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Alepo, la vida bajo las bombas de barril

  • La ciudad siria ha pasado de tener 2.500 médicos a apenas 97 en cuatro años
  • La población se encuentra desprotegida frente al aumento de la violencia
  • Los ataques con bombas de barril dejan muertos y mutilados a diario
  • En su quinto año de guerra, Alepo se encuentra al borde de estar sitiada

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Alepo, una ciudad fantasma tras cuatro años de guerra

Los pocos sirios que aún sobreviven en Alepo tras cuatro años de guerra miran mucho al cielo. Hablar del tiempo es una conversación recurrente. Casi una cuestión de supervivencia.

“En Alepo celebramos cuando el día está oscuro y nublado”, explica un refugiado sirio en Turquía. “Sabemos que habrá algunas horas de descanso antes de que comiencen los próximos bombardeos…”.

De los dos millones de personas que vivían al inicio del conflicto en el este de la ciudad -la entonces próspera capital económica de Siria- apenas quedan hoy 300.000. Alepo es un entramado de calles vacías, colegios cerrados, tiendas saqueadas, niños traumatizados, mujeres que duermen vestidas, maletas hechas al lado de la puerta. Y el terror a que caiga el próximo barril bomba.

Mientras la atención del mundo se centra en los horrores perpetrados por el Estado Islámico en otras partes de Siria, Alepo sufre el terror cotidiano de los bombardeos con dinamita del régimen de Bachar al Asad. Unos crímenes menos mediáticos pero más mortíferos.

Desde finales de 2013, los ataques con barriles bomba han causado miles de muertos y mutilados, y han provocado un daño devastador en infraestructuras y viviendas.

“Un barril bomba es como un bidón para transportar petróleo, que se llena de explosivos y metralla y se lanza sobre la población civil. Es imposible hacer puntería. No se dirige a un objetivo determinado. Se lanza en zonas muy pobladas para hacer el mayor daño posible”, explica Carlos Francisco, que coordina las operaciones de Médicos Sin Fronteras para Siria desde la frontera, durante la presentación del último informe de la organización.

Bomberos sofocan el fuego causado por bombas de barril el pasado 5 de marzo en Kadi Askar, un barrio de Alepo. Fuente. AFP PHOTO / AMC / ZEIN AL-RIFAI

"Sufrir una amputación en una sentencia de muerte"

La masacre es impredecible e indiscriminada. Es difícil encontrar a una familia en Alepo que no haya perdido a un familiar o conocido de esta forma.

Cuando despertó se dio cuenta de que le habían amputado las dos piernas

A Mahmud, de 15 años, una de esas bombas de barril, le pilló jugando al fútbol con su hermano cerca de su casa. Perdió el conocimiento y fue llevado al hospital. Cuando despertó se dio cuenta de que le habían amputado las dos piernas y, de que su vida, desde ese momento, ya nunca sería igual.

“Un mes después del incidente, Mahmud se me acercó sonriendo y haciendo virguerías con la silla de ruedas. Tenía ganas de recuperarse y de que le pusieran unas prótesis para poder volver a caminar”, cuenta un psicólogo del proyecto de salud mental en Kilis, Turquía.

"Sufrir la amputación de un miembro en Alepo es muy traumático. En este contexto bélico es muy difícil encontrar una silla de ruedas. Y si lo consigues es casi imposible circular entre las ruinas. Apenas te puedes mover cuando escuchas los helicópteros y todo el mundo huye. Es lo más cercano a una sentencia de muerte”, lamenta Teresa Sancristóval, responsable de la unidad de emergencia de Médicos Sin Fronteras.

Varios niños sirios se consuelan tras el impacto de una bomba de barril en Alepo. Fuente: AFP PHOTO / AMC / ZEIN AL-RIFAI

El terror, una sensación cotidiana

Cada día las fuerzas sirias lanzan dos ataques con barriles bomba sobre el este, la zona controlada por los rebeldes. El pasado mes de enero el ritmo se incrementó a tres impactos diarios. Human Rights Watch ha documentado más de 1.000 bombardeos con barriles de dinamita en Alepo en el último año, desde que el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó por unanimidad la resolución 2139, que exigía detener estos ataques. De poco ha servido.

“¡Nunca se sabe cuando puede haber un bombardeo! Ese es el problema

“¡Nunca se sabe cuando puede haber un bombardeo! Ese es el problema. Podrías estar en casa cenando. Podrías estar durmiendo. Podrías estar yendo a hacer la compra. Puede ocurrir en cualquier momento”, afirma Tarek, un trabajador del barrio de Al Salama, en Alepo.

Miriam, refugiada en Kilis, cuenta que las mujeres en Alepo comenzaron a dormir con el hiyab porque no querían morir en pijama. "Suena extraño, pero estas son algunas de las cosas que preocupan mucho a la gente", recuerda.

Los hospitales y ambulancias, objetivos militares

Los hospitales y las ambulancias también son objetivo de los bombardeos, lo que dificulta la atención sanitaria. La organización Médicos para los Derechos Humanos ha documentado 233 ataques en instalaciones médicas y más de 600 profesionales sanitarios asesinados. De los 2.500 médicos que trabajaban en Alepo al inicio del conflicto, hoy quedan 97. Los que no han muerto han huido o han sido secuestrados.

Una ambulancia transporta a un paciente herido en el norte de Alepo. Fuente: Anna Surinyach /MSF

El incremento de la violencia y el secuestro de cinco miembros de MSF en enero de 2014 llevó a esta organización humanitaria a retirar a su personal expatriado y a trabajar sólo con médicos locales y con una gestión sanitaria remota.

Muchos de los médicos que han decidido quedarse trabajan como cirujanos pese a no tener la formación y durante jornadas interminables. Pasan largos periodos alejados de sus familias y tienen que operar con la preocupación de si los suyos estarán a salvo o les caerá una bomba en el hospital.

“Quedamos unas pocas personas trabajando bajo presión. En estos momentos somos un equipo en cuadro, y apenas dormimos. Acabamos de salir de los quirófanos. Estamos totalmente agotados; hemos realizado 100 operaciones y tratado 650 lesiones en dos meses”, relata uno de los médicos del hospital de campaña en Alepo.

Un enclave a punto de estar sitiado

Como consecuencia de la escalada de bombardeos e inseguridad, Médicos Sin Fronteras ha observado un aumento de partos prematuros, abortos, brotes de enfermedades antes no descritas, y muchas secuelas psicológicas. Casi todos los pacientes tienen una acumulación de eventos traumáticos por haber estado en la primera línea del frente que es hoy cualquier calle de Alepo. En particular, los niños, que han visto interrumpidos sus estudios, han perdido a sus padres y hermanos, y han normalizado la violencia como si la guerra fuera un juego cotidiano.

Dibujos realizados por dos niños sirios en el campo de refugiados de Kilis, Turquía. Fuente: MSF.

En cuatro años de guerra, más de 220.000 personas han muerto en Siria y once millones se han visto obligadas a abandonar sus hogares, según la ONU.

Alepo, dividida en dos, también ha visto la separación forzosa de familias. Un puente conecta la zona gubernamental con la rebelde pero sólo se abre de forma excepcional. Y la población tiene terror a que la parte oriental se convierta en un enclave sitiado, cómo acabó la vecina Homs. Y este escenario parece estar cada vez más cerca.

“Las carreteras para entrar y salir de Alepo son bombardeadas cada día. Se han convertido en un objetivo militar por parte de todos los grupos armados. Ya hay días en los que los camiones de suministro no pueden circular, ni las ambulancias pueden evacuar a los heridos”, explica Carlos Francisco. “El peor escenario es que la ciudad sea sitiada... Y ya estamos sintiendo los efectos".