sin dejar de mover las manos, de mirar hacia arriba, con voz pausada, al ritmo de un rezo, añade: "Gracias a Dios que pronto lo volverás a ver. En otro mundo. En cualquier caso, yo siempre lo recuerdo como la persona humilde que era y la enorme confianza que le tenía su gente".

Las últimas horas de vida de Masud las pasaron juntos: "Me acuerdo de cuando perdió la vida justo a mi lado, pero también de la noche anterior. Recuerdo que estábamos los dos en una pequeña habitación. No había nadie más. Era el comienzo del otoño y el cielo sobre nosotros era hermoso, las estrellas parecían colgar del techo. Después de hablar de política, abrimos un libro y leímos poesía". El embajador, en este momento de la entrevista, hace una pequeña pausa, pero sin apenas esfuerzo rememora uno de aquellos poemas y lo recita: "Muchas noches vendrán. Muchos días pasarán. Y muchos peligros desaparecerán. Pero vosotros dos no podréis volver a veros otra noche...".

Al día siguiente, Ahmed Shah Masud murió. "A mi lado", repite Jalili.

"El lamento de la gente común"

Los susurros de la guerra reflexiona sobre la libertad y la pobreza, se inmiscuye en los entresijos a veces olvidados de cualquier contienda. Y habla de lo que se fueron encontrando en aquella travesía. Y de lo que deja tras de sí un conflicto: "El lamento, la risa, el sentimiento, el dolor... Y la tolerancia o el destino de la gente común".

Para mí, era muy importante estar con mi pobre gente para tomar nota de sus anhelos

Porque el libro se nutre de vivencias y de personas "que susurran, pero a las que casi nunca se les escucha". "Para mí, era muy importante estar con mi pobre gente para tomar nota de sus anhelos. Como combatiente o como oficial, como decía mi padre (el famoso literato afgano Ustad Jalilulá Jalili): "Es fácil convertirte en Doctor en Ciencias Políticas, pero difícil llegar a ser persona, una buena persona". Y, a modo de confesión, me cuenta que basándose en la premisa inculcada siempre ha intentado "encontrar el verdadero ser de las personas en plena guerra".

Combatió contra los soviéticos, contra los talibanes, contra Al Qaeda. Asegura que "odia" la guerra. Aún así, dice que "luchaba, de un lado a otro, cientos de millas, montado en mi burro" porque "el camino de la libertad es el más complejo" y "la guerra es la peor opción, pero una opción".

En el cómodo y largo diálogo que mantenemos, hablamos de su libro -que dedica a todas las mujeres-, de Masud -"un visionario"- y también del Afganistán de hoy, en el que ve inevitable dialogar con los talibanes porque, en su opinión, "lo deficiente no perdura". Y se muestra ciertamente optimista, parece que así es su carácter: "El glorioso pasado ya no volverá", pero "tampoco vamos a dar un paso atrás".

"La seguridad, es cierto, aún no es buena"

Le pregunto cómo ve actualmente a su país. "En quince años, hemos logrado muchos avances", contesta, "con la ayuda del mundo, con la colaboración de los ciudadanos y con nuestro ejército. Tenemos 300.000 soldados, incluidas 4.000 mujeres. 150.000 policías. Entre ellos, 2.000 mujeres. Hemos andado un largo camino en relación a las instituciones políticas y a la educación. No sólo hay una universidad, tenemos 35 o 40". Y no evita las tareas pendientes: "Hay una crisis económica y la seguridad, es cierto, aún no es buena".

Lamenta el atentado terrorista, a mediados del pasado mes de diciembre, contra la embajada de España en Kabul y en el que murieron doce personas. Entre ellas, el policía Isidro Gabino Sanmartín y el subinspector Jorge García Tudela. Al sacar a relucir el tema, el embajador afgano vuelve a repetir una palabra que, de cuando en cuando, surge en la entrevista: "Susurros". En esta ocasión, quiere poner el acento en los de las madres y esposas de los dos fallecidos españoles. En la necesidad de ser escuchadas. Como piden siempre las víctimas: que les escuchen. A ellas y a su padecer.

Atentado en la embajada de España en Kabul

"Hoy, la guerra es diferente"

"En tiempos de los soviéticos, se trataba de una guerra convencional. Ahí estaban los soldados. Y se luchaba por la libertad. Pero, hoy, la guerra es diferente. No puedes ver la cara de tu enemigo. No puedes leerle la mente, ni conocer sus intenciones. Además, está en todas partes... y en ningún sitio, como si se tratase de un virus. Y eso es por lo que llevará tiempo".

Masud Jalili habla de la amenaza talibán, pero también -cómo no- del autoproclamado Estado Islámico, al que califica de "fenómeno peligroso". Y se explica: "¿Y por qué es peligroso? Porque se fundamenta en el fanatismo y en el extremismo". Certifica que "Daesh está moviendo ficha en Afganistán", que "ha aparecido en una provincia del Este" y que "son combatientes extranjeros, financiados y entrenados por organizaciones de fuera. Así que llegan y luchan. Aparte de los talibanes y de Al Qaeda".

Hay que combatirlo con unidad, reforzando la cultura propia

Subraya que, en su país, la mayoría son musulmanes, pero no islamistas, así que considera difícil que la negra sombra de ese yihadismo en concreto se alargue aún más por aquel territorio. Sin embargo, ve claramente que "ese nuevo fenómeno hay que combatirlo con unidad, reforzando la cultura propia, para llegar a la cabeza y al corazón de la gente. Y, mientras tanto, en paralelo, dialogar. No con Daesh -que en Afganistán no es muy importante-, sino con los talibanes. Nunca, nunca, dejar de dialogar. Es muy duro, muy difícil e impredecible, pero hay que seguir por la vía del diálogo. Y eso es lo que hacemos".

Los refugiados de ayer y de hoy

El sufrimiento no ha cambiado. La esencia del sufrimiento es el mismo. Porque es el dolor del alejamiento

En Los susurros de la guerra, está muy presente la figura del refugiado. Y, actualmente, son muchos los afganos que cruzan Europa en busca de una vida mejor, escapando de la violencia, de la miseria o, simplemente, de la ausencia de un futuro en su tierra. Los de hace 30 años, "lo único que contaban eran dolorosas historias sobre la separación de sus amadas tierras". "Hoy", dice Masud Jalili, "el sufrimiento no ha cambiado. La esencia del sufrimiento es el mismo. Porque es el dolor del alejamiento. Como separar a una madre de un hijo. ¡Tan duro!".

Hablamos de posibles soluciones. El diplomático afgano cree que "hay que ir a las raíces del problema", ayudar a los países de origen, "con Justicia, con apoyo económico. Y, luego, luchar allí contra los terroristas o contra lo que sea, para poder ver pronto de regreso a los refugiados que se han ido. Sobre todo, las personas mayores".

Entiende que, para el viejo continente, "no ha de ser nada fácil asumir la llegada de un millón de refugiados", pero que a esas personas, "que también son seres humanos", "no se les puede decepcionar". La actitud demostrada en los últimos tiempos por varios países europeos, desde luego, contradice las esperanzas de Jalili, que insiste en recordar los beneficios de la cooperación entre naciones: "La OTAN, por ejemplo, ha hecho mucho por Afganistán. Hay que estar muy agradecidos. Allí, han perdido en los últimos 15 años a 4.000 jóvenes, hombres y mujeres. ¡Y ese es un muy precio alto!".

De nuevo, susurros.

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