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Nepal intenta llevar el rescate a las aldeas remotas destruidas por el terremoto

  • Las autoridades aún no pueden calcular la devastación en las zonas de montaña
  • "Pude ver los dedos de mi hijo moviéndose entre las piedras; así es como le salvé"

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Las dificultades para acceder a zonas rurales complican valorar la magnitud de la tragedia

Con su marido a kilómetros de distancia en la vecina India, Sunthalia trabajó sola para sacar de entre los escombros de su casa los cuerpos de sus hijos de diez y ocho años de edad. Vivía en una colina cerca del epicentro del terremoto que el pasado sábado asoló Nepal. Su otro hijo, de cuatro años ha sobrevivido milagrosamente.

Otras tres casas en su asentamiento, a una hora a pie hasta en el exuberante valle verde Gorkha, también se habían derrumbado. El silencio fue sepulcral después de sismo del sábado, recuerda. "Pude ver los dedos de mi hijo moviéndose a través de la pila de piedras. Así es como lo puede localizar y salvarlo", recuerda Sunthalia, sentada en el suelo, con su hijo a su lado.

El hedor del ganado muerto entre los escombros de su casa todavía es abrumador. Hasta el momento, apenas ha recibido ayuda del gobierno. Lo único que han recibido familias como la suya es una lona fina bajo la que se tumban.

Cuatro días después del terremoto más poderoso del país en 81 años, las autoridades no son capaces aún de calcular la magnitud de la destrucción en la región de Gorkha y la vecina Lamjung, cercanas al epicentro, y mucho menos de proporcionarles ayuda.

Pude ver los dedos de mi hijo moviéndose entre las piedras; así es como le salvé

El gobierno central en Katmandú todavía tiene información poco precisa sobre el daño en estas regiones y sobre cual es la ayuda urgente que necesitan. Hasta ahora, la cifra oficial supera los 5.000 muertos en todo el país, pero podría ser más del doble. "La cifra de muertos podría subir a los 10.000 porque la información de las aldeas remotas afectadas por el terremoto aún está conocerse", ha señalado el primer ministro Sushil Koirala a Reuters en la capital.

Las imágenes hablan por sí solas. El caos reina en la capital de Nepal. Y la cifra de muertos no deja de subir. Según el último balance oficial, ya son cinco mil, los fallecidos y cerca de once mil, los heridos.

Un difícil acceso

A las comunidades que se encuentran en las laderas de las montañas en Gorkha y en el norte de Barpak y Laprak solamente se puede acceder caminando durante tres o cuatro días. Ahora, el temor que es allí es que haya muchos más como Sunthalia enterrando a sus muertos y viviendo a la intemperie casi sin comida, agua, ni acceso a ayuda médica urgente.

Este martes, soldados del ejército se han encaminado hacia Barpak, primero en autobuses y luego a pie, a través de las laderas empinadas para llegar hasta su gente. Las fuertes lluvias hacen sus avances aún más difíciles.

Este lunes, helicópteros del Ejército han intentado hasta en ocasiones tomar tierra en la zona en Barpak, pero no pudieron encontrar un lugar adecuado, ha apuntado a Reuters Rishi Khatri, funcionario de salud del distrito de Gorkha que voló en una de los vuelos para ayudar a los heridos graves.

Esos helicópteros también han sobrevolado en círculos por otras regiones de Laprak lanzando paquetes de alimentos, con la esperanza de que los supervivientes puedas recogerlos. De acuerdo a los registros locales, hay 1.700 casas. Khatri estima que unas 1.600 han sido destruidas por el seismo.

"No podíamos ver a nadie desde el aire, ningún movimiento en absoluto" señala Khatri a Reuters. "Es preocupante; creemos que el número de víctimas elevará mucho", añade recordando que lo único que podía ver en algunas cimas de las montañas eran los cadáveres de ganado podridos.

“Corríamos, caíamos al suelo y volvíamos a correr"

Santoshi, otra sobreviviente en la aldea Hulakdanda, ha comentado que fue desplazada de una ladera por el terremoto cuando estaba sentada comiendo su almuerzo afuera mientras sus dos niños jugaban en el interior de la casa. Ella se apresuró a regresar para encontrarlos escondidos debajo de la cama. "Incluso entonces los temblores continuaron. Corríamos, caíamos al suelo y, volvíamos a correr", recuerda.

Una parte de la aldea en la ladera en Hulakdanda se ha derrumbado, liberando un torrente de piedras y lodo que va corriente abajo. "Hay grandes daños en la cima de las montañas. Cuanto más alto se suba, mayor es la destrucción", señalaba Tirthankar Thapa, una trabajadora de la ONG Kokila Nepal, una organización no gubernamental que proporciona alivio a las personas afectadas por el terremoto.

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Thapa indica que los supervivientes se han visto obligados a enterrar a sus muertos, incluso aunque esa no es la costumbre entre las familias hindúes. Shyam Lal Shreshta, que perdió a su esposa y suegra en el seísmo, ha esperado durante varias horas para tratar de arreglar un una incineración para ellas. Finalmente, al caer la noche, él y su hijo tomaron los cuerpos al lado de la corriente y los enterraron allí.

"No hemos recibido nada de nadie. No hay gobierno, ni Cruz Roja, ni siquiera tenemos una tienda de campaña en la que sentarnos y llorar nuestra pérdida", apunta.