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Las 1304 palabras imprescindibles sobre el cómic

  • Se publica el primer Diccionario Terminológico de la Historieta
  • Su autor es Manuel Barrero, de la Asociación Cultural Tebeosfera

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Fragmento de la portada del 'Diccionario terminológico de la historieta'
Fragmento de la portada del 'Diccionario terminológico de la historieta'

A estas alturas todo el mundo sabe lo que son las viñetas, bocadillos y otros términos comunes de la historieta. Pero… ¿alguien sabe decirme qué significa "lectoespectador", "liánhuánhuá" o "prolepsis". Esos son solo algunos de los términos que podemos encontrar en el Diccionario Terminológico de la Historieta (ACT Ediciones) de Manuel Barrero.

Un libro que el autor define así: “Se trata de un libro de consulta, de referencia, de esos que tienes ahí, en el anaquel, para cuando los necesitas. No fue planteado en principio como un texto para leer de corrido, o como lectura para la piscina ni para esos ratos en el bus. No, porque se trata de un nomenclátor riguroso, que pretende abarcar todos los conceptos relativos a las actividades de creación y producción de las publicaciones que contienen viñetas o cómics, y además añade una amplia terminología relacionada con su lenguaje y cuestiones técnicas. También acompaña muchas voces de la jerga de los aficionados, sobre todo de los seguidores de superhéroes y de manga, que son los que más actividad cultural han generado en torno al cómic en el mundo”.

“Es un planteamiento teórico ambicioso –continúa Manuel- porque además está escrito con un lenguaje que permite a cualquier lector comprender la mayoría de las explicaciones perfectamente. Como objeto, el libro está planteado para que resulte atractivo al tacto y a la vista (¡al gusto no, no le pasen la lengua en casa!); hemos cuidado el diseño, y además lleva al final un anexo con una bibliografía general sobre historieta y sátira gráfica que es accesible y adecuada para cualquier interesado, sobre todo para los que quieran profundizar en el conocimiento de los cómics y del humor”.

Un libro imprescindible

Manuel nos comenta por qué era necesario este libro: “Toda disciplina artística o científica tiene sus diccionarios o sus glosarios de referencia. Generalmente, varios o muchos. Del cómic solamente había uno en España publicado en plan monográfico, el divertido libro de Antoni Guiral Terminología (en broma pero muy en serio) de los comics, que él mismo editó bajo el sello Funnies en 1998. Ha llovido. ¡Casi veinte años han pasado, y no veas lo que ha cambiado el mundo del cómic! Es cierto que se han publicado glosarios parciales durante todo este tiempo, como los que el mismo Guiral se ha preocupado de incluir en su enciclopédica Del tebeo al manga (Panini), pero en ACyT pensamos que era conveniente disponer de un manual compacto, más ambicioso, que recogiese todo lo que sabemos hasta hoy en un bloque y lo pusiese al día”.

“Era necesario –continúa Barrero- para darle visibilidad al medio frente a la cultura o frente a otros medios. Imagino que si las instituciones y la prensa observan que existe un nuevo y grueso diccionario sobre el cómic y el humor a lo mejor caen en la cuenta de que esto de las viñetas “tiene miga”. De eso se trata. Por cierto que existe también un reciente diccionario en portugués, muy recomendable y ameno, elaborado por el historiador Leonardo de Sà: Dicionário Universal da Banda Desenhada. Pequeno léxico disléxico, editado en 2010 por Pedranocharco”.

Portada del 'Diccionario terminológico de la historieta'

Portada del 'Diccionario terminológico de la historieta' ACT Ediciones

1304 palabras

“Hemos seleccionado 1.304 conceptos. La selección inicial era mayor porque quise abarcar demasiado, o sea, escoger términos genéricos que en realidad no deben estar en un diccionario especializado en cómic sino en el diccionario de la RAE, o de tipografía, o sobre comunicación en general, como correspondería. Los que han quedado también contienen términos genéricos, pero que he considerado que era importante describirlos en su aplicación específica al medio. Por ejemplo, “posmodernidad”, o “paradigma”, o “academicismo”. No obstante, de los escogidos inicialmente hemos desestimado tanto conceptos específicos como generales”.

“Uno de los específicos que hemos retirado –asegura Barrero- ha sido “injury-to-the-eye motif”, que se refiere a esas imágenes impactantes por su violencia que tanto detestaba Fredric Wertham pero que, a día de hoy, ya no es un término de uso entre la afición ni entre los teóricos. Otro de los que no entraron fue el término nipón “zasshi” que es verdad que bastantes aficionados al manga usan para referirse a una revista periódica con viñetas o historietas, pero en realidad es un término en japonés que significa simplemente “publicación periódica”, no siendo exclusiva del manga. Habrá algunos conceptos que el lector del diccionario entenderá desfasados, otros demasiado desconocidos para él, pero los escogidos creemos que si bien es posible que no sean “de uso” al menos sí sirven para conocer mejor el medio y las labores de los que trabajan en él y en su industria”.

8 años de trabajo

Un libro de estas características requiere de mucho trabajo, como nos cuenta barrero: “Comencé hace siete años, quizá ocho, cuando hallaba términos atractivos, distintos o confrontados en mis lecturas para documentarme sobre tebeos. Uno muy típico era el de la expresión francesa “mise en page” con respecto a su traducción “puesta en página”, pero que son conceptos distintos dependiendo del matiz del teórico o del autor que los utilice. Otro caso típico es el de “maqueta”, término que procede de un uso profesional en las imprentas para referirse a la obra impresa que se toma como plantilla o referente para tirar muchos ejemplares más y que hoy se utiliza como sinónimo de “diseño” (o sea, ha pasado de ser algo físico a ser algo virtual)”.

“El proceso de trabajo ha sido, por lo tanto, laborioso. De contraste –añade Barrero-. De ir apuntando ideas, opiniones opuestas, puliéndolas y construyendo definiciones objetivas hasta donde me ha sido posible para no dejar de lado ninguna de las acepciones que puedan tener los diferentes términos. Es más, si hay grupos de teóricos o divulgadores que entienden que un concepto debe definirse de otro modo, o simplemente porque ellos así lo emplean cotidianamente, eso queda recogido en este diccionario. Así ocurre con el binomio “novela gráfica”, que hace un sigo se utilizaba con un sentido en castellano, a mitad del siglo XX adoptó otro significado en España y hoy tiene otro muy distinto para gran parte de los lectores y también para la opinión pública”.

“Por esta razón –continúa el autor- el diccionario se ordena aportando hasta tres párrafos de cada concepto: una definición objetiva, una digresión sobre la etimología o los usos del mismo y, si hace falta, también una discusión sobre su mal uso o su caída en desuso. Un ejemplo de esto último sería la voz “comic-book”, que suele escribirse masivamente con guión pero más en España que en EE UU, su lugar de origen, donde solo se escribe así si se emplea como adjetivo. La costumbre, como tú sabes, hace la norma muchas veces…”

Páginas del 'Diccionario terminológico de la historieta'

Páginas del 'Diccionario terminológico de la historieta' ACT Ediciones

El cómic y la tecnología

El avance de la tecnología cambia el mundo a velocidades insospechadas, algo a lo que no escapa el cómic. Aunque experimente menos variaciones que otros medios. “Hay que admitir –asegura Barrero- que la narración con imágenes fijas no se ha visto muy alterada por los hipermedios nuevos (hace unos años pensábamos que sí, que sería toda una revolución, como predijo el señor McCloud). O sea, se difunde mucha viñeta y mucho cómic por internet, pero siguen siendo las estructuras de partida, las dibujadas sobre el papel, trasvasadas a un ordenador. Cambian poco, y aunque hay autores que rompen moldes con sus webcomics, lo curioso es que los valoramos cuando a un editor se les ocurre recopilarlos en papel... ¿no es paradójico? De todos modos, hoy se está avanzando mucho en las minianimaciones, en los gifs narrativos, y por ahí el medio va a experimentar una mutación (pero cuando lleguemos a ella tendremos que plantearnos si estamos hablando del mismo medio o si es otra cosa)”.

“Por lo que se refiere a la terminología –afirma Barrero- desde luego que se ve afectada por la tecnología. Mucho. Los avances en informática, las mejoras de software y hardware, las redes sociales… no solo han cambiado conceptos, también perspectivas y han generado terminología nueva o diferente: "e-comic", "autoedición", "fanart", "meme", "scanlation", todos son términos que surgen nuevos o han modificado su definición desde que el mundo está en línea”.

“Sobre cómo esto ha afectado al diccionario –comenta el autor- una de las palabras que tuve que retirar fue “puntero”, porque en su día anoté que podía ser una herramienta de dibujo de cómic, pero claro, aún no se habían comercializado las tabletas gráficas, y al final opté por cambiar la denominación. Otro caso singular es el de “cinematic multiverse”, que es una idea compleja que afecta a todo un escenario compartido por muchas series tras la traslación al cine de sus personajes. Esto no hubiera sido posible si la tecnología de efectos especiales no hubiese llegado a donde está hoy. Aquellas pelis que hicieron de los héroes de Marvel en los noventa ni siquiera las tuvo en cuenta la afición, pero hoy cada estreno cambia la política de la empresa editorial”.

Algunos términos curiosos

En el libro no faltan términos curiosos, como apunta Barrero: “Por supuesto sonarán raros los términos técnicos, como es lógico. Nadie va a una librería de cómics, o se planta en un foro, y dice: “Aquí tiene lugar una "metalepsis" de gran eficacia”. En todo caso podría decir: “Estos super deformed me molan”. Pero el concepto semiológico es el que es y en el diccionario vienen recogidos ambos. La metalepsis es un término más amplio, por supuesto, porque alude a todo añadido al relato en curso que lo clarifica o lo apostilla, y puede ser una minicaricatura del personaje principal que emite un consejo o bien un icono o un rótulo que genera un paralelismo con lo que se está contando”.

“Otro que puede resultar raro a los lectores de cómic en general es “sustancia”, que parece una palabra comodín pero que tiene gran importancia, porque en lo sustancial (es decir, en la parte conceptual que liga la expresión con el contenido de una viñeta cualquiera, y da sentido a su plasmación gráfica con un sentido narrativo o ilustrativo) es donde radica la diferencia del cómic con otros medios. Un cómic no es una película. No es una novela. No es un manual de instrucciones de seguridad con siete dibujos ni un retablo con doce imágenes que recuerdan un fragmento de la Biblia. ¿Por qué? Porque tiene diferente sustancia comunicativa. Eso sí, para pillarlo del todo hay que leer la definición completa. Y para eso hay que comprar el libro”.

Formatos de cuatro tebeos clásicos españoles

Formatos de cuatro tebeos clásicos españoles ACT Ediciones

Ilustrado con grandes dibujantes

Pero, para que esto no sea un mero diccionario, Barrero lo ha ilustrado con el trabajo de grandes dibujantes: “Está ilustrado de tres formas. En primer lugar, para introducir los capítulos quisimos elegir una imagen simbólica que representase cada letra. Tras darle muchas vueltas escogimos letras rotuladas que fueran muy características de algunos autores. Cuando llegas al capítulo de la W y ves la letra capitular en seguida te viene a la mente Wally Wood. Lo mismo pasa con la A, que es de Carlos Giménez, o con la K, que es de Harvey Kurtzman”.

“En segundo lugar –continúa el autor-, hemos insertado en el texto las imágenes precisas. El libro no podía ir sin ilustrar y tampoco con sobreabundancia de imágenes (por cuestión de derechos y de diseño). Las imágenes, generalmente viñetas, tiras o fragmentos de historietas, son todas de autores de altura. ¿Cómo hacer un diccionario del cómic sin usar imágenes de Vázquez, Adams, Hergé, Byrne, Uderzo, Ware, Pratt, Spiegelman, Tezuka, Sacco, Coll, etcétera? Los más grandes están, te lo aseguro. Y están para ilustrar cada concepto debidamente”.

“La tercera alusión a la ilustración –concluye Barrero- la hacemos desde la cubierta y el colofón, que lleva imágenes de hace un siglo de Ed Carey, uno de esos grandes olvidados del cómic, que creó el único personaje conocido –que yo sepa– llamado “Diccionario”. Era un patán, el pobre, como si mezclaras a Mortadelo con Filemón y Sacarino. Creímos que tenía gran fuerza y lo usamos. Libre de derechos pero aún cargado de encanto”.

Otros proyectos de Tebeosfera

La Asociación Cultural Tebeosfera (ACT) lleva a cabo una labor encomiable. En los últimos meses ha publicado libros tan interesantes como Jan. El genio humilde, La legislación sobre historieta en España o el Gran catálogo de la historieta. Y tienen previstas otras obras igual de interesantes: “Dentro del medio año que queda querríamos dar a luz una nueva entrega de Memoria de la historieta, que irá dedicada a las más importantes revistas juveniles, con textos de Pons, Moliné, Marín, Moreno Santabárbara, Rodríguez y otros, gente que escribe muy muy bien y que da en el clavo con el análisis. Tenemos en producción otra monografía pequeña sobre historieta franco-belga, que creo que va a ser un texto muy importante y celebrado. Queremos publicar otro libro parecido a este diccionario, técnico, alusivo a documentos sobre cómics. Y también estamos planeando editar un tebeo, no nuevo, pero sí con material inédito, para satisfacer a ciertos aficionados. Hasta ahí puedo leer”.

“Es mucho, demasiado –confiesa Barrero- y si sale adelante será por el tesón de nuestro equipo de redacción, cada día más capaz (Javier Alcázar, Félix López, Antonio Moreno, Alejandro Capelo, Paco Martos, Jordi Manzanares, Héctor Tarancón…). Nuestros socios lo celebrarán porque lo reciben todo gratis, je, je. Va a ser difícil dar todo eso en diciembre y dependerá de cómo funcione este libro que ahora hemos sacado, pero lo importante es que seguimos trabajando y lo hacemos con entusiasmo”.

Ilustración de Jidéhem

Ilustración de Jidéhem