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Frank Ghery: "El 98 % de los edificios que se construyen son un mierda"

Por
Frank Gehry, premio Príncipe de Asturias de las artes

El arquitecto estadounidense Frank Gehry se ha referido a sí mismo como uno de los pocos creadores que buscan “algo original” durante la rueda de prensa en Oviedo previa a la entrega de su Premio Príncipe de Asturias de las Artes este viernes, 24 de octubre, las 18:30 h.

A Ghery, de 85 años, no le gustó ser preguntado a bocajarro sobre si se consideraba un miembro de la “arquitectura espectáculo” y dedicó una peineta al periodista. Eso sí, minutos más tarde pedía perdón achacando su humor al largo viaje y las pocas horas de sueño.

“En el mundo que vivimos, el 98 por ciento de los edificios que se construyen son un mierda. No hay sentido de diseño, de la humanidad. Son malditos edificios y ya está”, ha dicho. “De vez en cuando hay alguien que hace algo especial. Así que, por Dios santo, déjenos en paz. No pido trabajo, no tengo publicista, ni agente. Trabajo con gente que pide respeto por el arte de la arquitectura", ha respondido.

En defensa el edificio público

El jurado destacó en su acta "la relevancia y la repercusión de sus creaciones en numerosos países, con las que ha definido e impulsado la arquitectura en el último medio siglo". Y Ghery, nacido en Canadá y nacionalizado estadounidense, ha defendido la tradición de importantes edificios públicos.

Merecen cierto nivel de iconicidad, la tradición es importante”, ha dicho. “El ayuntamiento, la biblioteca o el museo, tienen que ser emblemáticos. Son los que definen la ciudad y hace a los ciudadanos sentirse orgullosos”.

Una importancia que los distingue de los edificios públicos. “Cuando se hacen edificios de oficinas o industriales, entonces es un encargo totalmente distinto: las casas tienen que ser cómodas, tienen que tener jardines y lo mismo sucede con las oficinas".

El museo que cambió Bilbao

En ese sentido, Ghery, uno de los más destacados representantes de la corriente deconstructivista, ha recordado la importancia del Museo Guggenheim de Bilbao en la idiosincrasia de la ciudad.

“En los 90, la gente estudiaba y se iba de Bilbao, la ciudad estaba triste, la gente perdía sus trabajos”, ha explicado. “Los edificios pueden cambiar la historia de la ciudad. Pasó igual con la Ópera de Syndey, y supongo que el Partenón tuvo su función en esa época. No entiendo por qué no aprovechan esto más, pero ya tengo 85 años y solo hago mi trabajo”.

Por último, se ha mostrado incapaz de elegir su obra preferida.”No lo sé, nunca lo he sabido. No se puede tener un hijo preferido. Amo mi trabajo y me gusta trabajar con los clientes”, ha declarado como resumen.