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La pasión de Bernini, al servicio oculto de la Corte española

  • El Prado dedica la primera exposición en España al maestro del barroco
  • Muestra hasta el 8 de febrero los encargos que le hizo la Corte española

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La pasión de Bernini en el Museo del Prado

Escultor, arquitecto, urbanista, pintor, escenógrafo... la impresionante Roma barroca lleva la firma de Gian Lorenzo Bernini (1598-1680), pero su talento también llegó a España gracias a una relación que ha permanecido "casi oculta o secreta" del artista italiano con la Corte española. Ahora, casi cuatro siglos después, el Museo del Prado desvela este servicio que prestó Bernini a la monarquía hispánica en la que es la primera exposición que se dedica al maestro de la escultura barroca en España.

Las Ánimas de Bernini. Arte en Roma para la Corte española, reúne desde este jueves 6 de noviembre hasta el 8 de febrero un total de 39 obras, entre esculturas, óleos y dibujos del propio napolitano y de otros artistas como Vélazquez y Codazzi, que sintetizan su historia y "múltiple actividad" como artista, escultor, arquitecto y dibujante, desde su juventud a su etapa final, y su relación con Felipe IV y Carlos II y los prelados, embajadores y mecenas españoles residentes en Roma, explica a RTVE.es el comisario de esta breve pero intensa exposición, el catedrático de Historia del Arte de la Complutense de Madrid, Delfín Rodríguez.

La muestra permite además disfrutar por primera vez en España de las dos esculturas que dan nombre a la muestra y que un precoz Bernini realizó con apenas 21 años y ya derrochan el dramatismo y la expresividad que caracterizó su obra, el Anima beata y el Anima dannata -que se conservan en la Embajada de España ante la Santa Sede-. Y tampoco olvida una de las grandes obras del artista barroco, de tema "típicamente español", como es el Éxtasis de Santa Teresa, representada a través del boceto en terracota del Museo del Hermitage y una serie de dibujos de la Biblioteca Nacional, o incluso los diseños de la Plaza de San Pedro y el badalquino de la Basílica a través de textos y dibujos.

El director artístico de la Roma barroca

Precisamente fue el deseo del director del Museo del Prado, Miguel Zugaza, de traer a España las esculturas del Anima beata y el Anima dannata -considerada criptoretrato del escultor-, el primer encargo a Bernini de un prelado español, Pedro Foix de Montoya, que representan, a modo antagónico, la contemplación de la belleza de la gloria y del horror del infierno, el que motivó la exposición, comenta el comisario, un apasionado experto en el artista barroco.

"Ni la historiografía española ni la internacional habían abordado nunca la relación de la Monarquía hispánica con Bernini, por su convicciones filofrancesas, su compromiso con Luis XIV y su antipatía expresada en diversos textos hacia el gusto de los españoles. Pero era un personaje profundamente irónico, sarcástico, sagaz, inteligente y agudo, lo que pudo crear esa especie de desconcierto pensando que no tuvo realmente una relación significativa con España", desvela Rodríguez, que vio una oportunidad única para "llamar la atención sobre esa relación casi oculta y secreta".

De cualquier manera, esa relación fue "compleja" y variaba en función del papa que estuviera al frente de la Iglesia y de los posicionamientos de esta a favor de un país u otro en el marco de las confrontaciones europeas, ya fuera Francia, España o Alemania. "Roma era el escenario del teatro global del mundo y Bernini, que era el director artístico de la Roma barroca, se convierte en director de escena atendiendo a los intereses de los distintos papas y sus cambiantes estrategias políticas en relación con las monarquías europeas, por lo que su relación con la monarquía hispánica iba cambiando", señala el catedrático.

Retratos del alma y esculturas de reyes

La exposición, dividida en tres secciones, acoge en una primera parte titulada 'Retratos del alma' las esculturas de las ánimas y una gran joya prestada por la Galería Borghese de Roma, el busto del Scipione Borghese (1632), de un realismo tal que parece que fuese a comenzar a hablar con el espectador, o con el controvertido Autorretrato (h. 1635-1638) al óleo del propio Bernini colgado a su izquierda, propiedad del Prado.

Una segunda sección escenifica a Roma como teatro de las naciones y el trabajo del artista italiano durante los pontificados de Urbano VIII a Alejandro VII. Tras un periodo de malas relaciones del papa Barberini con Felipe IV, las cordiales relaciones de Inocencio X con España llevaron a que un Bernini, apartado y "marginado" de los trabajos en Roma, recibiese el encargo de varias obras fundamentales para el Real Alcázar de Madrid y un Cristo para el Panteón Real del Escorial, además de una fuente de bronce para el despacho de Felipe IV a imitación de su momumental Fuente de los Cuatro Ríos de la romana Plaza Navona, una de cuyas piezas, ahora perteneciente al coleccionista Dario Del Bufalo, puede verse también en el Prado gracias a una laboriosa investigación.

Gracias al deseo de la monarquía española, compartido por la francesa, de tener "presencia simbólica" mediante obras de arte en la ciudad de los papas como instrumento de presencia diplomática, bajo el pontificado de Alejandro VII se le encargó a Bernini un monumento de Felipe IV para el pórtico de Santa Maria Maggiore -iglesia española por excelencia en Roma-, una escultura que ninguno de los dos llegó a ver colocada: la estatua se terminó de fundir en 1666 y permaneció en el taller de su discípulo hasta 1691, porque las obras del espacio arquitectónico donde debía situarse nunca se hicieron, y terminó colocándose en distintas partes de la iglesia hasta que en 1743 se situó en el pórtico reformado, pero no en la posición pensada por el maestro. Los deseos del maestros los ha hecho realidad el Prado mediante una reconstrucción virtual del proyecto diseñada para la muestra.

En este marco pueden contemplarse también los bocetos de proyectos de Bernini nunca completados porque fueron rechazados por el papa, como el campanario de San Pedro del Vaticano.

La guerra de las estatuas

La tercera parte de la muestra se centra en la última etapa del artista, en la que los reveses sufridos por las críticas a algunas de sus obras en Roma -su Constantino de la Scala Regia, del que se exhiben varios dibujos- y especialmente por su fallido monumento ecuestre de Luis XIV de Francia, llevan a Bernini a volcarse con la monarquía hispánica casi a modo de "venganza y provocación".

Así, la exposición nos ofrece la oportunidad de disfrutar de una Escultura ecuestre de Carlos II, que es una versión intencionadamente alterada de la de Luis XIV en la que Bernini simplemente cambió el rostro del monarca francés por el del español, una pieza de una colección privada norteamericana que perteneció al marqués del Carpio, embajador español en Roma y mecenas del artista italiano.

La muestra se completa con una interesante colección de las biografías que el propio Bernini dictó sobre su figura, a su amigo el francés Pierre Cureau de la Chambre, y en su propia "oficina de propaganda" que montó en Roma, con sus hijos, "para fijar la imagen que él quería que quedase de sí mismo". Manías de genio.