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Vítor Caldeira, presidente del Tribunal de Cuentas Europeo
Vítor Caldeira, presidente del Tribunal de Cuentas Europeo. TCE

El Tribunal de Cuentas Europeo critica a la Comisión por la preparación y gestión de los programas de rescate

  • Analizan la asistencia a Hungría, Letonia, Rumanía, Irlanda y Portugal

  • Detectan fallos en la supervisión previa y en la creación de los programas

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El Tribunal de Cuentas Europeo ha criticado a la Comisión Europea (CE) por la preparación y gestión de los programas de rescate y asistencia financiera, al detectar fallos tanto en la supervisión previa como en el proceso de creación de los programas, los cálculos y la revisión de los mismos.

En un exhaustivo informe en que los auditores europeos analizan la asistencia financiera concedida a Hungría, Letonia, Rumanía, Irlanda y Portugal, el Tribunal concluye que la Comisión "no estaba preparada para la magnitud de la crisis que estalló" ni para la "gestión de los programas".

Los auditores consideran que el Ejecutivo comunitario subestimó de 2005 a 2008 los riesgos emergentes y los desequilibrios presupuestarios que acumulaban los países, al considerar que sus finanzas eran más sólidas de lo que realmente eran.

En concreto, falló a la hora de evaluar la acumulación de pasivos contingentes por parte del sector público "que con frecuencia se convirtieron en pasivos reales durante la crisis", y además "tampoco prestó suficiente atención al nexo entre la fuerte afluencia de capital extranjero, el estado de salud de la banca y, en último término, las finanzas públicas".

Los auditores no cuestionan si las previsiones realizadas por la CE de cara a elaborar los programas eran más o menos exactas, ya que consideran "difícil" llegar a una conclusión sobre este punto, pero sí detectan fallos en los procedimientos e instrumentos utilizados para las previsiones, que consideran "generalmente insuficientes".

Una de las críticas más claras es a las hojas de cálculo utilizadas para realizar las previsiones de los programas, unos "instrumentos incómodos que dificultan el control de calidad" que además incluían una cantidad de datos "de abrumadora dimensión y complejidad que carece de transparencia y trazabilidad", según el informe. "Como las decisiones se adoptaban bajo enorme presión, el almacenamiento sistemático y fácilmente accesible de los documentos de previsión no era prioritario".

Los programas cumplieron sus objetivos, salvo excepciones

Los expertos consideran que el sistema empleado para llevar a cabo los cálculos hechos en las previsiones, así como la escasez de documentación, dificultaron la comprobación de la verosimilitud de los mismos. Este fue el caso a la hora de calcular el efecto de los multiplicadores fiscales, es decir, el impacto recesivo o estimulante que podría tener las medidas incluidas en el programa sobre un país una vez que interactuaran con las condiciones reales de su economía.

También consideran que las estimaciones del déficit de financiación "eran incompletas e imprecisas" y que los cálculos no fueron convenientemente revisados, ya que no fueron verificados por ninguna persona ajena al equipo que los elaboraba.

Como punto positivo, el informe recalca que los programas de asistencia estaban "generalmente bien fundamentados habida cuenta de las políticas europeas predominantes y de los conocimientos económicos que se tenían en aquel momento". Señala además que los programas cumplieron sus objetivos, salvo excepciones, y que los países asumieron sus compromisos, aunque con ciertos retrasos.

Tras hacerse público el informe, la portavoz comunitaria Annika Breidthardt ha destacado que la crisis "no tenía precedentes" y que la Comisión ha aceptado que hubo "debilidades en la gestión en aquellos primeros momentos", aunque ha defendido que las prácticas han mejorado.

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