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 Portada de "Smart. Internet(s): la investigación" (Editorial Taurus). noticias

Frédéric Martel: "Google tendrá que creer en los creadores de contenidos"

  • El sociólogo y periodista publica Smart. Internet(s): la investigación

  • Una visión de la red como reflejo de la territorialidad del mundo

  • Analiza la transición de una cultura de productos a una cultura de servicios

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Aunque intuitivamnente pueda pensarse que para realizar una investigación sobre Internet baste un simple teléfono móvil, el sociólogo y periodista Frédéric Martel ha optado por el camino largo en su libro Smart. Internet(s): la investigación (Editorial Taurus). Una ambiciosa exploración de todas las aristas de la red con una idea fuerza: pese a que percibimos Internet como una entidad global, en realidad no es sino un reflejo de los límites geográficos, culturales y lingüísticos que conforman el mundo.

Durante tres años, Martel, ha recorrido el planeta, desde Silicon Valley a guetos de Johannesburgo, entrevistando a empleados de Google o Facebook, magnates de las telecomunicaciones como Carlos Slim Domit, adentrándose en los túneles de Gaza o los feudos de Hizbulá en Beirut para comprobar cómo la universalización de los móviles lo está cambiando todo (actualmente hay casi 3.000 millones de personas con acceso a Internet y en cinco años serán 5.000), interrogando en China sobre el fenómeno exitoso de sus clonaciones de Google o Twitter, o certificando el milagro tecnológico israelí en su apuesta por la innovación.

Miles de entrevistas para desactivar la visión occidental que tiende a extrapolar su visión de internet a todo el mundo y diferenciar entre germen californiano de neutralidad en la red y cultura libre, la censura china, o el control nacionalista de Rusia o Irán. O también entre un Internet como herramienta de liberación y como herramienta de represión.

“En la vida hay muchas situaciones geopolíticas e Internet no lo cambiará en un sentido o en otro. En Irán, los gais pueden conocerse por Internet, las mujeres pueden expresarse y, al mismo tiempo, en la misma web, están los islamistas más ortodoxos. No creo en una visión moral de Internet como algo bueno o malo. El debate es cómo crear un mundo mejor con Internet, pero no vas a cambiar la vida. La vida se cambia con política, democracia, y otras herramientas”, dice Marte en una entrevista para RTVE.es.

De una cultura de productos a una de servicios

Martel, como ya hiciera en su anterior obra Cultura Mainstream, analiza en varios capítulos las tensiones entre las industrias tecnológicas y culturales, resumida como una batalla California del norte (Silicon Valley) vs. California del sur (Hollywood). La transición de una cultura de productos a una cultura de servicios, en la que la clave es el acceso (y no la posesión) a los productos audiovisuales, música o libros, es también la historia de ese combate. Dado que la influencia de los lobbies de Google, Facebook, Amazon o Apple en Washington y Bruselas está más que documentada, ¿es realmente una batalla o más bien un paseo militar?

“Lo más importante es que hay que ser justo. Creo en la economía de mercado, no tengo problema con Google siendo grande, pero si tengo un problema con Google en una posición dominante. Cuando el mercado no tiene límites, no tiene reglas, hay un problema. Y en la cultura hay un problema. Estos grandes jugadores, que son muy importantes y han cambiado nuestra vida para mejor, no producen contenidos. Y la cultura no sobrevivirá sin gente que produzca contenido. Google no hace películas y libros y no lo hará por muchas razones. Es normal que hagan dinero, pero tendrán que creer también en los creadores de contenidos; ellos son proveedores de contenidos”.

Al recordarle que Netflix o Amazon ya se han iniciado en la producción, que siempre se ha especulado con futuras divisiones de contenidos de Google o Apple, o que en España una empresa de telecomunicaciones como Telefónica ya carbura sus proyectos en televisión y cine con su Telefónica Studios, Martel, que de todos modos es un investigador que prefiere no jugar a vidente, discrepa.

“Nadie lo sabe y puede que esté equivocado. Es extremadamente difícil crear contenidos, no es una cuestión de dinero. Recuerdo a una famosa mujer de teatro francesa que me dijo una vez: tú dame el dinero y yo hago el blockbuster. Pero no se puede. Los chinos invierten un montón de dinero en sus estudios, pero no van a producir un blockbuster global", explica.

Si el combustible de Internet se compone en buena parte de productos culturales, ¿no tiene sentido que sean esos gigantes los que terminen absorbiendo el talento y a los creadores para generar un circuito económico sostenible? “No creo que la Corte Suprema, la Comisión Federal de Comunicaciones, la Comisión Federal de Comercio o la División antitrust del Departamento de Justicia les dejen jugar el juego en todos los campos. Regularán para que no sean productores de contenidos”, responde Martel.

Llegamos al núcleo del meollo. La regulación (o ausencia de) en Internet depende en gran medida de EE.UU. y dista de ser un campo de juego global. “Obama apoya la neutralidad en la red porque es la única parte del juego que es completamente americana. El debate está abierto. En la cuestión de los vídeos por ejemplo, que son los datos más usados en Internet, la neutralidad en la red ayuda a Facebook y Google, y no a los productores de contenidos o a las empresas de telecomunicaciones nacionales. No sé si es la buena dirección, pero ¿por qué no pensar en Google pagando por los vídeos? Es una hipótesis, puede haber otras, pero todo lo que hagamos por ayudar a la industria de contenidos es bueno”.

La era de los contenidos locales

Algunos entrevistados por Martel dibujan un escenario posible en el que la música, cine y el libro, terminen siendo sectores no lucrativos, como la ópera, el teatro o el ballet, que en EE.UU. principalmente se financian por las desgravaciones fiscales de las donaciones filantrópicas.

Otra tendencia: si la era de las industrias culturales se escoraba hacia la hegemonía de contenidos americana, en la era digital se tiende hacia lo local. Una atomización de contenidos que favorece la diversidad. “Estamos en mitad de una revolución y no sabemos hacia dónde vamos. Si miras a la música creo que ahora mismo hay más diversidad que nunca en Internet. Lo que tú ves en Internet no es lo que yo veo en Internet en París. Tú no hablas francés, yo no hablo español. Por eso hablo de smart curation para elegir entre la abundancia de contenidos”.

Smart curation para Martel es la combinación de las recomendaciones basadas en algortimos con los (más humanos) likes de redes sociales. “No creo ya en el elitista modelo tradicional de la crítica que te va a decir que escuches una música o veas una películas. Está acabado”.

Martel concluye de manera optimista. “La buena parte de Internet es que lo ha cambiado todo. Tienes que adaptarte y eso es bueno para todo el mundo. Hay que encontrar soluciones para que la creatividad sea todavía fuerte”.

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