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Angola: herida en la guerra, olvidada en la paz

  • En diciembre sólo quedarán cuatro ONG en todo el país
  • Luanda es una de las capitales más caras y desiguales del mundo
  • CODESPA ha creado su 'Street View' para mostrar las heridas de la guerra

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Angola: herida en la guerra, olvidada en la paz

¿Cuántas heridas pueden abrirse en cuarenta años de guerra? Angola quedó con las tripas al descubierto. La guerra más larga de África (primero una lucha por la independencia, desde 1961, y luego un encarnizado conflicto civil, hasta 2002) escupió un millón de muertos y obligó a desplazarse a un tercio de los habitantes.

El estómago de Angola se vació: un país acostumbrado a exportar cosechas, hoy tiene que importar semillas. Sus arterias siguen obstruidas: los cortes de electricidad son constantes. Sus cicatrices son difíciles de recorrer porque la guerra minó los caminos.

La ONG CODESPA nos invita a explorar esas cicatrices en un paseo virtual. Ninguna de las calles de Angola está en el popular "street view" de Google (como ocurre con la mayoría de los países africanos), así que CODESPA ha creado su propio "street view", una aplicación para visitar aldeas a medio reconstruir y una de las capitales más crueles del mundo. Un paseo por uno de los países más pobres y más olvidados.

Hasta las ONG abandonan Angola. En los últimos años, se han ido 15 de las 21 organizaciones que estaban en el país. En diciembre sólo quedarán cuatro. Cruz Roja y CODESPA son las únicas españolas, y esta última también tiene los días contados por falta de fondos. De ahí su grito para que nos acordemos de Angola, aunque sea con una visita virtual.

Un viaje por un país arrasado

El viaje empieza en el campo. Cuatro décadas de guerra convirtieron las tierras de Angola en un campo fantasma. La gente huyó a las ciudades. "La capital llegó a albergar al 75 % de la población, y cuando la gente volvió a las zonas rurales habían perdido las técnicas tradicionales de cultivo. Esas técnicas pasaban de padres a hijos, y en Angola hubo una generación perdida", explica a RTVE Elena Martínez García, subdirectora de CODESPA.

A principios de los 70, en la primera década de guerra, Angola producía 400.000 toneladas de café al año (su principal exportación, por encima del petróleo). A principios del siglo XXI, recién estrenada la paz, solo producía 2.000. El campo era como un recién nacido, empezaba de cero.

Doce años de paz no han bastado para que los angoleños recuperen los cultivos y aprendan de nuevo cómo cosecharlos. Es un trabajo en el que todavía están inmersos. Mientras, la mitad del país pasa hambre. En algunas provincias rurales, la inseguridad alimentaria alcanza al 90 % de la población.

Luanda, capital cruel

El viaje a Luanda nos lleva a la desigualdad. Los enormes contrastes la convierten en una capital cruel. Algunos estudios la consideran la más cara del mundo, por encima de Tokio o Nueva York, pero la mayoría de sus habitantes tiene que sobrevivir con un dólar y veinticinco céntimos al día. Un reto perverso.

En los suburbios viven, acostumbrados al hambre, los que se ocupan de clasificar la basura. En la zona de negocios se instalan las multinacionales, con su plantilla de personal expatriado. Elena Martínez habla de dos Luandas: la de la pobreza y la de las oportunidades. Esa frontera obscena es lo que más la impresionó en su primer viaje al país, hace cinco años. Lo resume con una comparación: "Una noche de hotel cuesta al menos 450 dólares, mientras la gente vive con menos de un dólar y veinticinco céntimos al día. Eso genera conflicto y violencia."

Angola es uno de esos países africanos con muchos recursos (minerales, petróleo...) concentrados en muy pocas manos. La corrupción ahoga el futuro de los angoleños. Los empresarios extranjeros en el país confiesan que es difícil hacer negocios sin sobornar a nadie.

En 2011, animados por los vientos de cambio de las "primaveras árabes", grupos de manifestantes denunciaron la corrupción. El gobierno reprimió las protestas.

Una guerra financiada por potencias extranjeras

Angola es también uno de esos países africanos que las potencias extranjeras convirtieron en un campo de juego. Después de la independencia, en 1975, en plena guerra fría, Estados Unidos, Cuba y la URSS jugaron a una guerra muy caliente en territorio angoleño. Cuba y la URSS financiaron y armaron al MPLA, y Estados Unidos hizo lo mismo con la UNITA de Jonas Savimbi, dos facciones que primero lucharon contra los portugueses por la independencia y luego se enfrentaron entre sí por el control del país.

Las potencias extranjeras, empeñadas en trasladar su batalla a las antiguas colonias africanas, proporcionaron el combustible para una encarnizada guerra civil que arrasó Angola. Ahora ya nadie parece acordarse de ese país al que empujaron a la destrucción. La guerra inoculó en Angola el peor de los venenos: el del odio fratricida y la desconfianza mutua. Muchos contribuyeron a abrir heridas de costosa curación en la sociedad angoleña, pero pocos se molestan en intentar cerrarlas.

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