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Letonia se estrena en la Presidencia de la UE en un momento de incertidumbres

  • Es la primera vez que el pequeño país báltico se pone al frente del bloque
  • El estancamiento y el riesgo de deflación flotan sobre el continente
  • La crisis con Rusia desestabiliza la frontera este y revela fragilidad energética
  • El adelanto electoral en Grecia pone en entredicho la continuidad de su rescate

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Símbolo de la Presidencia letona de la UE en la fachada de la Biblioteca Nacional en Riga
Símbolo de la Presidencia letona de la UE en la fachada de la Biblioteca Nacional en Riga. AFP AFP/ Ilmars Znotins

Once años después de su adhesión a la Unión Europea y un año después de adoptar el euro como moneda, Letonia accede este 1 de enero, por primera vez, a la Presidencia rotatoria del bloque. Y lo hace en un momento crítico, cuando la UE debe decidir qué recetas aplicar para intentar dejar atrás su estancamiento económico, alejar el fantasma de la deflación y poner fin a las elevadas tasas de paro, situaciones todas ellas que están alimentando el desafecto de los ciudadanos y los movimientos radicales antieuropeos.

"Sin empleo y sin crecimiento, la idea de Europa, en sí misma, está en peligro", avisó el anterior presidente del Consejo Europeo, Van Rompuy, justo antes de pasar el testigo al polaco Donald Tusk.

Conjurar el peligro griego y la crisis rusa

Esa situación se ve agravada por el enfrentamiento abierto con Rusia a consecuencia del conflicto en Ucrania, y la reciente convocatoria de elecciones anticipadas en Grecia.

La perspectiva de un triunfo electoral del partido de izquierdas Syriza -contrario a las políticas de austeridad impuestas por la troika y partidario de renegociar las condiciones del rescate y el pago de la deuda- asusta a algunos acreedores del país heleno. Por el momento, el FMI ya ha suspendido sus negociaciones con Atenas para entregar nuevos tramos de la ayuda, y Bruselas y Berlín han insistido en que el próximo Gobierno heleno debe respetar todo lo pactado.

Con menos de dos millones de habitantes y una extensión equivalente a la que suman Aragón, Navarra y La Rioja, Letonia lleva año y medio preparándose para asumir la Presidencia, una responsabilidad que –aunque no dispone de poder político- es importante para hacer fluir la pesada burocracia de la UE: de ella depende definir las agendas de las reuniones y las cumbres, acercar posturas entre Estados y entre instituciones comunitarias, y proponer soluciones de consenso para avanzar.

"Las Presidencias de los países pequeños consiguen mucho más para que las reformas sean un éxito", recordó al Estado báltico el presidente del Parlamento Europeo, el alemán Martin Schulz, a pocos días de que Letonia recogiera el testigo de Italia, que ha presidido la UE en el segundo semestre de 2014 y que ha visto paralizadas o desvirtuadas la mayoría de sus iniciativas más ambiciosas.

Tres ejes prioritarios y un plan de inversiones

Aunque el programa de la Presidencia letona recorre todos los sectores -desde la unión monetaria hasta la política exterior, pasando por la seguridad alimentaria o el empleo-, el Gobierno de Riga ha definido tres ejes prioritarios que coinciden con las urgencias del bloque: lograr una Europa competitiva, avanzar hacia una UE digital (con mayor protección de datos y un mercado único) y reforzar su papel en el mundo.

"Queremos que la Presidencia [de Letonia] ayude a fortalecer la recuperación económica de Europa, restaurar la confianza en su política e inspirar la fé en su futuro", manifestó la primera ministra letona, Laimdota Straujuma, durante su visita al nuevo presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, a principios del pasado diciembre.

Precisamente, el principal proyecto de Juncker al frente del Ejecutivo comunitario, el plan de inversiones que intentará movilizar más de 300.000 millones de euros, va a marcar la Presidencia de Letonia, ya que sus seis meses de mandato coinciden con el lanzamiento de la iniciativa, cuyos instrumentos y reglamentos deben estar aprobados por Estados y Eurocámara antes de junio próximo, cuando se quiere que entre en vigor.

Además de reactivar la inversión, Letonia ha incluido en su primer eje prioritario la lucha contra el desempleo y ha asegurado que se prestará "especial atención a la calidad de los empleos, al problema del paro de larga duración y a la inserción laboral de las personas discapacitadas".

Otro capítulo de la parte más económica de la Presidencia letona será la finalización de los tratados de libre comercio con Japón, Vietnam y, sobre todo, el polémico con EE.UU., al que se opone una parte importante de la sociedad civil europea, que considera que rebajará los actuales niveles europeos de protección al ciudadano, y que defienden casi todos los gobiernos europeos, con Reino Unido a la cabeza.

También se tratará de impulsar la unión energética, un sector estratégico para el aumento de la competitividad europea y que, además, está entre los que exigen mayores cantidades de inversión.

En ese campo, Straujuma ha destacado que "se dará importancia especial al fortalecimiento de la independencia energética, con el objetivo de completar el desarrollo del mercado interno de energía, centrándonos en los problemas de infraestructuras energéticas", y que la seguridad energética figura también en lo más alto de su agenda.

La relación con Moscú divide a la UE

Este punto es especialmente urgente tras el enfrentamiento con Rusia, que ha puesto en evidencia la fragilidad energética europea.

Ese conflicto con Moscú toca de cerca a Letonia –independizada de la antigua URSS en 1991-, ya que casi un tercio de su población es de origen ruso, un colectivo con una influyente presencia en la política y la sociedad (como curiosidad, dos de los símbolos de los tiempos soviéticos, el bailarín Mijail Baryshnikov y el director de cine Serguéi Eisenstein, nacieron en Riga), pero con el que persisten algunas tensiones. Además, en el país hay importantes grupos de origen bielorruso, ucraniano, lituano y polaco.

Aprovechando este crisol de la población, la Presidencia letona ha organizado en mayo una cumbre con los países del Este asociados a la UE (Ucrania, Moldavia, Bielorrusia, Azerbayán, Armenia y Georgia), un intento de acercamiento a esa región que Riga pretende mantener con perfil bajo debido a la crisis abierta con Rusia y las divisiones que ésta genera dentro del bloque.

Así, frente a la mano dura con Moscú que defienden países como Alemania, los bálticos y Polonia, así como el nuevo presidente del Consejo Europeo, el polaco Donald Tusk (que considera a Rusia como “el problema estratégico” de la UE), otros miembros como Francia e Italia apuestan por tender puentes de conciliación con Rusia y trata de cooperar para estabilizar el este de Ucrania.

Esas divergencias podrían profundizarse aún más este 2015, cuando deben revisarse las sanciones impuestas a Rusia en venta de armas, transferencia de tecnología y cuentas bancarias.

Más voces a favor de la flexibilidad

Las diferencias sobre cómo rediseñar las relaciones con Rusia y el este europeo se suman a otras decisiones pendientes y cruciales que deberá afrontar la Unión Europea bajo la Presidencia letona, y entre las que destacan las relativas a la política económica. Desde hace meses, se multiplican las voces que piden la flexibilización de la austeridad como vía para reactivar una economía estancada y desactivar los movimientos políticos antieuropeos.

El motor del continente, Alemania, se ha ralentizado, mientras que la segunda economía del bloque, Francia, está paralizada, y la tercera, Italia, ha vuelto a entrar en recesión. Estos dos últimos países mantienen un pulso con Bruselas y Berlín, ya que se resisten a ejecutar nuevos recortes que lastren aún más sus economías, pese a que son necesarios para cumplir con los objetivos de déficit marcados por la UE.

Un cambio de rumbo en la política económica europea también fue reclamado en agosto pasado por el presidente del BCE. Desde la reunión de banqueros centrales que se celebraba en la localidad estadounidense de Jackson Hole, Mario Draghi abogó por un New Deal para Europa –en referencia al alcanzado en EE.UU. tras la Gran Depresión- que combine medidas nacionales de impulso al consumo, con mayor inversión pública por parte de la UE y reformas estructurales a favor del crecimiento.

Sin embargo, Alemania se resiste, obsesionada por mantener el déficit cero. Hasta ahora, Merkel ha ignorado las llamadas que le piden que estimule su demanda y solo se ha comprometido a invertir 10.000 millones en tres años en infraestructuras públicas.

La baza del BCE

Además, Berlín se ha volcado –junto a Holanda- en frenar los planes del presidente del Banco Central Europeo de comprar bonos soberanos para tratar de subir la inflación. El BCE trata de convencerlos proponiendo fórmulas alternativas, como que los países más débiles y con mayores riesgos aporten dinero adicional para cubrir potenciales pérdidas derivadas de la compra de sus bonos, una propuesta que abriría una nueva brecha en una unión monetaria ya muy imperfecta.

De todas formas, los analistas ya han advertido de que la decisión de empezar a comprar -que se especulaba podría anunciarse a finales de enero- puede ahora retrasarse, a la espera de ver qué sucede en Grecia. "El BCE no quiere poner a toda la eurozona al borde del precipicio por una compra a gran escala de bonos griegos si existe la posibilidad en pocas semanas de que Syriza llegue al poder y declare la suspensión del pago de la deuda porque no tienen suficiente financiación", explica el economista jefe para Europa de RBC Capital Markets, James Ashley.

La forma en que se afronten estos problemas y en qué medida se hallen soluciones servirán de prueba a la joven Presidencia letona, pero también a los nuevos responsables de las instituciones: Tusk, en la presidencia del Consejo Europeo, y Juncker, al frente de una nueva Comisión. Ambos deberán resistir la tendencia, cada vez más fuerte, hacia la renacionalización de la política de la UE, guiada cada vez más desde las capitales y menos, desde Bruselas.

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