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'Little Nemo in Slumberland', el "Ciudadano Kane" de los cómics

  • Por primera vez se publica de forma integral en un solo tomo
  • Para muchos críticos es la gran "obra maestra" del cómic

 

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Fragmento de una viñeta de  'The complete Little Nemo'
Fragmento de una viñeta de 'The complete Little Nemo' © TASCHEN

Nacida en el New York Herald, que lo publicó entre el 15 de octubre de 1905 y el 23 de abril de 1911, Little Nemo in Slumberland, de Windsor McCay (1869-1934), está considerada la primera obra maestra del cómic y una de las obras cumbres del Noveno Arte por su imaginación desbordante, su perfección técnica, su afán de experimentación, su dominio del lenguaje y su influencia en los artistas posteriores.

Una joya que, incomprensiblemente todavía no tiene una edición integral en español. Pero podemos maravillarnos con la estupenda edición que acaba de lanzar Taschen: The Complete Little Nemo 1905-1927, que recoge, por primera vez a todo color, los 549 episodios de Little Nemo. Y en un formato gigante que permite apreciar el arte de Mccay. Eso sí, en inglés.

Esta recopilación viene acompañada de un completo estudio del historiador de arte y experto en cómics Alexander Braun, que describe la vida y obra de Winsor McCay. Un volumen profusamente ilustrado con documentos y fotografías de la época que explora el inmenso valor histórico de la narrativa onírica de McCay. Relato de aventuras, deleite visual y retazo de historia cultural a un tiempo, esta publicación constituye todo un monumento a uno de los pioneros más innovadores -y uno de los exploradores más intrépidos- de la historia del cómic.

Y es que, en su afán de experimentación, McCay (también pionero de los dibujos animados) creó un mundo fabuloso, inspirado en los sueños, que se adelantó al surrealismo y fue paralelo al estudio de los sueños de Sigmund Freud. Una obra de arte, que nos sigue fascinando más de cien años después, y que podemos contemplar, por primera vez en una edición de auténtico lujo.

Una obra fundamental que en España todavía no se había publicado de forma íntegra. Aunque podemos destacar dos estupendas ediciones, la de Norma Editorial, que recoge una selección de páginas desde 1905 a 1910;  y la de Ediciones Kraken, que recoge todas las páginas desde 1905 hasta 1914.

Camas que andan solas

La imagen de la cama del pequeño Nemo desarrollando unas patas larguísimas y andando sobre los rascacielos de Nueva York es una de las más famosas del Siglo XX y se adelantó a los experimentos de los surrealistas, ademas de influir a numerosos artistas como Dalí, Robert Crumb o Federico Fellini. Y es que Winsor McCay era un dibujante inquieto que experimentó con la composición de las páginas, la distribución de las viñetas, el ritmo, el color... aprovechando el enorme formato de las páginas dominicales y creando el mundo onírico en el que se movía Nemo.

Cada página dominical correspondía a un sueño del pequeño Nemo, un niño que despertaba siempre en la última viñeta cayéndose de la cama, entre lloros, o siendo consolado por sus padres. Aunque esas páginas tenían una continuidad narrativa, lo que le daba una estructura muy propia del folletín.

Nemo visitaba al Rey de los sueños (Morfeo) y se convertía en compañero de juegos de su hija, la princesa (nunca se menciona su nombre). Y tendrá incluso un archienemigo, un misterioso personaje llamado Flip que lleva un sombrero de copa con la frase "Wake up" (Despierta), por lo que sólo con verle, mandaba a nuestro protagonista al mundo real. Al final se convertirán en compañeros de aventuras.

Pionero del surrealismo

Según Alexander Braum: "Las antologías del surrealismo deberían empezar por Winsor McCay" Y es que, Mccay ya empezó a plasmar los sueños en 1904, casi a la par que la primera edición de la interpretación de los sueños de Sigmund Freud, que se publicó poco antes de 1900. Ambos autores se conocían y admiraban.

Por lo tanto este artista de imaginación desbordante empezó a ilustrar el subconsciente veinte años antes que André Breton (1896.1966), considerado el creador de este movimiento artístico.

Y es que, como nos recuerda Braum, "el cómic fue el primer medio visual de masas del siglo y contribuyó en gran medida a la democratización de la imagen". El cine permaneció mucho tiempo estancado por las limitaciones técnicas y la modesta cantidad de espectadores que podía congregar, pero el cómic llegaba a millones de lectores de periódicos. De hecho, Mccay usaría efectos visuales tipo zoom varias décadas antes de que se inventara ese tipo de lentes.

Era la época dorada del Noveno Arte, cuando los periódicos se compraban por los personajes de cómic y sus creadores ganaban auténticas fortunas. Además de que el cómic era el arte más libre de aquella época. Y en la vanguardia de todos esos artístas de cómics se encontraba Winsor McCay y su Litle Nemo.  Una explosión de creatividad que no sólo era una fantasía surrealista sino también una de las mejores muestras del art decó de principios de siglo.

Su éxito le hizo saltar a otros medios

La mejor muestra del éxito impresionante que tuvo Little Nemo fue que, apenas un año después (1906), el personaje ya apareció en series de postales dibujadas por McCay, libros, juegos, y ropa para niños. Y en 1908, Victor Herbert estrenó en Broadway una obra teatral sobre el personaje. Una versión musical que fue la más compleja y cara de su época

Además, fue el el primer personaje de cómic en ser animado, ya que el propio McCay desarrolló, a partir de la segunda década del siglo, una importante carrera como animador, que comenzó con un cortometraje titulado simplemente Little Nemo (1911), en la que McCay aparecía dibujantdo a Nemo. Luego realizaría otros cortos como How a Mosquito Operates (1912), Gertie el dinosaurio (1914), El naufragio del Lusitania (1918) y la inconclusa The Flying House (1921). según animadores tan importantes como Chuck Jones, su importancia en la historia del cine de animación es comparable a la de Walt Disney.

Sin embargo, tras pasar por varios periódicos, McCay puso fin a Little Nemo en 1926, en el New York Herald. El dibujante fallecería en 1934 a causa de un repentino colapso cerebral. Y aunque hubo varios intentos de resucitar a Nemo, sobre todo por parte de su hijo, no prosperarían.

Pero el personaje ha seguido fascinando a las generaciones posteriores como demuestra que, en 1984, el francés Arnaud Sélignac dirigió la película Nemo, producida por John Boorman (Excalibur), que se inspiraba libremente en el personaje.

Y en 1984, el mismísimo Hayao Miyazaki (El viaje de Chihiro), que por aquel entonces había llamado la antención con Lupin III y el castillo de Cagliostro, empezó a trabajar en una adaptación animada del personaje, en la que también colaboró el propio Moebius. Pero el proyecto naufragó, aunque hay un pequeño fragmento en el que vemos a Nemo volando en su cama.

Aprovechando parte del trabajo, en 1989, los japoneses Masami Hata y Masanori Hata estrenaron la película Little Nemo: Adventures in Slumberland, que convertía a Nemo en un personaje de anime, aunque no tenía mucho que ver con la obra original de McCay. Por cierto, que en el guión participó Chris Columbus (Solo en casa, Harry potter y la cámara secreta...).

Y en 2014, Nemo volvió al cómic en la serie Little Nemo: Return to Slumberland (IDW), con guión de Eric Shanower y los estupendos dibujos del chileno Gabriel Rodríguez. Un cómic que también está inédito en España.

Para muchos, entre los que me incluyo, Little Nemo es la gran obra maestra del cómic, la prueba de que este medio puede hacer realidad cualquier sueño. Y ahora lo podemos disfrutar en la mejor edición de toda la historia.

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