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Tsipras recurre a Merkel y Hollande para que una solución política cierre la negociación del rescate

  • Atenas confía en que el acuerdo esté finalizado el próximo domingo
  • El FMI y la Comisión Europea insisten en que "queda mucho trabajo por hacer"
  • Washington y Tokio presionan para que se consiga un pacto

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El primer ministro griego, Alexis Tsipras, se asoma a la puerta de su oficina en Atenas
El primer ministro griego, Alexis Tsipras, se asoma a la puerta de su oficina en Atenas. REUTERS REUTERS/Alkis Konstantinidis

Una hora de teleconferencia a tres bandas entre el primer ministro griego, la canciller alemana y el presidente francés parece ser el último movimiento de Alexis Tsipras para tratar de desencallar las negociaciones entre Atenas y sus acreedores, e imponer una solución política que evite la suspensión de pagos de Grecia.

El Estado heleno debe pagar 1.580 millones de euros al Fondo Monetario Internacional en junio, y ese desembolso solo parece garantizado si se resuelve el tira y afloja que enfrenta desde febrero a su Gobierno con sus socios del euro y el FMI.

Si se logra el pacto, éstos le entregarían finalmente los 7.200 millones de euros que quedan pendientes del actual programa de rescate –no se ha realizado ningún pago desde agosto pasado-, y se podrían relajar las condiciones de financiación del BCE para Grecia. Así se afirmó el pasado 20 de febrero, cuando se prorrogó el rescate heleno hasta el próximo 30 de junio a cambio de que Atenas presentara un plan de reformas que los acreedores consideren creíble para alcanzar los resultados macroeconómicos que garanticen el pago de la deuda. Los debates sobre esa propuesta elaborada por el país se prolongan desde hace cuatro meses.

Presiones de EE.UU. y Japón

Esa urgencia ha venido respaldada por renovadas presiones desde Washington y Tokio, que exigen cerrar el acuerdo porque temen el efecto dominó que una salida griega del euro tendría sobre la UE, pero también sobre el resto del mundo.

“Desde el momento en que un país abandone la zona euro, ésta no volverá a ser la unión monetaria estable que era antes”, ha advertido el gobernador del Banco de Japón, Haruhito Kuroda, durante su asistencia al G-7 que se celebra estos días en Alemania.

Con la conversación telefónica del jueves por la noche –que se desarrolló en “un clima positivo”, según fuentes del Ejecutivo griego-, Tsipras busca el ingrediente que falta para alcanzar el acuerdo, la “voluntad política”, según palabras del viceprimer ministro griego, Yannis Dragasakis.

Atenas ve un acuerdo inminente, pero sus acreedores lo desmienten

Y Atenas parece convencida de haberlo conseguido, a juzgar por las declaraciones del portavoz del Gobierno, Gabriel Sakellaridis, quien aseguró a última hora del jueves que esperan que el acuerdo esté finalizado el domingo.

Sin embargo, las instituciones que negocian con Grecia insisten en que ese acercamiento aún no se ha producido porque queda “mucho trabajo por hacer”.

La firmeza de unos y otros varía, desde la posición más flexible de Bruselas –“se han hecho muchos progresos, pero aún no estamos ahí”, ha reiterado este viernes el comisario de Asuntos económicos, Pierre Moscovici- hasta el tono más amenazador del FMI, cuya directora gerente, Christine Lagarde, ha recordado que la salida de Grecia del euro “es una posibilidad”.

La reforma de pensiones, con nuevas bajadas de las prestaciones, exigida por las tres instituciones que negocian con Atenas –Comisión Europea, Banco Central Europeo y FMI-, y a la que se resiste el Gobierno griego, aparece como el principal escollo para lograr un acuerdo.

Las pensiones, el gran escollo

En una entrevista radiofónica este viernes, el ministro de Finanzas heleno, Yanis Varufakis, ha asegurado que se han puesto de acuerdo en aplicar un nuevo modelo de IVA, aunque no sobre qué tipos se marcarán, ya que Atenas pelea por evitar nuevas subidas.

Además, Varufakis ha insistido en que su Gobierno quiere que el acuerdo sea global, y da por seguro que incluirá una reestructuración de la deuda del país -que supera ya el 177% de su PIB-, pese a que hasta ahora, las instituciones acreedoras han rechazado públicamente esa posibilidad.

El visto bueno de los acreedores a la reducción del superávit primario (el registrado antes de pagar la deuda) exigido a Atenas tanto este año como los siguientes parece haberse conseguido, pese a que el FMI quiere mantener un porcentaje significativo, lo que les aseguraría que el país tiene margen para devolverle el dinero que le debe.

Mientras las piezas del rompecabezas tratan de cuadrarse, las cifras macroeconómicas juegan en contra de Atenas. Según dos estadísticas publicadas este viernes, en abril se aceleró la retirada de depósitos en los bancos griegos -que perdieron 5.600 millones y se situaron en su nivel mínimo de los últimos 11 años- y la economía helena volvió a entrar en recesión en el primer trimestre de este año, cuando su PIB se contrajo un 0,2%, con una caída de la inversión del 7,5% y un retroceso de las exportaciones del 0,6%.

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