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Una mujer iraní cruza una calle en Teherán
Una mujer iraní cruza una calle en Teherán AFP AK

La redención de Irán, de aliado del mal a potencia aliada

  • El levantamiento de las sanciones a Irán le sitúa como potencia emergente

  • El conflicto diplomático con Riad y la producción de crudo marcan el escenario

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La suspensión de las sanciones sobre Irán no solo marca el inicio de una nueva etapa en las relaciones de Teherán con Estados Unidos. Libre de esta mochila de oprobio y recuperada la capacidad operativa en mercados y foros políticos, el antes estigmatizado socio del “lado oscuro”, deja de ser un paria y es reconocido como una potencia en la zona.

El gran perjudicado tras la consolidación del estatus iraní es su eterno enemigo, en lo material y en lo espiritual, Arabia Saudí, por otro lado el aliado preferente de Washington entre las naciones árabes. La legitimación de Teherán aquilata de esta forma el bloque chií en Oriente medio.

No solo se trata de la correlación de fuerzas frente al enemigo suní liderado por Riad, sino además una opción acreditada frente al también chií Al Asad, que desmarca las soluciones en Siria del enfrentamiento sectario religioso.

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De la estrategia de rehenes a la búsqueda de la estabilidad

En condiciones normales, la interceptacion la semana pasada por Irán de una embarcación militar estadounidense y la detención de la tripulación, hubiera desembocado en una grave crisis diplomática. Sin embargo, el incidente se aclaró como un error y perdones y disculpas fluyeron hasta la inmediata liberación de los marineros. Semejante buena disposición es un claro síntoma del nuevo orden.

Como muestra, cabe mencionar un suceso parecido cuando en 2007 Irán capturó un grupo de tripulantes británicos en circunstancias similares. En esa ocasión fueron acusados de espionaje y retenidos durante dos semanas. La actitud ahora hacia los detenidos estadounidenses "resume el nacimiento de una nueva relación entre Washington y Teherán", afirma a Reuters Fawaz Gerges, experto en Oriente Medio de la London School of Economics.

Desde que en 1979 Jomeini y los ayatolás chiíes se hicieran con el poder, la dinámica de presión practicada por Irán ha pasado con frecuencia por la hegociación con rehenes. Así ocurrió ese mismo año con los 52 norteamericanos retenidos durante 444 días en la embajada de Estados Unidos en Teherán. Al mismo tiempo se disparaban los ataques suicidas con explosivos contra embajadas occidentales y tropas en Líbano, así como el secuestro de aviones y de personas.

Informe semanal - Irán por dentro (1981)

Disolver recelos antiguos para apagar guerras nuevas

La confianza deberá escalar un muro que 35 años de recelos han hecho intratable. Washington aún mantiene vigentes sanciones que penalizan el lanzamiento el pasado octubre por Irán de misiles intercontinentales, capaces de poner cabezas nucleares en un extenso radio. La vieja complicidad con los saudíes, pesa frente a la, también vieja, eterna animadversión entre la Casa Blanca y los mulás iraníes.

Pero las bazas de Irán son incontestables en el nuevo equilibrio de fuerzas geopolítico de Oriente Medio; las políticas y las económicas. "Un país factible como superpotencia en la región y un mercado emergente con un potencial similar al de Turquía", lo describe Gerges.

"Hay una nueva relación basada en en una comprensión nueva del papel crucial de Irán en la zona, y es que Irán está para quedarse", añade. Para Estados Unidos, el gobierno de Teherán ha dejado de ser un acosador secundario para convertirse en un protagonista de la estabilidad en la tarea "de apagar fuegos".

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El enfrentamiento sectario entre chiíes y suníes parece claramente enquistado en la intransigencia, como todas las cuestiones de fe cuando se tiene fe. La última crisis social y diplomática disparada tras la ejecución por Riad del clérigo chií Nimr el-Nimr así lo atestigua.

Por otro lado, la suspensión de las sanciones a Irán ha resucitado para Teherán las relaciones comerciales y descongelado los fondos bancarios. Las terceras reservas mundiales de crudo podrán fluir ahora con total legitimidad. Un río de petróleo que hará patinar el monopolio saudí y un caudal de divisas que revitalizarán al nuevo gigante chií.

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Riad mientras tanto insiste con testarudez en el conflicto de religión, algo que rescata para Occidente la conciencia de su actividad como patrocinador de radicales como Al Qaeda y el Estado Islámico. En este contexto, a los ojos de la comunidad internacional el crédito iraní crece frente al caos aparente que guía a Arabia Saudí desde que el inexperto príncipe Mohamed bon Salman sucediera al rey Salman.

"Los saudíes actúan como si estuviesen bajo asedio, como si cada pequeño suceso fuera el fin del mundo", explica Gerges, y añade: "Enfadados, con rabia, sin perspectiva a largo plazo". En contraste, Irán "confía en que es una potencia emergente y que el mundo le necesita", apunta el experto.

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Defiende el autor francés de origen marroquí Philippe D'Iribarne que, en las sociedades musulmanas, el ámbito económico y empresarial mantiene cierta inmunidad frente a la irracionalidad del fanatismo religioso. La arena de los nogocios y el capital son asuntos que pueden gestionarse guardando las apariencias ante la masa de creyentes. La pregunta es si la política puede beneficiarse de este sentido práctico.

El gobierno saudí afirma que su política en la región es coherente, no motivada por ideología o religión, "es una reacción a la agresión iraní", afirma Al-Jubeir, ministro saudí de Exteriores.

Pero el experto Farhang Jahanpour, de la Universidad de Oxford, solo ve una dirección posible: "Ambos países deben cooperar, porque si el presente estado de antagonismo continúa, ambos se convertirán en perdedores y podemos asistir a décadas de guerras en la región y más allá".

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